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EEUU

Por qué los hombres poderosos se masturban frente a mujeres

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¿Por qué un hombre querría masturbarse frente a una mujer? ¿Cuáles son los desencadenantes psicológicos detrás de este espantoso acto de agresión? Terapeutas sexuales, psicólogos y psiquiatras ofrecen algunas respuestas (Associated Press).

(Associated Press)

Hay algo inquietante y desconcertante que muchos de los hombres poderosos acusados de agredir sexualmente a mujeres tienen en común: les gusta masturbarse frente a ellas.

Las acusaciones de mala conducta sexual contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein, el guionista y director James Toback, el director y productor Brett Ratner, el comediante y actor Louis C.K., y el autor y periodista Mark Halperin incluyen descripciones escabrosas de  hombres masturbándose delante de sus víctimas. Todos ellos han negado estas acusaciones, excepto Louis C.K., quien dijo: “Los relatos son verdaderos”.

¿Por qué un hombre querría masturbarse delante de una mujer, y cuáles son los desencadenantes psicológicos detrás de este acto de agresión? Los terapeutas sexuales, los psicólogos y los psiquiatras afirman que la masturbación pública es una forma de exhibicionismo que los hombres poderosos usan para acosar sexualmente y abusar de mujeres inocentes.

El exhibicionismo es un trastorno mental que no tiene sentido para la mayoría de los hombres y es demasiado familiar para la mayoría de las mujeres. La mayor parte de los varones no pueden imaginar exponer sus partes privadas en público. En cambio, muchas mujeres lo han visto con demasiada frecuencia en el metro, los autobuses y otros lugares públicos.

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El exhibicionismo es un trastorno parafílico definido en el Manual Merck de Diagnóstico y Terapia como el “logro de la excitación sexual a través de la exposición genital, generalmente ante un extraño desprevenido”. El desorden se agrupa con otras parafilias que incluyen voyeurismo, pedofilia, masoquismo sexual, sadismo sexual y otras “fantasías, impulsos o comportamientos recurrentes, intensos y sexualmente excitantes”. Los terapeutas sexuales usan una combinación de psicoterapia y medicación para tratar y controlar el exhibicionismo.

Obligar a las mujeres a mirar una masturbación es un acto de venganza contra ellas, precisó la terapeuta sexual Alexandra Katehakis, de Los Ángeles, en un intercambio de correos electrónicos. “Este tipo de comportamiento no se trata de sexo. Se trata de hostilidad e inadecuación sexual”.

La hostilidad a menudo se remonta a la relación del varón con su madre en la infancia, que puede haber sido emocionalmente abusiva o no haber podido protegerlo de un padre opresor, consideró Katehakis.

Motivados por impulsos sexuales fuertes y recurrentes, los exhibicionistas actúan en la fantasía autoengañosa de que el testigo podría disfrutar de la experiencia, afirmó Frederick Berlin, director de la Clínica de Sexo y Género de Johns Hopkins Medicine, en Baltimore.

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Cuando el testigo responde negativamente, el exhibicionista a menudo siente arrepentimiento intenso, vergüenza y disgusto con sí mismo, continuó Berlin, profesor asociado de psiquiatría y ciencias de la conducta.

Atrapado en un ciclo de comportamiento adictivo, el exhibicionista es adicto tanto a la vergüenza como al acto sexual, expresó por su parte Katehakis.

Los expertos en sexo dicen que una combinación de privilegio y arrogancia causa que los hombres poderosos en tales situaciones se sientan por encima de la ley y consideren que pueden salirse con la suya. Esos varones también piensan que la mayoría de las mujeres no dirán nada y que, si lo hacen, se las podrá controlar mediante amenazas o sobornos.

Ver a una mujer asustada y humillada, que suplica que la actividad se detenga, hace que el hombre se sienta poderoso y excitado, consideró Katehakis. “El ‘placer’ viene de la persecución”, dijo. “La intensidad de la situación activa la adrenalina, especialmente cuando hay posibilidad de peligro”.

Los hombres pueden estar motivados por la emoción de la dominación, la naturaleza ilícita de su conducta y el odio hacia las mujeres, afirmó Jennifer A. Drobac, quien enseña leyes de acoso sexual en la Facultad de Derecho Robert H. McKinney de la Universidad de Indiana, en un correo electrónico. “La mayoría de estos hombres entienden que su comportamiento es ilegal y generalmente delictivo”, dijo. “Pero no les importa, o no pueden controlarse a sí mismos”.

El valor de shock del acto agresivo reafirma el control, el dominio y el poder sobre la víctima, profundizó la terapeuta sexual Natalie Finegood Goldberg, de Los Ángeles, en una entrevista por correo electrónico. “El acto en sí es predatorio e intrusivo, pero viniendo de una figura de autoridad, la víctima no se queda sólo con la vergüenza del ‘pequeño secreto sucio’, sino con la preocupación adicional de cómo afectará su medio de vida si dijera algo al respecto ", consideró. “Muchas veces las personas expresan sentirse ‘sucias’, ‘repugnantes’ e invadidas después de una experiencia como esa”.

La experiencia, confusa y desorientadora, puede ser de difícil descripción para las mujeres, agregó Prudence Gourguechon, psiquiatra y expresidenta de la American Psychoanalytic Association, también por correo electrónico.

“¿Qué es lo que acaba de suceder? ¿Que quería él? No fui agredida o violada, ¿verdad?”, dijo Gourguechon.

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Para la víctima, señalan los especialistas, el daño emocional y psicológico del acto inesperado y no deseado se vuelve más aterrador por miedo a que el ataque se convierta en violencia o violación. Las víctimas de los exhibicionistas sienten una gama amplia de emociones, desde la humillación hasta el disgusto y la ira; y se preocupan por las represalias y el ostracismo, según Drobac.

“En mi experiencia, fui testigo de una variedad de reacciones complejas”, consideró Drobac, abogado que representó a víctimas en casos de acoso y agresión sexual en tribunales civiles. “Algunas tenían miedo, estaban conmocionadas, se sentían avergonzadas, ‘congeladas’ y ‘entumecidas’. Otras estaban confundidas; se preguntaban si habían hecho algo para atraer esa atención agresiva”.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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