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Nuevo optimismo de que el COVID-19 finalmente está disminuyendo, a medida que Los Ángeles adquiere cierta inmunidad colectiva

A firefighter injects a shot into a woman's upper arm
El bombero Anthony MacDougall administra una vacuna contra COVID-19 a Carmen Limeta, en un sitio de vacunación móvil en South Park Recreation Center, en Los Ángeles
(Irfan Khan / Los Angeles Times)

En Los Ángeles, muchas personas tienen ahora inmunidad al coronavirus debido a infecciones anteriores y a la vacunación, por lo que la transmisión se está ralentizando y avanzando hacia la inmunidad de grupo.

A medida que los casos de coronavirus caen en picada en todo el país y las vacunaciones suman 1.7 millones de estadounidenses por día, y en aumento, los expertos en salud están adoptando cada vez más un nuevo tono en sus evaluaciones de la pandemia: optimismo.

“Podría estar equivocado, pero no creo que vayamos a ver un cuarto gran aumento”, señaló el Dr. Paul Offit, experto en vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia. “Creo que hemos visto lo peor”.

Muchos epidemiólogos y otros científicos, aunque siguen siendo cautelosos, dicen que se sienten cada vez más esperanzados de que el resto de 2021 no repita la pesadilla del año pasado.

La llegada de la primavera probablemente ayudará a la caída precipitada de los casos de coronavirus, ya que el clima más cálido permite que las personas pasen más tiempo al aire libre y también crea un ambiente menos hospitalario para el virus, señalan los expertos.

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Pero el factor más importante, paradójicamente, es algo que la nación pasó el último año tratando de prevenir.

Si bien el 12% de los estadounidenses han recibido al menos una dosis de la vacuna contra COVID-19, muchas más personas, aproximadamente el 35% de la población del país, ya se han infectado con el coronavirus, estimó Offit. Los estudios han encontrado que quienes sobreviven la enfermedad tienen inmunidad durante varios meses, aunque es probable que la protección dure incluso más.

El epidemiólogo de UC San Francisco, el Dr. George Rutherford, explicó que una de las razones por las que los casos están disminuyendo tan rápido en el estado “se debe a la inmunidad adquirida naturalmente, principalmente en el sur de California”. Estimó que el 50% de los residentes de Los Ángeles han sido infectados con el virus en algún momento.

“Realmente estamos hablando de algo que empieza a sonar y parecerse a la inmunidad colectiva, aunque esa verdadera inmunidad colectiva está muy lejos en el futuro”, indicó Rutherford recientemente.

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Muchas compañías de seguros han renunciado a los gastos de bolsillo para el tratamiento del coronavirus, lo que ha permitido a algunos pacientes reducir la costosa factura a nada. Pero esas exenciones son totalmente voluntarias, y muchas ya han expirado.

La inmunidad colectiva se alcanza cuando tantas personas tienen inmunidad que un virus no puede encontrar nuevos huéspedes y deja de propagarse, lo que da como resultado una protección para toda la comunidad. Los científicos creen que, en el caso del coronavirus, el umbral podría llegar al 90%. Estados Unidos no ha alcanzado este punto, pero cada paso hacia él ralentiza la transmisión, informan los expertos.

Los efectos pueden ser mayores en los lugares que sufrieron las peores oleadas de COVID-19, incluido Los Ángeles. Después de una horrible ola de otoño e invierno que ha matado a más de 12,000 personas, se estima que entre el 33% y el 55% de los residentes del condado ya han sido infectados con el coronavirus, según investigadores de la USC.

Esas infecciones pasadas han mitigado la transmisión de manera tan significativa que han cambiado la trayectoria actual del brote en el condado, donde los nuevos casos diarios han estado disminuyendo durante cinco semanas, comentó el Dr. Roger Lewis, director de modelos de demanda hospitalaria de COVID-19 para el Departamento de Servicios de Salud de Los Ángeles.

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“Si hubieras tenido exactamente el mismo comportamiento y tipo de virus circulando que tenemos ahora, pero estuviéramos al comienzo de la pandemia y nadie fuese inmune todavía, estaríamos en medio de un aumento continuo”. señaló. “El hecho de que los casos estén disminuyendo en este momento, en lugar de aumentar, se debe a que aproximadamente un tercio de todos en Los Ángeles son inmunes al COVID”.

Pero los expertos advierten que la batalla aún no está ganada.

Las nuevas variantes de coronavirus podrían socavar estas proyecciones, ya sea demostrando ser más resistentes a las vacunas existentes o encontrando una forma de propagarse más fácilmente. Los cambios en el comportamiento también podrían hacer que esta buena noticia sea discutible, ya que solo se mantiene si las personas se adhieren a las precauciones que han estado tomando hasta ahora, dicen los expertos.

Los consumidores perdieron más de 3.300 millones de dólares en fraudes el año pasado, lo que supone un aumento del 83% respecto al año anterior, según la FTC.

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“No quiero dar una falsa sensación de seguridad”, señaló el Dr. Paul Simon, director científico de Los Ángeles, quien indicó que el 60% de los angelinos seguirían siendo vulnerables, incluso si más de un tercio ya han sido infectados con el coronavirus. “A menos que se hayan vacunado, continúan siendo susceptibles. Creo que debemos seguir estando atentos”.

A nivel nacional, los casos de coronavirus han caído a niveles no vistos desde fines de octubre, según funcionarios federales. En California, aproximadamente 7,000 personas dan positivo por COVID-19 cada día, en comparación con 45,000 en el pico de la oleada invernal del estado.

En Los Ángeles, los funcionarios estiman actualmente el valor de R, una medida de cuántas personas infecta un individuo con el virus, en alrededor de 0.8. Cualquier valor por debajo de 1 significa que un brote se está reduciendo y cualquiera por encima de 1 significa que está creciendo.

Si tantas personas en el condado no fueran inmunes, el valor R sería aproximadamente un tercio más alto, o un poco más de 1, explicó Lewis. Incluso ese ligero aumento tiene consecuencias importantes para un virus que tiende a propagarse exponencialmente.

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“El hecho de que el virus solo tenga dos tercios de personas a las que saltar, en comparación con las que tuvo inicialmente, lo ralentiza”, señaló Lewis.

Desde que comenzó la pandemia, casi 30 millones de estadounidenses han dado positivo por el coronavirus, pero el número real de personas que han contraído el virus es probablemente tres o cuatro veces mayor debido a los bajos niveles de pruebas y al hecho de que muchos de los que están infectados nunca desarrollan síntomas, según los expertos.

La gran cantidad de contagios ha tenido un alto costo. El número de muertos en la nación se acerca a 500,000, mucho más que en cualquier otro país del mundo, y aún más han sobrevivido, pero continúan sufriendo los efectos persistentes de sus enfermedades, algunos de ellos graves. Permitir que el COVID-19 corra desenfrenado para lograr rápidamente la inmunidad colectiva, como algunos habían promovido al principio de la pandemia, habría provocado aún más muertes y problemas de salud crónicos, señalan los expertos.

Tras semanas de espera, la Clínica Monseñor Romero recibió el mes pasado un cargamento de vacunas de Moderna del Departamento de Salud Pública del Condado de Los Ángeles: 100 vacunas para los 12.000 pacientes de la clínica.

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No está claro exactamente cuál es el umbral para la inmunidad colectiva con este virus; algunos científicos estiman que se puede lograr cuando el 50% de las personas son inmunes, mientras que otros creen que el umbral está más cerca del 90%, indicó Simon. La distribución geográfica desigual de las infecciones también puede hacer que algunos sectores del condado sean más vulnerables que otros, señaló.

“Todavía no sabemos qué nivel de vacunación y protección se requeriría para obtener inmunidad colectiva en todo el condado”, comentó Simon en una sesión informativa el viernes. “A medida que vemos que el número de casos nuevos disminuye drásticamente, creo que esa será la mejor pista de que estamos alcanzando la inmunidad colectiva, especialmente si lo vemos en todo Los Ángeles”.

El mayor obstáculo para acabar con la pandemia es la proliferación de variantes del coronavirus, especialmente si son más transmisibles o menos susceptibles a las vacunas. Por ejemplo, la variante B.1.1.7 que surgió en el Reino Unido es aproximadamente un 50% más contagiosa que sus predecesoras, y podría provocar brotes en lugares donde grandes franjas de personas siguen siendo vulnerables a las enfermedades.

El Dr. Peter Hotez, decano de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Baylor College of Medicine, señaló que cree que volar para visitar a amigos y familiares será normal y seguro en agosto. Pero debido a las variantes, advirtió a la gente que “tenga cuidado con los idus de marzo”.

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“Esa es, me parece, la mayor crisis que enfrentamos ahora mismo en nuestra pandemia de COVID-19”, comentó en una entrevista reciente con la Asociación Médica Estadounidense. “Tan malo como fue 2020, ahora estamos viendo la versión 2.0 de esta pandemia con las variantes”.

Pero otros son más optimistas. Offit dijo que le preocuparía si las personas que ya tenían COVID-19, o que habían sido vacunadas, fueran hospitalizadas debido a infecciones causadas por una nueva variante.

“Esa línea no se ha cruzado”, comentó. “Lo único que se desea es mantener a las personas fuera del hospital y, al parecer, hasta la fecha no existe una variante que haya escapado a la inmunidad inducida por la enfermedad o la vacuna”.

En un seminario de COVID del Departamento de Medicina de UCSF la semana pasada, la Dra. Monica Gandhi, especialista en enfermedades infecciosas, lo expresó simplemente: “Trate de no preocuparse por las variantes”.

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Offit señaló que mantiene la esperanza sobre la trayectoria de la nación durante el verano y a medida que más personas se vacunen. “Lo que me preocupa un poco es cuando llegues a septiembre, vuelve a hacer más frío y puede haber una variante que surja”, y la gente deje de usar máscaras y de distanciarse físicamente, indicó Offit.

La Dra. Rochelle Walensky, directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, advirtió contra la visión de las tendencias a la baja de los casos como una razón para dejar de usar cubrebocas y otras precauciones de seguridad.

En una entrevista con el Journal of the American Medical Assn., Walensky indicó que esperaba lo mejor, pero también advirtió sobre el peor de los casos: que la gente dejará de usar cubrebocas y de distanciarse físicamente demasiado pronto, y que muchos declararán prematuramente que ya han tenido suficiente de la pandemia y no se van a vacunar.

“Cómo avanza esto va a depender de 330 millones de personas”, señaló Walensky. “Porque si bien tengo muchas esperanzas sobre lo que podría suceder en marzo y abril, realmente sé que esto podría salir mal, muy rápido. Y lo vimos en noviembre y en diciembre. Vimos lo que puede pasar”.

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La Dra. Annabelle de St. Maurice, especialista en enfermedades infecciosas pediátricas de la UCLA, señaló que simpatiza con los funcionarios que intentan cruzar una delgada línea entre mantener la moral alta y no hacer que las personas se sientan tan optimistas como para bajar la guardia.

En Los Ángeles en particular, los números han mejorado drásticamente, destacó, pero siguen siendo casi tan altos como lo fueron durante el mortal aumento del verano.

“Es un motivo para celebrar y quieres que la gente lo celebre, pero quieres que lo hagan físicamente distanciados y con un cubrebocas”, señaló.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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