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La genialidad de la actitud relajada de los perezosos y por qué te conviene imitarlos

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A primera vista el estilo de vida de los perezosos es la antítesis misma de todo lo que valoramos.

La vida moderna es rauda y centrada en encontrar nuevas maneras de incluir más actividades en cada segundo de nuestra existencia.

La pereza es uno de los pecados capitales y estar ocupado es una honra. Pero ¿cuál es la mejor estrategia?

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“¿Por qué quieres moverte? Y si quieres hacerlo ¿por qué tienes que hacerlo con rapidez? Entre más rápido te mueves, más alto es el costo”, señala Rory Wilson, profesor de Zoología en la Universidad de Swansea, Inglaterra.

“La energía es muy importante para los animales. Si la quieres conservar, cuanto más lentamente te muevas, mejor”.

En ese sentido, no hay duda que el animal más eficiente es el perezoso: oficialmente son los mamíferos más lentos del planeta.

Y su forma de vida indolente y poco convencional los ha hecho prósperos: constituyen un tercio de la biomasa de mamíferos en las selvas tropicales y han estado presentes en ellas unos 64 millones de años, sobreviviendo animales mucho más llamativos como los tigres de dientes de sable.

Sólo dos de las seis especies que existen en la actualidad están en peligro de extinción.

Entonces ¿deberíamos ser menos como los guepardos y más como los perezosos?

El secreto de su éxito

“Evolucionaron para ser extremadamente lentos”, señala Nisha Owen, del programa de conservación EDGE of existence de la Sociedad Zoológica de Londres.

“Lo asombroso es que su metabolismo es menos de la mitad de rápido que el de otros mamíferos, de manera que pueden ser extremadamente lentos para conservar energía. Pero la ventaja principal es que así se evaden a los depredadores”.

Nótese que dijo “evaden” no “escapan”.

“Viven en las copas de los árboles, moviéndose muy sigilosamente, de manera que no atraen la atención ni de los depredadores que están en los árboles ni los que vuelan por los cielos”, explica Owen.

Sus fibras musculares son 15 veces más pausadas que las de un gato, así que físicamente son incapaces de moverse de forma veloz.

“Están hechos mayoritariamente de tendones, de manera que son muy fuertes y pesados pero poco sustanciosos. Los tendones les permiten agarrarse de los árboles y moverse con mucha precisión, pero su velocidad es de 4 metros por minuto en promedio”.

Bueno, ya habíamos dicho que era el más lento del planeta, aunque...

“Ten en cuenta los lugares en los que viven; el perezoso pigmeo, por ejemplo, se mueve entre los manglares, un hábitat muy denso, lleno de raíces, muy difícil de atravesar. Así que cuando nosotros los estamos siguiendo nosotros tampoco somos más rápidos”, confiesa Owen.

Sencillamente, están muy bien adaptados”, agrega.

Hamacas peludas

El músculo más fuerte del perezoso controla sus garras, para que poderse enganchar a las ramas y colgarse como una hamaca peluda.

Esa existencia invertida es notablemente eficiente desde el punto de vista energético: requiere la mitad de la masa muscular (y, por lo tanto, de energía) que requeriría para mantenerse erecto.

Su sistema digestivo también es fabulosamente pausado: le toma hasta 50 días descomponer una sola hoja. Si lo hiciera más rápido, las toxinas en las hojas podrían envenenarlo.

Como digiere la comida tan lentamente, sólo tiene que bajarse del árbol una vez a la semana para defecar.

Su lánguido estilo de vida provocó poco más que burlas de los humanos al principio.

No sólo su nombre es un desastre en términos de relaciones públicas, sino que cuando el célebre naturalista del siglo XVIII Georges Buffon —un precursor de Charles Darwin— anunció en su épica enciclopedia que “las especies degradadas de perezosos son tal vez las únicas criaturas con las que la naturaleza ha sido cruel”, quedaron marcados con una etiqueta negativa.

“Los perezosos son la forma más baja de existencia”, declaró. Y se burló: “un defecto más habría hecho sus vidas imposibles”.

El que ríe de último...

Pero la evidencia acalla las burlas.

Lo que parecieron defectos resultaron ser ventajas.

La capacidad de adaptación al entorno de los perezosos es admirable.

Un ejemplo es lo que ocurrió en la isla Barro Colorado. Se formó cuando inundaron selva con las aguas del río Chagres poder hacer el Canal de Panamá. La isla es lo que quedó sobre la superficie. Gran parte de la fauna no sobrevivió. El 70% de la que lo logró son perezosos.

Además, son longevos: las criaturas que viven a ritmo lento, viven más tiempo.

Piensa en las tortugas, otro estándar de oro de lentitud, que tienen una expectativa de vida de entre 150 a 200 años.

Y ahora piensa en las hormigas y las abejas.

Sí, efectivamente: las hormigas y las abejas

Resulta que la buena fama de estas incasables trabajadoras la tienen gracias a apenas entre el 5 al 30% de la población de las colmenas u hormigueros, que son las únicas que salen a recoger comida, como le contó a la BBC la doctora Anna Dornhaus, quien con su equipo de la Universidad de Tucson, Arizona, las estuvo observando recientemente.

“Si puedes ver el nido de dentro, las que no salen se dedican a las labores domésticas. Pero hay más trabajadoras de las necesarias, así que muchas —más de la mitad de la colonia—no hacen nada. Incluso algunas de las que hacen algo de trabajo pasan una gran parte del día completamente inactivas”.

Si estos modelos del trabajo duro y la diligencia no le tienen miedo a no hacer nada, ¿no deberíamos los humanos seguir su ejemplo?

“Hay muchos estudios que muestran que haciendo menos podemos lograr más”, señala el sicólogo Richard Wiseman.

“Si estudias algo antes de dormir y tratas de recordarlo antes de levantarte al otro día, te va muy bien, pues durante la noche el cerebro asienta la ideas. Pero si lo miras en la mañana y tratas de recordarlo en la tarde, aunque hayan pasado el mismo número de horas, no te va tan bien pues tu cerebro estuvo distraído. Es uno de muchos ejemplos”.

10% más acelerados

Por más estudios que señalen la conveniencia de bajarle el ritmo a la vida, Wiseman sabe que no hace más que aumentar.

Aprovechando un estudio hecho a principio de la década de 1990 por el psicólogo Robert Levine, cuando midieron la velocidad con la que caminaba la gente en distintas ciudades de todo el mundo —”un buen indicador de cuán rápido se movían sus vidas”—, actualizó la información.

“Replicamos el estudio 10 años más tarde en las mismas ciudades y encontramos que el ritmo de vida había aumentado en más o menos un 10%”.

“Eso se correlaciona con toda clase de cosas, principalmente con lo que se conoce como personalidad tipo A...”.

Interrumpimos a Wiseman para buscar qué es eso, pues no suele ser saludable:

“Los individuos con personalidad tipo A pueden describirse como personas impacientes, muy competitivas, ambiciosas, agresivas en los negocios, a las que les cuesta mucho relajarse. Los individuos con este tipo de personalidad a menudo están estresados y de mal humor”.

Pausa para la reflexión

¿Te identificas en algo y no te gusta?

Pues lee rápidamente estos consejos que nos dio un experto en disminuir la velocidad de la vida, Carl Honoré, autor de “Elogio de la lentitud”.

“Numero 1: haz menos”.

¿Cómo?, le preguntamos, y sugiere...

  • Mira tu diario de actividades de una semana.
  • Organízalas en orden de importancia.
  • Corta de abajo hacia arriba, quizás una actividad al día.

“El legendario inversor Warren Buffet dijo: la diferencia entre la gente exitosa y la muy exitosa es que la muy exitosa le dice ‘no’ a casi todo”.

“El número 2 tiene que ver con tecnología. Yo no soy un “ludita” (en referencia al ludismo, un movimiento encabezado por artesanos ingleses en el siglo XIX, que protestaron contra las nuevas máquinas que destruían el empleo); adoro la tecnología con sus artilugios pero todos tienen un botón para apagarlos, y es crucial que lo empecemos a usar más a menudo”.

“Número 3: dale espacio a un ritual lento en tu día —como yoga, o tejer, leer o pintar—. Encuentra algo que puedas incrustar en tu rutina que te inocule contra el virus de la prisa”, concluye Honore.

Así que, después de tanto apuro por ir más rápido, descubrir la genialidad de la actitud relajada de los perezosos, una que podría ser la estrategia evolutiva suprema.

Aunque hay algo que los perezosos hacen atlética y rápidamente: el amor.

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