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Entretenimiento

‘First Man’ combina técnicas antiguas y la nuevas tecnologías para recrear la llegada del hombre a la Luna

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El X-15 montado delante de la pantalla LED (el director de fotografía Linus Sandgren, detrás) en “First Man” (Daniel McFadden).

(Los Angeles Times)

En cámara. En cámara. En cámara. Para el diseñador de producción Nathan Crowley, el resumen creativo de “First Man” no pudo haber sido más enfático cuando el director Damien Chazelle expuso su idea para filmar el programa espacial de la NASA en la década de 1960.

Crowley, quien ganó cuatro nominaciones al Oscar como diseñador preferido de Christopher Nolan en películas como “Interstellar” y “Dunkirk”, abrazó con entusiasmo la estética analógica. “A lo largo de los años”, dice, “me he interesado mucho más en crear entornos que utilicen herramientas físicas, platós físicos, técnicas físicas, en lugar de simplemente usar una pantalla verde y hacer que todo funcione creado por computadora (CGI)”.

La agitada secuencia de apertura del film, que recrea el vuelo de prueba de Neil Armstrong en 1961, ejemplifica la estética del diseño de inmersión total de Crowley.

“Fui a la Base de la Fuerza Aérea Edwards, en el desierto de California, para ver dónde había ocurrido realmente el evento”, cuenta él, hablando por teléfono desde su casa en Nueva York. “Tenían una maqueta del X-15 en un pedestal y de repente se hizo evidente para mí: Esto no es un avión. Es un misil balístico con una cabina en un extremo. La parte superior de la cubierta sostiene la cabeza del piloto en posición porque, de lo contrario, se rompería el cuello”.

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Ryan Gosling, quien encarna a Armstrong, se sentó en el interior de la réplica del X-15 de Crowley y compañía, que se sacudía en un cardán de un estudio. Las imágenes de retroproyección mostraban vistas panorámicas de la estratósfera, mientras que un bombardero B-52 a escala de un 80% flotaba fuera de la ventana. “Mover la cámara en este entorno físico restringido permite a las personas en la audiencia comprender ‘esto es aterrador’”. 

La cápsula Gemini 8, lanzada en 1966, también impresionó a Crowley con su modestia de escala cuando estudió los manuales de la NASA y visitó el Centro Espacial Kennedy, en Florida.

“Al recrear el interior con todos sus elementos, queríamos que pareciera como si uno entrara en un ataúd cuando la puerta se cierra, y se escuchan viejos cerrojos, acero, chirridos y crujidos”, explica Crowley. “La gente a menudo ve estas misiones de una manera romántica, pero la realidad fue todo lo contrario. Fue sudor y agallas, pernos y suciedad”.

Para fabricar las réplicas de naves espaciales en miniatura y de tamaño completo presentadas en “First Man”, 16 impresoras 3-D alojadas en un estudio de Atlanta funcionaron durante todo el día para producir piezas.

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Los artesanos usaron las habilidades tradicionales de Hollywood para terminar las superficies, al estilo de la vieja escuela. “Imaginemos construir un set con un montón de madera contrachapada”, dice Crowley.

“Este fue básicamente el mismo proceso, excepto que en lugar de los carpinteros teníamos fabricantes de moldes. Usamos geniales pintores escénicos, yeseros y especialistas en metal que agregaron pequeñas cosas. Contraté a Ian Hunter, quien dirigió la última tienda de miniaturas en EE.UU., y usó todos los trucos conocidos.

“Producir las miniaturas junto con piezas a gran escala fue muy útil, porque necesitábamos que ambas versiones lucieran exactamente iguales”, agregó.

Mientras que los artesanos produjeron todo, desde el “girador multieje” al revés, hasta el meticulosamente detallado cuartel general de control de la misión, Crowley pospuso su desafío de diseño más fuerte: el sitio de alunizaje del Apolo 11. “Como diseñador”, comenta, “aprendí que a veces tienes que dejar que las cosas estén en tu mente por un tiempo hasta que se presente una respuesta. De repente, una puerta se abre y te deja entrar”.

En “First Man”, la puerta hacia el paisaje lunar de aspecto real la abrió un gerente de locaciones de Atlanta, que alertó al diseñador británico de una cantera en las afueras de la ciudad. “Los lugareños se llevaron toda su maquinaria”, recuerda Crowley. “Cubrimos todo el fondo para ocultar los árboles y creamos un sitio desierto y gris. Luego esculpimos la luna”.

Llenando de polvo la superficie con pedacitos de papel C90 teñidos de gris —que normalmente se usan como nieve falsa en las películas—, los realizadores imitaron Tranquility Base, del Apollo 11, que se hizo emblemática durante el alunizaje televisado de 1969.

“Nuestro departamento de verdes pasó dos semanas colocando esos pequeños baches, cráteres y rocas en el lugar correcto. No quería que nadie en la audiencia lo cuestionara: ¡Hemos aterrizado en la luna!”, dijo Crowley.

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El cineasta ganador de un Oscar Damien Chazelle ("La La Land") dirige a Ryan Gosling en el plató de "First Man" (Daniel McFadden / Universal Studios y DreamWorks).

(Los Angeles Times)
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Cuando terminó la producción, Crowley había cumplido el mandato “en cámara” para casi todos los fotogramas del film. “Sentí que habíamos vuelto a las viejas técnicas que tanto amaba cuando comencé", expuso.

Y agrega: Recuerdo que trabajé en ‘Drácula, de Bram Stoker’ donde abordamos técnicas antiguas como proyecciones en la pantalla trasera. Hemos hecho lo mismo también en ‘First Man’, excepto que ahora la proyección trasera usa luces LED, que tienen un brillo y una luminosidad que permiten que la cámara lea todo a la perfección. En ‘First Man’, todo se trata de técnicas antiguas y nuevas tecnologías, lo cual es bastante extraño.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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