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¿Qué tan malo será Ómicron? Los científicos no lo sabrán por meses

Un trabajador médico usa guantes de plástico en una clínica de detección temporal
Un trabajador médico usa guantes de plástico en una clínica de detección temporal de coronavirus, en Seúl. Mientras el mundo se prepara para la variante Ómicron, los científicos todavía intentan responder preguntas básicas que los ayuden a pronosticar su impacto.
(Lee Jin-man / Associated Press)

(Lee Jin-man / Associated Press)

En un virus que ya mató a 5.2 millones de personas en todo el mundo, unas 50 mutaciones nuevas suenan como pesadilla global. Pero en la antigua batalla entre los microbios y la humanidad, muchos cambios genéticos pueden modificar el rumbo en cualquier dirección.

El próximo capítulo de la pandemia podría presentar una variante Ómicron, que se propaga más fácilmente que Delta, supera las defensas de un sistema inmunológico completamente vacunado y, al igual que su primo coronavirus que causa el síndrome respiratorio de Oriente Medio, mata a más de un tercio de aquellos que se infectan. Ese escenario sería un desastre insondable, remarcó el Dr. Bruce Walker, inmunólogo y director fundador del Ragon Institute, en Cambridge, Massachusetts.

En el otro extremo de un amplio espectro de posibilidades, la humanidad podría tener un respiro. Ómicron podría resultar una variante benigna, que se propaga tan rápido como Delta, es fácilmente domesticada por las vacunas y apenas enferma a sus víctimas mientras las deja con algo de inmunidad y poco riesgo de desarrollar “COVID prolongado”. En ese caso, “la naturaleza puede haber creado una vacuna natural”, señaló Walker.

Pero tomará semanas y meses -y el trabajo de una legión de científicos en todo el mundo- comenzar a saber si la variante Ómicron cambiará el curso de la pandemia y cómo.

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En los últimos días de 2021, microbiólogos, inmunólogos y científicos genéticos ofrecerán información clave temprana sobre la inclinación de la variante por la propagación y su capacidad de frustrar tratamientos y vacunas en los confines de un laboratorio.

Se necesitará hasta principios de 2022 para que los equipos de rastreo de contactos y los epidemiólogos completen la imagen emergente con datos del mundo real sobre quién enferma con Ómicron y el alcance de sus casos. Luego, los modeladores matemáticos agregarán lo que se sabe, completarán lo que no se conoce y pronosticarán una variedad de resultados.

“Hasta que esos fragmentos de evidencia comiencen a solidificarse, todo lo que tenemos son suposiciones”, remarcó el Dr. Joshua Schiffer, especialista en enfermedades infecciosas del Fred Hutchison Cancer Research Center, en Seattle, “y las suposiciones no son útiles”.

El impacto de la variante Ómicron “realmente necesita ser evaluado de manera sistemática, observando a un gran número de personas”, añadió el especialista. “Esto llevará un poco de tiempo”.

Una vez más, los próximos meses brindarán al público una lección tanto sobre la ciencia de la incertidumbre como acerca de la incertidumbre de la ciencia. Al igual que un rompecabezas, la imagen completa del impacto de Ómicron emergerá solo en piezas.

Casi dos años después del inicio de la pandemia, los científicos deben evaluar nuevamente el virus SARS-CoV-2. Esta vez, tienen una variante cambiada por un número sin precedentes de mutaciones con historias preocupantes. Y están evaluando sus fortalezas y debilidades en una población diversa de huéspedes potenciales, que van desde no infectados y completamente susceptibles hasta vacunados e inmunizados.

“Hay tantos móviles”, consideró el Dr. Jonathan Li, un especialista en condiciones infecciosas de Harvard, que dirige el laboratorio de virología en el Brigham and Women’s Hospital, en Boston.

Es posible que la detección de Ómicron coincidiera con un brote aislado o un evento de superpropagación que llevó a los científicos sudafricanos a intensificar su colección de muestras de coronavirus viral.

Si Ómicron no logra ganar más puntos de apoyo a medida que aterriza en una gama más amplia de lugares, su aparente papel en el impulso del reciente brote de Sudáfrica puede resultar un caso de mala atribución, comentó Schiffer.

Ahora que se ha detectado la variante Ómicron en varios países, se pondrán a prueba sus poderes de transmisión. Si se descubre que está ganando terreno, el próximo desafío para los científicos será determinar si su mayor propagación es una función de alguna ventaja biológica innata que la ayuda a propagarse de persona a persona y si está especialmente equipada para evadir las defensas de quienes obtuvieron inmunidad de una vacuna o infección pasada.

Una revisión superficial de la constelación de mutaciones de Ómicron genera profundas preocupaciones en ambos frentes. “Esta variante parece tener algunos de los mayores éxitos cuando se trata de mutaciones”, comentó Li.

Muchas de ellas están muy concentradas a lo largo de una cadena de código genético que gobierna la forma y el comportamiento de la proteína de pico, que el virus usa para adherirse a las células humanas. Hay dos mutaciones en un sitio que el virus usa para abrirse camino en esas células y secuestrarlas para su propia replicación. Y se han visto varias más en otras variantes que son capaces de evadir anticuerpos producidos por el sistema inmunológico en respuesta a vacunas e infecciones previas.

Eso es solo el comienzo. “No es nada más la gran cantidad de mutaciones” lo que preocupa, remarcó Li. Es la amplitud con la que se encuentran dispersos en el genoma del virus y la variedad de funciones que tienen el potencial de cambiar: “Simplemente tiene muchas mutaciones, por todas partes”.

Si Ómicron se establece fuera de África meridional, los científicos deberán evaluar las contribuciones relativas del aumento de la transmisibilidad de la variante y su capacidad para dominar un sistema inmunológico preparado. Esos hallazgos ayudarán a orientar los próximos pasos, incluida una posible renovación de las medidas de salud pública, la reformulación de vacunas de ARNm y refuerzos diseñados específicamente para frustrar la nueva variante. Los fabricantes de vacunas Pfizer y Moderna han dicho que podrían preparar tales vacunas en solo unos meses.

Con estudios de laboratorio como guía de sus intuiciones, los científicos deberían encontrar relativamente sencilla la tarea de separar el aumento de la transmisibilidad del llamado escape inmunológico. Si las nuevas infecciones relacionadas con Ómicron ocurren principalmente en personas no vacunadas, parecería estar en juego una mayor transmisibilidad. Si es tan probable que ocurran nuevos contagios en quienes han sido vacunados como en aquellos que no, los científicos podrían concluir que la variante encontró su camino alrededor de los anticuerpos destinados a bloquearla.

Pero ese análisis aparentemente sencillo se verá complicado por varios factores. Las vacunas contra el COVID-19 disponibles en todo el mundo han variado ampliamente en su capacidad para bloquear una reinfección.

La baja de la inmunidad inducida por la vacuna ha arrojado otro comodín a la mezcla. Si una persona vacunada se enferma con Ómicron, no estará necesariamente claro si la variante rompió las defensas de la vacuna o si esas defensas ya habían descendido por sí solas.

Si resulta que las vacunas no detienen fácilmente a Ómicron, el mundo volvería a encontrarse en el punto de partida, consideró el Dr. Charles Chiu, especialista en enfermedades infecciosas de UC San Francisco.

Pero puede ser necesario más que eso para que la variante cause estragos, agregó. La variante Beta, vista por primera vez en Sudáfrica, y la Gamma, en Brasil, demostraron la capacidad de evadir las defensas de las vacunas, prosiguió Chiu. Pero cuando compitieron cara a cara contra la variante Delta, altamente transmisible en Estados Unidos y en otros lugares, no ganaron mucha tracción. La lección: incluso si Ómicron es experta en superar las vacunas, su impacto se atenuará si no puede derrocar a Delta.

La prueba final de los poderes de Ómicron para empeorar la pandemia será comprender si puede enfermar más a la gente y causar mayor cantidad de muertes que sus predecesoras. Si es más transmisible y más virulenta, el resultado sería desastroso, comentó Walker. “Esa es la pregunta más importante que hay que responder”, enfatizó.

Pero los científicos deberán tener paciencia. Por lo general, se necesitan al menos un par de semanas de enfermedad para que una persona infectada se agrave lo suficiente como para ser trasladada a cuidados intensivos, o muera, comentó Walker. Y los científicos tendrán que fusionar los datos clínicos con la secuenciación genética para saber si las mutaciones de Ómicron son las responsables.

Según Tulio de Oliveira, el genetista sudafricano líder del equipo que identificó la variante Ómicron, los científicos de toda África trabajarán febrilmente para recopilar esos datos durante las próximas semanas. El experto sospecha que mayores poderes, tanto de transmisión como de escape inmunológico, pusieron a Ómicron en el centro de atención mundial. No obstante, es reacio a hacer predicciones sobre la capacidad de la variante para enfermar. “Las próximas semanas son cruciales”, destacó.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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