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El lanzamiento inicial de la vacunación en California fue caótico; ¿qué salió mal?

L.A. Mayor Eric Garcetti, far right, and California Gov. Gavin Newsom tour the COVID-19 vaccination site at Dodger Stadium.
El alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, en el extremo derecho, y el gobernador de California, Gavin Newsom, recorrieron el sitio de vacunación contra el COVID-19 en el Dodger Stadium, el mes pasado. La ciudad de Los Ángeles anunció que el centro puede administrar 12.000 inyecciones por día, pero hasta ahora solo alcanzó las 7.000 por jornada. Los funcionarios apuntan a la falta de suministro del gobierno federal.
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

Algunos veinteañeros que trabajan en redes sociales se están vacunando contra el COVID-19 antes que las personas mayores.

Más de un tercio de las dosis de Pfizer y Moderna en California parecen estar sin uso, pero los funcionarios de salud señalan que no pueden administrar las dosis más rápidamente.

Además, los problemas con los sistemas de datos del estado dejaron a los funcionarios en la oscuridad sobre cuántas dosis se aplicaron realmente, lo cual nubla el panorama de progreso en el estado.

California administró más de 3.45 millones de inyecciones, con mucho la mayor cantidad en el país, pero durante semanas se ubicó entre los estados más lentos per cápita en la vacunación de su población y en el uso de las dosis asignadas por los funcionarios federales, según muestran los datos.

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Para el lunes, alrededor del 7.2% de los residentes de California habían recibido una primera dosis y se había aplicado el 60.9% del suministro de vacunas del estado, una mejora drástica con respecto a la semana anterior, pero aún por detrás de lo ocurrido en otros estados grandes, como Texas, Illinois y Nueva York, y solo un poco por delante de Florida.

Los pacientes con COVID-19 que tardan meses en superar sus infecciones por coronavirus a pesar del tratamiento pueden convertirse en incubadoras de nuevas y peligrosas cepas.

El lento lanzamiento inicial del Estado Dorado desafía una explicación sencilla. Durante semanas, el gobernador Gavin Newsom y los funcionarios de salud pública limitaron el acceso a las vacunas solo a los trabajadores de la salud y los hogares de ancianos, y la confusión informativa complicó el panorama de cómo avanza la vacunación.

Los expertos afirman que las barreras estructurales de un estado tan grande y descentralizado, apoyado en gran medida en 61 departamentos de salud locales para administrar las dosis, también complicaron la respuesta.

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Sin embargo, el problema más grande y persistente ha estado fuera del control del estado. Los funcionarios se vieron paralizados por la escasez de suministro de vacunas y la falta de previsibilidad del gobierno federal y los fabricantes.

“La escasez de oferta crea esta enorme demanda insatisfecha, que genera caos”, señaló Andrew Noymer, profesor asociado de salud pública en UC Irvine. “Hay capas y capas de problemas logísticos que tenemos hoy y que no tuvimos en campañas de vacunación anteriores”.

Texas y Florida, los primeros líderes en la distribución de una gran parte de sus dosis, abrieron la vacunación a más personas, incluidos los adultos mayores, en diciembre pasado. Nueva York se apoyó en los grandes sistemas hospitalarios públicos para administrar dosis a sus trabajadores y al público en general, y el gobernador Andrew Cuomo amenazó con multarlos o cortarles los suministros si vacunaban muy lentamente.

El plan inicial de inmunización de California reflejó las recomendaciones federales al priorizar a los residentes de hogares de ancianos y a 2.4 millones de trabajadores de la salud. Pero a medida que estados como Dakota del Sur, Virginia Occidental, Texas y Florida avanzaron hacia nuevos grupos de pacientes, California se quedó atrás.

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California adoptó ahora un sistema de distribución basado en la edad, y la proporción de dosis utilizadas aumentó 13 puntos porcentuales en una semana, lo cual la lleva casi al nivel del promedio nacional. El estado también contrató a Blue Shield of California para supervisar la distribución. Sin embargo, algunos expertos señalan que esto es apenas una recuperación de las primeras semanas críticas.

La capacidad de California para realizar varias tareas se está poniendo a prueba, ya que los funcionarios de salud se esfuerzan por encontrar personal para los centros de vacunación y, al mismo tiempo, mantener las pruebas y el rastreo de contactos.

El enfoque temprano del estado fue similar a esperar a que cada pasajero de primera clase aborde un avión antes de abrirlo a la clase turista, y no permitir que nadie en los últimos grupos de abordaje hiciera fila antes de que fuera su turno, comentó el Dr. David Lubarsky, director ejecutivo de UC Davis Health. “Lo que obtuvo fue un avión que nunca salió del aeropuerto”, ironizó.

Una de las razones por las que se demoró tanto en vacunar a los trabajadores sanitarios y de primera línea es que muchos se mostraron reacios a las inmunizaciones. El estado, señalan los funcionarios de salud pública y los críticos, debería haber anticipado mejor esa vacilación y proporcionado más fondos para educar y divulgar información sobre las vacunas, o pasar a otros grupos más rápidamente.

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Aunque alrededor del 84% de los trabajadores del Centro Médico Cedars-Sinai fueron vacunados, la tasa está más cerca del 65% en Keck Medicine de la USC y en UCLA Health, afirmaron las autoridades. Solo el 55% de los bomberos de Los Ángeles se han vacunado.

“Sería una suposición errónea decir que no es necesario educar al respecto, siquiera a los trabajadores de la salud”, comentó el senador de California Richard Pan (D-Sacramento), quien trabajó para robustecer las leyes de vacunas infantiles de California. Su esperanza es que algunos trabajadores sanitarios que se resistieron a la inmunización al principio cambien de opinión una vez que sus pares creen “una norma social en torno a ello”.

Salud

También obstaculizó el despliegue la escasez de personal para aplicar las dosis. En el sur de California, el aumento de casos de COVID-19 puso a las unidades de cuidados intensivos al máximo de su capacidad, y los trabajadores médicos se vieron abrumados, con menos tiempo para vacunar.

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Algunos sitios utilizan a estudiantes de enfermería. Una nueva empresa de tecnología de la salud que ayuda en los centros de vacunación masiva en Los Ángeles comenzó a contratar de forma urgente a más de 150 enfermeras y asistentes médicos. El condado de Orange está reclutando voluntarios activamente, incluidos acupunturistas y quiroprácticos, incluso si su licencia o certificación ha expirado. “Es realmente una situación de ‘manos a la obra’”, aseguró Richard Dang, profesor asistente de la Facultad de Farmacia de la USC, quien supervisa una clínica de vacunación de la ciudad en Lincoln Heights.

¿Otro recurso inesperadamente escaso? Los conos naranja. David Ortiz, oficial de información pública del Departamento de Bomberos de Los Ángeles, detalló que hay al menos 21.000 conos en el Dodger Stadium para enrutar los autos a través del sitio y en las calles, pero aún no es suficiente. Su organización tuvo que alquilar conos, pedirlos prestados a otros departamentos de la ciudad y aceptar donaciones privadas.

Los trabajadores de los sitios y departamentos de salud pública también se enfrentaron a problemas sistémicos de recopilación de datos, que han impedido a los funcionarios observar cuántas dosis se están administrando.

Para Kim Saruwatari, directora de salud pública del condado de Riverside, los problemas de datos ralentizaron la capacidad de distribuir dosis adicionales a varios sitios.

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“No podemos ver qué tan rápido nuestros proveedores pueden aplicar la vacuna”, afirmó.

Algunos registros -que deberían haberse enviado a una oficina de información estatal- no fueron comunicados, lo cual exigió a los funcionarios de salud locales y a los hospitales la verificación y el reingreso de los datos varias veces. Un error de codificación que involucró a un importante proveedor de vacunas provocó que no se informara sobre el número de dosis administradas, cuyo alcance aún no está claro, enfatizaron las autoridades.

Bárbara Ferrer, directora del departamento de salud pública del condado de Los Ángeles, afirmó que se vio obligada a enviar “equipos de datos” a “muchos sitios” para verificar de forma independiente cuántas dosis se habían distribuido y cuántas todavía estaban almacenadas después de que el sistema estatal mostrara una “gran discrepancia” entre los números.

El problema apareció también en hospitales y clínicas de salud, comentó un portavoz del departamento.

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Los problemas de datos complicaron el trabajo del condado para desglosar qué instalaciones aún tienen dosis sin usar y, de ser así, por qué. El 25 de enero, los datos compartidos con los reporteros sobre la cantidad de vacunas aplicadas tenían 13 días de antigüedad y se basaban en encuestas semanales del inventario completado por los proveedores de atención médica.

Los problemas de datos incapacitaron a los funcionarios de salud para determinar si Newsom había cumplido con su objetivo de administrar un millón de vacunas en 10 días. En L.A., comentó el Dr. Paul Simon, director científico del Departamento de Salud Pública del condado de Los Ángeles, la cantidad de dosis administradas podría ser hasta un 20% más alta de lo que se informó públicamente.

Los funcionarios de salud también pugnaron por mantenerse al día con los cambios inesperados en el plan de inmunización del estado, que no siempre está acompañado de suficientes detalles o apoyo logístico para llevarse a cabo.

Muchas personas mayores se sintieron furiosas al hacer fila en las farmacias, luego de que Newsom anunciara -el 13 de enero pasado- que los mayores de 65 años podían vacunarse, solo para descubrir que numerosos condados no podían aún ofrecerles las dosis. El gobernador explicó la decisión, alegando que las pautas deben permitir flexibilidad dependiendo de cuántas dosis tenga disponible cada condado.

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Adaptarse a los anuncios cambiantes sobre la elegibilidad de la vacuna de la oficina del gobernador ha sido difícil, reconoció Saruwatari. “Somos nosotros los que tenemos que enviar un mensaje a nuestra comunidad y ayudarlos a comprender por qué las cosas se modifican y cuál es el razonamiento de los cambios; creo que a veces eso es un desafío”, remarcó.

Esos problemas se vieron agravados por el sistema de salud descentralizado del estado, que depende en gran medida de 61 departamentos de salud locales, distribuidos en 58 condados. Cada agencia administra la vacuna a nivel local, y puede tomar decisiones que difieran de las pautas federales o estatales.

“Somos un estado grande y complicado, y es un sistema de salud fragmentado”, remarcó Anthony Wright, director ejecutivo de Health Access California. Por ello es difícil generalizar qué salió mal con el lanzamiento temprano, agregó, porque los condados poblados podrían estar luchando con diferentes problemas.

“Hay un nivel mínimo de control estatal y un nivel máximo de control local”, destacó Lubarsky, el ejecutivo de UC Davis Health. “De repente se lanza una vacunación masiva, con verificación de credenciales y problemas de la cadena de suministro, en un sistema de salud pública muy estresado, que no ha recibido fondos suficientes durante décadas. No es la mejor manera de hacer las cosas”.

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Los gobiernos de los condados difíciles de manejar también están en desventaja durante emergencias que exigen una rápida toma de decisiones. La mayoría de los condados de California se encuentran gobernados por una junta de supervisores elegida, lo cual significa que no hay un solo ejecutivo a cargo. “La debilidad de la estructura de gobierno del condado se revela cuando hay un problema de vida o muerte, como el coronavirus”, reflexionó Zev Yaroslavsky, ex supervisor del condado de L.A., quien señaló además que el tamaño de la población de dicho condado es similar al de Carolina del Norte, aunque todos “reirían” si alguien propusiera que Carolina del Norte descartara a su gobernador y fuera dirigida, en cambio, por una junta.

El enorme tamaño del condado de L.A. (10 millones de personas) es una barrera, aunque no infranqueable. Israel, con nueve millones de habitantes, tiene la tasa de vacunación por COVID-19 más alta del mundo: casi un tercio de los residentes han recibido al menos una dosis. El país posee un sistema de salud universal y llegó a un acuerdo con Pfizer para obtener una línea estable de dosis a cambio de datos de los pacientes. “Hay que tener a cargo algo parecido a un general de campo, que diga: ‘Marcharemos por aquí. He tenido en cuenta toda la evidencia’”, comentó Yaroslavsky. “Y así todos marchan al mismo paso”.

Soumya Karlamangla, Melody Gutiérrez, Sean Greene y Vanessa Martínez, reporteros de planta de The Times, contribuyeron con este artículo.

https://www.latimes.com/california/story/2021-02-02/california-covid-vaccine-rollout-lags-other-states?fbclid=IwAR3coLhPA2eew5Ys4jN57GqACZfqdXXPMRE1ZHIBItCBsOxpIiMCpT3HMUU

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