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Opinión

Column: Columna: El peligroso mensaje de Trump sobre el coronavirus

South Korea Virus Outbreak
Trabajadores con ropa de protección rocían desinfectante en aerosol como precaución contra el coronavirus, en un mercado en Corea del Sur.
(Associated Press)

En las seis semanas desde que surgió el nuevo coronavirus en China, el presidente de EE.UU ha ofrecido un mensaje alegre y optimista: ‘No se preocupen: el Dr. Trump tiene el problema bajo control’.

“Estamos muy bien”, afirmó en un mitin hace dos semanas. “Sólo tenemos 11 casos, y todos están mejorando... Parece que en abril, en teoría, cuando la temperatura aumente un poco, desaparecerá milagrosamente. Espero que sea cierto”.

El mandatario se mostró optimista nuevamente el martes, a pesar de que la epidemia se ha extendido a al menos tres docenas de países y hay más de 80.000 casos confirmados. “Creo que ese es un problema que va a desaparecer”, declaró ante un grupo de periodistas en India. El virus “está muy bien controlado en nuestro país”.

Pero los hechos que menciona el presidente son erróneos, y su mensaje también.

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Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que confirmaron 53 casos estadounidenses, advirtieron que es probable que el virus que se mueve con velocidad afecte fuertemente a Estados Unidos.

“Ya no se trata tanto de si esto sucederá en este país, sino de cuándo ello ocurrirá", dijo a la prensa la directora de inmunización de los CDC, Dra. Nancy Messonnier. “Le pedimos al público estadounidense... que se prepare para la expectativa de que esto será grave”. También reveló el mensaje que le dio a sus propios hijos: “Nosotros, como familia, debemos estar preparándonos para tener una interrupción significativa en nuestras vidas”.

Si Trump trata a sus científicos de la forma en que trata a los funcionarios de inteligencia que le traen malas noticias, la Dr. Messonnier puede esperar un tuit desagradable -o algo peor- en cualquier momento.

El presidente regresa de India este miércoles y se encontrará con un mercado de valores -del cual se jacta constantemente- desmoronado, con una caída del promedio industrial Dow Jones de más de 1.900 puntos en dos días. Se trata del mayor descenso en 48 horas en la historia, y todo debido al temor al coronavirus. "¡El mercado de valores comienza a verse muy bien para mí!”, tuiteó Trump el martes por la mañana, después de una liquidación masiva del primer día. Los inversores no le creyeron.

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La epidemia ya está perjudicando la economía, empezando por las aerolíneas y las empresas con cadenas de suministro en China. Es posible que Beijing no pueda cumplir su promesa de comprar bienes estadounidenses por $77 mil millones este año, en virtud de un acuerdo comercial interino. El dolor podría empeorar mucho si los estadounidenses tienen miedo de viajar, comer fuera, asistir a eventos públicos o incluso ir a trabajar.

Todo lo cual significa que el coronavirus también podría afectar las elecciones presidenciales.

El principal argumento de venta de Trump es que ha presidido un auge económico con bajo desempleo y salarios crecientes. No hay signos de una recesión, pero el crecimiento ya se está desacelerando, y si lo hace aún más, el optimismo del presidente podría sonar hueco.

Más aún, la epidemia podría representar un desafío mayor para Trump: es una prueba de alta visibilidad sobre su competencia.

Los votantes a menudo juzgan a un presidente en el cargo por su desempeño ante una crisis. La popularidad de George W. Bush cayó en picada después del huracán Katrina, en 2005, cuando su administración fracasó espectacularmente en brindar alivio para las inundaciones a Nueva Orleans. La popularidad de Barack Obama se vio afectada luego de que un pozo petrolero de BP explotó en el Golfo de México, en 2010, y cayó aún más cuando su administración arruinó la implementación de su plan de atención médica, en 2013.

La Casa Blanca de Trump opera en un caos perpetuo. Ahora se enfrenta a una crisis externa que requerirá la coordinación de múltiples agencias federales con las autoridades estatales y locales.

Hasta 2018, la Casa Blanca tenía una oficina dedicada a la planificación de epidemias internacionales, pero Trump la abolió. “Sería útil tener un coordinador para la respuesta”, afirmó Ronald A. Klain, quien dirigió la resolución de la administración Obama ante el brote de ébola en 2014. “Si ese puesto todavía existiera, ya tendríamos a alguien al mando”.

En cambio, Trump creó un grupo de trabajo encabezado por Alex Azar, su secretario de Salud y Servicios Humanos, que básicamente es un comité de funcionarios que tienen otros trabajos diarios.

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Azar y el jefe de gabinete en funciones de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, pasaron semanas discutiendo sobre cuánto dinero pedirle al Congreso para la crisis del coronavirus. Azar quería más; Mulvaney, un cortador de presupuesto implacable, quería menos. Finalmente se decidieron por $2.500 millones, que Azar propuso el martes, mucho después de haber podido efectuar la solicitud, remarcaron los demócratas.

Mulvaney también propuso un presupuesto que reduciría en miles de millones de dólares las principales agencias gubernamentales de lucha contra epidemias, incluidos los CDC y el Servicio de Salud Pública. Eso no parece muy sensato en este momento.

Mientras tanto, no está claro que la Casa Blanca tenga un plan detallado para lidiar con una epidemia de coronavirus en Estados Unidos.

"¿Qué se está comunicando a los profesionales de salud pública y seguridad, y al público?”, preguntó Juliette Kayyem, una ex funcionaria de Seguridad Nacional. “¿Qué estándares hay para el cierre de escuelas y cómo se harían cumplir? ¿Se cancelarán los eventos importantes, y cuáles son las pautas para hacerlo?. No he escuchado planificación alguna […] para estas medidas relativamente simples”, escribió.

Las consecuencias del fracaso podrían ser graves, advirtió la experta. “El pánico es el resultado de que el público crea que no hay un plan”.

Trump no tiene la culpa del coronavirus. Tampoco será culpable si la desaceleración económica de China desencadena una recesión global. Pero un presidente que se atribuye el mérito cuando el mercado de valores sube no puede culpar a otros cuando este se desploma, aunque seguramente lo intentará.

Como empresario que se jactaba de poder dirigir el país mejor que cualquier político, Trump sí será culpable si su administración se equivoca seriamente en esta crisis. Su competencia estará a prueba.

El presidente pareciera hacerse el tonto ante la idea de la cuarentena, con la esperanza de que la epidemia no se propague. Hasta ahora ha tenido suerte, pero la suerte no es una estrategia.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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