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Los hospitales colman sus recursos en tiempos de coronavirus; la gran ola que viene podría colapsarlos

El nuevo coronavirus amenaza con abrumar los hospitales de California en las próximas semanas, a menos que las medidas de distanciamiento social sin precedentes impuestas en todo el estado retrasen su rápida propagación.

Las proyecciones estatales muestran que el coronavirus probablemente exigirá entre 4.000 y 20.000 camas de hospital adicionales, una estimación inquietante e imprecisa, causada en parte por la falta de pruebas, lo cual dificulta que los funcionarios sepan exactamente cuántas personas tienen el virus.

Según las condiciones en otros países afectados por la pandemia y los modelos de lo que podría suceder en California, el rápido aumento de las infecciones que se espera para las próximas dos semanas colmaría rápidamente el espacio hospitalario existente.

Un análisis de datos de Los Angeles Times detectó que California cuenta con 7.200 plazas de cuidados intensivos en más de 365 hospitales. En total, el estado tiene alrededor de 72.000 camas. El análisis del periódico muestra aproximadamente una cama de cuidados intensivos por cada 5.500 individuos en California.

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Para los expertos, se podría colmar fácilmente la capacidad si la propagación del virus no disminuye.

“No se puede discutir con los números”, remarcó el Dr. Robert Winters, especialista en enfermedades infecciosas en Santa Mónica. “Es una potencial bomba de tiempo”.

Según la información de 2018 —la más reciente disponible— aproximadamente la mitad de las camas de uso intensivo total de California (3.700) se encuentran en el área de cinco condados alrededor de Los Ángeles. Las camas de cuidados intensivos permiten un mayor nivel de tratamiento que las habitaciones normales, un nivel de atención que los pacientes graves de COVID-19 necesitan, ya que la enfermedad los obliga a acceder a los respiradores y ataca los órganos.

El County-USC Medical Center, en Boyle Heights, tenía la mayor cantidad de camas de cuidados intensivos en el estado: alrededor de 130. Según el dato, estas estuvieron ocupadas aproximadamente el 58% del tiempo en 2018.

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En el Área de la Bahía, de nueve condados, donde tiene lugar el peor brote del estado, hay aproximadamente 1.400 camas de terapia intensiva para una población de 7.6 millones de individuos, y generalmente están ocupadas más de la mitad del tiempo con pacientes de emergencia de rutina, según los registros.

El martes, el gobernador Gavin Newsom se reunió con líderes hospitalarios y profesionales médicos para planificar la afluencia próxima de pacientes con COVID-19, pero sólo ofreció ideas generales sobre cómo respondería el estado.

“Tuvimos una conversación muy sincera y sombría, si no extremadamente realista”, consideró Newsom en una conferencia de prensa realizada después de la reunión. “Nada de eso nos sorprendió a ninguno de nosotros”.

Las estimaciones de Newsom sobre la capacidad estatal existente difieren de las halladas por The Times; Newsom estima que actualmente hay 460 hospitales con cerca de 75.000 camas disponibles. Dichos números parecen incluir alrededor de 100 instalaciones sin capacidades de cuidado intensivo, algunos de los cuales se emplearían para cuestiones como rehabilitación o tratamiento de adicciones.

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Newsom se negó a dar estimaciones proyectadas sobre cuántas camas de terapia intensiva podrían necesitarse en los próximos días. “Pudiera dar un número total, pero no tendría sentido debido a las condiciones en el terreno”, afirmó el gobernador, señalando que las necesidades variarán según la región.

El funcionario remarcó que el objetivo de la planificación para esta emergencia será sacar a tantos pacientes no críticos de los hospitales como sea posible para preservar esas instalaciones a la atención urgente, y crear una respuesta flexible que pueda abordar los brotes en todo el estado.

Los pacientes que requieran de intervenciones menos intensivas pueden ser trasladados a centros de vida asistida o de atención a largo plazo, y aquellos con menos necesidades podrán derivarse a hoteles y moteles que el estado está adquiriendo en la actualidad, indicó Newsom.

También agregó que el estado está en proceso de arrendar y armar dos hospitales, uno en el norte de California y otro en el sur, para satisfacer las necesidades que se anticipan. El martes, en una medida tomada con una rapidez sin precedentes, la legislatura estatal aprobó $1.100 millones en fondos de emergencia, en parte para aumentar la capacidad hospitalaria y hacer esas adquisiciones.

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Aún así, la directora ejecutiva de la Asociación de Hospitales de California, Carmela Coyle, reconoció en la conferencia de prensa: “Nuestra capacidad se verá afectada”.

Newsom habló con el presidente Trump el martes para solicitar formalmente ayuda federal con miras a crear hospitales móviles también, una conversación que fue bien recibida, según dijo. Trump ha pedido previamente a los gobernadores estatales que trabajen en sus propias soluciones; “Los respaldaremos, pero intenten obtener [suministros] ustedes mismos”, les indicó. Pero el martes, el mandatario aseguró que la Corporación de Ingenieros del Ejército estaría “lista, dispuesta y capaz” para ayudar con las instalaciones de emergencia.

A pesar de la seguridad de los administradores del hospital y los funcionarios estatales, los trabajadores sanitarios y otros están haciendo sonar las alarmas sobre la preparación. Un importante sindicato de enfermeros, National Nurses United, criticó el lunes a los administradores de hospitales y las autoridades federales por no estar preparados.

En un comunicado, la directora ejecutiva del grupo, Bonnie Castillo, señaló que los hospitales experimentan “faltantes drásticos” en cuanto a equipos de protección para enfermeros y otros trabajadores de la salud. Eso, dijo, los deja expuestos a infectarse ellos mismos y exponer a los pacientes y sus propias familias. “Nuestra capacidad de atención médica es muy inferior a la que necesitamos para responder a esta emergencia nacional”, remarcó Castillo, una enfermera matriculada.

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Para Richard Riggs, director médico y vicepresidente sénior de asuntos médicos de Cedars-Sinai, hay un claro reconocimiento en su organización de que se desconoce el impacto total de la enfermedad, al igual que el grado en que sus instalaciones y personal podrán hacer frente a la demanda. “Si nos quedamos cortos, ¿qué hacemos? ¿Cómo clasificamos a los pacientes para tener la mayor oportunidad de sobrevivir?, se preguntó. “Estamos planeando con todas las herramientas que tenemos en nuestro arsenal”.

Dave Pine, supervisor del condado de San Mateo, consideró el martes que “realmente temo que podamos evitar una situación similar a la de Italia, a pesar de nuestros mejores esfuerzos”. Agregó: “Idealmente, deberíamos haber hecho esto hace dos semanas”.

Riggs detalló que en las instalaciones de Cedars-Sinai en Beverly Hills y Marina del Rey, el lunes fue el último día para las cirugías electivas. Ello le permitió al personal liberar espacio para pacientes con COVID-19. El número de camas de cuidados intensivos capaces de tratar con pacientes respiratorios graves se amplió sustancialmente en los últimos días, a casi 100, en Beverly Hills. Sus equipos se están preparando para reutilizar salas, desplegar tiendas de triaje e incluso ofrecer pruebas de detección de la enfermedad.

Según David Simon, portavoz de la Asociación de Hospitales de California, muchos de sus miembros en todo el estado también estaban posponiendo los procedimientos que no son de emergencia. El COVID-19 probablemente exigirá que muchos de ellos ofrezcan atención por videoconferencia o teléfono, y que actualicen las salas regulares para convertirlas en espacios de emergencia, previendo la avalancha de pacientes que se esperan en las próximas semanas.

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Pero, remarcó Otto Yang, un experto en enfermedades infecciosas en UCLA, la verdad es que “no sabemos cuántos casos vamos a ver en los próximos días o semanas”.

Yang y otros expertos expresaron que el aumento esperado es resultado de la falla en la prueba del virus en los primeros días del brote en EE.UU. Eso dejó muchos casos sin detectar, que pronto aparecerán en recuentos oficiales a medida que se vuelvan lo suficientemente graves para su tratamiento. Las pruebas aún no están ampliamente disponibles, y la cantidad de casos positivos reportados probablemente seguirá siendo artificialmente baja durante semanas a medida que entren más laboratorios en línea, agregaron.

Yang consideró que un aumento en los casos graves no debe verse como un fracaso de las estrategias de mitigación o un indicador de que el virus no se podrá controlar en los próximos meses.

Pero por ahora, los funcionarios se enfrentan a la lucha contra un enemigo invisible debido a ese paso en falso de prueba, lo cual obliga a los peores escenarios a convertirse en posiciones predeterminadas.

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Las autoridades esperan que las estrictas estrategias de mitigación que actualmente mantienen a las personas dentro de sus hogares reduzcan las infecciones. Ello daría a los sistemas médicos la oportunidad de ponerse al día después del aumento inicial y frenar la ola de casos de COVID-19.

Pero Yang y otros advierten que con la falta de pruebas, en última instancia, no hay forma de saber qué sucederá o si un gran número de casos seguirá ingresando a los hospitales después de la primera ola. “Lo que no está claro es qué tan malo será", expuso.

La reportera de planta de The Times Susanne Rust contribuyó con este artículo.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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