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Testimonios de la pandemia: Los niños toman la palabra

"A mí me dio el coronavirus. Sentí una tragedia que no me gustó para nada. Estaba tan triste que no podía parar de llorar. Había rogado que no me pasara, pues mi papá es doctor, así que si yo me enfermaba, él estaba en riesgo". Siena Padilla. 8 años.

La cuarentena no ha sido fácil de llevar para los adultos, pero tampoco para los más pequeños del hogar, quienes lejos de vivir en un paraíso ilimitado de juego han tenido que adaptarse velozmente a una nueva vida con más tareas y menos amigos. Claro que no todo ha sido blanco y negro. A continuación, tenemos seis coloridos testimonios de niños entre los 7 y 13 años, quienes nos cuentan lo bueno, lo malo y lo feo de la situación actual, desde su sabia y honesta perspectiva.

“Sin Otra Opción”
Siena Padilla Engler, 8 años.
Santa Monica, CA
Padeció COVID-19*.

El viernes era mi día favorito: estaba con mis amigas y al final de la tarde veía tele con mis papás en nuestra “Noche familiar”. El problema fue que un viernes ya no hubo escuela y, aunque suene bonito, no lo fue. Resulta que no habría clases hasta el 20 de abril. Yo me puse muy triste, pues aún con la cancelación de la escuela, había trabajo por hacer.

Más o menos me gustaba pasar más tiempo con mi familia, pero no del todo porque ¡mi mamá me hacía estudiar más de lo que necesitaba! Ya quería volver a la escuela. Yo tenía muchas tareas. Y luego el director dijo que quizá no nos veríamos sino hasta el verano.

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¡Eso no podía estar bien! Estar encerrados en casa es una cosa, ¡pero estar encerrados en casa con tarea es terrible! Especialmente porque puede que tengamos que ir a la escuela en el verano de todas maneras. ¡¡¡Qué horror!!! Aún así, me sentía bien porque tenía a mi familia, o al menos eso pensaba…

Tres semanas después del viernes, a mí me dio el coronavirus. Sentí una tragedia que no me gustó para nada. Estaba tan triste que no podía parar de llorar. Había rogado que no me pasara, pues mi papá es doctor, así que si yo me enfermaba, él estaba en riesgo y no era justo.

Me pusieron en cuarentena personal: ya no podía estar con nadie más. Me preguntaba por qué no podía estar con mi familia. Fue triste: tenía mucha soledad en un cuarto encerrada. No podía jugar con mi hermana. Me llevaron al hospital y sólo había enfermeras vestidas con batas. No estaba nadie de mi familia; tampoco ningún libro ni televisión. Todo lo tenía que hacer sola. Sólo enfermeras alrededor de mí.

Me sentía triste, como una flor muerta, acostada en una cama de hospital incómoda, con mi familia en la casa llorando muchas lágrimas. Yo también lloré. Tenía mucho miedo y ya quería salir. Estaba aburrida y no podía hacer ni música ni gimnasia.

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Cuando me sentí mejor, pude hacer todo lo que quería y la primera cosa que hice fue una voltereta. Después, barras. Luego, guitarra. Oh, se me olvidó: la primera cosa que hice fue un abrazo de familia gigante y desde ese tiempo yo fui la niña más feliz de todas. Los tacos fueron mi primera comida.

“Lo bueno y lo malo de la cuarentena”

Mérida Hoenigmann extraña salir a jugar con sus amigos. Su familia le improvisó un atuendo de temporada para que pudiera pasear brevemente fuera de casa.
Mérida Hoenigmann extraña salir a jugar con sus amigos. Su familia le improvisó un atuendo de temporada para que pudiera pasear brevemente fuera de casa.

Mérida Hoenigmann, 7 años
Pasadena, CA
Comparte espacio de oficina en casa con su mami*

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El Coronavirus está haciendo que la gente se enferme. Estamos en cuarentena. Me gusta que no podamos salir de mi hogar porque no hay escuela. Pero tengo que estudiar en casa. Aún así está bien porque me puedo quedar en pijama todo el día. También puedo ver TV durante mi recreo. Pero, la cuarentena no me gusta porque no puedo ir al parque y extraño a mi papá.

“El futuro de los niños”

Judith Aguilera cree que los niños deben opinar y brindar sugerencias para construir un mejor futuro.
(Cortesía.)

Judith H. Aguilera, 11 años.
Los Ángeles, CA
Próxima activista*

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¡Los niños también tenemos sueños! ¡Yo tengo un sueño!

Yo sé que nuestros padres quieren un mejor futuro para nosotros, pero, ¿alguien nos ha preguntado lo que nosotros queremos en nuestro futuro?

Esta es la historia de una niña de once años que sabe que su mami la quiere mucho y que trabaja bastante para darle lo mejor que puede. Su mamá siempre le dice que los niños no deben preocuparse por arreglar el mundo y que su más grande deseo es que crezca sana y fuerte, pero sobre todo que se respete a sí misma y a los demás. No quiere que la niña se preocupe: ¿pero cómo no hacerlo si escucha a los adultos hablar de virus y enfermedades; de trabajo, seguridad, y varias cosas más? Por eso la niña sale al jardín a imaginar el futuro ideal. Se imagina algo sin guerras, violencia, discriminación o fronteras. Pero también un futuro donde todos podamos ser felices, respetados, amados, incluidos, y que las escuelas sean de calidad, tengan comida sana y enseñen no sólo conocimientos sino también habilidades para sobresalir en la vida. Esta niña quiere un futuro donde los sueños se hagan realidad.

“Era un día normal”
Giovanny Ruiz Lucio, 11 años
Los Ángeles, CA
Futuro ambientalista*

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Era un día normal hasta que mi familia y yo miramos las noticias y dijeron que el coronavirus se había extendido y que teníamos que estar en cuarentena para que no hubiera más. Pero las personas no hacen caso porque no les gusta seguir reglas, y ahora el mundo está totalmente infectado con este peligroso virus. Toda mi familia está siguiendo las reglas para que ya no haya más muertos en el mundo.

Lo que yo siento es tristeza porque ya no miro a mis amigos ni estoy en mi escuela, pero también estoy feliz porque las personas no salen a cortar los árboles, las playas están sin gente, y las tortugas y los peces nadan felices por todo el mar. Nosotros tenemos que cuidar nuestra naturaleza porque necesitamos respirar aire limpio. También debemos cuidar a nuestros animales y no tirar basura en la calle.

“Quédate En Casa”
Jennifer Ruiz Lucio, 13 años
Los Ángeles, CA
Se siente triste por su (falta de) graduación*

El 13 de marzo fue una mañana bonita. Como siempre, me levanté muy contenta para irme a la escuela. Llegué y entré a mi primera clase. En ese momento hubo un anuncio de que teníamos que cerrar la escuela por dos semanas. No lo podía creer porque la voz hablaba de un virus llamado COVID-19. En ese momento sentí algo raro dentro de mí: no sabía lo que estaba pasando. Yo pensé que no era grave lo que sucedía, ya que había escuchado esta noticia en la televisión y no le tomé importancia. Pero cuando el director nos explicó todo, entendí que este virus era más grave de lo que pensaba.

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Mis compañeros y yo nos sentimos muy tristes porque en este año nos graduábamos de octavo grado. Teníamos muchos planes para nuestra graduación. Nuestro sueño está cancelado. Aún así, todos estos días que he estado en casa me han servido para reflexionar sobre muchas cosas que no había pensado antes. Pero me aburro un poco porque no puedo salir a la calle.

Además mi entrenador de fútbol nos dijo que todas nuestras prácticas se habían cancelado y también nuestros partidos. Este virus es bien peligroso porque se están muriendo muchas personas en diferentes partes del mundo. Hay quien no lo está tomando en serio: hay mucha gente en la calle, supermercados, playas, parques, etc. Mi familia y yo estamos siguiendo las reglas: permanecemos en casa y nos lavamos las manos por 20 segundos.

Tampoco nos tocamos la cara. Yo quisiera que todas las personas siguieran las reglas para que este virus no se propague más y todo vuelva a la normalidad. Yo siento que esto es como el fin del mundo. Me gustaría poder ayudar a toda la gente porque me siento mal al escuchar en las noticias de que se siguen muriendo más y más. Espero que haya una cura pronto. Yo rezo a Dios todos los días para que cuide a mi abuelito porque las personas de la tercera edad se contagian más rápido. También le pido que este virus se aleje y nunca más regrese.

“Mi experiencia con el coronavirus”
Gerardo Ruiz Lucio, 11 años
Los Ángeles, CA
Es optimista*

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Mi nombre es Gerardo. Yo me siento muy triste porque no estoy en la escuela con mis amigos. Ya son varias semanas que estoy en casa haciendo tarea desde mi teléfono. A veces mi mamá nos lleva adonde nos prestan unas computadoras a mis hermanos y a mí, ya que nosotros no tenemos.

Pero esto no importa: mis hermanos y yo somos felices al lado de mi mamá porque ella siempre nos cuida y nos protege, y nos hace comida saludable para que nuestro cuerpo esté fuerte. Nuestra vida cambió de un momento a otro con este virus que está afectando a nuestro mundo.

Mucha gente ha perdido la vida. Me doy cuenta que en los hospitales no tienen suficientes camas para las personas enfermas. Por eso me sentí feliz cuando llegó un barco con mil camas para nuestra gente que lo necesita. Escucho de mi familia que nos tenemos que cuidar mucho.

Desde que empezó esto, estamos siguiendo reglas para todo: nos lavamos las manos, no nos tocamos la cara, tomamos tragos de agua cada 20 minutos, y cuando sale mamá o papá, antes de entrar, se quitan los zapatos afuera y ponen su ropa en una bolsa, y se meten a bañar inmediatamente. Son muchos cambios en nuestra vida pero juntos venceremos este virus mortal.

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Estas historias infantiles se recopilaron a través de las redes sociales de la UNAM-LA.


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