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Olvídate de ‘ScarJo’ contra Disney. La lucha de Hollywood por el streaming apenas está comenzando

A woman in body armor in front of a burning landscape
Scarlett Johansson aparece en “Black Widow” de Marvel Studios como Natasha Romanoff.
(Marvel Studios)

Natasha Romanoff -también conocida como Black Widow, la superespía de Marvel interpretada por Scarlett Johansson- podría haber encontrado su final en “Avengers: Endgame”.

Pero la demanda de Johansson contra Walt Disney Co. podría tener un legado inmortal en Hollywood por la forma en que pone de manifiesto una creciente lucha entre los estudios y el talento.

La batalla de Johansson con el gigante del entretenimiento de Burbank -en la que argumenta que fue estafada por la decisión de Disney de vender la película en Disney+ mientras estaba en los cines- es el último y más destacado ejemplo de un debate que ha estado hirviendo bajo la superficie en la industria del entretenimiento. Disney dice que su caso no tiene fundamento.

La cuestión más importante a la que se enfrentan los estudios, los servicios de streaming y las agencias de talentos: ¿Cómo se debe pagar a las estrellas y a los cineastas por las películas y los programas de televisión ahora que el modelo de la industria está cambiando rápidamente de uno basado en la taquilla y los índices de audiencia de la televisión a uno que depende de las suscripciones en línea? Estas cuestiones podrían alimentar las polémicas negociaciones de contratos en 2023 con los principales sindicatos de Hollywood.

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“Las batallas que están librando las estrellas y los participantes en torno a ‘Black Widow’ y HBO Max son, en muchos aspectos, solo la punta del iceberg”, dijo en un comunicado Russell Hollander, director ejecutivo nacional y jefe negociador de Directors Guild of America.

La película se estrenó simultáneamente en cines y en Disney + por $30. A las estrellas les preocupa que estos lanzamientos estén mermando su sueldo.

Durante décadas, las grandes estrellas y los cineastas han hecho fortuna, sí, cobrando importantes sueldos, pero también negociando lucrativos acuerdos que podían dar lugar a ganancias inesperadas si sus películas o programas tenían éxito.

Estos pagos se conocen como “backend”. En el caso de las películas, esto significa obtener una parte de los beneficios o primas de taquilla cuando la cinta alcanza ciertos niveles de rendimiento. En el caso de la televisión, los pagos de un acuerdo de sindicación, una vez que el programa alcanza los 100 episodios, eclipsan fácilmente los honorarios de los creadores durante la producción.

Pero la revolución del streaming -acelerada por la pandemia del COVID-19- ha alterado esas normas. Lo más común es que Netflix pague a los creadores el coste de la producción, más una prima negociada, comprando los derechos de cualquier ingreso secundario por adelantado.

WarnerMedia pagó más de 200 millones de dólares en conjunto a algunos cineastas de alto perfil y a las estrellas para compensar la pérdida de participación en los beneficios cuando la empresa decidió poner todas sus películas de 2021 en el servicio de streaming HBO Max sin coste adicional para los consumidores.

En los primeros años de Netflix, los acuerdos de compra fueron vistos por algunos cineastas como una especie de seguro en un entorno incierto. Recibían un pago sustancial tanto si las películas eran éxitos como si eran fracasos, aunque esto limitaba sus ganancias. Ahora, sin embargo, las estrellas tienen menos influencia en la taquilla que antes. Y mientras los precios de las acciones de las compañías suben con la incorporación de suscriptores de streaming, hay un consenso creciente entre agentes y abogados de que el talento no está recibiendo lo que debería cuando su contenido atrae a los espectadores.

Jamice Oxley, abogada de la industria del entretenimiento en Pryor Cashman, dijo que hay una nueva sensación de ansiedad en torno a los acuerdos.

“Es una conversación continua sobre cómo ser justos por ambas partes durante la pandemia y en un momento muy, muy complicado en la industria del entretenimiento, donde las empresas se están fusionando y los consumidores dictan el futuro”, expuso Oxley.

Las disputas por el talento en la industria del entretenimiento se remontan a la Edad de Oro de Hollywood, cuando los estudios controlaban tanto la producción como la distribución y los actores tenían contratos a largo plazo. En la década de 1940, la estrella de “Gone With the Wind”, Olivia de Havilland, insatisfecha con los papeles que obtenía en Warner Bros., demandó con éxito al estudio cuando este intentó mantenerla bajo contrato, en un caso que dio lugar a un dictamen conocido como la Ley de Havilland.

En los años 50, el agente de Jimmy Stewart, Lew Wasserman, encabezó la idea de que las estrellas recibieran una parte de los beneficios de la película en lugar de una tarifa fija.

“Durante la época de los estudios, todas las estrellas, grandes y pequeñas, recibían cheques semanales; eran empleados”, dice el profesor de cine de la USC Jason E. Squire, editor de “The Movie Business Book”. “Esto se transformó en una variedad de diferencias y fórmulas muy complicadas y matizadas según el poder de negociación”.

Disney criticó este jueves la denuncia que Scarlett Johansson presentó en su contra por el estreno simultáneo en cines y “streaming” de “Black Widow” (2021) y acusó a la actriz de ignorar el contexto excepcional de la pandemia del coronavirus.

Los cineastas han luchado a menudo contra la “contabilidad de Hollywood”, en la que los estudios y las cadenas pueden hacer que programas y películas de gran éxito parezcan poco rentables sobre el papel, privando a los creadores de una compensación posterior.

La integración vertical de las cadenas de televisión y las productoras ha dado lugar a una oleada de demandas de productores que argumentan que los estudios hacen tratos de favor con las cadenas afiliadas, dándoles menos dinero del que podrían haber recibido si el programa se hubiera vendido en el mercado abierto. El mes pasado, AMC Networks llegó a un acuerdo de 200 millones de dólares para poner fin a una larga batalla judicial con el guionista Frank Darabont sobre la participación en los beneficios de “The Walking Dead”.

El mes pasado, el actor Gerard Butler demandó a los productores de la película “Olympus Has Fallen”, entre ellos Millennium Films Inc. con sede en Los Ángeles, alegando que se le debían al menos 10 millones de dólares en concepto de indemnización.

Algunos conocedores ven ecos del pasado en las batallas actuales del streaming. Empresas como Netflix y WarnerMedia han llegado a acuerdos globales de nueve cifras por varios años con los directores de programas a fin de mantener sus proyectos en casa para sus servicios de streaming.

Jeffrey Finkelstein, socio del bufete de abogados de Los Ángeles, Del Shaw, Moonves, Tanaka, Finkelstein & Lezcano, que representa a los talentos, ve sorprendentes similitudes con el Hollywood de los primeros tiempos.

“Creo que vamos a cerrar el círculo en el punto de partida de la industria de hace 100 años, y volveremos a ver el auge de los actores contratados por los estudios”, afirma Finkelstein.

No solo los actores y directores famosos están involucrados en la lucha por el dinero del streaming.

A medida que el streaming se impone al modelo tradicional de televisión, los estudios están encargando temporadas más cortas y los guionistas, actores y directores afirman que también están perdiendo los ingresos de lo que habría sido la sindicación o la reventa de sus programas.

Estas preocupaciones estuvieron a punto de provocar una huelga de guionistas en 2017, una década después de la anterior.

Los líderes del sindicato de Hollywood siguen de cerca los acontecimientos, que podrían influir en las negociaciones de los contratos de 2023.

“Creativamente, es una especie de “oeste salvaje”: puedes hacer lo que quieras y encontrar un nicho para ello, pero financieramente es como una emergencia lo que está pasando”, dijo Meredith Stiehm, presidenta entrante del Writers Guild of America West y creadora de la serie de CBS “Cold Case”.

Los negociadores de los mejores talentos presionan cada vez más para que los contratos aborden cómo se compensará mejor a los creativos cuando una película o serie se convierta en un éxito en el streaming.

Una idea es pagar a los artistas un porcentaje de los ingresos de las suscripciones en función de la audiencia, de forma similar a la manera en que Spotify y otros servicios musicales pagan a las discográficas. Otra opción es ofrecer bonificaciones en función de los índices de audiencia o del número de suscriptores que se suscriban a la película o serie en cuestión. Los actores que trabajen con productores que vendan sus cintas a los servicios de streaming podrían obtener un porcentaje de la tarifa alcanzada por la venta de los derechos de distribución. Pero estas opciones tal vez darían lugar a un pago menor que el de la taquilla.

“Los acuerdos tienen que ponerse al día con las nuevas realidades de nuestro mundo y ya han empezado a hacerlo”, dijo el abogado especializado en entretenimiento Jake Levy, fundador de Levy Law, que representa a productores y compañías de producción. “Ciertamente, este pleito [entre Johansson y Disney] animará a que esos contratos se pongan al día con la nueva realidad”.

Un problema importante, sin embargo, es que los productores a menudo no saben qué tan bien les va a sus programas. Las métricas son notoriamente poco transparentes en el negocio del streaming, especialmente en comparación con la medida mucho más objetiva de las recaudaciones de taquilla. Hace poco que Netflix ha empezado a hacer públicas las cifras de audiencia de algunos programas. Otros siguen ocultando los datos de programas individuales.

Una forma de obtener información es a través de litigios, dijo Oxley. “Vamos a tener que ver cómo los streamers publican algunas de sus cifras para crear realmente un modelo económico en torno a las suscripciones y cómo se correlacionan con el lanzamiento de un producto en particular”, expuso.

Dan Rabinow, codirector del departamento literario de cine de CAA, señaló que en el pasado se han producido grandes interrupciones tecnológicas y los artistas siempre han acabado cobrando. Rabinow representa al director de “Godzilla vs. Kong”, Adam Wingard, a Jordan Peele y a Sacha Baron Cohen. Su agencia también representa a Johansson.

“Tiene que haber una conversación honesta y justa sobre el valor en todos los ámbitos. Los artistas están creando un gran valor para estas empresas y deben ser compensados”, manifestó Rabinow.

La pandemia ha aumentado estas tensiones.

Disney tomó la decisión de estrenar “Black Widow” en Disney+ cuando la taquilla mundial se enfrentaba a una gran incertidumbre a causa del COVID-19. La propagación de la variante Delta ha aumentado la preocupación. WarnerMedia ha dicho que su decisión de trasladar las películas a HBO Max fue una reacción ante la crisis de salud pública, aunque Warner Bros. planea hacer largometrajes directos para streaming el próximo año y más adelante.

"¿Cómo se crea un sistema de compensación cuando el ecosistema económico subyacente de una industria cambia cada año?”, dijo Lindsay Conner, abogada de Manatt, Phelps & Phillips. “La única respuesta es que hay que pensar con un enfoque a más corto plazo”.

Incluso en comparación con la serie de feos litigios del mundo del espectáculo, la disputa Johansson-Disney ha sido inusualmente desagradable.

En su demanda, Johansson alegó que Disney provocó un incumplimiento de su contrato, diciendo que prometió un estreno exclusivo en cines para “Black Widow”. La demanda incluía extractos de correos electrónicos del abogado de Marvel en 2019 diciendo que “todo su acuerdo se basa en la premisa de que la película se estrenaría ampliamente en los cines como nuestras otras cintas”.

Disney negó haber interferido en el contrato de Johansson y respondió con un comunicado que levantó ampollas y calificó la demanda de “especialmente triste y angustiosa en su insensible desprecio por los horribles y prolongados efectos globales de la pandemia de COVID-19" y reveló que Johansson ya había ganado 20 millones de dólares con la película.

Los críticos de Disney, entre ellos Time’s Up, Women In Film y ReFrame, describieron su respuesta a Johansson como “de género” y personal, una caracterización que personas cercanas a la empresa han negado enérgicamente.

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El abogado de Johansson, John Berlinski, criticó la respuesta de Disney en un comunicado enviado a The Times.

“Habiendo mostrado su verdadera cara al arremeter con un ataque personal intimidatorio y misógino contra Scarlett Johansson, Disney ha recurrido a su equipo legal en un intento desesperado de rehabilitar su imagen”, manifestó Berlinski.

Daniel Petrocelli, que representa a Walt Disney, dijo que la empresa pedirá al tribunal que desestime la demanda en favor del arbitraje. Petrocelli calificó la demanda de Johansson como “un intento de evitar el requisito de arbitraje del contrato”. También señaló que el contrato de Johansson no garantiza un estreno exclusivo en salas, sino que solo exige que la película se estrene ampliamente en los cines.

“No hay ningún requisito en el contrato para un estreno exclusivo en salas, pero si la película se estrena en salas, debe exhibirse en no menos de 1.500 pantallas. Disney ha superado ampliamente este requisito al estrenar “Black Widow” en más de 30.000 pantallas en todo el mundo”, dijo Petrocelli.

Y añadió: “Se seguirá viendo cómo los estudios mantienen el control de la distribución, especialmente dada la necesidad de flexibilidad para adaptar sus modelos de distribución a la evolución de las condiciones del mercado”.

La escritora del Times Meg James contribuyó a este informe.

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