Los Juegos Olímpicos de Tokio están al borde de ser un drama psicológico y político

A diver jumps in front of the Olympic rings during a practice session in Tokyo.
Un clavadista salta durante una sesión de entrenamiento de los Juegos Olímpicos en Tokio el martes.
(Martin Meissner / Associated Press)
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Por muy duras que sean las preguntas y múltiples los cuestionamientos de los periodistas, la persona encargada de dirigir los Juegos Olímpicos de Verano mantiene la calma. Hay una tranquila determinación en su voz.

Los Juegos siguen adelante a pesar de la preocupación por el aumento de los casos de coronavirus en Japón, donde sólo el 20% de los residentes han sido vacunados. Ha ocurrido un costoso aplazamiento de un año, una serie de escándalos y constantes quejas del público.

Aun así, Seiko Hashimoto, presidenta del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Tokio, no da señales de flaquear en las conferencias de prensa celebradas en el interior de la modernista torre dorada del Tokyo Big Sight.

“Prometimos al mundo organizar los Juegos”, dice Hashimoto a los medios de comunicación ahí reunidos, insistiendo en que “tenemos que completar nuestra misión”.

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Los dirigentes de los Juegos Olímpicos de Tokio y el Comité Olímpico Internacional tienen una razón para mantenerse firmes. Se juegan mucho en los próximos 17 días.

Están de por medio miles de millones de dólares en ingresos por radiodifusión, así como fortunas políticas y un sentimiento de orgullo nacional. Para bien o para mal, Tokio podría influir en el futuro del movimiento olímpico y, en consecuencia, para los Juegos de 2028 en Los Ángeles.

Todo esto se desarrollará en un escenario mundial a partir de la ceremonia de apertura del viernes por la noche.

“Es una especie de drama psicológico y político”, dice Robert Baade, economista que estudia los Juegos Olímpicos en el Lake Forest College de Illinois. “Cuando se estudian todos los resultados y la dinámica de la relación entre el COI y Japón, hay muchas cosas en juego”.

La mayor parte de la atención en los últimos meses se ha centrado en las operaciones financieras. Según diversas estimaciones, Japón ha gastado más de 20.000 millones de dólares en la preparación de los Juegos y se enfrenta a un fuerte déficit, necesitando recuperar la mayor parte posible de esos costos. Pero el dinero es sólo una parte del desafío.

Las consecuencias políticas para los dirigentes japoneses podrían ser graves, ya que las elecciones generales se acercan a finales de año.

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Los Juegos Olímpicos de Tokio debían servir de cierre al mandato del exprimer ministro Shinzo Abe, pero éste renunció abruptamente por enfermedad el año pasado. Eso puso toda la presión sobre su sucesor, Yoshihide Suga.

"¿Cuáles serían las implicaciones para un político que tuviera que cancelar los Juegos en su mandato?” preguntó Baade.

Los sondeos de opinión muestran que gran parte de la población japonesa está a favor de otro aplazamiento o de la cancelación total. Se han producido escándalos relacionados con el diseño excesivamente caro para el estadio central y, más recientemente, la dimisión de un diseñador de la ceremonia de apertura que admitió haber acosado a un compañero discapacitado en el pasado.

Hashimoto, de 56 años, ciclista olímpica y patinadora de velocidad en su juventud, asumió el cargo en febrero, cuando el anterior presidente fue destituido por hacer comentarios sexistas sobre las mujeres.

Los titulares empeorarán sí, en las próximas semanas, se retiran de la competición a atletas de renombre y se cancelan eventos debido a resultados positivos de coronavirus. Un aumento persistente de las tasas de infección entre el público podría indicar que los organizadores no han cumplido su promesa de un evento “seguro y protegido”.

Seiko Hashimoto claps during a presentation.
Seiko Hashimoto, presidenta del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio, está sometida a la presión de ofrecer unos Juegos Olímpicos seguros. (Hiro Komae / Associated Press)
(Hiro Komae / Associated Press)

A nivel mundial, Japón se postuló originalmente para los Juegos esperando un escaparate tecnológico y una oportunidad para demostrar que se había recuperado del devastador terremoto y tsunami de 2011 que provocó la fusión de una planta nuclear en Fukushima.

“Sobre todo, lo importante es la imagen japonesa, la marca nacional”, dice Hirotaka Watanabe, exdiplomático y profesor de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio. Suponiendo que los Juegos Olímpicos fracasaran, dice, “me temo que el mundo no apreciaría nuestros esfuerzos”.

Los pasos en falso se verían aún más notorios en caso de que el próximo invierno, el vecino geográfico y a veces rival, China, consiga realizar con éxito los Juegos de Invierno de 2022 en Pekín.

“Sería una pesadilla política”, dice Baade.

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El COI se enfrenta a un reto similar, resaltando el anuncio del miércoles de que los Juegos de Verano de 2032 han sido adjudicados a Brisbane.

La ciudad australiana era la única candidata que se estaba considerando seriamente. En las últimas décadas, cada vez son menos las localidades que están dispuestas a apostar por albergar un evento tan caro, una situación que llevó a la inusual doble adjudicación a París en 2024 y a Los Ángeles cuatro años después.

Si la pandemia del COVID-19 hunde los Juegos de Tokio, el COI podría empezar a quedarse sin opciones después de 2032. David Carter, consultor de larga trayectoria y director del Sports Business Group, califica el riesgo de “más que extraordinario”.

¿Qué significa todo esto para los Juegos de Los Ángeles? Carter se pregunta cómo les habría ido a los organizadores locales si les hubiera tocado este verano.

“La capacidad de Los Ángeles para realizar los Juegos se habría visto profundamente envuelta en la política local y estatal en un momento en el que muchos residentes y contribuyentes están cuestionando el enfoque de la región ante la pandemia”, dijo en un correo electrónico. “Esto se habría intensificado por los grupos de defensa de ambos bandos, por no hablar de que el gobierno federal habría intervenido con su cambiante posición”.

Como observador oficial en Japón esta semana, el presidente de LA28, Casey Wasserman, cree que el sur de California está bien preparado para adaptarse a las adversidades porque, a diferencia de la mayoría de los otros anfitriones, no necesita construir una serie de estadios y arenas. La competición de 2028 se celebrará en recintos ya existentes, como el Coliseum, el Staples Center y el Pauley Pavilion.

“Esto ratifica lo que tiene Los Ángeles”, dice.

Aun así, los Juegos de Tokio podrían tener algo que enseñar a los futuros anfitriones sobre el funcionamiento en circunstancias extraordinarias. Aunque todos los comités organizadores deben planificar para lo inesperado, los representantes japoneses establecieron un nuevo estándar al trabajar con los funcionarios de salud y el COI para desarrollar un “libro de jugadas” de medidas de seguridad y restricciones diseñadas para permitir una operación segura durante una pandemia.

Los organizadores también han recortado 300 millones de dólares de su presupuesto reduciendo los servicios a un nivel “esencial”. De este modo, el coronavirus quizá haya obligado al movimiento olímpico a acelerar sus recientes esfuerzos por economizar a la hora de ser anfitriones.

“Han tenido que simplificar las cosas porque tienen que hacer muchas pruebas”, dice Bill Mallon, historiador deportivo del Comité Olímpico y Paralímpico de EE.UU en Japón este mes. “Sospecho que algunas de esas cosas se trasladarán al futuro”.

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Nada de esto importará en caso de que Tokio no puede realizar estos Juegos de forma razonablemente exitosa. John Coates ejecutivo del COI predijo que “seguirá habiendo algunos problemas iniciales, estoy seguro”.

Hashimoto, cuyo nombre de pila proviene del carácter “sei”, parte de la palabra japonesa que significa “llama olímpica”, espera que la perseverancia acabe por mejorar la forma en que la gente recuerde estos Juegos. El presidente del COI, Thomas Bach, que ha supervisado minuciosamente su organización, espera que tenga razón.

“Yo también pensaba que, al menos a partir de Tokio, tendríamos un periodo de tranquilidad”, dijo a los periodistas. “Así que mantengo los dedos cruzados”.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí.