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México

Renuncia abruptamente el secretario de Hacienda de México y provoca caída del peso

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Una foto de Carlos Urzúa en la Ciudad de México en 2017. (Marco Ugarte / Associated Press)

(Associated Press)

El secretario de Hacienda de México renunció repentinamente el martes por desacuerdos con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien acusó de “extremismo” fiscal.

La inesperada salida de Carlos Urzúa siete meses después de iniciada la presidencia de López Obrador hizo que las acciones y el peso se desplomaran y se renovara la preocupación entre los inversionistas, que aún desconfían de la cancelación por parte del presidente de un proyecto aeroportuario de 13.000 millones de dólares que se estaba llevando a cabo en las afueras de la Ciudad de México.

La renuncia también destacó lo que algunos analistas ven como un cisma creciente dentro de la administración de López Obrador entre los conservadores fiscales y aquellos que creen que se necesitan cambios económicos importantes para lograr el desarrollo social que el presidente ha prometido.

En su carta de renuncia, Urzúa se quejó de que López Obrador y su equipo habían nombrado a funcionarios de su secretaría “que no tienen ningún conocimiento de las finanzas públicas” y que han abogado por decisiones políticas basadas en su ideología y no en una economía sólida. Urzúa dijo que algunos de esos funcionarios habían sido nombrados por “personas influyentes en este gobierno que tienen conflictos de interés obvios”.

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Urzúa había sido un aliado de López Obrador por mucho tiempo, sirviendo bajo su mando como secretario de finanzas cuando López Obrador era alcalde de la Ciudad de México.

El presidente respondió a la noticia de la salida de Urzúa con un video en Facebook en el que decía que Urzúa obviamente “no estaba de acuerdo con las decisiones que estamos tomando”.

“Debido a que esto es un cambio, una transformación, a veces la gente no entiende que no podemos continuar con la misma estrategia”, dijo el presidente, quien fue elegido el año pasado por una aplastante mayoría, después de prometer combatir la corrupción endémica de México y la enorme desigualdad. “No podemos poner vino nuevo en botellas viejas”.

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (izq.), junto a su nuevo secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, en el Palacio Nacional de la Ciudad de México el 9 de julio de 2019. (Presidencia de México)

(Los Angeles Times)

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López Obrador apareció en el video junto con el reemplazo de Urzúa: Arturo Herrera Gutiérrez, quien se había desempeñado como secretario adjunto en la secretaría de finanzas. Herrera, dijo el presidente en un tweet, posee “virtudes de humanismo y honestidad”.

Mientras tanto el peso cayó más de 2% con relación al dólar cuando se conoció la renuncia, aunque luego se recuperó ligeramente. Los líderes empresariales, muchos de los cuales han criticado por mucho tiempo a López Obrador, reaccionaron consternados.

Gustavo de Hoyos Walther, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, escribió en Twitter que su organización estaba preocupada por “las denuncias de visiones y decisiones extremistas sin sustento” en la secretaría de finanzas.

“La incertidumbre reina en todo el país”, dijo su organización en un comunicado la semana pasada. “Un año después de ganar las elecciones y siete meses después de comenzar su mandato, las estrategias del presidente Andrés Manuel López Obrador en materia de economía, seguridad, inmigración y proyectos de infraestructura generan incertidumbre y preocupación”.

Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics, dijo que no es un secreto que hubo desacuerdos dentro del gobierno de López Obrador sobre la política económica.

Urzúa se había opuesto públicamente a una ley propuesta por el partido Morena de López Obrador para reducir las comisiones bancarias. También se opuso al planteamiento de que el gobierno utilice las reservas del banco central para financiar planes de infraestructura.

Es de esperarse que haya tensiones en el interior del gobierno, dijo Coutiño, “pero debe haber un consenso en cuanto a lo que la administración quiere hacer en el país”.

López Obrador personifica esas tensiones.

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De alguna manera, puede ser pragmático, como el mes pasado, cuando aceptó intensificar la aplicación de las leyes migratorias en México para evitar los aranceles amenazados por el presidente Trump.

Pero también ha tomado medidas audaces, reduciendo significativamente los presupuestos de muchas agencias gubernamentales y lanzando un programa social que proporciona transferencias de dinero a los ancianos, los discapacitados y los jóvenes estudiantes. Luego vino la cancelación del proyecto del aeropuerto, que según él estaba plagado de corrupción.

Durante la campaña presidencial, muchos poderosos líderes empresariales se opusieron públicamente a López Obrador, llamándolo el próximo Hugo Chávez y advirtiendo que sus políticas económicas izquierdistas podrían convertir a México en Venezuela, un país afectado por la escasez de alimentos, crimen e inflación paralizante desde la muerte de Chávez.

López Obrador criticó a sus oponentes como la “mafia del poder”, acusándolos de ejercer su influencia política en beneficio propio.

Después de las elecciones, López Obrador prometió hacer las paces con sus antiguos enemigos y tomar medidas para asegurar a los inversionistas que México es una apuesta segura. Sin embargo, las preocupaciones persistentes han dado lugar a una reducción de las inversiones, y se prevé que la economía crezca menos del 2% este año.

Cecilia Sánchez, de la oficina de The Times en la Ciudad de México, contribuyó a este informe.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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