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Por qué la única miembro del Congreso nacida en Centroamérica duerme con un arma cerca

U.S. Rep. Norma Torres argues against an amendment during a House Rules Committee meeting.
La representante estadounidense Norma Torres, de Pomona, es la única miembro del Congreso nacida en América Central. Arriba, argumenta en contra de una enmienda en una sesión del Comité de Reglas de la Cámara, en 2019.
(Jacquelyn Martin / Pool Photo)

La californiana Norma Torres huyó de Guatemala a los 5 años. Ahora la única congresista procedente de Centroamérica dice que el debate sobre la inmigración es “muy, muy personal”.

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Llamó ‘narco’ al presidente de Honduras. El mandatario de El Salvador, dijo, es un “dictador narcisista”. Norma Torres, la única miembro del Congreso nacida en Centroamérica, no teme decir lo que piensa -a veces de manera sorprendente- sobre la inmigración, la corrupción y su tierra natal. Su contundencia desató tanta ira en un líder centroamericano y sus seguidores, que ahora duerme con una pistola 9 milímetros a su lado.

Torres, una demócrata de Pomona, aporta una perspectiva única sobre lo que impulsa a las personas a huir de sus países de origen.

Cuando era una niña pequeña y la guerra civil se desataba en Guatemala, sus padres la usaron como una especie de escudo humano en carreteras peligrosas, sosteniéndola contra el parabrisas con la esperanza de que, al ver a una niña pequeña, los hombres armados no dispararían contra el automóvil familiar.

Torres ya habían sobrevivido tiroteos y un intento de secuestro. Tenía cinco años cuando sus padres decidieron que tenían que sacarla del país. Así que, un día de 1970, la arroparon bien, la subieron a la camioneta de un tío y la enviaron a California. Ella pensaba que se iba de vacaciones.

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Rep. Norma Torres as a child in a black-and-white photo
Los padres de la representante Norma Torres la enviaron a Estados Unidos a vivir con otros familiares cuando ella tenía cinco años.
(Courtesy of Norma Torres)

Viviendo con su tío y otros parientes en los suburbios al este de Los Ángeles, la pequeña Norma no se dio cuenta de que se iba a quedar allí hasta que su familia la inscribió en una escuela donde los niños hablaban un idioma que ella no entendía. No regresó a Guatemala durante años.

Torres, que ahora tiene 56 años y representa al 35° Distrito del Congreso de California, negó con la cabeza, sentada en su espaciosa oficina del Capitolio, mientras relataba las historias de Guatemala, una tarde reciente. “¿En qué diablos estaban pensando mis padres?”, se preguntó.

“Pero luego pienso en las circunstancias”, continuó. La guerra civil entre una serie de gobiernos dominados por militares respaldados por Estados Unidos y rebeldes izquierdistas duró 36 años, hasta 1996. Se estima que 200.000 guatemaltecos fueron asesinados, la gran mayoría indígenas rurales, en lo que algunos consideran un genocidio. “Nadie puede entender […] lo que es ser un niño en ese entorno”, comentó, “y lo que se necesita para ser un padre”.

Torres ve a los pequeños llegar a la frontera sur de Estados Unidos y recuerda su propia experiencia. “Se parecen a mí, es como mi yo más joven”, afirmó. “Es mi nieto, podrían ser mis hijos. Todo se vuelve muy, muy personal”.

A carving from Guatemala of a boat carrying mythical Maya figures sits on Torres' desk.
La representante de Estados Unidos Norma Torres se sienta en su escritorio, cerca de un bote tallado que porta figuras míticas mayas.
(Kent Nishimura / Los Angeles Times)

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Cuando Torres comenzó las clases, era una de las únicas latinas en su escuela. Después de graduarse de la preparatoria y la universidad, se involucró en la organización sindical y se convirtió en operadora del 911 para el Departamento de Policía de Los Ángeles.

Manejar las llamadas de emergencias le enseñó a mantenerse tranquila en situaciones complejas, una habilidad que le resultó útil el 6 de enero pasado, cuando legisladores, empleados y reporteros quedaron atrapados dentro del Capitolio, rodeados por una multitud furiosa de partidarios de Trump. Con los alborotadores todavía golpeando las puertas del recinto, ella posteó una foto de una reportera de The Times para que sus editores supieran que estaba a salvo.

Sentada en su oficina del Congreso, decorada con una bandera del estado de California, una marimba tallada a mano y fotos de sus tres hijos y su nieto, Torres recordó que finalmente regresó a su relativa seguridad al final de ese día, sosteniendo un bate de softball mientras buscaba intrusos antes de acomodarse en una silla tapizada y, finalmente, sollozar.

Su camino hacia el Congreso comenzó en 1994, cuando California estaba debatiendo -y finalmente aprobó- la Proposición 187, que restringía severamente el acceso a la atención médica y la educación pública para inmigrantes indocumentados. El director de la escuela de su hijo le advirtió que tendría que pedirle sus papeles.

Aunque Estados Unidos era “el único lugar conocido” para ella, comentó, nunca había solicitado la ciudadanía. La Proposición 187, reconoció, la impulsó a convertirse en ciudadana, justo a tiempo para votar por la reelección del presidente Clinton, en 1996. Ello la convirtió en una demócrata férrea y de por vida. Aunque es moderada, especialmente en temas económicos, sigue culpando a los republicanos por la medida, que considera cruel y racista.

Entró en la política en 2001, fue elegida para el Ayuntamiento de Pomona y luego como alcaldesa, cinco años después. Se desempeñó como legisladora estatal desde 2008 hasta que se postuló con éxito en 2014 para el distrito que abarca Pomona, Ontario y partes del este.

En el Congreso, Torres cofundó el Caucus de Centroamérica y trabajó para poner restricciones a la ayuda militar a los países del Triángulo del Norte: Honduras, Guatemala y El Salvador.

Comenzó un programa piloto para que las comunidades indígenas en América Latina comercien con naciones tribales en EE.UU, y ha trabajado para garantizar que la información privada de los inmigrantes que solicitaron estatus legal temporal en el marco del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) no sea usada en contra de ellos mismos por funcionarios de inmigración.

Servir en los poderosos comités de Asignaciones y Reglas de la Cámara le otorga un papel importante, aunque no muy promocionado: casi todas las leyes que llegan al piso de la Cámara pasan por sus manos. Solo otro miembro de la Cámara tiene las mismas asignaciones de comité.

U.S. Rep. Norma Torres sits in front of a California flag and a framed Pomona poster.
La representante Norma Torres (D-Pomona), en su oficina del Capitolio.
(Kent Nishimura / Los Angeles Times)

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A medida que la administración Biden se embarca en un importante esfuerzo de inmigración —con miras a revertir las políticas restrictivas de la era Trump, encontrar formas más humanas de manejar la gran cantidad de personas que llegan al país y abordar las “causas fundamentales” que las impulsan a abandonar sus países de origen— Torres insta a la precaución.

“Debemos mantenernos firmes contra los gobiernos narcos y los dictadores del Triángulo Norte, de lo contrario, como dicen ‘El nuevo jefe será igual que el antiguo’”, tuiteó.

Así, impulsa que los $4 mil millones que Biden busca para la región pasen a través de organizaciones sin fines de lucro y grupos privados que realizan trabajo humanitario y de desarrollo allí, en lugar de ser enviados a los gobiernos centrales, donde -según ella- terminarían en los bolsillos de los delincuentes. Torres forma parte del subcomité que decide cómo y dónde fluye la ayuda exterior.

El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, a quien ella llamó ‘narcotraficante’, ha mantenido un perfil bajo a pesar de sus críticas.

Pero no Nayib Bukele, el contestatario presidente de El Salvador, de 39 años, que está consolidando rápidamente su dominio en los poderes legislativo y judicial del país. Él y Torres intercambiaron un torrente de tuits furiosos, tan feroces como inusuales entre un líder extranjero y un miembro del Congreso de EE.UU. En un tuit de abril, Torres incluyó una infame fotografía de un padre salvadoreño y su pequeña hija, muertos en la orilla del Río Grande, donde se ahogaron al intentar llegar a Estados Unidos. “Este es el resultado de dictadores narcisistas como tú, interesados en ser ‘geniales’ mientras la gente huye de a miles y muere de a cientos”, escribió.

Bukele se puso furioso. Por Twitter, instó a los salvadoreños en el sur de California, una comunidad enorme, a sacar a Torres de su cargo. “Ella no trabaja para ustedes”, escribió, “sino para mantener a nuestros países en el subdesarrollo”.

Según Torres, Bukele también organizó una campaña para inundar la oficina de su distrito con llamadas telefónicas para dificultar a los electores comunicarse con el personal acosado. La Embajada de El Salvador en Washington no respondió a las solicitudes de comentarios para este artículo.

Para la congresista, es motivo de preocupación que algunos partidarios de Bukele se vuelvan violentos; sus redes sociales están inundadas de mensajes e imágenes de odio. Por precaución, ella duerme con su arma cerca.

Los gobiernos de Centroamérica son notoriamente corruptos. Algunos críticos, sin embargo, consideran que debería haber sido más cautelosa en sus críticas. Hernández, por ejemplo, está siendo investigado por fiscales federales de Estados Unidos en relación con el narcotráfico, pero ese no es el caso de Bukele ni del presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei, a pesar de sus fallas.

Sin embargo, Torres no se echa atrás y ello le valió elogios de varios de sus colegas. “El Caucus Demócrata la ve en general como una líder de pensamiento en estos temas debido a su experiencia de vida, por su defensa de los niños y por su conocimiento de la región”, remarcó el representante Pete Aguilar (D-Redlands), miembro del liderazgo demócrata de la Cámara cuyo distrito colinda con el de Torres.

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U.S. Rep. Norma Torres walks with staffer Leah Carey in the House Office Building subway.
La representante Norma Torres camina con la empleada Leah Carey rumbo a una sesión informativa, el 20 de abril.
(Kent Nishimura / Los Angeles Times)

Los colegas también se unieron en su defensa en la pelea con Bukele. Al testificar ante un subcomité de la Cámara, el mes pasado, el enviado especial del presidente Biden para el Triángulo Norte, Ricardo Zúñiga, dijo que el intento de Bukele de alejar el apoyo de Torres fue nada menos que una interferencia electoral de una potencia extranjera. Y algunos ven racismo y misoginia en los ataques, provenientes de los gobernantes de élite de regiones donde las mujeres y los pueblos indígenas, como Torres, son silenciados y tratados como ciudadanos de segunda clase.

“Mi mensaje es que eso está mal en su país, y que no es aceptable en el nuestro”, enfatizó el representante Raúl Ruiz (D-Coachella), presidente del Caucus Hispano del Congreso. “Se metieron con la mujer equivocada”.

Torres también criticó a Bukele y al gobierno salvadoreño por pagar a un poderoso bufete de abogados de Washington casi $2 millones en los últimos dos años por un trabajo de cabildeo que, según ella, a menudo tiene como objetivo socavar sus esfuerzos legislativos. Aunque es una práctica común, especialmente para los gobiernos con problemas en Washington, el contrato salvadoreño llamó la atención porque está siendo manejado por el ex funcionario del Departamento de Estado Thomas Shannon, quien había sido uno de los diplomáticos de mayor rango de la agencia antes de su retiro, en 2018.

“En lugar de gastar millones de dólares en un cabildero de DC para controlar los daños, [Bukele] debería usar esos dólares para compensar el costo de la vivienda y alimentar a miles de niños inocentes que huyen de la corrupción y la violencia de las pandillas en #El Salvador”, tuiteó Torres el 9 de abril pasado.

Shannon no quiso discutir los detalles, pero dijo que El Salvador sigue siendo “un importante aliado y socio” de Estados Unidos y “el presidente Bukele tiene la intención de asegurar la fuerza y la vitalidad de la relación”.

Bukele es tremendamente popular en El Salvador, pero el Departamento de Estado y otros funcionarios estadounidenses advirtieron que ha mostrado tendencias cada vez más autoritarias en la represión de la libertad de expresión y los medios de comunicación, así como en la consolidación del poder para silenciar a los críticos.

House Speaker Nancy Pelosi listens to Rep. Norma Torres speak at a news conference in Guatemala City.
La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, escucha a la representante Norma Torres hablar durante una conferencia de prensa en una base de la fuerza aérea en la ciudad de Guatemala, en 2019. Ambas fueron parte de una delegación del Congreso en un viaje a Centroamérica para explorar las causas fundamentales de la inmigración.
(Oliver de Ros / Associated Press)

Los expertos también señalan que es probable que los presidentes centroamericanos no obtengan el mismo pase gratuito que recibieron del ex presidente Trump, quien estaba dispuesto a hacerse de la vista gorda ante la corrupción y otros delitos siempre que estos cooperaran para mantener a los migrantes alejados de Estados Unidos.

Hernández visitó la Oficina Oval de Trump, incluso mientras su hermano era juzgado en un tribunal de Nueva York por cargos de tráfico de drogas (fue declarado culpable y sentenciado a cadena perpetua más 30 años; el presidente Hernández negó cualquier mal proceder).

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Bukele se presentó en Washington después de la toma de posesión de Biden, pero nadie lo recibió. El mandatario devolvió el favor cuando Zúñiga, el enviado de Biden, viajó a San Salvador este mes, y él se negó a reunirse. Hasta ahora, la vicepresidenta Kamala Harris, quien está a cargo de las iniciativas de reforma migratoria, solo programó viajes a México y Guatemala, no a El Salvador ni a Honduras.

Torres reconoció que invitó a Hernández a hablar con un grupo de miembros del Congreso interesados en Centroamérica en 2016, pero no estaba al tanto de las acusaciones de drogas en ese momento. Durante ese tiempo, Honduras se vio sacudida por el asesinato de una reconocida ambientalista indígena, Berta Cáceres. Como resultado, varios de los colegas de Torres boicotearon la reunión.

En una carta enviada al secretario de Estado, Antony J. Blinken, días antes del intercambio por Twitter con Bukele, Torres imploró a la administración que imponga restricciones sin precedentes al dinero que Biden propuso para Honduras, El Salvador y Guatemala.

“Estos tres países han dado un ejemplo para toda América Latina de que está bien que los presidentes, los congresos, no hagan nada y vean morir a sus hijos en el camino a nuestra frontera sur”, dijo Torres a The Times. “Todos los países del Triángulo Norte se encuentran en la misma situación: hay hombres fuertes y no veo una diferencia entre el expresidente y el nuevo. El pasado se repite en cada uno”, remarcó.

Luego, sus pensamientos volvieron a los pequeños, a esos que se parecen a sus propios hijos y nietos, y también a una niña pequeña que hace mucho tiempo fue usada como escudo humano. “¿Qué tipo de futuro tienen estos chicos, que no implique el narcotráfico, la violación y el asesinato? ¿Quién está ahí para cuidarlos?”.

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