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El día que Bárbara Mori entendió que Rubí no era la joya que mejor la haría brillar en la vida

Para alcanzar sus grandes sueños en la vida, Bárbara Mori tuvo que encontrarse con ella misma y, al hacerlo, encontró el brillo del amor para alejarse del la oscuridad del temor.
Para alcanzar sus grandes sueños en la vida, Bárbara Mori tuvo que encontrarse con ella misma y, al hacerlo, encontró el brillo del amor para alejarse del la oscuridad del temor.
(Cortesía )

La talentosa actriz uruguaya abre su corazón en una franca confesión que toca corazones y abre los ojos a los que viven atrapados en la oscuridad del temor

Para muchos y durante años la actriz uruguaya Bárbara Mori, radicada en México, fue considerada como un “sex simbol” de la pantalla. Su inolvidable papel de “Rubí” en la telenovela de Televisa la consolidó en ese sitial y, desde entonces, se convirtió en el sueño de todos los hombres, incluyendo solteros, casados, viudos y divorciados. Su imagen de “devoradora” de hombres y sus fotografías en trajes de baño inundaban los sitios web y las portadas de revistas de chismes y entretenimiento. ¿Pero qué crees? Esa nunca fue la verdadera Bárbara.

La actriz de cabello castaño, a quien hemos visto de rubia o con el cabello negro azabache en muchas de sus interpretaciones para la pantalla chica y la grande, contó en un video que se estaba preparando durante meses para una presentación en un auditorio en un par de semanas. “Pero evidentemente se canceló”, dijo Bárbara en el video donde se le observa sentada, en pijama y sin maquillaje en su cama, lamentando el no poder cumplir con su público, debido a la pandemia que azota al mundo entero.

Evidentemente sincera, la actriz dijo que decidió hacer este video para TED Talks ("¿Miedo o amor? Tú decides”) como una manera de exponer su historia de vida, para contar y mostrar a la verdadera Bárbara y no a la imagen detrás del nombre, que fue creado por las empresas a las cuales trabajó como talento o la imagen que cada uno de ustedes se puede haber creado de ella, al verla en sus seductoras interpretaciones. “Me parece que es importante para el momento que estamos viviendo en todo el planeta, donde el miedo está acechando”, señaló la actriz, madre, modelo, escritora y productora de 42 años de edad.

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Por primera vez, la intérprete de Mónica San Millán en la novela “Mirada de Mujer”, de Rubí Pérez Ochoa de Ferrer en “Rubí” y Zoe en “La mujer de mi hermano”, se atreve a hablar de su pasado, de la mujer que gran parte de su vida estuvo tratando de pertenecer y encontrar un lugar en el mundo que le permitiera salirse de la realidad que la acompañó durante toda su infancia. “Una realidad oscura, triste, alejada del amor”, señaló con nostalgia.

“Y creo que es importante compartir nuestras historias de vida, porque así la gente puede aprender de nuestros errores y aciertos”, señala la descendiente de japonés y madre de ascendencia libanesa.

Mori cuenta que siempre estuvo en la tarea de buscar un lugar seguro en su vida, que nunca fue amante del dinero porque nunca lo tuvo. Estaba rodeada de un entorno al que no pertenecía, con amigos, compañeros que la empujaron hacia ese ambiente, incluso hasta su familia contribuyó a eso.

A los 14 años empezó a trabajar como mesera, pues a los 12 años de edad llegó desde Montevideo, Uruguay, debido a que sus padres se divorciaron cuando ella apenas tenía 3 añitos y, de esa manera, tuvo que vivir entre los dos países. Trabajó en restautantes para ahorrar y escapar de la violencia que vivió en su casa. “Con lo que ganaba no me alcanzaba. Más adelante, con 17 años logré salirme. Hice de todo un poco”, reveló Bárbara, quien además se tuvo que dedicar a entregar volantes en las calles y hasta ejerció como bailarina en un antro.

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Su vida cambió cuando su físico y belleza la llevaron a incursionar en el mundo del modelaje, pero dice que al principio no fue nada fácil. Comenzó a hacer comerciales de televisión como extra y fue ahí cuando se dio cuenta que las agencias se “jineteaban el dinero”, con lo cual sus ganacias se tenían que dividir entre pagar la renta o los alimentos de su despensa. “Y estando frente a las cámaras fue como descrubí que quería ser actriz, así que me metí a estudiar actuación y así comenzó mi carrera”, confesó.

Durante 10 años se dedicó a las telenovelas sin parar. Su primer personaje lo obtuvo en “Mirada de mujer”, aunque ya había tenido un par de intervenciones especiales en “Al Norte del Corazón” y “Tic Tac”. Después vendrían dos protagónicos con “Azul Tequila” y “Me muero por tí”, ambas de TV Azteca.

Debutó en el cine como Alejandra en la cinta “Inspiración”, al lado de Arath de la Torre y dirigida por Ángel Mario Huerta. También le llegaron oportunidades en el teatro musical con las puestas en escena de Vaselina y Vaselina al Revés. En el 2003, le llegó una oportunidad para actuar en Miami en la telenovela de Telemundo “Amor Descarado”, junto a José Ángel Llamas.

Un año después, le llegaría su gran trampolín a la fama con Rubí, producción dramática de Televisa con la que se despidió de las telenovelas hasta hoy en día, pues luego de ese éxito se metió de lleno en el cine, que la llevó a la total internacionalización. “Y en medio de todos esos proyectos luchaba por encontrarme, no era muy consciente del por qué de mi enojo y mi necesidad de demostrar, no solo a los demás, sino a mi misma. Al crecer rodeada de golpes, abusos sicológicos, se creó en mí la creencia de que yo no era lo suficientemente buena en nada, como para haberme merecido el amor de mis padres”, contó consternada.

En ese entonces, Bárbara dice que sentía que no se merecía el buen trato de nadie, ni siquiera de ella misma. Esas palabras, de inmediato me hicieron recordar el día que estuve solo con ella en una habitación de un hotel. No, no es lo que estás pensando. Se trataba de una entrevista en persona con la escultural Bárbara Mori en el 2005.

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Todavía recuerdo ese encuentro en la ciudad de Nueva York, en donde la joven actriz se encontraba promocionando la cinta “La Mujer de mi hermano”, al lado de Christian Meir y Manolo Cardona, con quien mantuvo una breve, pero intensa relación sentimental. En ese entonces, ellos habían terminado su romance y estaban en habitaciones diferentes para dar entrevistas. Al llegar, nos advirtieron que no debíamos hacer preguntas personales. Sin embargo, era evidente que las haríamos.

Sentada cerca de la ventana de la habitación, me preguntó si me importaba que ella encendiera un cigarrilo, le dije que no tenía problema, y entonces lo hizo. Nuestro diálogo pudo ser breve, el tema del desnudo en la cinta al parecer la hizo sentir incómoda, ante mi pregunta sobre esa escena en particular, pero más cuando al final le pregunté sobre su finalizada relación con Cardona, el talentoso actor colombiano de cine y telenovelas. “Somos amigos y lo quiero mucho”, se limitó a contestar y con eso daba por terminada la entrevista. Sin embargo, cuando le pregunté, cerca de la puerta, por el tatuaje que llevaba en el hombro derecho. De inmediato, su rostro cambió y me invitó a regresar a mi silla y me dijo: “Es la Cruz del Sur, mi hermana y yo la tenemos”.

Después de eso comenzó a contarme que su vida había ido muy rápido, que nunca ha querido hablar de su vida personal y que quizás algún día lo haría, pero que en ese momento no se sentía con el valor para hacerlo. “Te entiendo, debes tener tus razones y espero que ese día que quieras hacerlo, pueda volverte a ver y conocer a la verdadera Bárbara Mori y no al personaje que hoy me muestras fuera de la pantalla”, le dije y le di un beso en su mano derecha. “Eres un caballero”, me dijo y así me despedí de ella.

Luego de ese encuentro, hubo otro día que la ví salir corriendo de un concierto privado de Shakira en Nueva York cuando unos fans la estaban persiguiendo. La última vez, fue en la alfombra roja del estreno de Cantinflas en Hollywood, vestía de verde aguamarina y su bella sonrisa era su mejor accesorio.

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Hoy, 15 años después, no tengo manera de contactarla, pero veo que ahora Bárbara se atreve a mostrar a la verdadera mujer que lleva dentro. Pero no lo hace a través de una entrevista, sino que es ella misma, frente a la cámara, en la intimidad de su habitación, en donde confiesa que “creía que no merecía el buen trato de nadie”, ni siquiera el de ella misma. Hoy esas palabras me aclaran lo que viví en aquel encuentro con ella en Nueva York.

“Iba generándome situaciones absolutamente destructivas, con las decisiones que iba tomando; ¿qué motivaban esas decisiones? El miedo a la idea, porque eso era solamente una idea de que yo no merecía el amor”, confesó.

Y en medio de toda esa turbulencia emocional y existencial, la hermana de Kenya y Kintaró Mori, se refugió en su carrera. “Y después de interpretar los mismos personajes sumisos como protagonistas comencé a sentirme estancada, lo cual hizo que naciera en mí la inmensa necesidad de hacer otras cosas como actriz y fue ahí cuando llegó Rubí a mi vida”, expresó.
“El proyecto implicaba un riesgo distinto, el personaje, por eso acepté hacerla. Eso sí, bajo mis condiciones porque la empresa (Televisa) quería firmarme como exclusiva por seis años y me dijeron que si no firmaba con ellos, buscarían a alguien más”, recordó.

Pero Bárbara cuenta que estaba absolutamente segura de que no le daría seis años de su vida a seguir haciendo lo mismo. “Quería hacer cine”, dijo.

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“En ese momento, los actores de televisión no éramos bien recibidos en ese mundo. Pero yo quería intentarlo, porque sabía que el cine me daría la oportunidad de hacer cosas distintas. Así que en contra de todos los consejos, rechacé la oferta (de Rubí) y me llevé una gran sorpresa, cuando aún así accedieron firmarme por solo ese proyecto. Ahí entendí que cuando te sales de esa famosa ‘zona de confort’ arriesgándolo todo, para ir en busca de tus sueños, lo que generas es un sin fin de posibilidades que te acercan a ellos”, recalcó, aunque admitió que Rubí fue el proyecto más importante del momento.

“Rubí” protagonizada por Bárbara Mori, Eduardo Santamarina, Jacqueline Bracamontes y Sebastián Rulli se grabó entre el 2004 y 2005, convirtiéndose en la telenovela más exitosa de Televisa de todos los tiempos. Y con esta producción, la joven actriz logró la fama internacional, ya que la telenovela fue doblada en innumerables idiomas alrededor del mundo.

“Me trajo una proyección internacional que nunca imaginé. Era poseedora de esas tres cosas, que según la sociedad, te llevan a la felicidad. Era famosa, exitosa y me pagaban muy bien. Sin embargo, yo llegaba a mi camerino, cerraba la puerta, me miraba al espejo y me ponía a llorar”, dijo haciendo una pausa.

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Confesó que se sentía sola, vacía, triste. “Lo cual me llevó a tener una profundísima reflexión. Ni todo el dinero, ni toda la fama, ni el éxito, jamás nos va a llevar a la felicidad si por dentro estamos rotos. A mí me rompieron de niña. Mi padre con su adicción y violencia; y mi madre con su abandono. Entonces, entendí que para encontrar la felicidad tenía que empezar a mirar hacia adentro y aprendí a meditar”, dijo la actriz a quien pudimos ver sentada meditando frentea un paisaje de ruinas en Yucatán.

“La meditación es súper importante, para entrar en contacto con tus emociones y poder sanar desde adentro. Aquí un retiro que además de enseñarte a meditar, te llevará en una aventura a descubrir la diosa que llevas por dentro”, publicó Bárbara en su cuenta de Instagram, en donde cuenta con 2.2 millones de seguidores.

En otro posting, vemos a la actriz posando junto a unos amigos, entre ellos el fotógrafo Uriel Santana en las ruinas de Machu Picchu . “Una ciudad de piedra construida por los Incas alrededor del Siglo XV. Una de las 7 maravillas del mundo moderno. En donde se manifiesta la sabiduría humana orientada al beneficio de todos los seres y de su entorno”, publicó en Instagram.

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UN TRABAJO PROFUNDO

Después de años de hacer un trabajo interno, profundo, Bárbara se encontró con que su vida estaba llena de patrones de conductas, creencias impuestas por sus padres, sus amigos y la sociedad. “Estas creencias me dieron una identidad a lo largo de mi vida, que me empujó a actuar, muchas veces sin darme cuenta de que estaba construyendo un camino que no quería construir”, dijo y así descubrió que ella tenía el poder de cambiar, de que lo que sí podía hacer es elegir qué parte alimentar, si el miedo que viene de la oscuridad o el amor que viene de la luz.

Al darse cuenta de eso, pudo entender que ella siempre alimentaba el miedo y que por eso estaba enojada con la vida; así que comenzó a alimentar el amor que había en su interior. “Y eso me llevó a entrar en contacto con mis emociones y poco a poco comencé a tomar otro tipo de decisiones, lo cual me empujó a vivir nuevas aventuras”.

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Cuando Bárbara Mori interpretó a Rubi, su mundo estaba vacío, era el producto de lo que otros querían para ella.
Cuando Bárbara Mori interpretó a Rubi, su mundo estaba vacío, era el producto de lo que otros querían para ella.

Concluído el huracán de Rubí, Bárbara se sintió lista para ir en busca de esas aventuras, de sus sueños. Y esas creencias que la dominaban en el pasado, fueron reemplazadas con experiencias de vida. “La intuición es la voz que viene desde nuestro corazón y saberlo escuchar es de gran ayuda para tomar decisiones”, explicó en el video donde se le ve cómoda con su pijama de estampados.

Esa voz interna que le habló desde el corazón, dijo que la ayudó en un momento clave de su vida, cuando precisamente, tras el éxito de Rubí, la empresa la buscó para que firmara con ellos a cambio de cualquier cosa que ella pidiera. Una oferta tentadora si deseaba llenarse los bolsillos de dinero y asegurar su futuro, pero su decisión fue ser fiel a sus sueños. “A mis necesidades más profundas y a mis ganas de seguir aprendiendo; así que rechacé la oferta, a pesar de las dudas que se generaron en mi al escuchar la voz de mi ego que me decía: ‘No Bárbara no la cagues, las oportunidades así se dan una sola vez en la vida’ ¿Cuántas veces no hemos escuchado eso?”, cuestionó.

Dijo que la voz de su corazón le enseñó el camino a decir que no, que fuera en busca de su crecimiento personal y así se abrió a un nuevo destino como artista y como persona. “La educación que nos han enseñado está basada en el temor, conforme a su sistema que necesita controlarnos, para poder manejarnos a su antojo y así poder seguir enriqueciendo a los que lo manejan”, expresó convencida.

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Entendiendo esto y controlando sus emociones, los sueños de Bárbara fueron cayendo por su propio peso, uno a uno. Su participación en el cine fue una realidad, así intervino en cintas como “Pretendiendo”, donde su personaje hizo a un lado su belleza fisica para meterse en una botarga y así pretender ser una joven fea y gorda, que no necesitaba del físico para ser exitosa. Esta cinta la llevó a Chile con talento argentino y después actuó en la película peruana “La Mujer de mi hermano”.

Luego llegarían “Por siempre”, “Cosas insignificantes” y “Amor, dolor y viceversa”, producciones que la llevaron a situarse cómodamente en el séptimo arte. El éxito en el cine latinoamericano más tarde le dio la oportunidad de debutar en el cine de Bollywood con el filme “Kites”, al lado de la estrella india Hrithik Roshan, con quien tuvo la oportunidad de conocer en la época del rodaje al fallecido Michael Jackson.

Bárbara junto a Michael Jackson
(Cortesía)

Luego vendrían las cintas “Viento en contra” y “Cantinflas”, en el 2004, donde personificó a la estrella de Hollywood, Elizabeth Taylor. Ese mismo año también participó también en la serie “Dos Lunas”, de Fox, que en Estados Unidos se transmitió por la desaparecida cadena Mundo Fox.

Bárbara en su interpretación de Elizabeth Taylor en la cinta "Cantinflas".
Bárbara en su interpretación de Elizabeth Taylor en la cinta “Cantinflas”.
(Cotesía Pantelion )
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Hoy con muchos de sus sueños cumplidos y muchos otros por alcanzar, la madre de Sergio Mayer Mori y abuela de Mila, sí porque así como la miras, esta bella mujer de 42 años es la flamante abuelita de una nena de tres años y medio, que ahora lleva una vida a plenitud, en la que es ella la que lleva las riendas de su vida basada en la luz que le ofrece el amor.

Menos mal que entre el "¿Miedo o amor?” te decidiste por el amor y seguro que tus fans también lo harán.


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