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La insulina de bajo precio presentada por Walmart muestra cómo sería un mercado de medicamentos racional

A bottle of Novo Nordisk's NovoLog insulin.
La cadena presentó una insulina de marca privada producida en conjunto con Novo Nordisk, cuya NovoLog cuesta aproximadamente cinco veces más.
(Walmart)
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Desde hace años, los defensores de la reforma del sistema de salud señalan que el mercado de medicamentos recetados está manipulado, y que las poderosas compañías farmacéuticas establecen precios a niveles irrazonablemente altos.

Los laboratorios insisten firmemente en que no hacen tal cosa. Gracias a Walmart, ahora lo sabemos con certeza: sí, lo hacen.

El gigante minorista presentó una insulina de marca privada, esta semana, llamada ReliOn NovoLog, que también estará disponible en las tiendas Sam’s Club a mediados de julio y cuesta alrededor de $73 por frasco.

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La insulina fabricada por las tres compañías farmacéuticas que controlan el mercado, Eli Lilly, Novo Nordisk y Sanofi, generalmente se vende a más de $300 el vial.

La versión de Walmart del indispensable fármaco es, en gran parte, idéntica a las vendidas por los demás. Es la llamada insulina análoga, la versión de mayor eficacia y de acción más rápida, no una fórmula antigua que no funciona tan bien.

Esto plantea algunas preguntas. Por ejemplo, si Walmart puede vender insulina de manera rentable a una fracción de los precios actuales, ¿por qué nadie más lo ha hecho antes? Y si la insulina puede producirse en masa a un precio tan bajo, ¿cómo ha podido la industria farmacéutica cobrar de más a la gente durante tanto tiempo?

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Además, ¿por qué los legisladores toleran algo que se parece mucho a una colusión y al alza de precios?

“La insulina ha sido el modelo de todo lo que está mal en la industria farmacéutica”, enfatizó Geoffrey Joyce, director de políticas de salud del Centro Schaeffer de Política de Salud y Economía de la USC. “Sus precios aumentaron mucho más rápido que la mayoría de los medicamentos y de otros servicios médicos”, destacó.

No soy solo un espectador inocente hablando de esto. En 2007 me diagnosticaron diabetes tipo 1, y desde entonces dependo de las inyecciones diarias de esta sustancia. Por lo tanto, he tenido -y sigo teniendo- experiencia de primera mano con el mercado cautivo para el manejo de una enfermedad crónica y las innumerables formas en que las farmacéuticas y los fabricantes de dispositivos médicos explotan ese nicho, con precios que superan con creces los costos de investigación y desarrollo (I+D), y producción.

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Se están aprovechando de la gente enferma, lo cual es, para decirlo claramente, inmoral.

“Sabemos que muchas personas con diabetes luchan con la carga financiera de esta afección”, señaló en un comunicado la Dra. Cheryl Pegus, vicepresidenta ejecutiva de salud y bienestar de Walmart. “También sabemos que esta condición impacta de manera desproporcionada en las poblaciones desatendidas”.

Eso es cierto en ambos aspectos. Pero Vivian Ho, directora del Centro de Salud y Biociencias de la Universidad de Rice, afirmó que Walmart no busca ser altruista con esto.

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“Lo hacen porque ven una forma de ganar dinero”, señaló. “Se dan cuenta de que, si pueden hacer que las personas con enfermedades crónicas entren en sus tiendas, les comprarán otras cosas mientras estén allí”.

Mark V. Pauly, profesor de gestión de la salud en la Universidad de Pensilvania, también me dijo que la insulina económica de Walmart “puede ser un ejercicio de relaciones públicas o para fomento del tráfico”.

Pero ante el puñado de empresas que ahora acaparan el mercado, dijo, “puede ser necesario un participante como Walmart para romper el pacto entre caballeros”.

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Cualquiera que sea la motivación de la cadena -y aplaudo la decisión de la compañía- vale la pena enfatizar que la versión de Walmart de insulina de vanguardia es producida en conjunto con Novo Nordisk.

Esto hace que me pregunte por qué Novo no lanzó una insulina de precio similar por su cuenta. La insulina NovoLog de la firma fue presentada en Estados Unidos en 2000, a un costo de menos de $40 el vial. Ahora cuesta alrededor de $350, según el sitio de precios de medicamentos GoodRX. Las personas con seguro médico pagan menos, pero los gastos de bolsillo anuales para el control de la diabetes aún ascienden a miles de dólares.

Entonces, ¿qué vamos a pensar, que Novo Nordisk no pudo evitar que el precio de su insulina aumentara en un 775%, pero de alguna manera Walmart pudo agitar una varita mágica y reducir el valor en casi cuatro quintas partes?

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Como alguien que confió en NovoLog durante años hasta que mi aseguradora me obligó a cambiarme (para sus propios fines) a Humalog, de Eli Lilly, me siento insultado y disgustado de que Novo haya abusado de mí y de millones de personas con diabetes, durante tanto tiempo.

Lilly es aún peor. Introdujo Humalog en 1996 a un costo de alrededor de $20 el vial. Ahora se vende por aproximadamente $334, según GoodRX, un alza de precio de aproximadamente 1.570%.

Recuerde: la insulina fue descubierta por un trío de científicos canadienses en la década de 1920; vendieron la patente a la Universidad de Toronto por solo $1.

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Un vial de insulina es ahora arriba de un 30.000% más caro que el costo original de la patente.

Según la Clínica Mayo, la insulina en Estados Unidos cuesta aproximadamente 10 veces más que en otros países desarrollados. “La razón número uno de ello es la presencia de una población vulnerable, que necesita insulina para sobrevivir”, escribió el año pasado el Dr. S. Vincent Rajkumar, de Mayo Clinic. “Esta población, que asciende a millones, está dispuesta a pagar cualquier cosa para tener acceso a un medicamento indispensable. La necesidad desesperada de un producto permite que la insulina tenga un precio elevado, porque no es un artículo de lujo al que uno pueda renunciar”.

“Los fabricantes de insulina saben que los pacientes que la necesitan gastarán lo que sea necesario para adquirirla, independientemente del precio”, concluyó Rajkumar. “Es una cuestión de vida o muerte”.

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Es alarmante que algunas personas con diabetes se hayan visto obligadas a racionar sus dosis, lo cual las pone en riesgo de sufrir complicaciones médicas e incluso la muerte.

Un estudio de 2019 realizado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) encontró que casi uno de cada siete de los adultos estadounidenses con diabetes no usaban la insulina recetada por sus médicos debido al alto costo.

Esta es una situación intolerable para el país más rico y médicamente avanzado del planeta.

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Ninguno de los expertos con los que hablé cree que a la insulina de precio razonable presentada por Walmart le seguirán alternativas de menor costo para otros medicamentos. La insulina estaba lista para la disrupción de precios, señalaron, porque captó mucha atención en los últimos años por parte de los políticos empáticos.

También comentaron que se necesita un minorista poderoso para avanzar con algo como esto, y después de Walmart la lista se vuelve muy corta. Quizá solo Amazon se encuentra en una posición similar a medida que se adentra más en el mercado de la salud.

Pero lo que Walmart demostró es que cuando se introduce una competencia legítima en el mercado de los fármacos, se ejerce presión a la baja sobre los precios.

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La compañía también demostró que permitir que los laboratorios se comporten como monopolios u oligopolios inevitablemente pone a los pacientes en desventaja.

Si las altas barreras de entrada impiden que otras empresas compitan en este espacio, entonces depende de los legisladores proteger a los enfermos con regulaciones de sentido común que eviten los aumentos excesivos.

Permitir que Medicare negocie los precios de los medicamentos en nombre de sus 68 millones de beneficiarios sería un primer paso prudente hacia la racionalización de un mercado que durante demasiado tiempo operó con desprecio por las personas a las que dice servir.

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Gracias Walmart, por mostrar cómo se está estafando a muchos cuando se trata de medicamentos.

Que esto no termine aquí.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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