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Buscan capacitar a hombres en Brasil para frenar la violencia doméstica

Buscan capacitar a hombres en Brasil para frenar la violencia doméstica
Ricardo Serafine, a la izquierda, toma la mano de Reginaldo Bombini, un facilitador de un grupo de terapia para hombres que cumplen sentencias por violencia doméstica. (Flavio Forner / Especial para el Times) (Los Angeles Times)

Para Fabio Alberto Alves, hablar sobre los sentimientos era algo que sólo hacían las mujeres.

Pero el juez había sentenciado al maquinista de 53 años a una terapia de grupo para hombres condenados por violencia doméstica, por lo que no tenía muchas opciones. Era eso o la prisión.

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Durante las primeras dos sesiones semanales de las 20, no dijo una palabra. Ni siquiera debería estar aquí, pensó. Su esposa de 25 años había exagerado la situación. Estaba borracho cuando la agarró y causó un incidente en su iglesia. Los policías nunca deberían haber estado involucrados.

Luego, en su tercera noche como parte del grupo, se abrió.

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"Estar aquí para mí es como estar con mi familia", dijo. "Me di cuenta que lo que hice estaba mal, pero que nadie está aquí para juzgarme. Cuando estoy aquí, siento que puedo hablar, expresarme".

El cambio de actitud, de indignado y desapegado a cálido y abierto, es lo que buscan los grupos como en el que Alves participa. A medida que Brasil continúa registrando tasas alarmantes de violencia doméstica y feminicidio, terapeutas, fiscales, jueces y activistas de los derechos de las mujeres están de acuerdo en una cosa: si la meta es salvar a las mujeres de convertirse en víctimas, trabajar con los hombres es la respuesta.

La ley brasileña de violencia doméstica de 2006 es considerada una de las mejores del mundo, fue apoyada por el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva y llamada así por María da Penha, una farmacéutica que se convirtió en la voz de las mujeres que sufren abusos domésticos cuando los ataques de su esposo la dejaron parapléjica.

Implementar adecuadamente esta ley, sin embargo, sigue siendo una lucha.

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En un informe anual de este año, Human Rights Watch señala que la policía en Brasil no investiga adecuadamente miles de casos de violencia doméstica cada año y que muchos nunca son procesados. El sistema judicial del país está obstruido, con más de 1.2 millones de casos de violencia doméstica pendientes a partir de diciembre de 2017. Si no se controla, la violencia doméstica a menudo aumenta, teniendo como resultado lesiones graves o muertes.

Un estudio realizado en 2015 por el Instituto Latinoamericano de Ciencias Sociales mostró que más de la mitad de los homicidios en Brasil, donde fueron asesinadas mujeres, ocurrieron en el hogar. Y 2 casos de cada 3, fueron cometidos por compañeros o ex compañeros sentimentales.

Entre 2003 y 2013, el número de mujeres víctimas de homicidio en el país aumentó un 21%.

El pasado enero, 126 mujeres más fueron asesinadas en Brasil, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, una cifra a la que la organización se refirió como "alarmante", en particular porque la mayoría de las mujeres "habían denunciado previamente a sus agresores, sufrieron graves actos de violencia doméstica o sufrieron ataques previos o intentos de homicidio".

En 2015, Brasil criminalizó el femenicidio -el asesinato de mujeres o niñas, generalmente por hombres, debido a su género- y comenzó a imponer sentencias de hasta 30 años a quienes cometen el delito. En 2017, 4.539 mujeres fueron asesinadas, un aumento del 6.1% con respecto al año anterior, informó el Foro Brasileño de Seguridad Pública. El número de homicidios registrados por la policía como femenicidio fue de 1.113, lo que la organización sin fines de lucro cree que es bajo porque los motivos de muchos de los asesinatos fueron inicialmente desconocidos.

El asesinato de mujeres y niñas es parte de una epidemia de violencia muy grande en Brasil. En 2017, según el Foro Brasileño de Seguridad Pública, hubo 63.880 homicidios, una tasa de 30.8 por 100.000 residentes. En comparación con la tasa de 6.2 por 100.000 que tiene EE.UU en ese mismo año, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

En el grupo de Alves en Santo Andre, una ciudad en el área metropolitana de Sao Paulo, los hombres se dividen en grupos más pequeños, dependiendo de cuánto tiempo han sido parte del programa. Llamado 'E Ágora, ¿José ?', o '¿Qué pasa ahora, José ?', por un poema del poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade sobre la soledad, el sentimiento de abandono y la falta de esperanza o camino en la vida; trabaja con los hombres, que han sido sentenciados por la ley de violencia doméstica, con temas como ideologías misóginas, sexistas y patriarcales a través de sus experiencias cotidianas.

Los derechos de las mujeres, la masculinidad y la forma en que uno se hace hombre, son algunos de los temas que los participantes debaten entre sí y con los facilitadores de grupo, que a menudo son psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales y abogados. Cuestiones como si permitirían a sus hijos jugar con muñecas, ayudarles a examinar cómo ven el mundo y de dónde provienen sus puntos de vista.

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Para hombres como Ricardo Serafine, es la primera vez que reflexionan sobre estos temas y encuentran maneras de lidiar con la ira a la que reaccionan violentamente.

"Llegar aquí ha cambiado mi forma de pensar", dijo el joven de 51 años, que trabaja en un taller de carrocería y acaba de completar su última sesión en 'E Agora, José?'. "Solía enojarme sobre las cosas más pequeñas. Ahora me detengo, respiro, reflexiono y luego actúo. Estaba tan enojado cuando me dijeron por primera vez que tenía que venir aquí. Ahora estoy agradecido por todo eso".

La gratitud de Serafine y Alves no es la única evidencia de que grupos como 'E Agora, Jose?' trabajan. Si bien las estadísticas no están disponibles, es raro que algún grupo vea que retorna un participante.

Según Flavio Urra, el psicólogo y sociólogo que inició y coordinó 'E Agora, José?', ningún hombre que participó en su grupo ha vuelto a delinquir desde que se convirtió en una forma de sentencia alternativa en 2014.

Los grupos iniciados por la fiscal Erica Canuto en el estado nororiental de Río Grande do Norte también tienen una tasa de retorno del 0%. El programa de la fiscal Gabriela Manssur, 'Tempo de Despertar', que opera en Sao Paulo y en algunas otras ciudades de la zona, tiene una tasa del 2%. Antes de que ella comenzara los grupos, era del 65%.

Incluso, con el obvio éxito que ha tenido el modelo de terapia grupal, tanto como sentencia alternativa, como para los hombres que participan voluntariamente antes de ser sentenciados, una cultura misógina y patriarcal no es algo que se pueda revertir fácilmente. Las perspectivas sobre la mejor manera de ponerle fin también son difíciles de cambiar.

Ricardo Serafine habla sobre lo que ha aprendido durante su tiempo en E Ágora, ¿José? y cómo él ya ha incorporado esa educación a su vida cotidiana. (Flavio Forner / Los Angeles Times)
Ricardo Serafine habla sobre lo que ha aprendido durante su tiempo en E Ágora, ¿José? y cómo él ya ha incorporado esa educación a su vida cotidiana. (Flavio Forner / Los Angeles Times) (Los Angeles Times)

"A menudo se piensa que todo lo relacionado con la detención de la violencia doméstica debe dirigirse a la mujer que ya es víctima", dijo Conceicao de Maria, cofundadora del Instituto Maria da Penha. "Pero el protagonista de la violencia doméstica es el hombre. Él es quien la comete. Incluso si la mujer es capaz de escapar de esa relación con una orden de restricción y construir una vida mejor, ese hombre continuará con ese mismo modelo de masculinidad tóxica. Terminará en una nueva relación y otra mujer será víctima de violencia doméstica.

"Si queremos evitar que esto suceda, tenemos que empezar por observar a los hombres involucrados. Cambiar la forma en que piensan, significa que tendremos menos víctimas que necesiten ayuda o que no sobrevivan. Prevenir la violencia es mucho mejor que tratarla después".

Los especialistas se dan cuenta de que aún les queda un largo camino por recorrer en el gran esfuerzo por solucionar el problema actual de violencia doméstica en Brasil. Si bien, los grupos que dirigen, están haciendo cambios en sus comunidades, aún no hay suficientes para llegar a todos los rincones del país. Las que sí existen son operaciones independientes y no hay un sólo lugar u organización que les ayude con la capacitación y la investigación.

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A Alves todavía le falta asistir a la mayoría de sus sesiones grupales, pero dice que ya sabe que nunca repetirá el comportamiento que lo llevó allí. Incluso ha sugerido a los facilitadores de grupo que impartan clases con estos mismos temas en las escuelas, para que los niños puedan aprender a hablar sobre sus sentimientos y respetar a las mujeres y las niñas desde temprana edad.

Serafine terminó el programa, pero aún planea asistir al grupo del miércoles por la noche cuando pueda. Quiere seguir teniendo la oportunidad de ponerse al día con los amigos que hizo y continuar discutiendo lo que sucede en su vida. Él sabe que todavía le queda trabajo por hacer.

"No me he reformado al 100%, pero estoy a mitad de camino", dijo. "Soy mejor de lo que era antes. Si sigo externando mis sentimientos, llegaré allí ".

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

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