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EEUU

Los Ángeles, un destino cada vez más inalcanzable para los jóvenes, según una encuesta

Rentas

Un ciclista pedalea por 6th Street, en el centro de Los Ángeles, cerca del edificio Santa Fe Lofts. La propiedad acaba de venderse por casi $70 millones, parte de la transformación del área en los últimos años, que ha estado acompañada de rentas en aumento.

(Mel Melcon)

Hace cuatro años, Chelsea Lutz se mudó a Los Ángeles desde Cleveland para seguir su carrera como guionista y directora de películas. “Necesitaba un apartamento realmente barato”, relató. Encontró uno en Koreatown, donde no deseaba vivir particularmente, pero era todo lo que podía pagar.

Hoy, Lutz, de 28 años, comparte junto con su prometido un sitio de renta controlada, de una habitación, en el área de Miracle Mile. “Mi renta es cara, pero no tanto”, señaló. “Eventualmente quiero conseguir una casa y eso me preocupa porque quiero estar cerca de mi trabajo”.

Lutz no está sola. Según una encuesta publicada por la Escuela de Asuntos Públicos Luskin, de la UCLA, los residentes de todo el condado de Los Ángeles están cada vez más ansiosos por el costo de vida, y los precios de la vivienda son la principal preocupación. Los jóvenes lo sienten todavía más.

“Es una tormenta perfecta para los jóvenes que gastan una cantidad desproporcionada de sus ingresos solo para tener un refugio sobre sus cabezas. Como resultado, algunos de ellos tienden a vivir más lejos, donde las viviendas son más baratas, pero sus viajes son más largos”, indicó Zev Yaroslavsky, un exsupervisor del condado y actual profesor de la UCLA, que dirigió la encuesta. A consecuencia de ello, los residentes de menor edad califican su calidad de vida como baja.

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“Lo que me preocupa de esta tendencia es que se supone que los jóvenes son optimistas y tienen mucho que esperar”, dijo Yaroslavsky. “Los Ángeles siempre ha sido un lugar de optimismo, eso es lo que hace de la ciudad un imán”.

Los hallazgos son parte de una encuesta anual más amplia sobre la calidad de vida, medida según nueve categorías, que incluyen el costo de vida, el transporte/tráfico, la educación, la atención médica y la economía. Los puntajes se ponderan según la importancia relativa de esas categorías y se agregan a un “índice de calidad de vida”.

El índice general para 2018 fue de 56, frente a 59 en en los dos últimos años (el índice oscila entre 10 y 100, por lo que el punto medio es de 55). Yaroslavsky precisó que ese descenso fue significativo porque el índice refleja las cualidades que más les interesan o preocupan a los encuestados, que en este estudio incluyeron el costo de vida.

Con un puntaje de 43, el costo de vida fue el más bajo de todas las nueve categorías.

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“Viene cayendo como una roca en los últimos años”, destacó Yaroslavsky. “La vivienda impulsa la baja calificación. No son noticias impactantes, pero sigue el descenso”.

El profesor citó la dificultad de entrar en el mercado de la propiedad, la pérdida de unidades de renta controlada y los costos exorbitantes de las viviendas para alquilar. “Los jóvenes tienen más presión que nadie... y para los jóvenes de color, el tema es aún más agudo”, advirtió.

Adrián Álvarez sabe de qué se trata el tema, de primera mano. El camarero y barman, de 32 años de edad, vino a Los Ángeles desde Puebla, México, cuando tenía 20 años, y trabajó como jardinero y en un lavadero de automóviles antes de abrirse camino en el sector de los restaurantes. Ahora divide la renta de $1,200 por un departamento en el vecindario de Pico-Union, junto con un amigo y es consciente de sus gastos. “A veces salgo con amigos y no gasto dinero, no compro ninguna bebida”, confesó Álvarez. “Tengo que ahorrar en caso de una emergencia”.

El joven, que trabaja cuatro días a la semana, a veces durante 12 horas corridas, no tiene seguro de salud. Todos los meses trata de ahorrar la mitad de sus ingresos. “Podría vivir solo y pagar mi propio apartamento”, dijo, “pero entonces la mayoría de mis ingresos se destinarían a la renta”.

Aun así, Álvarez tiene pocas quejas sobre su calidad de vida, ya que siempre pudo encontrar trabajo, moverse, comer y pagar por algo de entretenimiento. “Si estás dispuesto a trabajar duro, puedes salir adelante aquí”, indicó.

Sin embargo, le preocupa que el propietario aumente el alquiler, y conoce a familiares y amigos que huyeron de Los Ángeles a Las Vegas y Montana, donde los costos de la vivienda son más bajos. “Pero tienen que soportar el clima”, consideró.

Según la encuesta, la mayoría de los residentes informaron que ellos mismos, un pariente o un amigo cercano, habían evaluado mudarse de la zona debido a los crecientes costos de la vivienda, incluidos dos tercios de los menores de 50 años.

Una cuarta parte de los encuestados informó su preocupación por quedarse sin hogar, algo que afecta principalmente a los jóvenes, los inquilinos y a quienes ganan menos de $30,000 al año.

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En general, los residentes expresaron abrumadoramente su apoyo a las políticas de control de alquileres y la preferencia de que los nuevos edificios de apartamentos sean construidos solo en zonas multifamiliares y no en zonas unifamiliares. Las respuestas fueron divididas respecto del beneficio del impacto del desarrollo y las nuevas viviendas.

Más allá de la cuestión de la residencia, la encuesta detectó que las personas en el grupo de edad de 18 a 39 años también son más negativas con respecto a su atención médica, la satisfacción laboral y el medio ambiente, en comparación con las personas mayores. Fueron más positivos sobre el transporte público y su capacidad para moverse, así como sobre las relaciones raciales y el impacto de los inmigrantes en la comunidad.

Sorprendentemente, hubo una disminución de casi el 50% en los porcentajes de latinos y asiáticos/isleños del Pacífico a quienes les preocupa la posibilidad de ser deportados o que alguien conocido lo sea.

“El año pasado hubo un frenesí: la prohibición de viaje a los países musulmanes, construir el muro, el final de DACA”, detalló Yaroslavsky, refiriéndose a una serie de políticas e intenciones que el presidente Donald Trump anunció al principio de su administración. “Pero el cielo no se nos está cayendo encima. Los tribunales han intervenido. La legislatura estatal, el consejo municipal, la Junta de Supervisores; todos tomaron medidas para transmitir el mensaje [a los inmigrantes], de que los apoyamos”.

La encuesta fue realizada por teléfono y en línea, en inglés y español, en marzo de 2018; incluyó entrevistas con 1,457 residentes del condado de Los Ángeles.

Para leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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