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Opinión

OPINIÓN: México en las elecciones estadounidenses

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Independientemente de quien gane la candidatura a la presidencia por el Partido Demócrata, es claro que el tema de México estará presente en las próximas campañas electorales.
(LOGAN CYRUS/AFP via Getty Images)

El tema de las elecciones de 2020 será sin duda el que ocupe el mayor espacio en el debate social en Estados Unidos, y en gran medida en el resto del mundo. Los medios de comunicación y a través de ellos la sociedad en su conjunto, estarán ávidos de lo que el candidato Trump dirá y cómo enfrentará los retos de su reelección y cómo el candidato o candidata demócrata tratará de derrotarlo.

En ambos lados de la frontera, muchos nos preguntamos que papel jugará México en este proceso. Por supuesto, no esperamos que la elección se defina por la posición que adopte alguno de los candidatos con respecto a México, sin embargo, es posible que el tema tenga alguna relevancia.

México puede jugar en ese proceso electoral al menos en dos dimensiones. Por sí mismo, es decir en función de lo que los candidatos propongan en su relación comercial, política y social con México y, de manera crecientemente importante a través de los votos de los mexicanos en Estados Unidos.

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Como país, la percepción que se tiene es que el actual gobierno mexicano está totalmente alineado y subordinado con la administración de Donald Trump.

Los datos abundan.

El tratado comercial, el control de los flujos migratorios de centroamericanos para que no lleguen a Estados Unidos, mantener en México a los solicitantes de asilo y hasta el reciente plantón por parte del gobierno federal mexicano de la que fue sujeto apenas hace unos días en la frontera entre los dos países, Nancy Pelosi, personalidad importante del partido demócrata y una de las mayores opositoras de Donald Trump, son apenas algunos ejemplos. En el fondo, no es nada nuevo.

México más o menos, se ha subordinado siempre a la administración estadounidense en turno, sin embargo, la subordinación de hoy se da en un marco muy diferente a como siempre había ocurrido. Tradicionalmente esta ocurría “por debajo de la mesa”, mientras que “por encima”, en México se mantenía un discurso de dignidad y soberanía y del lado estadounidense se sostenía el principio del respeto y la amistad como eje de la relación.

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Hoy no es así, del lado mexicano la subordinación es explícita, aceptada y formal y del lado estadounidense, por lo menos de parte de la administración de su presidente, se llega casi al insulto matizado apenas diciendo que AMLO es una buena persona y un gran amigo.

¿La forma es importante? Lo será en la campaña.

Trump insistirá en que nos tiene sometidos y hacemos lo que él ordena -controlando los flujos, firmando el tratado comercial que él impuso, pagando su muro, etcétera-, y los demócratas tratarán de retomar el camino de la amistad y el respeto.

Sólo hay que observar lo que pasó en el reciente debate de los candidatos demócratas en la campaña presidencial cuando se hizo notar que una de ellas no sabía el nombre del presidente mexicano, pidió disculpas y lo reconoció como un lapsus y todos los demás hablaron del conocimiento y amor que tienen por México.

Biden dijo que había visitado México varias veces, más que los otros candidatos y Sanders comentó que era el único que había hablado con AMLO.

Por ello es particularmente desafortunado que se haya “plantado” a Nancy Pelosi en la frontera mexicana cuando aparentemente estaba confirmada la secretaria del Trabajo y de último momento no asistió.

Para como suceden las cosas en el actual gobierno mexicano, la lectura es que recibió instrucciones de no presentarse y la interpretación es que eso respondería al temor a que Donald Trump se enoje.

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A algunos votantes les gustará el estilo Trump de sometimiento al vecino, incluso grosero, lo interpretarán como señal de fuerza y otros preferirán el respeto, la construcción de puentes y la amistad como eje de la relación.

No es que la relación con México le interese al votante estadounidense, sino que será un indicador de las formas en cómo los candidatos abordan las relaciones internacionales, particularmente con el vecino.

La segunda dimensión es la del voto mexicano en la elección de 2020. Numéricamente, este voto es cada vez más importante. Los potenciales votantes de origen mexicano (porque nacieron en Estados Unidos hijos de padres mexicanos o porque se hicieron ciudadanos), representa más del 7% del total de electores.

Por como ocurrió la migración, están altamente concentrados en algunos estados. En California, Texas o Arizona, uno de cada cuatro votantes, son de origen mexicano, en Nuevo México uno de cada cinco y en el resto de los Estados (salvo Colorado), su participación es menor.

Por el sistema electoral estadounidense, en el que el voto popular tiene importancia sobre todo a nivel estatal, el peso de los votos de origen mexicano, aún reconociendo su importancia, no sería decisivo en la elección presidencial, pero sí en las elecciones locales.

¿Este voto se emitirá en función de los intereses de México o por México? Muy probablemente no. A los mexicanos en Estados Unidos les interesará el candidato que les dé mejores condiciones de vida, mejor futuro para sus hijos.

Será un voto pragmático. Sin embargo, a ninguno de ellos le gusta que se insulte a México o, peor aún, que se diga que sus padres eran delincuentes o violadores y a todos ellos les gustaría un presidente más amigable con los Dreamers y con procesos de regularización de los inmigrantes que ya están en Estados Unidos.

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En síntesis, el voto mexicano, sin ser definitorio, pesará en las elecciones de 2020 y no está aún totalmente definido.

*Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute


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