En la campaña por la destitución de Newsom, la California rural encuentra su momento

Yreka, California
Debbie y Guy Scott, propietarios de Zephyr Books & Coffee en Yreka, California, el 5 de marzo de 2021. La librería sirve como lugar para firmar peticiones para destituir al gobernador Gavin Newsom.
(Jason Armond / Los Angeles Times)
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Dentro de Zephyr Books & Coffee, los visitantes son recibidos por un tocadiscos de vinilo giratorio, cómodos sofás de cuero y el olor a café tostado aquí mismo en el condado de Siskiyou.

Y junto a la ventana panorámica que da a Miner Street se encuentra una pila de peticiones para destituir al gobernador Gavin Newsom.

Los propietarios, Debbie y Guy Scott, comenzaron a recolectar firmas después de que las restricciones pandémicas de Newsom afectaron duramente a su librería, en el centro histórico de Yreka, incluso cuando el número de víctimas del virus se sintió muy lejos de este vasto condado rural que no informó su primera muerte por COVID-19 hasta noviembre.

El esposo y la esposa perdieron algunos clientes. Pero en general, dijeron, el esfuerzo por derrocar al gobernador demócrata está resonando en el conservador norte de California.

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“Nuestro elemento vital no es el dinero corporativo. No es financiación del gobierno”, comentó Debbie. “Estamos orientados a la familia, al rancho, a la agricultura, a las pequeñas empresas. Y Sacramento tiene una prioridad diferente. Tienen una orientación política”.

Los Scotts son un recordatorio de que, incluso cuando se trata de asuntos estatales, toda la política es local.

El distrito de negocios en el centro histórico de Yreka en la zona rural del norte de California.
(Jason Armond / Los Angeles Times)

Los condados del norte de California siempre se han sentido ignorados en el famosamente liberal “Estado Dorado”. La gente aquí se irrita por las regulaciones gubernamentales que, según señalan, han obstaculizado industrias como la madera, la pesca y la minería. Muchos creen que los altos impuestos y el costo de vida de la entidad han acelerado el declive de las ciudades pequeñas. Dicen que sus voces son ahogadas en Sacramento por los demócratas urbanos.

Pero en medio de una pandemia que ha estado tan estrechamente entrelazada con la política, han encontrado en el movimiento de destitución una respuesta a sus frustraciones más amplias. A medida que el esfuerzo gana impulso, se siente como una victoria para esta parte del estado.

Gov. Gavin Newson, left, and Los Angeles Mayor Eric Garcetti, right, talk during a news conference at Cal State Los Angeles
El gobernador Gavin Newson, a la izquierda, y el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, conversan durante una conferencia de prensa en un sitio de vacunación contra COVID-19 en Cal State Los Ángeles establecido en asociación entre el gobierno federal y el estado.
(Al Seib / Los Angeles Times)

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Los líderes del movimiento de destitución respaldado por los republicanos deben presentar 1’495,709 firmas válidas antes del 17 de marzo para desencadenar una elección especial a finales de este año. Esta semana, los impulsores dijeron que habían recolectado 1.95 millones de firmas. Si bien esos números aún deben ser verificados por el secretario de estado, ellos mencionan que confían en que tienen más que suficiente para calificar para la boleta.

“Somos muy bien recibidos dondequiera que vamos”, comentó Orrin Heatlie, el proponente oficial del esfuerzo de destitución y sargento del sheriff retirado del condado de Yolo. “Viene gente de todo el espectro político para participar”.

Incluso si la destitución llega a la boleta electoral, será una batalla cuesta arriba persuadir a suficientes votantes para que destituyan a Newsom antes de que termine su mandato en 2023, especialmente si las escuelas están abiertas y los californianos se encuentran ampliamente vacunados contra el COVID-19. En una encuesta publicada el mes pasado por el Instituto de Estudios Gubernamentales de UC Berkeley, solo el 36% de los votantes registrados dijeron que optarían por una revocación; el 19% estaba indeciso. El apoyo se rompió según las líneas del partido.

Ted Crumby, left, and Dennis Hillard, met for lunch at Linda's Soda Bar and Grill last spring
Ted Crumby, izquierda, de Meridian y Dennis Hillard de Citrus Heights se reunieron para almorzar la primavera pasada en Linda’s Soda Bar and Grill en Yuba City, cuando Sutter y Yuba permitieron reabrir negocios y restaurantes, desafiando la orden de quedarse en casa del gobernador Gavin Newsom.
(Gary Coronado / Los Angeles Times)

Las tensiones entre las comunidades rurales y la administración Newsom sobre su manejo de la pandemia se han ido acumulando durante meses. Los condados más pequeños con menos casos de COVID-19 se han resistido a las restricciones estatales del gobernador, argumentando que una medida general no sirve para todos. La primavera pasada, algunas zonas del norte de California reabrieron negocios desafiando la orden del gobernador de quedarse en casa.

Dan Newman, un portavoz de campaña de Newsom, indicó que “la pandemia ha sido muy dura para las pequeñas empresas en todo el estado” y que el gobernador “ha hecho todo lo posible para permitir que las localidades reaccionen en función de las situaciones en sus comunidades”.

Newman dijo que creía que la gente probablemente apoyaba la destitución debido a la política partidista, no a la pandemia, especialmente en el norte de California, que votó abrumadoramente por el ex presidente Trump.

Assemblyman Kevin Kiley, right, R-Granite Bay, attends a hearing in Sacramento on May 4.
Fotografía 5. El asambleísta Kevin Kiley (republicano de Rocklin), derecha, asiste a una audiencia en Sacramento el 4 de mayo. Kiley escribió un libro titulado “Destituyamos a Newsom: El caso contra el gobernador más corrupto de Estados Unidos”.
(Rich Pedroncelli / Associated Press)

“Después de comenzar a cansarse por gritar ‘detengan el robo’, esto se ha convertido en un nuevo grito de guerra para los republicanos de Trump en California y a nivel nacional”, comentó. “Más de 6 millones de californianos votaron por el expresidente. Por supuesto, muchos de ellos apoyarán cualquier plan para intentar reemplazar a un demócrata con un partidario de Trump”.

Pero el asambleísta estatal Kevin Kiley (republicano de Rocklin) llamó en tono de broma a Newsom “el gran unificador”, porque “un grupo muy diverso de personas” apoya la destitución.

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“Quizá el fallo cardinal de nuestro sistema político en California durante mucho tiempo es que deja a la gente sintiéndose impotente y privada de sus derechos con gran parte de nuestras vidas y gobernanza dictadas desde lejos”, explicó.

Después de que el pedido para quedarse en casa de Newsom entró en vigencia en marzo pasado, las ventas en Zephyr Books & Coffee cayeron más del 30%. Los Scotts despidieron a los seis empleados. Mantuvieron la tienda abierta y la administraron ellos mismos.

“Invertimos en la tienda todo nuestro tiempo, la mayoría de nuestros recursos. Tenemos que hacer que funcione”, comentó Guy Scott.

En julio, cuando el negocio volvió a recuperarse, los Scotts habían contratado a todos de nuevo. En ese momento, Siskiyou, hogar de 43.500 personas en un espacio ocho veces más grande que Orange, había confirmado menos de 75 casos de COVID-19.

Customers enjoy a coffee at Zephyr Books and Coffee in rural Northern California
Los clientes disfrutan de tazas de café en Zephyr Books & Coffee en la zona rural del norte de California, que también sirve como lugar para firmar peticiones a fin de destituir a Gavin Newsom.
(Jason Armond / Los Angeles Times)

Zephyr Books & Coffee, que lleva el nombre del nieto de los Scotts, abrió en esta ciudad de 7.500 habitantes en 2016.

“Nos encontramos haciendo amigos y construyendo puentes con personas con las que no teníamos nada en común en nuestra vida normal”, comentó Guy. “Pero por la tienda, pensamos, ‘entren’. Conocimos gente y nos hicimos amigos de personas de las que somos completamente diferentes, rojos y azules”.

Sin embargo, las tensiones surgieron durante el último año. La pareja nunca requirió que los clientes o empleados usaran cubrebocas. Ahuyentó a algunos y atrajo a otros.

Para los Scotts, las órdenes ejecutivas del gobernador y el mandato del cubrebocas equivalían a sugerencias, ya que no fueron aprobados por la Legislatura de California.

Pero “realmente, el cambio más grande en nuestra actitud hacia el coronavirus y las regulaciones fue cuando [Newsom] fue a cenar a The French Laundry”, dijo Debbie sobre la infame salida sin cubrebocas del gobernador justo antes del Día de Acción de Gracias. “Todo cambió. Dijimos, ‘Adiós. Hemos terminado’”.

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Colgaron un letrero en la puerta principal que decía que las peticiones por la destitución estaban adentro. Un cliente dejó de venir porque estaba muy enojado, pero no pudo encontrar buenos muffins en ningún otro lugar, así que regresó, dijo Debbie.

“Se han reparado las vallas”, comentó riendo.

Siete millas al este, en la pequeña ciudad de Montague, Tressa Bowen, de 73 años, dijo que se habían recolectado decenas de firmas en Cortright’s Market & Deli, donde es cajera desde hace mucho tiempo. Newsom, comentó, “nos está costando dinero”.

“Fueron todos los que votaron por él en el sur, no nosotros”, señaló Bowen. “No saben nada de ganadería. No saben nada de ingresos de aquí. Es como si nos estuvieran castigando”.

Siskiyou, que ha registrado 1.826 casos de COVID-19 y 14 muertes durante el último año, ha estado en el nivel púrpura, el más restrictivo de las pautas de reapertura de cuatro fases del estado desde noviembre. Había 34 casos activos hasta el jueves, según funcionarios del condado.

“Incluso como estudiante motivada, atleta universitaria, estoy luchando”.

Ceiba Cummings, joven de 18 años que cursa el último año en el instituto de Yreka

Ceiba Cummings, an 18-year-old senior at Yreka High School
Ceiba Cummings, estudiante de 18 años de la escuela preparatoria Yreka, escribió una carta al gobernador Gavin Newsom diciendo que los condados rurales habían sido tratados injustamente durante la pandemia.
(Jason Armond / Los Angeles Times)

Ceiba Cummings, una estudiante de último grado de 18 años en la preparatoria Yreka que planea registrarse para votar pronto, dijo que apoyaría la destitución porque cree que los condados rurales se han mantenido con estándares injustos y que el cierre de escuelas ha sido perjudicial.

Después del cierre de las escuelas la primavera pasada, Cummings, quien enseña escalada en roca en el YMCA, supervisó a un grupo de niños de entre 5 y 12 años que pasaban todo el día en las instalaciones porque sus padres tenían que trabajar. Trató de ayudar a un pequeño de jardín de infantes frustrado a aprender a leer y miró con desesperación mientras los niños veían dibujos animados en sus tabletas.

Los estudiantes de su escuela preparatoria ahora están realizando un aprendizaje híbrido, pasando la mitad de su tiempo en el campus y la otra mitad aprendiendo en línea.

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“Soy una estudiante de último año y de excelencia en este momento, y mi motivación ha pasado de ser la mejor de mi clase a estar luchando por mantenerme al día, incluso yendo la mitad del tiempo al campus y la otra estando fuera de él”, explicó Cummings. “Aún como estudiante motivada, atleta universitaria, estoy batallando”.

Cummings, quien se mudó a Yreka en su primer año, dijo que ella y su familia siempre han sido liberales. Pero vivir en una ciudad conservadora la ha hecho considerar todas las perspectivas.

En enero, le escribió una carta a Newsom.

“Es difícil para mí decir que estoy complacida o de acuerdo con la forma en que se han promulgado las medidas contra COVID-19 aquí”, escribió. “No puedo asistir a la escuela regularmente con el resto de mi clase, pero las instalaciones como Wal-Mart y los restaurantes de comida rápida siguen funcionando con normalidad, cuando todos nuestros negocios y restaurantes LOCALES de pequeñas ciudades han estado LUCHANDO inmensamente”.

Los funcionarios electorales estatales dijeron el mes pasado que habían verificado 3.299 firmas que respaldaban la destitución por parte de Siskiyou, entregadas antes del 5 de febrero, aproximadamente el 10% de los residentes del condado de 18 años o más, uno de los porcentajes más altos de cualquier condado.

Aquí, los residentes siempre han querido forjar un estado separado de Jefferson fuera de las conservadoras zonas del norte de California. Muchos enarbolan la bandera verde de Jefferson con su par de X, llamado “doble cruz”, que representa una sensación de abandono rural.

A bearded prospector panning for gold and his pack mule greet visitors to Yreka.
Un buscador de oro barbudo rastreando este metal precioso y su mula de carga reciben a los visitantes de Yreka. Fueron esculpidos en chatarra en 1976.
(Jason Armond / Los Angeles Times)

En noviembre de 1941, Yreka, una ciudad de la fiebre del oro a unas 20 millas al sur de la frontera de Oregón, fue declarada capital del estado separatista propuesto. Residentes armados, con la esperanza de llamar la atención sobre el deterioro de las carreteras que consideraban “no transitables, difícilmente utilizables”, establecieron barricadas a lo largo de la autopista 99 y repartieron proclamas diciendo que se separarían todos los jueves hasta nuevo aviso. El movimiento se detuvo cuando Pearl Harbor fue bombardeado.

Mark Baird, un ranchero de Siskiyou a quien muchos ven como el padre del movimiento moderno de Jefferson, dijo que Newsom eligió ganadores y perdedores en la pandemia al declarar que los negocios son esenciales o no esenciales.

Él y su esposa poseen la estación de radio de música country FM KSYC y la de rock clásico KHWA. Aunque eran esenciales porque brindan alertas de emergencia, sus pagos por publicidad se agotaron cuando cerraron otros negocios. Baird dijo que KHWA ya no se encuentra transmitiendo y que está considerando vender las estaciones.

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“Las he tenido por unos 10 años y los ahorros de mi vida están invertidos en ellas”, señaló Baird. “Tengo casi 70 años. Dudo que California reemplace el dinero que invertimos”.

Newsom “usurpó una autoridad que no le pertenecía”, señaló Baird. “Cuando elijas a un rey, no te sorprendas si actúa como tal. Si queremos libertad, tenemos que votar así”.

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