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México: jóvenes médicos quieren salvar vidas, no morir ellos

CIUDAD DE MÉXICO (AP) — “Estudié para salvar vidas, no para perder la mía”.

El mensaje escrito en pancartas de decenas de jóvenes recién licenciados en medicina que son enviados a comunidades lejanas y peligrosas del país para completar su formación retumbó en México en diversas protestas. La última fue esta semana en Ciudad de México, aunque ya avisan los doctores que habrá más.

El reclamo de los que son conocidos como “médicos pasantes” no es nuevo. Piden, entre otras mejoras, que no se mande a los más jóvenes, los menos experimentados y los peor pagados a los lugares más peligrosos del país.

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Y la exigencia aparece cada vez que matan a uno los suyos. La víspera en la protesta de la capital, los médicos leyeron más de una docena de nombres de compañeros muertos en los últimos dos años.

El último fue Erick David Andrade, de 24 años, recién licenciado en Medicina, asesinado a tiros en el norteño estado de Durango el 15 de julio mientras atendía a un paciente.

Le faltaban unos días para terminar el período obligatorio del llamado “servicio social”, un programa instituido en la década de 1930, obligatorio para los licenciados en Medicina antes de empezar el internado o la residencia y por el que reciben una beca de unos 150 dólares mensuales.

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Cuatro días antes, una anestesista fue asesinada a tiros en su casa en el vecino estado de Chihuahua, en la frontera norte.

Mónica Armas, que está terminando el servicio social y el miércoles se manifestó en Ciudad de México, se quejaba de que no son casos aislados.

Muchos médicos pasantes “sufren algún tipo de violencia, acoso sexual, amenazas”, aseguró. “Y lo que pasa es que las autoridades no están asegurando que esto vaya a cambiar”.

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La violencia es tan grave que los médicos mexicanos tratan de evitar ser destinados a estados peligrosos, lo que ha obligado a México a importar médicos de Cuba. El primer contingente de estos doctores llegó la semana pasada.

El presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció a principios de año que dada la violencia existente en algunos lugares “los profesionales, los médicos, aunque estén las plazas, no quieren ir” porque “la gente corre peligro”.

El caso del doctor Andrade es un ejemplo.

El joven de 24 años atendía la única clínica de Pueblo Nuevo, una pequeña localidad cercana al centro turístico de Mazatlán, dominado por el cártel de Sinaloa. Individuos armados entraron en la clínica, se produjo una discusión y dos de los hombres abrieron fuego contra Andrade.

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Se desconoce todavía cuáles fueron los motivos. En otras ocasiones médicos han sido asesinados por no poder salvar a un sicario gravemente herido y sus socios enfurecidos la pagan con el doctor, o cuando un grupo armado quiere acabar con un paciente que el doctor está tratando.

Después del homicidio, las autoridades del estado de Durango prometieron instalar botones de pánico y cámaras de seguridad en las solitarias clínicas, y disponer de patrullas policiales ocasionales, pero los médicos de la zona dicen que no es suficiente.

“A lo largo de los últimos años, arriesgar la vida se volvio un ejercicio común para el personal medico y de enfermeria que acepta, casi siempre por necesidad, un espacio laboral en los municipios del interior del estado”, afirmó el Colegio de Médicos de Durango. “Esta tragedia es una señal más de que las autoridades de los tres órdenes del gobierno aún están muy lejos de garantizar el derecho a la seguridad”.

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Eva Pizzolato, miembro de la Asociación Mexicana de Médicos Pasantes en Servicio Social, se quejaba el miércoles durante la protesta de los problemas del sistema actual, que no beneficia a nadie.

“Todas las clínicas rurales del país están atendidas como mínimo por un médico pasante de servicio social, es decir, un médico que no está titulado, que no cuenta con supervisión de un médico formado totalmente y que no cuenta con los insumos y con los implementos necesarios para realizarlo”, denunció.

Los peligros son muchos y el miedo “constante”, dijo Pizzolato. “Llegan a sufrir muchas amenazas por el crimen organizado, llegan a ser acosados por ciertas personas, las mujeres se encuentran en mucho peligro porque han sido víctimas de violación, de acoso sexual, las persiguen”.

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Según las asociaciones médicas mexicanas, la falta de doctores en algunos lugares del país es en realidad una falta de puestos de trabajo decentemente pagados y seguros. Pero en lugar de abordar la cuestión de la violencia, López Obrador ha optado por solucionar el problema impulsando la contratación de médicos especialistas cubanos, país con el que tiene espléndidas relaciones y que no pueden elegir destino: van a donde se les asigne porque son parte de la política exterior de la Habana.

Pero traer a médicos cubanos “no es la solución que estamos necesitando”, aseguró la doctora Mónica Armas. “Necesitamos una reforma de toda la infraestructura que tenemos, del servicio social... de los centros de salud en las zonas rurales”.

Además, nadie asegura que los galenos caribeños tengan más seguridad aunque, al ser especialistas, previsiblemente estarán en localidades más grandes y no en las más remotas y aisladas.

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“Lamentablemente también están en peligro, sin importar que sea cubano, que sea extranjero o que sea nacional”, dijo Brian González, estudiante de cuarto año de Medicina en la Universidad Politécnica de México que se unió a la manifestación de la víspera.

El secretario de Salud, doctor Jorge Alcocer, se ha negado a considerar cambios porque considera el programa “una necesidad académica que en principio no se puede cancelar”.

“No es oportuno, no es aconsejable el que se suspenda ese proceso de formación tan importante que tienen los médicos jóvenes que están a punto de recibirse pero, sin embargo, pues se revisan las condiciones de seguridad”, indicó tras el asesinato de Andrade.

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No obstante, dio a entender que los médicos tendrían que aceptar los riesgos. “No podemos... dejar a un lado los sitios más lejanos o que tengan condiciones no del todo seguras”.

Los jóvenes doctores insisten en que hay soluciones pero deben abordarse de forma estructural porque ahora, ni se está cuidando a los pasantes ni se ofrece un servicio de calidad a los pacientes. “Es un problema sistemático que se tiene que solucionar de una manera más estructurada y no solo mandando a personas o que sean casi sacrificios”, lamentó Armas.


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