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Fernando Ayala le canta a los trabajadores del campo desde su propio surco

El adolescente Fernando Ayala sigue luchando para poder grabar su primer álbum.
( Cortesía)

Hasta ahora, el tema más popular y trascendente de Fernando Ayala es “El mojado”, una pieza musical sobre los trabajadores latinos del campo en el Sur de California que cuenta con un vistoso video grabado en Bakersfield, ciudad en la que reside este talentoso artista de solo 17 años.

“La empecé a escribir mientras participaba en la etapa final de [el ‘reality’] ‘Tengo talento, mucho talento’”, nos dijo el muchacho durante una reciente entrevista. “Yo soy normalmente romanticón, pero como hay que darle a todo y ser versátil, decidí componer un corrido, y qué mejor que basarlo en lo que he vivido y en lo que vi a través de mis padres, unos inmigrantes que vinieron a este país para darle una vida mejor a mis hermanos y a mí”.

“Hay mucha gente en el campo que se ha identificado con la canción, y creo que eso se ha dado porque cuenta algo que pasa en todos los lugares donde hay gente en el campo que no pasa mucho tiempo con sus hijos porque tiene que trabajar todo el tiempo y que hasta fallece en los ‘calorones’ solo para ganar dos o tres dólares más”, prosiguió el joven, quien se encuentra en el último año de la Secundaria y trabaja también en la recolección de frutas y verduras.

Pero el tema musical no habla solo de sufrimientos, porque su mensaje final apunta al progreso personal; de hecho, en el video, el personaje principal termina siendo un abogado. “Bueno, ese no exactamente mi sueño, porque mi sueño es ser un cantautor reconocido y poder sacar a mis padres del campo, aunque a veces los planes de Dios son diferentes y hay que tener una alternativa”, razonó Ayala. “Pase lo que pase, quiero hacer algo que tenga que ver con la música, como ser maestro sino se cumple mi meta principal”.

“El mojado” es un corrido, pero no uno de temática ilegal, como los que siguen contando con una gran popularidad en el entorno de la música regional mexicana. “Nada que ver con los narcocorridos; no digo que sean algo malo, sino simplemente que yo no me quiero meter en eso”, aseguró el artista. “Tengo 17 años y quiero hablar de lo que pasa alrededor de mí, de lo que me sucede”.

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La lucha cotidiana

Como ya lo dijimos, Ayala trabaja también de manera frecuente en los sembríos, lo que lo ha expuesto directamente a las situaciones que atraviesan estos campesinos, y que resultan todavía más apremiantes durante las épocas de calor extremo, como la que se vivió justamente durante el fin de semana del Día del Trabajo en que lo entrevistamos, y que él mismo iba a dedicar a estos menesteres.

“Uno se acostumbra, pero es duro”, afirmó. “He llegado a trabajar con temperaturas de hasta 105 grados, y cerca de donde lo hacía, fallecieron una muchacha de 16 años que estaba embarazada y una señora grande. Es difícil sobre todo [cuando trabajas] en el chile, porque tienes que estar todo el tiempo agachado en la tierra, que también se calienta”.

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Por ese lado, Ayala se siente absolutamente desconcertado ante el rechazo por los inmigrantes que es fomentado por algunos sectores de la sociedad estadounidense. “Es muy triste ver que la gente sea ignorante; sé que puede sonar repetitivo, pero no ves a muchas personas blancas o de piel morena haciendo este trabajo”, expresó. “Todos son de Centroamérica, de México, de Sudamérica. En una cuadrilla, más del 90 por ciento viene siendo indocumentado”.

“[Las personas que critican] deberían de ver lo que están comiendo, y que la gente que lo provee anda de rodillas piscando esa fruta, en medio del solazo, arriesgando sus vidas”, enfatizó. “Sea como sea, hay que echarle ganas y seguir apoyándonos entre nosotros”.

En los últimos meses, la dureza de estas labores se ha incrementado debido a la pandemia del Covid-19. “Por suerte para nosotros, seguimos trabajando, pero sin beneficios del gobierno”, precisó nuestro entrevistado. “Las compañías [que nos contratan] nos exigen el uso de mascarillas y de guantes. Normalmente, no hay ninguna interacción con los compañeros, porque cada uno tiene su surco, pero al salir a traer material o cargar las cajas, ahí sí hay riesgo”.

En el camino

Ayala nació en Irapuato, Guanajuato, pero fue traído por sus padres a los Estados Unidos cuando tenía un año y medio de edad, y ocho años después, ya estaba trabajando en los campos al lado de su familia.

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Fue también en esa época cuando se inició su interés por la práctica musical. “A los 9 años comencé a tocar el clarinete, aunque no me interesaba todavía la música mexicana; logré ocupar la primera silla en todo el distrito por tres años consecutivos”, recordó con orgullo. “Ya en la secundaria, cuando estaba escuchando las canciones de Ricardo Tapia, me invitaron a integrarme a una banda, y después de eso estuve en otra más conocida, donde me dejaban cantar una o dos canciones pese a que me equivocaba y desafinaba todo el tiempo”.

“Me recomendaron entonces que aprendiera a tocar un instrumento [adicional] para que me afinara, y agarré la guitarra, en momentos en que estaba pegando mucho Ariel Camacho, al que empecé a imitar”, prosiguió. “Después estuve en una banda de aquí que se llama La Triunfadora. Durante la primera ‘tocada’ de dos horas, me dieron 20 dólares, y yo andaba bien contento con mi primera paga”.

Tras relacionarse con más músicos conocidos, Ayala logró integrarse a una de las agrupaciones del género con mayor reconocimiento en Bakersfield, La Orgullosa; y ese mismo año, después de haber participado cinco veces en audiciones de “Tengo talento, mucho talento”, que se grababa en Los Ángeles, fue finalmente aceptado en el show televisivo.

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“Llegué hasta la final [de la temporada], y después de unos meses, decidí salirme de la banda para formar mi propio grupo norteño, porque estaba ‘canijo’ juntar a quince músicos para hacer una banda”, confesó. “A los 16, tenía mi grupo firme; ya llevamos tres canciones y estamos trabajando en el álbum”.

Claro que todo este proceso se ha visto interrumpido por el coronavirus, que cortó de tajo las presentaciones que había empezado a ofrecer al lado de su primer grupo estable como solista. “Yo creo que recién se podrá regresar a los escenarios a la mitad del siguiente año”, nos dijo con marcado sentido del realismo. “Además, cuando salga la vacuna, la gente no va a ir ‘luego luego’ a los conciertos, porque van a estar preocupados. Va a tomar tiempo. Por ahora, sigo vendiendo ‘cachuchas’ y playeras en mi sitio web para tratar de conseguir los fondos necesarios para grabar el disco”.


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