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Qué hay detrás del paso radical de México hacia la legalización de la marihuana, durante su guerra contra las drogas

Qué hay detrás del paso radical de México hacia la legalización de la marihuana, durante su guerra contra las drogas
Soldados mexicanos arrastran plantas de marihuana durante una confiscación en Juárez, México (Associated Press). (Associated Press)

México pronto podría legalizar la marihuana, un cambio radical para un país cuya prohibición de los narcóticos ha sido el centro de su larga y violenta guerra contra los narcotraficantes.

La legislación presentada al Congreso a mediados de noviembre por el partido del presidente electo, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, regularía el cannabis, permitiendo que se cultive, venda y consuma para uso recreativo.

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Los defensores de la legalización sostienen que ello reduciría el derramamiento de sangre allí, al debilitar a los cárteles de la droga y liberar a los oficiales de policía y fiscales para que se centren en delitos más graves. Pero la propuesta tiene críticas, incluida la Iglesia Católica, que ejerce una influencia significativa en la política mexicana. Una encuesta realizada en ese país en 2017, mostró que la mayoría de los sondeados se oponía a la legalización.

A continuación, más información sobre la iniciativa y lo que ocurriría después.

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¿Qué ha ocurrido hasta ahora?

El proyecto de ley presentado al Congreso viene de la mano de dos fallos cruciales de la Corte Suprema que, en efecto, anularon la prohibición de México del uso recreativo de la marihuana.

Las resoluciones, emitidas el 31 de octubre, encontraron que la libertad individual para elegir si consumir o no la droga, supera cualquier desventaja potencial.

"Los efectos provocados por la marihuana no justifican una prohibición absoluta de su consumo", resaltó el tribunal.

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Los fallos siguieron decisiones parecidas en otros tres casos. En el marco de la ley mexicana, cinco fallos similares establecen jurisprudencia.

Morena, el partido político fundado por López Obrador, controla ambas cámaras del Congreso, y los analistas políticos creen que el proyecto tiene una buena oportunidad de aprobación, probablemente en algún momento del 2019.

Pero no sucederá sin una pelea. La coalición gobernante de Morena incluye un partido más pequeño y conservador, que se ha opuesto a la legalización en el pasado. Aunque las encuestas muestran que los mexicanos se han estado amigando con la idea en los últimos años, un sondeo hecho en 2017 por Consulta Mitofsky, arrojó que el 56% todavía se opone.

¿Por qué ahora?

El debate sobre la legalización tiene lugar en un contexto de niveles récord de violencia. En 2017 hubo 31,174 víctimas de homicidios, más que en cualquier año desde que el gobierno comenzó a divulgar dichos datos, hace más de dos décadas. Este 2018, México está en camino de superar ese récord.

López Obrador, quien fue elegido en una aplastante victoria durante el verano y ascenderá el 1 de diciembre próximo, hizo campaña con la promesa de poner fin a la violencia. El político ha declarado que la guerra contra las drogas llevada adelante por los militares de México es un fracaso, y dijo que considerará una serie de nuevos enfoques radicales, como la amnistía para algunos criminales no violentos involucrados en el narcotráfico, la creación de comisiones de verdad y reconciliación y la despenalización de algunas drogas.

Su elección para ocupar el cargo de ministra del Interior, Olga Sánchez Cordero, es una senadora de Morena y exmagistrada de la Corte Suprema, que ha defendido públicamente la legalización de la marihuana. Fue ella quien coescribió la propuesta de legislación, que culpa por la escalada de violencia en el país a la política "prohibicionista" de drogas de México.

Según el proyecto de ley, los funcionarios del orden se han centrado excesivamente en el procesamiento de delitos de marihuana de bajo nivel, a menudo a expensas de investigar delitos más graves. El proyecto señala que el 62% de la población carcelaria de México en 2012 estaba condenada por cargos de drogas, la mayoría por posesión, cultivo o venta de marihuana.

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Soldados mexicanos queman cocaína y marihuana incautadas en la ciudad de Acapulco (David Guzman / EPA / Shutterstock).
Soldados mexicanos queman cocaína y marihuana incautadas en la ciudad de Acapulco (David Guzman / EPA / Shutterstock). (Los Angeles Times)

¿Qué permitiría la ley?

La nueva ley permitiría a las personas cultivar hasta 20 plantas de marihuana y producir hasta 17 onzas de la droga cada año, o aproximadamente 1,440 cigarrillos.

Se permitirían cooperativas de cultivo de hasta 150 personas, junto con el derecho a fumar marihuana en público. Los productos comestibles estarían prohibidos.

La venta de marihuana se limitaría a adultos y en lugares regulados por un instituto federal aún por crear. El gobierno cobraría un impuesto aún no determinado sobre las ventas.

La legalización fue abordada anteriormente. El expresidente Vicente Fox ha sido un defensor de la idea, y en 2018 se unió a la junta directiva de High Times, una revista enfocada en los defensores y aficionados a la marihuana.

En 2016, el presidente Enrique Peña Nieto propuso un proyecto de ley que permitiría a los mexicanos llevar hasta una onza de marihuana, o alrededor de 84 cigarrillos. Ese proyecto de ley se estancó en el Congreso, aunque los legisladores aprobaron el uso de marihuana medicinal en algunos casos.

¿Los cambios realmente reducirían la violencia?

El tráfico de drogas genera entre $6 mil millones y $8 mil millones al año en México, según Rand Drug Policy Research Center, que estima que entre el 15% y el 26% de ello proviene de la marihuana.

La legalización en varios estados de EE.UU. parece haber afectado el negocio de importación de marihuana; las incautaciones de Aduanas y de la Patrulla Fronteriza de EE.UU. cayeron durante la última década, incluso cuando aumentaron las de otras drogas. En 2017 se confiscaron 861,231 libras de marihuana en los puertos de entrada estadounidenses, una disminución respecto de las 2.4 millones de libras incautadas en 2013 y las 4.3 millones de libras en 2009.

Algunos productores de drogas ilegales pasaron a otros cultivos, como las amapolas, que florecen en estados azotados por la violencia, como Michoacán y Guerrero, y los narcotraficantes se orientaron hacia drogas sintéticas, como el crystal meth y el fentanilo.

Los cárteles también se están orientando cada vez más a actividades delictivas no relacionadas con las drogas, como el tráfico de personas, el robo de combustible y la extorsión. Los expertos en seguridad sostienen que hay más homicidios relacionados con esas actividades ilícitas que con la marihuana, lo cual significa que legalizar la marihuana no sería una panacea para la violencia de México.

¿De qué otra manera importaría la legalización de la marihuana?

La legalización pondría a México en línea con Canadá y varios estados de EE.UU. que eliminaron las prohibiciones contra la droga en los últimos años. Pero podría también poner a México en desacuerdo con el gobierno federal estadounidense, que aún clasifica el cannabis como un narcótico de la Lista I y que ha invertido miles de millones de dólares en programas destinados a reducir el flujo de drogas desde América Latina.

Los opositores al proyecto han advertido que podría generar una mayor adicción. Según una encuesta federal en 2011, el 6% de los mexicanos dijo que fumaba marihuana. Ese número aumentó a casi el 9% en 2016. Esas cifras aún son mucho más bajas que las tasas de consumo de drogas en EE.UU., donde un estudio de 2017 realizado por el National Institute on Drug Abuse descubrió que casi el 40% de los estudiantes del último año de preparatoria habían usado marihuana en el último año.

Los defensores remarcan que la legalización podría beneficiar a México de otra manera importante: el turismo.

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La industria turística de ese país, que genera $20 mil millones al año, representa aproximadamente el 7% de su producto interno bruto.

El secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, dijo que "es absurdo que no hayamos dado el paso" hacia la legalización, algo que, a su criterio, debería comenzar primero en Quintana Roo y Baja California Sur, estados donde se encuentran los centros turísticos de Cancún y Los Cabos.

Ambas regiones han sufrido un aumento dramático de homicidios en los últimos años, en parte como resultado de batallas por el control de las ventas locales de cocaína, marihuana y otras drogas.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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