‘Irreconocible’. El lago Mead, una fuente de vida y agua para Los Ángeles se encuentra en peligro

A boater gets an up-close view of the "bathtub ring" on Lake Mead
Un persona observa de cerca las marcas de agua en el lago Mead -evidencia de su bajo nivel- mientras recorre la presa Hoover.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)
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El lago Mead se encuentra en los niveles de agua más bajos de sus 85 años de historia. Los funcionarios federales que gestionan el lago esperan declarar pronto la escasez de agua.

Eric Richins miró desde su embarcación hacia la orilla occidental del lago. Entrecerró los ojos y se detuvo como si hubiera llegado a una orilla extraña. Por primera vez en su experiencia navegando por las aguas del Oeste americano, no sabía dónde estaba.

“Habría jurado que había agua aquí. Hace solo seis semanas pesqué lubinas de boca pequeña y de boca grande”, dijo este pescador de 35 años que dirige excursiones en la cuenca de 247 millas cuadradas donde el río Colorado se une a la presa Hoover para formar el mayor embalse del país.

Señaló lo que parecían docenas de pequeños escalones hechos con capas sucesivas de barro seco, ahora cubiertas de hierba alta y maleza, el efecto de una vegetación que se arrastra rápidamente sobre una línea de costa que ha estado descendiendo casi un pie por semana.

“Ahora parece un césped. Sabía que la sequía era grave, pero no que fuera tan mala”, dijo. “Este lugar está irreconocible”.

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El lago Mead, una línea de vida para 25 millones de personas y millones de acres de tierras de cultivo en California, Arizona, Nevada y México, hizo historia cuando se diseñó hace 85 años, capturando billones de galones de agua del río y dando paso al crecimiento del Oeste moderno.

Eric Richins pilots a boat on Lake Mead
Eric Richins, propietario de Big Water Boating, examina los niveles de agua y de peces en el lago Mead, donde organiza excursiones desde hace dos años.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Pero después de años de una sequía implacable que se ha acelerado rápidamente en medio de temperaturas récord y un menor derretimiento de la capa de nieve, el lago está a punto de marcar otro punto de inflexión más grave. El próximo mes, el gobierno federal espera declarar la primera escasez de agua en el lago, lo que provocará cortes de suministro del agua en Arizona, Nevada y México a partir del 1 de enero. Si el lago, que actualmente se encuentra a 1.068 pies, desciende 28 pies más para el próximo año, la disponibilidad de agua para California comenzará a cerrarse en 2023.

La crisis, dijo Eric Kuhn, ex gerente general del Distrito de Conservación del Río Colorado, no puede seguir siendo ignorada. “Según Merriam-Webster, una sequía es una condición temporal”, subrayó. Lo que está ocurriendo, sugirió, es algo más permanente y preocupante. “Es la aridificación”.

Mientras los incendios arrasan grandes franjas del Oeste y las temperaturas abrasadoras afectan a otras, la escasez de agua es una consecuencia menos visible pero quizá la más acuciante del cambio climático a la que se enfrentan los estados que dependen del lago Mead.

Los primeros afectados son los habitantes de la frontera entre Nevada y Arizona, cerca de Las Vegas, que dependen del lago para el turismo, la pesca y el ocio. Las rampas están cerradas. Las embarcaciones atascadas son remolcadas de las aguas poco profundas. Los pescadores buscan dónde pescar lubinas rayadas. La situación del emblemático lago está marcada por un “anillo” de depósitos de calcio que resaltan la orilla rocosa donde antes fluía el agua.

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Para Richins, que vive en Kingman (Arizona) y lanzó su empresa, Big Water Boating, hace dos años para ofrecer excursiones de pesca de un día, la sequía lo ha puesto a pensar en cambiar por completo su negocio.

“Los lugares en los que pescaba la primavera y el verano pasados ya no tienen peces”, afirma Richins, antiguo profesor de biología de la fauna salvaje en el Salish Kootenai College de Montana, que solía remolcar regularmente su embarcación con su camioneta para hacer el trayecto de una hora hasta el lago Mead. “A medida que baja el agua, el hábitat de los peces cambia porque algunos de sus hogares ya no están disponibles”.

“Sabía que la sequía era grave, pero no que fuera tan mala. Este lugar está irreconocible”.

ERIC RICHINS, PESCADOR DE 35 AÑOS QUE DIRIGE EXCURSIONES EN EL LAGO MEAD

Eric Richins estudia el agua en la entrada del puerto deportivo de Temple Bar, en el lago Mead
Eric Richins estudia el agua en la entrada del puerto deportivo de Temple Bar, en el lago Mead, para ver si puede botar con seguridad su embarcación.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Una mañana reciente, Richins llegó al amanecer al puerto deportivo de Temple Bar, a unas 80 millas de Las Vegas y un punto popular para los navegantes de Arizona. Un cartel decía: “Peligro: Navegue bajo su propio riesgo. Niveles de agua bajos”. Estaba a 30 metros de la orilla del lago, mirando por debajo de él una rampa hecha de tablones de hormigón que se convertía en una alfombra de tubos los cuales conducían a la cuenca. Pero el agua no estaba donde se encontraba antes.

“La primavera pasada estuve pescando aquí mismo”, dijo Richins, mirando con incredulidad el musgo, el barro y las espadañas muertas que se encontraban donde solía botar su barca. Se metió en el agua, palpando el barro con los pies y midiendo la caída desde la rampa.

El barro era demasiado blando, el agua muy poco profunda, la caída bastante grande, así que la barca no tenía ninguna posibilidad.

Era como si la naturaleza le jugara una mala pasada. Richins condujo una hora hacia el oeste hasta el puerto de Hemenway, un punto de lanzamiento en Nevada que se ha convertido en un lugar de gran congestionamiento vehicular por ser una de las pocas rampas que permanecen abiertas la mayoría de los días. Cuando llegó, un trabajador de mantenimiento le dijo que había cerrado esa mañana. El lago había vuelto a retroceder. La rampa necesitaba reparaciones.

Condujo 40 minutos más por el lago hacia el este hasta la rampa de la bahía de Callville. Consiguió meter el barco en el agua cuatro horas después de su primer intento.

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“Es más gasolina, más tiempo y más dinero para llegar hasta aquí", dijo Richins. “La gente pregunta mucho por las excursiones en el lago Mead porque es muy famoso. Pero quizá tenga que ir a otro sitio por ahora, como el lago Mohave”, un embalse de 67 millas de largo formado río abajo por la presa Davis en la frontera entre Nevada y Arizona que está más cerca de Kingman.

An aerial view of a boat launch ramp on the lake
Una vista aérea de los turistas que esperan en fila para utilizar la única rampa de botadura abierta del lago, en el puerto de Hemenway.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

En los alrededores del lago Mead, algunos empresarios y navegantes ya se han adaptado a la nueva situación.

A formerly sunken bench is exposed near receding Hemenway Harbor.
Un barco navega al atardecer frente a una banca antiguamente hundida cerca del puerto de Hemenway.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

En Laker Plaza, una parada de almacenamiento y suministros para embarcaciones en Henderson (Nevada), cerca de la entrada del Área Recreativa Nacional del Lago Mead, la tienda Las Vegas Water Rentals and Bait and Tackle se ha lanzado a hacer publicidad para los pescadores de orilla y los turistas que no necesitan grandes embarcaciones. La tienda, un punto de venta de aparejos, señuelos, hielo seco y aperitivos, se está preparando para recibir menos clientes después de que el bajo nivel del agua obligara al club Nevada Bass Anglers a cancelar su torneo mensual de julio.

“Tenemos un poco de esperanza por la gente que no sale en embarcaciones motorizadas y que tal vez se desplaza en kayak, porque se pueden botar en cualquier lugar”, dijo el copropietario de la tienda, Tommy Middleton.

“Sentimos el impacto económico en todas partes. Hay menos navegantes que se acercan a comprar. La gente que tiene sus embarcaciones guardadas en los puertos deportivos podría no querer pagar las cuotas si no puede usar sus embarcaciones. El efecto en cadena continúa”.

Middleton dijo que sus problemas eran pequeños comparados con los problemas más grandes que hay.

Kayakers make their way through a shallow stretch of Lake Mead
Los kayakistas se abren paso por un tramo poco profundo del lago Mead junto a la rampa de botes del puerto de Boulder, ahora cerrada.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

“Es divertido hacer paddle-boarding y kayak, claro”, dijo Middleton, de 42 años. “Pero todo lo que se alimenta del río Colorado ha bajado. Eso es una mala noticia porque la vía fluvial está aquí para apoyarnos y sostenernos”.

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El lago Mead y el río Colorado aumentan de nivel a partir de la nieve derretida que desemboca en el paso de La Poudre, en las Montañas Rocosas. Siete estados del Oeste -California, Wyoming, Colorado, Nuevo México, Utah, Nevada y Arizona-, así como 29 tribus y México, dependen del agua del río. Cada uno de ellos ha firmado sucesivos tratados que establecen la cantidad que reciben del río y de las presas, y los acuerdos actuales expiran en 2025.

La preocupación por los niveles de agua del lago Mead se produjo cuando los negociadores se reunieron en Denver, el mes pasado, para dar un paso preliminar hacia un proceso de cuatro años a fin de actualizar las normas de funcionamiento y las asignaciones de los embalses a lo largo del río.

Según la Oficina de Reclamación de EE.UU, que gestiona el sistema fluvial, la sequía en el lago Mead está lejos de ser una emergencia. Sin embargo, el nivel de agua no es ni de lejos el de hace un año. Tras haber bajado 1.4 millones de acres-pies de abril de 2020 a abril de 2021 y 886.000 acres-pies desde entonces, las pérdidas del lago Mead no muestran signos de desaceleración.

Patti Aaron tours the outflow area at the bottom of Hoover Dam
Patti Aaron, portavoz de la Oficina de Reclamación de Estados Unidos, recorre la zona de desagüe en la parte inferior de la presa Hoover, donde el agua se devuelve al río Colorado. Los niveles de agua más bajos han reducido la cantidad de energía que pueden generar las turbinas de la presa.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

“Estamos preocupados, pero no es una crisis”, dijo la portavoz de la oficina Patti Aaron. “La gente ha estado planeando este momento durante mucho tiempo y tiene los mecanismos establecidos para proteger los niveles de agua del lago Mead”.

Desert bighorn sheep stand near Lake Mead.
Debido al descenso de los niveles de agua, los borregos cimarrones del desierto tienen más terreno para vagar cerca del lago Mead.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Pero para muchos expertos, se trata de un momento decisivo en la historia de un río que ha estado durante décadas sobreexplotado, con menos agua disponible de la que se necesita. Lo que está en juego para el lago Mead es una zona de recreo que atrae a más de 8 millones de visitantes al año y genera 336 millones de dólares anuales.

Aunque los modelos computarizados ayudan a los administradores del agua a anticiparse a la futura escasez que podría afectar al suministro de agua y al turismo, hay una laguna en la comprensión, dijo Kuhn, antiguo jefe del Distrito de Conservación del Río Colorado. Predecir el aumento de las temperaturas es fácil -en el último siglo el Oeste se ha calentado casi 2 grados-, pero entender cómo afectan las altas temperaturas a las precipitaciones es menos seguro.

The"bathtub ring" around the lake is evident in this view
Los visitantes pueden ver el creciente “anillo” alrededor del lago mientras recorren la presa Hoover, situada en la frontera entre Nevada y Arizona.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Las lluvias monzónicas que suelen azotar el suroeste durante el verano no se materializaron el año pasado. En Colorado, el suelo más seco debido a las temperaturas más altas de lo habitual y a la menor humedad del aire ha provocado que la nieve derretida drene menos hacia los ríos y arroyos. Como consecuencia de la sequía en el norte de California, el Distrito Metropolitano del Agua de Los Ángeles está aumentando sus reservas con agua tomada del río Colorado, que seguirá fluyendo ininterrumpidamente hasta 2022.

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Pero, ¿qué viene después?

El Bureau of Reclamation estima que las nevadas normales de este invierno en las Rocosas y la cuenca superior revertirán la actual sequía. Para finales de septiembre de 2022, la agencia espera que el río aporte 8.3 millones de acres-pies de agua al lago Powell, el embalse situado en la frontera entre Utah y Arizona que precede al lago Mead.

La proyección, basada en la humedad del suelo, las temperaturas y las precipitaciones, se actualiza mensualmente, pero actualmente va en contra de las tendencias de los dos últimos años. De octubre de 2019 a septiembre de 2020, el lago Powell recibió 5.8 millones de acres-pies, y desde entonces ha recibido 3.2 millones de acres-pies.

Un cartel advierte a los visitantes del efecto de la sequía en el puerto de Hemenway, en el lago Mead.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

Los expertos sugieren que las previsiones de la agencia para el próximo año son demasiado optimistas: “El río Colorado está sobreexplotado. Realmente no podemos confiar en que la capa de nieve en las Rocosas vuelva a llenar nuestros embalses y mitigue la sobreexplotación del río”, dijo Kathryn Sorensen, ex directora de los servicios de agua en Phoenix y ahora con la Universidad Estatal de Arizona.

La previsión optimista del Bureau of Reclamation para el lago Powell significa que la agencia puede rellenar ese embalse. Sin embargo, continuará liberando agua del lago Mead y predice que su elevación descenderá a 1.050 pies en septiembre de 2022, a cinco pies del nivel en el que el sur de California debe renunciar a parte de su asignación de agua. Otros análisis de la agencia dan al embalse un 58% de probabilidades de descender a 1.025 pies y un 21% de probabilidades de alcanzar los 1.000 pies en 2025.

Weekend boaters wait on the water for a launch ramp
Los navegantes de fin de semana esperan para utilizar la única rampa abierta en el puerto de Hemenway.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

“Para mí es una cifra impactante”, dijo Sorensen. “Es uno de esos sucesos de pequeña probabilidad, pero de grandes consecuencias”.

Para Richins, que creció explorando los senderos de Idaho a lo largo del río Snake y fue guardabosques del Servicio Forestal de EE.UU en Montana antes de iniciar viajes de pesca en el lago Mead, la idea es impensable.

“Los ríos son mi vida”, dijo recientemente mientras navegaba por la bahía de Las Vegas, una porción oriental del lago donde las torres del Strip de Las Vegas son visibles en una noche clara. El monte Charleston, el pico más alto de la región, sobresale hacia el cielo más allá de la ciudad, con los farallones rojos y rocosos del desierto de Mojave visibles mucho más cerca. Garzas y pelícanos nadaban frente a él.

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Semanas antes, había estado en este mismo lugar, divisando hervideros de lubinas rayadas, frenesíes de alimentación formados por docenas de peces reunidos cerca de la superficie.

Aquel era un buen día. El agua era más alta, el terreno más familiar, la pesca abundante. Sacó una docena de lubinas rayadas, algunas de hasta 2.5 kilos y después regresó a la orilla. En esta parte del lago suele haber muchas embarcaciones.

Pero hoy, la suya era la única a la vista. Lo achacó a los vientos que se levantaban y al sol abrasador del verano. Pero Richins intuía que también ocurría algo más. Tal vez había menos embarcaciones debido al cierre de las rampas y a las largas filas en las que seguían abiertas. Para los que querían pescar, se preguntaba si -como él- estaban perplejos sobre dónde ir cuando el agua bajaba tanto de nivel.

“Esa sensación de lago vacío”, la llamó Richins, como si estuviera de luto. No le disuadió, sin embargo, de hacer lo que tanto le gusta. Volvería a salir al lago en busca de la emoción de la pesca. Espera que el lago Mead no cambie mucho más. Pero no está seguro.

Su barca siguió avanzando por las aguas poco profunda, hacia el fango y el barro de la orilla que se expande cada día más.

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