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Pese a los temores de las autoridades, no hubo protestas de partidarios de Trump

National Guard members unload weapons and supplies outside of the U.S. Capitol building.
Los miembros de la Guardia Nacional descargan armas y suministros fuera del edificio del Capitolio de Estados Unidos, el domingo, en Washington. El FBI advirtió sobre las “protestas armadas” planeadas en las 50 cámaras estatales y el Capitolio de EE.UU, en los días previos a la toma de mando del presidente electo Joe Biden, este miércoles.
(Kent Nishimura / Los Angeles Times)

Las protestas de los grupos armados de derecha estallaron en algunas capitales de estado, pero permanecieron pequeñas y pacíficas

Los temores de grandes protestas de partidarios armados de Trump y la extrema derecha en las inmediaciones del Capitolio y en las sedes legislativas estatales resultaron infundados. Solo pequeños grupos, algunos con armas, se reunieron en un puñado de ciudades, incluidas Austin, Texas, Phoenix, Salem, Oregón; y Lansing, Michigan.

Con contingentes a gran escala de policías locales, autoridades estatales y tropas de la Guardia Nacional patrullando por las calles, los extremistas permanecieron en paz o alejados del Capitolio e inmediaciones, a medida que se acercaba la noche del domingo. El FBI había advertido sobre las protestas del domingo, basándose en parte en los avisos que circulaban en línea, que instaban a los posibles interesados a reunirse al mediodía, “armados a discreción personal”.

No obstante, las autoridades siguen preocupadas de que la violencia de derecha pueda estallar antes o después de la asunción del presidente electo Joe Biden, el miércoles, tal como sucedió el 6 de enero pasado cuando el presidente Trump, en un mitin al aire libre, incitó a sus seguidores a congregarse en el Capitolio mientras el Congreso estaba reunido para certificar la victoria del demócrata. Cerca de un centenar de individuos fueron acusados en relación con los disturbios, en los que también murieron cinco personas; más de 300 están bajo investigación.

El presidente electo Joe Biden subirá al escenario para dar su discurso de investidura quizá en el más difícil punto de partida para un presidente desde que Franklin Roosevelt inició su primer periodo presidencial al asegurar a una nación atemorizada por la Gran Depresión que “a lo único que tenemos que temer es al temor mismo”

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En Washington, donde el Capitolio fue rodeado por una valla metálica alta y era patrullado por la policía y miles de soldados armados de la Guardia Nacional, los oficiales vieron a un hombre con una pistola enfundada, a una milla del emblemático edificio. Guy Berry, de 22 años y oriundo de Gordonsville, Virginia, cuya página de Facebook muestra una foto del motín del 6 de enero, fue acusado de portar un arma sin licencia, poseer un cargador de gran capacidad y munición no registrada.

Un comisionado del condado de Nuevo México buscado por el FBI en relación con los disturbios también fue arrestado cerca del Capitolio, según un comunicado del FBI. Couy Griffin, fundador del grupo Cowboys for Trump, se había comprometido durante una reunión de la comisión del condado, la semana pasada, a regresar al Capitolio el 20 de enero con dos pistolas, para “abrazar mi Segunda Enmienda”.

El sábado, la policía de Washington arrestó a una mujer de Connecticut, de 63 años, acusada de hacerse pasar por una oficial. Linda Magovern fue detenida después de conducir hasta un puesto de control cerca de Union Station, se negó a estacionar su automóvil, le dijo a las autoridades que era una oficial de la ley y miembro del gabinete del presidente y luego intentó alejarse, según un informe policial.

Armed protesters attend a rally at the Oregon State Capitol on Sunday.
Un hombre que se identificó solo como Ace, junto a otros manifestantes armados, durante una protesta en el Capitolio del Estado de Oregón, en Salem, el domingo.
(Richard Read / Los Angeles Times)
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Manifestantes anti-Trump en la plaza Black Lives Matter de la ciudad, cerca de la Casa Blanca, afirmaron que partidarios del presidente les gritaron el sábado, con letreros en mano que rezaban “Stop the Steal” (detengan el robo), pero que no habían reaparecido el domingo.

Nadine Seiler, de 55 años, vestida con una camiseta de “Maga Klux Klan” y ondeando una bandera de Black Lives Matter, reconoció tener miedo de ser atacada, pero aún planea protestar todos los días hasta la toma de mando. La policía patrullaba cerca, pero eso no la hacía sentir más segura, reconoció, ya que durante mucho tiempo ha sido crítica con las autoridades.

Cuando Seiler vio a dos hombres sospechosos de ser partidarios de Trump (“sin mascarillas, con las manos en los bolsillos”), los confrontó y salieron de la plaza. “No voy a dejar que me intimiden. Estoy harta”, reconoció Seiler, quien es negra. “Voy a estar a la ofensiva con ellos. Es hora de que comprendan cómo se siente estar bajo ataque”.

La alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, entrevistada en “Meet the Press”, de NBC, expuso que la abrumadora presencia de seguridad en la capital refleja una realidad sombría, “centrada en el terrorismo nacional”. “No queremos ver vallas, definitivamente no deseamos ver tropas armadas en nuestras calles, pero tenemos que adoptar una postura diferente”, enfatizó. “Que nuestros compatriotas estadounidenses asalten el Capitolio, en un intento de derrocar al gobierno, ciertamente amerita una mayor seguridad”.

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Una pregunta importante en curso, comentó la alcaldesa, se refiere a la incapacidad de las autoridades para lidiar con la amenaza que representan los fanáticos de extrema derecha. “Creo que lo que vimos aquí la semana pasada es que no los tomamos lo suficientemente en serio”, reflexionó Bowser. “Nunca creímos que los supuestos patriotas intentarían derrocar a su gobierno y matar a agentes de policía, pero eso es exactamente lo que sucedió”.

El gobernador de Arkansas, Asa Hutchinson, republicano, afirmó el domingo que, según la inteligencia del FBI y otras fuentes, él y otros gobernadores estaban “tomando las precauciones necesarias para asegurar la protección de nuestra capital y nuestros ciudadanos”.

“Cada estado tiene que mirar su propia matriz de inteligencia y hacer ese tipo de juicios”, afirmó Hutchinson, vicepresidente de la Asociación Nacional de Gobernadores, en una aparición en “Fox News Sunday”. “Pero creo que el valor disuasorio de lo que hemos visto en los últimos días ha tenido un impacto y, con suerte, ha disminuido ese nivel de amenaza”.

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El gobernador citó una “amenaza histórica” en Estados Unidos por parte de las milicias armadas, cuyos seguidores incluyen neonazis y supremacistas blancos.

“Este momento es tan desquiciado”, comentó el alcalde Melvin Carter de St. Paul, Minnesota, donde fanáticos de extrema derecha han estado activos y muy visibles. “Desde el día de las elecciones hemos visto repetidas manifestaciones en nuestro capitolio estatal, así como en la residencia de nuestro gobernador; incluidas varias personas que han elegido ese momento para presentarse con rifles y otras armas de fuego”, comentó Carter en CBS ‘Face the Nation’. “Tenemos un presidente que siguió presionando a estos radicales extremos para que actúen”, agregó.

Miembros del grupo extremista Boogaloo Bois fueron vistos en el exterior de la casa estatal de Michigan en Lansing, donde el gobernador había desplegado a la Guardia Nacional a pedido del alcalde después de recientes amenazas a los legisladores.

Una pequeña multitud, varios de los cuales portaban armas largas, protestó frente a la casa estatal en Columbus, Ohio, mientras decenas de policías estatales custodiaban el edificio. Un puñado de manifestantes también se reunieron frente a las capitales en Austin, Phoenix, Columbia, Carolina del Sur y Salem.

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En Austin, más de dos docenas de personas se manifestaron por los derechos de las armas fuera de los terrenos cercados del capitolio de Texas, muchos con rifles tipo AR 15 colgando de sus hombros. Un joven llevaba precintos y un cuchillo en la funda de un cinturón.

Benjamin Hawk dijo que había viajado a Austin armado con su rifle estilo AR-15 desde el área de Fort Worth, junto con un grupo dedicado a la propiedad de armas, la Hibiscus Society. El hombre, de 38 años, acepta que Trump perdió las elecciones, pero señaló: “Tenemos derecho a la libertad de expresión sin temor a ser censurados o perseguidos”.

National Guardsmen patrol the area near the California State Capitol in Sacramento.
La Guardia Nacional patrulla el área cercana al Capitolio del Estado de California, en Sacramento, el domingo.
(Gina Ferazzi / Los Angeles Times)

Aproximadamente una docena de manifestantes se pararon frente a la sede estatal en Phoenix, donde se habían levantado barricadas con cercas y alambre de púas para proteger el edificio. La multitud incluía a los Boogaloo Bois, opositores a los cierres por el COVID-19, escépticos de la pandemia y partidarios de Trump aún enojados por lo que consideran -sin fundamentos- que se trató de un fraude electoral. “Estamos aquí para apoyar a nuestra República. El gobierno actual se ha convertido en un grupo de autócratas”, afirmó Aaron Botzbauer, de Sunrise.

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Botzbauer, de 50 años, un trabajador de ciberseguridad desempleado, afirmó que fue armado con una pistola al centro de Phoenix casi todos los días desde las elecciones presidenciales, para protestar por la derrota de Trump y las restricciones estatales por el COVID-19. No apoyó los disturbios en el Capitolio, admitió, pero se preguntó si “se habrán organizado a propósito”, para hacer quedar mal a los partidarios del presidente.

Brandon Jackson, de 27 años, de Scottsdale, Arizona, llegó al capitolio estatal vistiendo una camisa hawaiana y portando una bandera estadounidense modificada, ambas indicando su adhesión al movimiento Boogaloo Bois de derecha.

Jackson, un libertario, dijo que se unió a la manifestación para apoyar los derechos de las armas después de protestar en el Capitolio del Estado de Arizona, el 6 de enero. Cuando vio las noticias más tarde ese día, sobre los manifestantes en Washington, celebró. “Esos eran patriotas reclamando el Capitolio. Cuando el sistema de votación no funciona, cuando hay fraude, tu voz no importa”, aseguró. ”Estaba emocionado de verlo”.

En Salem, ocho manifestantes con equipo táctico y armas largas se reunieron frente al congreso estatal de Oregón, tapiado. Dos vestían camisas hawaianas; otros llevaban pasamontañas. El letrero en manos de uno de ellos decía: “Todas las elecciones son ilegítimas”.

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La invasión de la sede del Congreso, incitada por las declaraciones de Trump antes y durante su discurso en la Elipse, ha suscitado un examen de conciencia a nivel nacional sin precedentes en la historia de Estados Unidos

Uno era un trabajador de la construcción desempleado que vivía cerca. Armado con una pistola y un rifle estilo AR-15, también lucía un casco y un chaleco blindado. Estaba molesto, comentó, por la ampliación del control de armas, los cierres y el aislamiento por el COVID-19 y el retiro de la aplicación Parler por parte de Amazon. Consideró el asalto al Capitolio de Estados Unidos como desafortunado, pero lo comparó con el Boston Tea Party como un ejemplo de los extremos a los que la gente debe llegar para proteger sus derechos. “No queremos una guerra civil, deseamos libertad para todos”, señaló, y agregó que el gobierno infringe cada vez más los derechos personales. “Somos humanos, no ovejas. Estamos en la parte superior de la cadena alimentaria y nuestro gobierno está tratando de convertirnos en los últimos”.

En Washington, el sargento Eric Scuderi, de la Guardia Nacional de Maryland, estaba atento a los manifestantes en el exterior del Capitolio, donde estará destinado durante la asunción presidencial, el miércoles.

Scuderi, de 40 años, de Mount Airy, Maryland, padre de dos hijos y conductor de autobús escolar, vio a personas de todo el espectro político llevar café y donas a las tropas. “Nuestro trabajo es permanecer en el medio”, comentó.

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El domingo permaneció tranquilo, sin grandes protestas. De pie en una esquina, con su rifle ajustado al pecho, Scuderi vio a dos hombres disfrazados de renos.

“Estamos buscando un mitin de PETA”, le dijeron.

Scuderi se rió entre dientes. “Bueno, hay manifestantes aquí", dijo. “Ciertamente no del tipo que esperábamos, pero lo prefiero”.

Hennessy-Fiske reportó desde Washington; McDonnell desde Austin, Texas; Kaleem desde Phoenix y Read desde Salem, Oregón. Los reporteros Laura King y Del Quentin Wilber, en Washington, contribuyeron con este artículo.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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