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El Congreso volverá a intentar la reforma migratoria; ¿será diferente esta vez?

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Mientras el Congreso busca un acuerdo para proteger a los llamados Dreamers de la deportación, la situación muestra paralelismos con 2013, cuando la legislación inmigratoria ganó un amplio apoyo en el Senado para después ser ignorada en la Cámara más conservadora, liderada por republicanos.

Pero a pesar de todas las similitudes con aquella vez, también hay marcadas diferencias ahora en las políticas, los jugadores y la opinión pública, que traen una nueva dinámica mientras los legisladores intentan abordar de vuelta la cuestión de la inmigración.

El martes, el Congreso comenzó a trabajar en el alivio para los casi 700,000 Dreamers, jóvenes inmigrantes que crecieron en los Estados Unidos después de llegar sin autorización cuando eran niños, y que ahora enfrentan una posible detención y expulsión. El presidente Trump planea poner fin al programa que los protege el 5 de marzo, aunque un juez federal ordenó que éste continúe vigente hasta que se presente una demanda judicial.

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Como parte del acuerdo para finalizar el cierre de la administración federal esta semana, el Congreso se dio a sí mismo menos de tres semanas para resolver el problema antes de la próxima amenaza de bloqueo, el 8 de febrero, cuando venza el financiamiento temporal para el gobierno.

“Ahora hay una fecha límite. Los muchachos serán deportados o perderán su trabajo, o su escolaridad”, indicó el senador Jeff Flake (R-Ariz.), quien fue miembro de los senadores originales de la “Banda de los Ocho” (Gang of Eight) que elaboraron el trato en 2013 y que está en el centro de la actual iniciativa. “Ése es el mecanismo de fuerza. Por eso es diferente”.

Muchos defensores de la inmigración se disgustaron con el acuerdo para reabrir la administración, temiendo que creara poco incentivo para que los republicanos se comprometieran con sus pares demócratas en materia de inmigración, lo cual también fue un problema en 2013.

En ese momento, la bipartidista Banda de los Ocho ayudó a aprobar un proyecto de ley que, después de semanas de audiencias y debate, colapsó sin consideración en la Cámara de Representantes bajo el peso de la oposición republicana contra el presidente Obama y contra cualquier indicio de “amnistía” para quienes están aquí sin autorización.

El líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Eric Cantor, perdió una elección primaria ante un recién llegado desconocido, el representante Dave Brat (R-Va), en parte por la disposición de Cantor a considerar una ayuda para los Dreamers más jóvenes, aquellos en jardín de infantes. El entonces presidente de la Cámara de Representantes, John A. Boehner (R-Ohio), rápidamente abandonó el proyecto de ley de inmigración, pero luego también él fue forzado a renunciar por el flanco más conservador de su partido.

Gran parte de ese enfrentamiento en el Congreso permanece. Un grupo bipartidista de senadores, que representan estados en lugar de distritos de la Cámara estrechamente delimitados, está trabajando en un compromiso, mientras que el presidente de la Cámara, Paul D. Ryan (R-Wis.), aseguró al conservador Freedom Caucus de la Cámara -que ayudó a derrocar a Boehner- que no aportará un proyecto de ley de inmigración que no cuente con el respaldo de la mayoría de los republicanos de la Cámara de Representantes.

“Tenemos una oportunidad decente para conseguir algo con el Senado. No tenemos posibilidad de conseguir algo en la Cámara”, afirmó Frank Sharry, director ejecutivo del grupo de defensa de inmigrantes America’s Voice. “Pero si aprobamos algo en el Senado, eso ejercerá presión sobre Trump para que haga algo”.

A diferencia de 2013, los republicanos ahora tienen el control mayoritario de la Cámara y el Senado, y un presidente del mismo partido en la Casa Blanca.

El primer mandatario ha dado puntos de vista mixtos sobre la inmigración, pero aseguró que quiere hacer algo “agradable” para los Dreamers, a pesar de su dura retórica y acciones hacia los inmigrantes, y su promesa de construir un muro en la frontera con México.

Los confundidos senadores bromean sobre el “presidente del martes” y el “presidente del jueves”, en referencia a la semana en que Trump recibió en la Casa Blanca a legisladores para una reunión televisada en la que celebró un “proyecto de amor” bipartidista, pero dos días después rechazó un compromiso e hizo comentarios vulgares sobre la exclusión de inmigrantes de los países más pobres.

Después de que las cámaras finalizaran rápidamente esa reunión del martes, el senador Robert Menéndez (D-N.J.), otro miembro de la Banda de los Ocho, de 2013, afirmó que apeló al lugar del presidente en la historia.

“Le dije: ‘Nixon fue a China. Era el máximo anticomunista y pudo hacerlo. Ronald Reagan estaba en contra de todos los impuestos y terminó aumentándolos para satisfacer las necesidades de la nación’”, relató Menéndez en una entrevista. “‘Tienes el capital político para hacer algo, y hacer algo grande’”.

El presidente le respondió: “Queremos llegar a un acuerdo”.

“No dijo qué tipo de trato, sino ‘queremos llegar a un acuerdo’”.

Las generalidades de un trato potencial son posibles para el Congreso, pero requerirían que ambas partes acepten compromisos políticamente dolorosos que, hasta el momento, no están dispuestos a hacer públicamente.

El acuerdo se centraría en las protecciones para los Dreamers a cambio de la seguridad fronteriza, incluido el dinero para el muro propuesto por Trump, y los cambios a las visas familiares y de diversidad.

Un grupo bipartidista liderado por los senadores Lindsey Graham (R-C.S.) y Richard J. Durbin (D-Ill.), también miembros del clan de 2013, propuso tal proyecto de ley, pero Trump lo rechazó rotundamente. La Casa Blanca lo desestimó el martes.

El líder de la minoría del Senado, Charles E. Schumer (D-N.Y.), mejoró la oferta antes del cierre al poner sobre la mesa el pedido del presidente de $20 mil millones para la construcción del muro, una concesión que provocó la indignación de los demócratas liberales, aunque la Casa Blanca niega que haya tenido lugar.

Trump se alejó de ese trato, y Schumer aseguró el martes que las negociaciones estaban comenzando de nuevo. “La oferta del muro está fuera de negociación”, advirtió.

Los contornos de lo que se debate ahora son más modestos que en 2013.

En ese momento, el Senado acordó ofrecer a unos 11 millones de inmigrantes en el país una vía hacia la ciudadanía, lo cual podía demorar 13 años para la mayoría, aunque los Dreamers podían calificar en menos tiempo. A cambio, el Senado aprobó un aumento del presupuesto fronterizo de $46 mil millones -para contar con drones las 24 horas, cercas y 20,000 nuevos oficiales de patrulla fronteriza-, todo financiado no por ciudadanos sino por las multas y tarifas que los inmigrantes tendrían que pagar en su recorrida hacia su estatus inmigratorio legal.

Trump indicó que tiene interés en un gran acuerdo como ése, que podría ir más allá del problema de los Dreamers y crear mejoras más exhaustivas a la ley de inmigración.

Los legisladores están de acuerdo, pero también son conscientes de los primeros pasos. “Los Dreamers son lo más importante del tema inmigratorio”, resaltó Menéndez. “Si [el presidente] no los puede ayudar, que se olvide de un trato más grande”.

Traducción: Valeria Agis

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

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