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Columna: El llamado de Trump a Ghislaine Maxwell presionó el botón de reinicio en su historial de explotación de mujeres

Donald Trump en 2000 con, desde la izquierda, su entonces novia Melania Knauss, Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell.
(Davidoff Studios Photography / Getty Images)

En la conferencia de prensa del presidente Trump el martes, que se suponía era sobre el COVID-19, se le hizo una pregunta fácil. No acerca de la pandemia. No acerca de reabrir escuelas. Era sobre Ghislaine Maxwell, presunta cómplice de Jeffrey Epstein, quien murió en prisión por suicidio hace un año, o eso dicen los informes oficiales, antes de que pudiera ser juzgado por cargos de tráfico sexual.

Maxwell fue arrestada este mes y ahora se encuentra en la cárcel de Brooklyn, acusada de ayudar a Epstein a reclutar, preparar y abusar sexualmente a niñas menores de edad.

Un periodista le preguntó a Trump si Maxwell podría implicar a alguno de los hombres famosos del círculo de Epstein. El Príncipe Andrew, digamos, o Bill Clinton.

Todo lo que Trump tenía que hacer era calentar el plato: “Estas acusaciones contra Maxwell son muy serias”, podría haber dicho, “y espero que se haga justicia”. Pero era demasiado difícil, ¿por qué no intentar con Clinton, que viajó con Epstein y fue el anfitrión de Maxwell en la boda de su hija Chelsea?

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Pero el presidente no pudo armar nada que sugiriera que desaprueba el abuso sexual de niños. En cambio, envió sus saludos a Maxwell. Mis mejores deseos para Ghislaine, quien se declaró inocente, mientras se encuentra en la cárcel.

Trump era vecino de Epstein y Maxwell en Palm Beach. Después de que Epstein fue condenado por primera vez, por solicitar un niño con motivos de prostitución, el presidente afirmó que su amistad había terminado por años. Pero el ahora presidente una vez llamó a Epstein un “tipo excelente”, y en cuanto a Maxwell, “simplemente le deseo lo mejor, francamente”, dijo Trump el martes.

“Le deseo lo mejor”, repitió.

El ‘fiscal Twitter’ comenzó a aparecer.

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“Puedo pensar en cuatro ocasiones en que Trump extendió públicamente sus mejores deseos a personas acusadas de delitos federales por el Departamento de Justicia: Roger Stone, Michael Flynn, Paul Manafort, y ahora Ghislaine Maxwell”, tuiteó el ex fiscal federal y estatal Elie Honig.

¿Qué tienen en común Stone (delincuente condenado), Flynn (declarado culpable de un delito grave) y Manafort (delincuente condenado)? Todas son personas que Trump ha tenido un poderoso interés en silenciar.

La elección del Senado se está nacionalizando cada vez más, e incluso los titulares de cargos muy conocidos se enfrentan a una poderosa marea a medida que el dinero se vuelca en las campañas demócratas.

El estilo mafioso de matón verbal de Trump con que ataca a testigos y rivales es bien conocido. ¿Recuerdan lo que dijo sobre Marie Yovanovitch, la ex embajadora de EE.UU, en Ucrania?: “Ella va a pasar por algunas cosas”.

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Pero también usa guiños. Soplar besos figurativos a Maxwell, sugiere el Twitterverse, podría ser una forma de indicar que tiene su apoyo.

Ya en la década de 1980, Trump y Epstein “nadaban en el mismo grupo social”, como lo expresó el Washington Post. Epstein alardeó durante mucho tiempo el haberle presentado a Trump a su actual esposa, Melania.

En 1992, Epstein y Trump fueron los únicos invitados masculinos en una fiesta de Mar-a-Lago con 28 mujeres jóvenes que habían volado “para entretenerse”. El año pasado apareció un video de otra fiesta de Mar-a-Lago en 1992 que mostraba a los dos hombres evaluando a las porristas de la NFL y al ahora presidente tocando a una de ellas. A Epstein, dijo Trump a la revista New York en 2002, “le gustan las mujeres hermosas tanto como a mí, y muchas de ellas son más jóvenes”.

Trump nunca ha sido implicado en la terrible historia de Epstein, detallada en la nota de Julie K. Brown el año pasado en el Miami Herald. El jueves, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, se esforzó por señalar que el presidente estaba “un paso adelante de eso, prohibiendo a este hombre su propiedad mucho antes de que su caso se desarrollara en un tribunal de justicia”.

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Sin embargo, la simpatía de Trump por Maxwell no solo puso a los dos hombres juntos de nuevo en la mente de las personas; también presionó el botón de “actualizar” en las cinco décadas de historia de explotación y lujuria del presidente con mujeres.

Puede usted pensar que ha escuchado lo suficiente sobre el ‘agarre genital’ de Trump, pero no se equivoque.

Un cargo de última hora llegó hace un año, cuando la periodista E. Jean Carroll acusó a Trump de violarla en un vestidor de una tienda departamental de la ciudad de Nueva York a mediados de la década de 1990. El ahora presidente negó conocer a Carroll, aunque existe una foto de los dos juntos, y la seguía en Twitter. Carroll presentó una demanda contra él por difamación. Le ha pedido a Trump una muestra de ADN para ver si coincide con las sustancias en el vestido que, según ella, llevaba el día en que lo encontró en Bergdorf Goodman. Sus abogados han tratado de retrasar el proceso.

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La acusación de Carroll es solo una de las muchas historias de mujeres que se ven envueltas en agresión y acoso sexual a manos de Trump. Un grupo de participantes de un concurso de belleza dice que irrumpió en sus camerinos mientras estaban en diversos estados de desnudez. La actriz porno Stormy Daniels y la modelo de Playboy Karen McDougal aseguran que tuvieron relaciones con él y luego se les pagó, de una forma u otra, por su silencio.

Trump lo niega todo, pero esos cheques cancelados emitidos por Michael Cohen están en la corte, y en el pasado, el mandatario se jactó ante Howard Stern de que podría “escapar” de las acusaciones de las concursantes de belleza (y más) porque era dueño de los concursos Miss Universo, Miss Estados Unidos y Miss Teen Estados Unidos. En la infame cinta de “Access Hollywood”, el hombre que ahora es presidente, dice: “Cuando eres una estrella, te dejan hacerlo”.

Durante cuatro años, Trump ha esperado que con las recompensas, los abogados agresivos y la intimidación por Twitter pueda evitar consecuencias reales por su historial de adulterio, humillación de mujeres, acoso y abuso sexual.

Pero todo está a la vista.

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