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OPINIÓN: ¿Pero qué necesidad?

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y su colega estadounidense Donald Trump.
(Agencias)

Salvo que Donald Trump disponga otra cosa, el presidente mexicano realizará en los próximos días, una visita oficial, que no de Estado como erróneamente mencionó, a su homólogo estadounidense.

De nada habrán servido las reacciones, críticas y comentarios de diversos actores de la sociedad mexicana. Pocas decisiones de AMLO han provocado tal unanimidad en contra. Salvo sus subordinados y quienes invariablemente alaban todo lo que dice, la visita a Trump se ve como improcedente y riesgosa. Nada la justifica, ni el momento, ni los temas ni las formas en las que se da la “invitación”.

Es absolutamente normal e importante que el presidente mexicano visite de manera oficial a su vecino y principal socio. De hecho, la visita tardó en llegar. Sin embargo, precisamente porque para México es importante, el momento, los temas y las formas deben establecerse con extremo cuidado. Las consecuencias de una mala planeación serán de mediano y largo plazo.

Por si alguien tenía dudas del potencial uso electoral que Trump hará de esta visita y durante mucho tiempo, después de ella, basta recordar que la decisión final de AMLO, se da en el contexto de un “llamado” de Trump durante un recorrido del muro fronterizo con México que tanto prometió en campaña. La invitación se “recordó” con el muro de fondo y hablando de cómo ese muro impide que entren a Estados Unidos desde México, migrantes y virus.

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El significado del apoyo de AMLO no es menor. Las elecciones en Estados Unidos son en cuatro meses y después de la pandemia, a Trump le quedan pocos temas con los cuales fortalecerse frente a su base electoral. El encuentro con AMLO le será muy útil para alimentar muchas de sus promesas que son compartidas por esa base, particularmente la de frenar la migración sin que eso le cueste al contribuyente estadounidense.

El presidente convertido en candidato activo para ser reelegido, presentará a su vecino como subordinado no sólo en el tema migratorio sino también en el comercial toda vez que cedió al total de las peticiones de Estados Unidos, lo cual, según él, repercute en la preservación de los empleos para sus gobernados.

Si la visita es mala idea y representa un riesgo para México, las características y las temáticas anunciadas son aún peores. Hasta ahora, los temas son exclusivamente la entrada en vigor del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá y agradecer personalmente la venta de ventiladores para hacer frente a la pandemia. En cuanto al tratado comercial, México es el país que menos razones tiene para festejar. Se cedió todo, y el tema de los ventiladores es una simple compra-venta a precios de mercado.

Se menciona además que sólo consistirá de una entrevista con el presidente estadounidense y que no habrá otro tipo de reuniones, ni más temas. ¿En serio? Habiendo tantos temas entre los dos países.

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En la reunión con Trump ¿no se abordarán las condiciones de vida de los más de 11 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos en condiciones de desigualdad y con un muy pobre acceso a servicios básicos como salud y educación? Esos a los que cuando mandan remesas les llama héroes.

¿De la regularización migratoria de 5 millones de ellos que viven de manera indocumentada pero que pagan todos sus impuestos y benefician a la economía estadounidense? ¿No se hablará de los Dreamers ni de los DACA, esos jóvenes en su mayoría mexicanos que fueron llevados a Estados Unidos siendo niños y que el presidente estadounidense quiere deportar?

¿Ni siquiera del tráfico de armas desde Estados Unidos que son usadas en México para matar a nuestros policías? ¿Nada acerca de la inversión que AMLO y su canciller dicen que Estados Unidos prometió para el sur de México y la región de Centroamérica? ¿No se entrevistará con otros actores relevantes para México o con la comunidad mexicana en ese país? ¿Sólo se va a hablar de un tratado comercial y de unos ventiladores y no de México o los mexicanos?

A AMLO le cuesta trabajo asumirse como Jefe de Estado. Por lo menos es contradictorio, él mismo lo dice con frecuencia cuando alega que tiene “derecho de réplica” o que expresa su opinión como cualquier otro mexicano. Si eso no es cierto, ni válido internamente, internacionalmente el asunto es aún más grave. De nada sirve decir que defiende la investidura presidencial cuando la oposición lo critica y acude corriendo, en vuelo comercial y con escala, a ver a Donald Trump cuando éste le guiñe el ojo. No se trata de un desplante personal, ni de una visita de amigos. Va como representante y Jefe del estado Mexicano.

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De pasada, el asunto como pocos ha hecho evidente que la burbuja que rodea al presidente mexicano es totalmente inútil y no le hace bien ni a él ni a México. El canciller y sus empleados son incapaces de siquiera cuestionar la visita, ampliar la agenda o por lo menos de acercarle la opinión de miembros distinguidos del servicio exterior mexicano, especialistas, académicos, intelectuales y activistas que han señalado de manera puntual los inconvenientes de esta visita.

Salvo que sea para distraer de otros temas, sigo sin entender a qué va AMLO a Estados Unidos.

* Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute


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