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Internacional

La foto de Río Grande que capturó el trágico final de un padre y su hija migrantes

Los cuerpos del migrante salvadoreño

Los cuerpos del migrante salvadoreño Oscar Alberto Martínez Ramírez y su hija Valeria, de casi dos años, yacen en la orilla de Río Grande, en Matamoros, México, el 24 de junio de 2019. (Julia Le Duc / Associated Press)

A veces una imagen es tan poderosa, que capta la atención de inmediato. Eso ocurrió esta semana con una fotografía contundente, de un hombre y una menor muertos, tomada cerca de la frontera de EE.UU y México por la reportera Julia Le Duc.

La foto, que fue publicada originalmente el lunes por el periódico mexicano La Jornada y se hizo viral en las redes sociales, muestra a un migrante y su hija menor de dos años, yaciendo boca abajo en las turbias aguas del lado mexicano de Río Grande. El brazo derecho de la niña descansa sobre la nuca de su padre.

La imagen captó la sombría realidad fronteriza en medio de la creciente desesperación de los migrantes que huyen de la pobreza y el delito en América Central y en otros lugares, que están dispuestos a enfrentar grandes peligros, a veces con sus niños, por la posibilidad de una vida mejor en Estados Unidos.

El hombre de la fotografía, Oscar Alberto Martínez Ramírez, de 25 años, salió de El Salvador el 3 de abril junto con su esposa de 21 años, Tania Vanessa Avalos, y la hija pequeña de ambos, Valeria, según relataron sus parientes a varios medios. La familia había huido en busca de mejores oportunidades económicas y de seguridad.

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La pareja primero solicitó asilo en el sur de México, pero luego decidió intentar llegar a Estados Unidos. Cuando arribaron a la frontera, durante el fin de semana, les dijeron que no podían cruzar debido a la política de “medición” del gobierno de Trump, que permite que sólo unas pocas docenas de migrantes busquen asilo en los cruces oficiales cada día.

Según reportó Le Duc para La Jornada, la familia, frustrada, decidió cruzar por el río que separa a EE.UU y México, el domingo, y entregarse a las autoridades fronterizas.

Martínez nadó con Valeria primero, y dejó a la niña en el lado estadounidense. Cuando comenzó a regresar por su esposa, la niña entró en pánico y se arrojó al río. Martínez trató de rescatarla y logró llegar a ella, pero finalmente ambos se ahogaron.

Sus cuerpos fueron descubiertos el lunes por la mañana cerca de Matamoros, México, frente a Brownsville, Texas, a menos de una milla de un puente fronterizo internacional.

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Cientos de migrantes mueren mientras intentan llegar a Estados Unidos cada año. Se ahogan en el veloz Río Grande, perecen en el sofocante desierto de Sonora o se asfixian en la parte trasera de vehículos tráiler conducidos por traficantes de personas. La mayoría de esos decesos pasan desapercibidos en Estados Unidos.

Pero la foto de Le Duc se volvió viral y llegó a la portada del New York Times el miércoles; para algunos, remarca las políticas de inmigración cada vez más inhumanas en este país.

Desde que asumió la presidencia, en 2017, Trump ha tratado de dificultar para todos los inmigrantes, incluidos los que buscan asilo, el arribo a Estados Unidos. Junto con la medición y una política breve que separó a miles de niños migrantes de sus familias, el año pasado, en el transcurso de los primeros seis meses de 2019 su administración envió a más de 17.000 solicitantes de asilo a México, para que esperen allí las audiencias de sus casos.

Varios candidatos presidenciales demócratas expresaron su indignación por la imagen. La senadora de California Kamala Harris tuiteó que era “una mancha en nuestra conciencia moral”; el ex representante Beto O’Rourke, de Texas, también recurrió a Twitter para afirmar: “Trump es responsable de estas muertes”.

En México, donde las encuestas muestran que las actitudes hacia los migrantes se han endurecido en los últimos meses, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo en su conferencia de prensa de la mañana del martes que los fallecimientos son “muy lamentables”.

Mientras la fotografía generaba más atención, algunos observadores debatieron la conveniencia de publicar tal imagen explícita. En un comunicado, la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos expuso que la entidad estaba “perturbada y preocupada” por la decisión de la agencia Associated Press (AP) de publicar la foto a través de un tuit. “Los hombres, las mujeres y los niños cruzan la frontera todos los días, a menudo escapando del terror con la esperanza de una vida mejor, sabiendo el peligro que les espera cuando intentan hacer el largo viaje a Estados Unidos”, sostiene la declaración. Usar la imagen “busca aprovechar una situación para el sensacionalismo”, dijo.

Mario Carrillo, director del grupo activista de inmigrantes America’s Voice, aseveró a través de Twitter que el uso de la fotografía era demasiado para él. “Estoy tan desgarrado por el beneficio de usar la imagen”, afirmó. “¿Necesitamos ver la foto para entender lo horrible que es? No lo creo”.

La práctica de publicar imágenes explícitas de fallecidos, en particular de personas que no provienen de Estados Unidos, ya provocó reacciones violentas en el pasado. Por ejemplo, después de que el New York Times publicara fotografías de víctimas de un ataque terrorista en Nairobi, Kenia, en enero pasado, algunos críticos consideraron que el periódico y otros medios noticiosos de EE.UU no darían a conocer fotos explícitas después de un ataque en Estados Unidos o en cualquier otro lugar de occidente.

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A muchas personas, la imagen de padre e hija fallecidos les recordó a otra similar tomada en 2015, del cuerpo sin vida de un refugiado sirio de tres años, que yacía boca abajo en la playa. El niño, Aylan Kurdi, murió en el mar Mediterráneo después de que el barco que lo llevaba a él y su familia hacia Grecia volcara.

La foto ayudó a llamar la atención sobre la crisis humanitaria en Siria y la lucha de los refugiados que quieren llegar a Europa. También generó un récord de donaciones para ayudar a grupos que trabajan en esos temas, según un estudio que examinó el impacto a largo plazo de la imagen. Sin embargo, las donaciones cayeron rápidamente.

“La imagen icónica de un niño sirio muy pequeño, que yacía boca abajo en una playa, despertó al mundo por un breve momento; atrajo la atención necesaria sobre la guerra y la situación de sus muchas víctimas”, remarcó el estudio. “Pero esta respuesta empática fue de corta duración”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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