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ANÁLISIS. Estas son las razones por las que la ‘Mafalda’ de Quino permanecerá por siempre

Una representación del personaje de Mafalda en la ciudad de Mendoza, Argentina.
(EFE)

Debido a su enorme calidad humorística y al carácter internacional de su mensaje, “Mafalda”, la creación mayor del recién desaparecido Quino, no fue solo argentina, pese a que su protagonista era un personaje creado por un argentino que vivía en Argentina y que hablaba como argentina, al igual que los numerosos personajes que la rodeaban.

En cierto sentido, podría ser comparada con “El Chavo del Ocho”, que conquistó y sigue conquistando a personas de toda Latinoamérica, incluso cuando la comparación pueda ofender a algunos debido a que el contenido de esta tira cómica tenía sesgos mucho más intelectuales y refinados que los de la creación mayor de Roberto Gómez Bolaños.

Como sudamericano que soy (de Perú, más precisamente), asumí durante mucho tiempo que la popularidad extrema de estas historietas se limitaba a dicha región; pero lo cierto es que la profunda admiración que se le tenía a su autor en México ha quedado demostrada en las últimas horas con las numerosas muestras de pesar exhibidas por personalidades relevantes de ese país.

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Es el caso, por ejemplo, de Alejandra Frausto, Secretaria de Cultura, quien acudió a Twitter para dar a conocer un extenso mensaje en el que califica al fallecido como “humorista inigualable, creador de la insuperable #Mafalda y titán del arte gráfico latinoamericano”.

La conexión azteca

Como leo ahora, la fama de Mafalda en la nación vecina llegó a un punto tal que se instauró en cierto momento una leyenda urbana en la que se hablaba de un supuesto ejemplar impreso en el que ella moría, aunque quienes han escuchado el rumor no se ponen de acuerdo todavía si lo hacía tras ser atropellada por un camión de la policía, uno del ejército o uno que transportaba sopa, el alimento más odiado por la ‘víctima’.

No hay que olvidar tampoco que Quino (que nunca mató a Mafalda, por si acaso) manifestó ser un gran admirador de Rius, el legendario caricaturista michoacano que nos dejó en el 2017 y cuyos trazos desprolijos tienen sin duda que ver con el estilo del artista argentino, aunque sus profundos intereses sociales (es decir, otra característica del gaucho) se inclinaron siempre hacia una posición abiertamente izquierdista que no fue tan directa en el arte del recién fallecido.

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Hay que tomar en cuenta que la tira argentina se publicó a partir de 1964, es decir, en medio de la explosión de los ideales progresistas de la época, y que concluyó oficialmente en 1973, es decir, tres años antes del golpe de estado de las Fuerzas Armadas que instauró una sangrienta dictadura cuyos dirigentes no se preocuparon por censurar a “Mafalda”, como sí lo hicieron en cambio de modo insólito con un clásico tan apolítico como “El Principito” de Exupery.

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Y es que, con la estrechez mental que los caracterizaba, estos militares consideraron aparentemente que “Mafalda” era una obra infantil inofensiva, cuando la niña de clase media que la estelarizaba tenía ideas progresistas que incluían proclamas feministas, una marcada solidaridad con los pobres y una vocación por el cambio social obviamente opuesta al régimen represivo de Videla y Cía., aunque ella misma desconfiaba profundamente de los chinos.

La otra vecindad

Por otro lado, Mafalda no era la única que participaba en las historias y que representaba un modo de pensar determinado. Su contraparte más evidente era Manolito, el hijo del dueño de un almacén de barrio que encarnaba a un despiadado capitalista en potencia y que, además, actuaba como todo un conservador, como lo manifestaba en parte su desprecio por los Beatles, el grupo favorito de Mafalda.

La muerte del humorista gráfico Joaquín Salvador Lavado “Quino”, a los 88 años, dejó este miércoles huérfanas a las miles de personas que adoptaron a la entrañable Mafalda como una más de la familia, sin olvidar a Manolito, Susanita y Felipe y a todos los personajes con los que el dibujante argentino dio la vuelta al mundo a lo largo de casi seis décadas.

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Pese a ello, Manolito era demasiado ‘pueblerino’ para Susanita, la pequeña rubia, pretenciosa y antipática que daba muestras de racismo y cuya mayor ambición en la vida era casarse, de ser posible con Felipe, un niño despistado, inocente y obsesivo que, salvo mejor parecer, es el segundo personaje favorito de la serie.

Por su lado, Miguelito era más complejo, pero su admiración irracional por Mussolini siempre me espantó; y la cuadrilla infantil se completaba con un personaje realmente fascinante, el de Libertad, cuyos postulados sociales eran más radicales que las de Mafalda, pero que no era capaz de articularlos adecuadamente. En realidad, su presencia es la que suscita mayor sorpresa ante la falta de censura posterior a la obra entera por parte de los militares de ultraderecha.

“Mafalda” (la tira) me llamó la atención desde que pude leerla, siendo todavía un niño, a través de unos libritos recopilatorios que salieron antes que los grandes volúmenes antológicos; y lo hizo porque, además de las virtudes ya detalladas, presentaba una versión de la infancia mucho más compleja que la que se ofrecía en otros medios, haciendo de paso que quienes la leíamos con algo de conciencia decidiéramos firmemente hacer en nuestras vidas todo lo que fuera posible para no comportarnos como un Manolito o una Susanita.

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Para finalizar, a pesar de que distintos bandos han utilizado sin autorización alguna fragmentos de las tiras originales para difundir sus propias ideas -ante el disgusto inocultable de Quino-, el mismo artista se negó habitualmente a hablar de política, aunque, hace unos cuantos años, admitió durante una rueda de prensa telefónica que se consideraba un autor “inclinado al socialismo”.


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