Por qué la Patrulla Fronteriza se está esforzando para rescatar a los migrantes desaparecidos

Two border agents walk in tall grass.
Los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos Ebenezar Oyenola, a la izquierda, y Jaime Cavazos buscan al migrante hondureño desaparecido Yoel Nieto Valladares, de 25 años, en un rancho del sur de Texas el 3 de junio pasado.
(Gary Coronado / Los Angeles Times)
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Una agente de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU examinaba cuidadosamente un video de un migrante moribundo en su teléfono celular, tratando de localizar el rancho donde se encontraba el individuo, el mes pasado.

"¿Podría ver la imagen rápidamente; el fondo?”, preguntó otro agente.

La agente Nancy Balogh le pasó su teléfono. En los dos minutos que dura el video, Yoel Nieto Valladares, de 25 años, yacía en el suelo arenoso, sin camisa y sudando, con jeans ceñidos con una hebilla rectangular de metal. Nieto apenas podía tomar un sorbo de una Coca-Cola cuando otro hombre lo abanicó con una gorra negra. Las manos del moribundo se crisparon; un tatuaje con las iniciales de su padre y su hermano menor se veía en su brazo. Sus ojos se pusieron en blanco.

“¿Cómo te sientes, muchacho? Oye, ¿cómo te sientes?”, preguntó el hombre que filmaba, haciendo una panorámica para mostrar a una docena de personas vestidas completamente de negro, el color que les dicen los contrabandistas que deben vestir para moverse de noche.

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Nieto lo hizo callar sonriendo.

“Está mal, está delirando”, expresó el hombre que filmaba.

El moribundo gimió.

Momentos después, en un segundo video, de un minuto de duración, Nieto tenía puesta una camiseta polo negra y sus brazos descansaban sobre él, flácidos. Tenía los ojos abiertos.

Un contrabandista había enviado los videos a la familia de Nieto, con coordenadas de GPS. “Realmente espero que lo encontremos”, afirmó la agente Balogh.

Hace varios años, la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos lanzó un Programa de Migrantes Desaparecidos en Arizona, aunque la misión principal de la agencia continúa siendo aprehender a los migrantes, que desde entonces se ha expandido por toda la frontera. Su relación con los defensores de los migrantes se había vuelto tensa. En los últimos años, la Patrulla Fronteriza incluso había ayudado a procesar a algunos que dejaban agua y otros suministros para los migrantes en el desierto.

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An agent in camouflage gear with a dog on a dirt path
Un agente de la Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos busca a los migrantes que cruzaron la frontera de Texas ilegalmente el 2 de junio pasado.
(Gary Coronado / Los Angeles Times)

Pero el enfoque de la agencia ahora ha evolucionado, en medio de un aumento de la migración y las muertes.

El condado de Brooks, a unas 75 millas al norte del Valle del Río Grande, se convirtió en el laboratorio de la Patrulla Fronteriza, un lugar para probar enfoques que ya se están extendiendo por la frontera. Un equipo de tres personas, capacitados en medicina forense, está trabajando con un oficial de inteligencia para ayudar a identificar los restos de migrantes.

La agencia también agregó equipos y tecnología para ayudar a localizar a los migrantes varados más rápido. Instaló más de 1.400 letreros de rescate en toda la región etiquetados con coordenadas GPS. Los agentes obtuvieron coordenadas GPS para más de 22.000 puntos de referencia que pueden ser mencionados durante la llamada al 911 de un migrante, desde postes de electricidad hasta molinos de viento, tuberías y guardaganados. Y colocaron 30 señalamientos de rescate móviles con energía solar en áreas remotas con poca o ninguna recepción de teléfonos celulares. Los señalamientos están equipados con cámaras que ya derivaron en el rescate de un migrante.

Al final del verano, los señalamientos alertarán directamente a los teléfonos móviles de los agentes. Para fin de año, planean tener 170 señalamientos en todo el país, que se pueden usar para rescatar migrantes e investigar, afirmó el agente supervisor Brandon Copp.

A pesar del calor del verano, que generalmente hace disminuir la migración, la cantidad de personas que llegaron a la frontera el mes pasado (188.829) fue la mayor en años. El área más concurrida para los cruces fue el sur de Texas, donde los agentes detuvieron a principios de este mes a 736 migrantes, en tres grupos, cerca del Río Grande. Hasta el mes pasado, habían ayudado a recuperar más de 324 restos y realizado 9.201 rescates en todo el país, un 81% más que en todo 2020.

“Si obtenemos el reconocimiento facial de un guía, podemos vincularlo a la muerte de ese migrante”, comentó Copp.

Al igual que muchos de los 254 condados de Texas, Brooks, con una población de 7.100 habitantes, no tiene un médico forense. Las investigaciones por decesos son manejadas por jueces de paz, a menos que el condado pague a un experto externo. Históricamente, las funerarias locales recortaban presupuesto al enterrar a inmigrantes. Quienes investigaron tumbas de migrantes sin identificar en un cementerio local en los últimos años encontraron varios cuerpos enterrados juntos, algunos en bolsas de plástico y cajas de leche. Tuvieron que exhumar y catalogar el ADN en bases de datos internacionales para ayudar a identificarlos.

Ahora la oficina del sheriff trabaja con la Patrulla Fronteriza para identificar y liberar más rápidamente los restos de migrantes sin enviarlos para autopsias o pruebas de ADN, lo cual puede ser costoso y llevar mucho tiempo. El sheriff acaba de recibir un remolque refrigerado de segunda mano, prestado por la asociación estatal de funerarias, que se utilizó para los muertos por COVID durante el pico de la pandemia. Actualmente los oficiales y agentes de la Patrulla Fronteriza están almacenando los cuerpos no identificados allí, mientras investigan.

Debido a los cambios en las ordenanzas del condado, algunos de los agentes de la Patrulla Fronteriza en el sur de Texas, El Paso y Tucson se capacitaron para fotografiar las huellas dactilares de los migrantes muertos, con el fin de ayudar a que los consulados puedan identificarlos. También aprendieron a recuperar huellas dactilares de cuerpos en descomposición o sumergidos en agua. “Nunca pensé que estaría haciendo esto, el trabajo forense, la compasión”, señaló el agente Jerry Passement mientras buscaba el cuerpo de Nieto. “Es un rompecabezas que intentamos armar”.

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Two forensics workers stand over a body on a gurney beside a trailer
Los agentes de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos Nancy Balogh y Jerry Passement fotografían las huellas dactilares del cuerpo de un migrante el 4 de junio pasado en Falfurrias, Texas.
(Gary Coronado / Los Angeles Times)

El proceso de localización de migrantes desaparecidos a menudo comienza cuando los que están en peligro llaman al 911 desde sus teléfonos celulares, varados y desesperados por agua. Los operadores solicitan sus coordenadas GPS, luego los conectan al centro de operaciones de la Patrulla Fronteriza, donde los agentes también intentan localizarlos.

La búsqueda puede resultar abrumadora. Un guatemalteco que llamó el mes pasado dijo que había vagado durante dos días, lejos de cualquier camino, señal o luz. Los agentes no pudieron localizarlo.

“Estoy perdido y mi compañero murió durante la noche. Estoy solo aquí", le dijo otro migrante hondureño de 28 años a los operadores, el 18 de mayo. “Estoy mal. No puedo caminar”.

Más tarde ese mismo día, los agentes lo rescataron y recuperaron el cuerpo de su amigo.

Copp y su equipo ven a los migrantes y sus familias como un recurso. En al menos un caso este verano, una familia ayudó a los agentes a arrestar a un traficante y rescatar a 42 migrantes de un escondite.

“Estamos poniendo más esfuerzo en el aspecto humanitario”, comentó Balogh mientras buscaba a Nieto. “Nadie merece morir así”.

Para ello trabajan con Eddie Canales, fundador del South Texas Human Rights Center, con sede en el condado de Brooks, que ha transmitido información a las autoridades y ayudado a salvar al menos a 50 migrantes en los últimos meses, como él mismo detalló. “Notamos un aumento fenomenal en las llamadas sobre personas desaparecidas”, expuso.

A principios de este mes, Canales revisó una docena de los más de 150 barriles de agua del grupo, construidos en ranchos cercanos para migrantes. En el último mes, los migrantes se llevaron siete jarras de agua, 28 galones en total. Alrededor de un barril medio vacío había ropa desechada. Otro contenía cinco billetes de un dólar marchitos, probablemente abandonados por algún migrante agradecido. A veces, personas empáticas dejan comida y agua extra. Pero el mes pasado robaron algunos barriles, junto con suministros por valor de $200 dólares; los ladrones nunca fueron atrapados.

Los contrabandistas le habían ofrecido a la familia de Nieto una opción: pagar más, alrededor de $11.000 por cada uno, o arriesgarse a un viaje largo y peligroso para que él y su primo, Heyder Perdomo Nieto, de 31 años, llegaran a Carolina del Sur. “Decidimos pagar más para que pudieran llegar con seguridad”, relató Jhoselyn Nieto, de 34 años.

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Al principio, los agentes no podían estar seguros de que fuera Nieto. Los carroñeros habían arrastrado lo que quedaba del cuerpo debajo de un tronco, con un jeans y una camisa ennegrecida. ¿Nieto había estado desaparecido el tiempo suficiente para encontrarse tan descompuesto?, se preguntaron los agentes. Un investigador que los acompañaba respondió que los buitres podían limpiar un cuerpo en cuestión de horas

Ella y un primo de Honduras dijeron que los hombres habían crecido en la capital, Tegucigalpa, y no estaban preparados para sobrevivir en la maleza. Nieto, su primo, conocido como “Gato” por sus ojos verdes, era operador de un centro de llamadas y tenía educación universitaria; soñaba con trabajar en un banco. Perdomo, su hermano, hacía muebles y cuidaba a su hija de ocho años. Los contrabandistas prometieron que los hombres viajarían principalmente en automóvil, y que caminarían solo unas ocho horas en Texas, para eludir un puesto de control de la Patrulla Fronteriza.

“Mintieron”, añadió Jhoselyn.

Su primo falleció durante una caminata de cuatro días con otros 18 migrantes centroamericanos a través de ranchos áridos con poca comida o agua. Perdomo se quedó junto al cuerpo de su primo, abandonado por su guía, perdido. Esperó seis horas, hasta que su padre se puso al teléfono y le dijo que se marchara, “porque todavía estás vivo”.

Perdomo partió hacia los ranchos alrededor de las 7 de esa noche.

Su hermana llamó al contrabandista y lo acusó de mentirle a la familia y de matar a su primo. “Me dijo que no, que estaba vivo, que ambos estaban bien. Van hacia Houston, tienes que esperar”, agregó. “Entonces, los esperamos”.

La familia debatió si debían contactar a las autoridades, temiendo cómo reaccionaría el contrabandista si todavía tenía a los hombres. Al día siguiente, cuando le envió un mensaje a su hermano, el guía respondió que se dirigían a Houston.

Nunca llegaron.

Cuando envió un mensaje al día siguiente, el guía dejó de responder.

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Cuatro días después, luego de que ella escribiera exigiendo la verdad, alguien que decía ser un compañero migrante confirmó que uno de los hombres había muerto y que el otro, presumiblemente, también.

“Mientes”, escribió ella. "¿Cómo podemos encontrarlos?”.

“Lamentablemente, esto es una consecuencia para los que vienen aquí", escribió el extraño.

“Hay consecuencias, pero tú tuviste parte”, respondió ella. “Dime la ubicación y envíame un video si está muerto”.

Le envió las coordenadas GPS y los videos.

Jhoselyn observó con horror, dándose cuenta de que el contrabandista mintió y que su hermano había desaparecido. “No sabíamos si estaba vivo o muerto”, comentó.

Fue entonces cuando, el 2 de junio, envió los videos a la Patrulla Fronteriza.

Al día siguiente, los agentes pasaron media hora peinando la maleza antes de ver buitres dando vueltas.

“Lo encontraron”, dijo Balogh, y se persignó como siempre hace cuando localizan el cuerpo de un migrante.

A man tends to a body found near a tree
El director de la funeraria Alonzo Rangel ayuda a recuperar el cuerpo del migrante hondureño Yoel Nieto Valladares, de 25 años, cerca de Encino, Texas, el 3 de junio pasado.
(Gary Coronado / Los Angeles Times)
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“Es posible que tengamos que realizar un ADN”, comentó Copp, lo cual podría llevar meses.

Los agentes revisaron el cuerpo en busca de una identificación, pero no encontraron ninguna. Luego vieron una camiseta polo negra en el césped, una botella de Coca-Cola y una correa, tal como en los videos.

“Eso es, seguro, la hebilla del cinto”, destacó Copp.

Habían encontrado a Nieto. Los agentes notificaron a un juez, quien lo declaró muerto.

“Lo triste es que la familia guardó ese video durante casi una semana”, agregó Copp.

No había señales de Perdomo, o si podría haberse salvado si las autoridades hubieran sido alertadas antes.

Ese día, después de que la Patrulla Fronteriza llamara para notificar a la familia que había encontrado el cuerpo de Nieto, recibieron el primer llamado de Perdomo; estaba con un contrabandista en Houston. “Dijo que estaba bien, pero que teníamos que pagar de nuevo”, relató su hermana: $4.000, además de los $11.000 que ya habían pagado por cada uno de los hombres.

Después de dejar el cuerpo de su primo, Perdomo estuvo al borde de la muerte y caminó durante la noche y parte del día siguiente. Se topó con otro grupo de migrantes cuyo guía se apiadó de él, le dio agua, atún y chocolate. Perdomo estaba tan deshidratado que vomitó. Preguntó si podían recuperar el cuerpo de su primo. “No, está muerto”, dijo el guía, “pero podemos ayudarte a ti”.

Los otros migrantes tuvieron que sostener por los hombros a Perdomo mientras caminaban. Herido, sucio y hambriento, finalmente llegó el 15 de junio. Hasta la semana pasada, seguía en recuperación.

“Llora por Yoel. Lo recuerda. Me cuenta cosas que sucedieron en el camino”, dijo su hermana.

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No estaba claro qué causó la muerte de Nieto. Su padre decidió que lo incineraran, para poder hacerle un funeral en Carolina del Sur. Pero el consulado de Honduras insistió en que se le hiciera una prueba de ADN al cuerpo, y se le informó a la familia que ello podría demorar hasta ocho meses, relató Jhoselyn Nieto.

“Queremos recuperar su cuerpo lo antes posible, para que mi tío pueda tener paz”, enfatizó. “No puede tenerlo vivo; al menos que pueda tener sus cenizas”.

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