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‘La Llorona’ es más aterradora que nunca en esta reinvención con matices sociales

Una escena de "La Llorona", disponible ya en Shudder.
(Brigade Publicity)

“La Llorona”, que se puede ver desde este fin de semana en la plataforma Shudder, es el tercer largometraje de Jayro Bustamente (“Ixcanul”, “Temblores”) y su primera incursión en el género del terror. Pero no debe esperarse por ello que el ya reconocido cineasta guatemalteco haya abandonado aquí los profundos intereses sociales que han estado presentes en toda su obra.

Y es que, bajo el disfraz de la escuela de los sustos y de una popular leyenda latinoamericana, el cineasta ha construido una poderosa cinta de denuncia (las críticas han sido sumamente positivas) en la que un líder militar ya anciano se somete a un juicio por genocidio mientras se enfrenta en su propia casa tanto al acoso de los manifestantes que piden su condena como al de una misteriosa figura femenina que lo atormenta por las noches.

“Las tres películas que hecho tienen una unidad de discurso, porque se refieren a tres insultos que resaltan la brecha social de discriminación y de separatismo que existe en Guatemala”, nos dijo el director a través de una conexión telefónica. “Este tema era el más difícil de tratar, porque es un tema del que no queremos hablar; y cuando alguien lo hace, es acusado de comunista o de guerrillero. La gente pretende que las cosas se van a olvidar simplemente si no se mencionan”.

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“Tomando en cuenta esos elementos, y el hecho de que el público latinoamericano es muy reacio al cine de autor y al que toca asuntos sociales, me pareció que lo mejor era vestir la película con un género que pudiera ser asociado al entretenimiento, y fue así que surgió la idea de trabajar con La Llorona como el eje de este mensaje”, agregó el realizador.

El empleo del terror permite también que el mismo mensaje no se sienta didáctico ni militante. “Creo que el drama permite también hacer algo semejante, pero el problema de las víctimas de la guerra en mi país es tan duro que se prestaba para un tratamiento de realismo mágico, esa suerte de escape que hemos tenido siempre en Latinoamérica cuando no encontramos las respuestas adecuadas en los gobiernos y en los poderes económicos”, detalló Bustamante.

El miedo como estrategia

Sea como sea, usar el terror de este modo puede ser arriesgado, debido a que se trata de un género con fans muy celosos, como lo prueban los comentarios bajo el tráiler en YouTube que cuestionan las alteraciones a detalles del mito (y que no revelaremos aquí porque eso sería caer en los ‘spoilers’).

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“Yo no soy un defensor del género, por lo que no tengo ninguna línea que respetar ante los fanáticos”, enfatizó el cineasta. “Hay muchas películas de terror que me encantan, pero lo rico de un director es poder viajar de un género a otro con libertad total. Además, si las leyendas del folklore no son revisitadas, terminarán muriéndose, sobre todo porque las que tenemos están cargadas de valores morales que son completamente obsoletos, debido a que defienden la virginidad, el machismo y tener a las mujeres encerradas en la casa”.

En el plano latinoamericano, el exponente más conocido del terror cinematográfico con tendencias sociales en la actualidad es el mexicano Guillermo del Toro, aunque sus dos películas más representativas de esta rama (“El espinazo del diablo” y “El laberinto del fauno”) no se desarrollaban en su país de origen, sino en España, y tenían como enemigo principal al fascismo franquista.

“Como trabajo social, estudié mucho la manera en que filma Del Toro, pero no lo hice porque lo hubiera visto antes, sino como una estrategia para saber cómo este mensaje podía llegar más lejos”, retomó Bustamante. “Hicimos un estudio práctico y cuantitativo en Guatemala para entender qué tipo de cine estaba consumiendo nuestro público, y encontramos que era el de superhéroes y el de horror. Deducimos después que La Llorona es casi una heroína para nosotros, y al mismo tiempo un icono del horror, lo que la hacía perfecta en nuestro proyecto”.

Las referencias que llegaron luego vinieron del cine japonés (lo que se nota sobre todo en la presentación de Alma, el alter ego de La Llorona, interpretada por María Mercedes Coroy) y de producciones de los ’70. “‘The Shining’ fue esencial, porque muestra de manera genial el encierro en una casa y te enseña cómo mantener allí a tus personajes”, comentó el director.

La falta de salas de cine sigue causando pesar entre todos los amantes del séptimo arte, y al menos en lo que respecta a las ciudades más grandes de Estados Unidos, el problema no tiene todavía visos de solución.

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Espejo de la realidad

Cualquiera que sepa algo de la historia reciente de Guatemala reconocerá en el villano principal de “La Llorona” (un general militar llamado Enrique Monteverde e interpretado por Julio Díaz) a Efraín Rios Montt, el sanguinario dictador que fue responsabilizado de perpetrar crímenes contra la Humanidad durante su mandato presidencial a inicios de los ’80, pero que murió de causas naturales antes de ser condenado. Por ese lado, esta película puede ser vista como una venganza ficticia o un necesario ajuste de cuentas.

“Esa puede ser una primera lectura, pero la lectura real es matar al dictador, al macho todopoderoso, a ese sistema de opresión del que no hemos salido”, afirmó nuestro entrevistado. “Es también poner en su lugar a una generación que no se ganó el respeto que le estamos dando, porque la gente sigue diciendo ‘es cierto que mi padre era racista, machista y homofóbico, pero era bien buena gente’”.

En la vida real, Ríos Montt dejó a una viuda y a una hija que siguen defendiendo la idea de un patriarca que no merece ser visto como un criminal de guerra porque es supuestamente un héroe nacional. “No sé si han visto mi película”, admitió Bustamante, antes de revelar que el trabajo solo se pudo exhibir durante cuatro días en salas de su país debido a la llegada de la pandemia, aunque acaba de salir por allá en línea.

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Pese a lo delicado del tema, el director no ha recibido amenazas directas por contar esta historia, aunque asegura que en cierto momento se le pusieron trabas gubernamentales destinadas a impedir el rodaje. “Ahora todo es mucho más indirecto”, manifestó. “Lo que más me preocupa es que lo que uno hace sigue siendo tomado como un ataque político, ignorando que el arte es un espejo de la sociedad y una expresión particular de quien lo hace”.

En plena posesión

Tal y como sucedía en “Ixcanul”, el nuevo filme le da una generosa participación a la comunidad maya, cuyos representantes aparecen en los roles correspondientes a los empleados domésticos (incluyendo el de Alma), y cuenta además con el importante aval de la activista y ganadora del Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchu; pero en realidad, e incluso más allá de lo que sucede con Monteverde, el personaje decisivo es el de la esposa del mismo general, interpretado magníficamente por Margarita Kenefic.

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“Yo quería transformar a La Llorona desde su lado machista, quitarle eso de que se lamenta porque un hombre la dejó y mata además a sus hijos”, explicó Bustamante. “Tampoco quería presentarla como un monstruo, del modo en que lo ha hecho Hollywood, y por ese lado, me sirvió mucho Drácula, que ha sido representado siempre con un gran nivel de elegancia”.

“Por otro lado, se respetó la idea de que La Llorona es un alma en pena que no puede hacerte nada, pero que en nuestro caso puede poseer a las mujeres que la rodean para buscar en ellas la empatía que necesita para acabar con este sistema falocrático, atacándolas desde sus propios miedos y desde los caparazones que han construido”, prosiguió. “En ese sentido, la que más culpa tiene es la esposa, una cómplice silenciosa del dictador que solo podría cambiar si se le mete alguien al corazón”.

Se estrenará en L.A. la película centroamericana y LGBTQ ‘Temblores’

Bustamante, que vive actualmente entre París y Ciudad de Guatemala, sigue escribiendo historias desde la cuarentena, que lo sorprendió en su país de origen; pero se enfrenta al hecho de que todas ellas involucran a muchos personajes y, por lo tanto, a muchos actores, lo que dificultaría considerablemente su producción en tiempos como los que vivimos.

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“Espero que esto pase pronto, porque no quiero verme obligado a hacer una película con un solo personaje metido en un apartamento”, reflexionó antes de lanzar una risa con dejo de tristeza. “Todos estamos esperando el momento en que podamos volver a estar juntos, sin tener miedo el uno del otro”.


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