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Editorial: ¡Despierta, California! La revocación de mandato de Gavin Newsom sería un desastre

Gavin Newsom holds up his hands while speaking at a microphone.
Gavin Newsom no ha sido un gobernador perfecto, pero esa no es razón para destituirlo de su cargo antes de que termine su mandato.
(Associated Press)

Pregunta 1

Las boletas para las elecciones especiales de revocación de mandato del 14 de septiembre se enviaron por correo a 22 millones de votantes de California. La boleta plantea dos preguntas. La primera es si el gobernador Gavin Newsom debe ser destituido de su cargo.

La respuesta correcta es un no rotundo e inequívoco.

Sustituir a Newsom y reemplazarlo con una alternativa no probada, ni preparada y aunado a que tampoco representaría los valores de la mayoría de los californianos sería un desastre. Condenaría al estado a meses de disfunción política y burocrática e incertidumbre económica. ¿Y con qué propósito?

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Newsom, quien tiene 53 años, así como dos años y medio en su primer mandato como gobernador, no ha sido perfecto, pero muéstrenos un mandatario estatal que sí lo haya sido. Su comunicación pública ha sido confusa a veces. No ha trabajado tan bien con la Legislatura como podría. Ocasionalmente ha prometido más de lo que podía cumplir. Su prodigiosa recaudación de fondos ha suscitado preocupaciones legítimas sobre el papel del dinero en la política.

Estas son cosas que los votantes considerarían apropiadamente durante una campaña de reelección regular, pero no justifican el uso del extraordinario poder de revocación para destituir a un gobernador legítimamente elegido en favor de alguien que puede tener solo una pizca de apoyo de los votantes. De hecho, según nuestros cálculos, los errores de Newsom son menores en comparación con el bien que ha hecho por California como uno de los líderes más fuertes de la nación en la pandemia de COVID-19. En nuestro tiempo hiperpolarizado, lamentablemente, el liderazgo decisivo también ha enfurecido y animado a los críticos del mandatario.

Y aunque la respuesta a la pandemia ha sido su principal responsabilidad durante el último año y medio, Newsom también ha comenzado a trabajar para resolver algunos de los problemas más difíciles del estado, utilizando el superávit presupuestario histórico de la entidad para financiar programas que ayuden a las personas y las empresas a recuperarse de la pandemia, construir viviendas más accesibles, albergar a los individuos en situación de calle del estado y prevenir, así como combatir, incendios forestales.

Los 46 candidatos que compiten por reemplazar a Newsom, la mayoría son hombres, republicanos y gran parte de ellos totalmente incompetentes, ofrecen una interminable letanía de quejas que son poco más que objeciones a sus políticas liberales, podemos agregar, que fueron claras para todos cuando el 62% de los votantes eligió a Newsom en las elecciones de 2018. Todo sería cómico si no hubiera tanto en juego.

Los críticos pintan una imagen de una entidad que se tambalea y está a punto de colapsar, lo que es tremendamente irresponsable y, en muchos casos, simplemente equivocado: ¡Las calles están llenas de criminales gracias a Newsom! (No). ¡Personas y negocios están huyendo de California en números récord debido a sus terribles políticas! (Incorrecto). ¡El gobernador causó los incendios forestales masivos en el estado porque administró mal el bosque! (Ridículo). Siguió modificando las reglas durante la pandemia, ¡pero tampoco las cambió lo suficiente! (¿Qué?)

La realidad es que Newsom asumió el cargo en enero de 2019 en medio de incendios forestales literales y figurativos: la falta de vivienda estaba aumentando y alcanzando un punto de inflexión. La empresa de servicios eléctricos más grande de la entidad, PG&E, se encontraba en quiebra debido a una negligencia que provocó fuegos descontrolados como el que arrasó con la ciudad de Paradise. Los sistemas de tecnología de la información de California estaban (y todavía están) irremediablemente desactualizados, lo que llevó a uno de los primeros desafíos de la administración de Newsom, en el Departamento de Vehículos Motorizados. El cambio climático se estaba acelerando y aún lo está, exprimiendo la red eléctrica del estado durante su transición a fuentes de energía renovables y agotando su suministro de agua.

Estas crisis tardaron años en gestarse y, seamos sinceros, Newsom las heredó de su predecesor demócrata, Jerry Brown. Pero el actual gobernador tuvo la desgracia de asumir el cargo justo cuando alcanzaban el punto de ebullición. Después, la pandemia golpeó y obligó a Newsom a pasar al modo de emergencia y dejar de lado los asuntos comunes de la gestión para centrarse en abordar la amenaza emergente y no entendida del COVID-19.

El mayor error del mandatario fue momentáneo. Como gobernador, emitió estrictas restricciones de salud pública destinadas a limitar la propagación del virus, incluido un límite para las reuniones que involucraban a personas de más de tres hogares. Pero no siempre siguió su propia guía; en noviembre, él y su esposa cenaron sin cubrebocas y hombro con hombro junto con otros 10 individuos en una sala privada semicerrada al aire libre en French Laundry, un restaurante de lujo en Napa Valley. Fue un desacierto, por el que Newsom se disculpó, pero de ninguna manera fue una ofensa por la cual deba ser despedido.

Desafortunadamente para el gobernador, y para California, el error ocurrió en un momento crítico para el último esfuerzo de destitución del mandatario (los cuatro presentados durante el año anterior no calificaron). Menos de dos semanas después de la cena, un juez otorgó a los proponentes de la remoción cuatro meses adicionales para reunir firmas, reviviéndolo de un fracaso casi seguro. Con la ayuda de republicanos como el ex presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Newt Gingrich, quien vio una oportunidad para la interrupción política en el estado azul que aman odiar, el deseo de revocación supo aprovechar la frustración incipiente, la ira y el dolor que los californianos estaban sintiendo, luego de meses de restricciones pandémicas, divisiones políticas y disturbios civiles.

En última instancia, lo que está en juego en esta elección no es la carrera política de Newsom, sino los valores de California y nuestra democracia. Un nuevo gobernador republicano tendría dificultades para aprobar leyes dada una mayoría demócrata y hostil en la legislatura, lo que podría anular un veto del mandatario. Pero él o ella podría remodelar la entidad durante las próximas décadas mediante el uso de órdenes ejecutivas para revertir las protecciones ambientales, la reforma de la justicia penal y la red de seguridad social.

Los gobernadores también ejercen el poder al nombrar jueces y reguladores, como los que supervisan los servicios públicos de energía y la comisión costera del estado y, en caso de una vacante, miembros del Congreso. Newsom nombró a los sucesores de Kamala Harris, quien dejó el senado para convertirse en vicepresidenta, y Xavier Becerra, quien renunció como fiscal general de la entidad para convertirse en secretario de Salud y Servicios Humanos del presidente Biden. Si la senadora Dianne Feinstein, que tiene 88 años, se jubila el próximo año, quien sea el mandatario estatal tendría la oportunidad de seleccionar a su reemplazo.

¿Y quién podría ser esa persona? ¿El líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy (republicano de Bakersfield), quien afirmó que Donald Trump fue el verdadero ganador de las elecciones presidenciales de 2020? ¿El representante Darrell Issa (republicano de Vista), quien usó su escaño en la Cámara para acosar a los presidentes Obama y Biden?

Si los tiempos parecieron difíciles durante el año pasado, con nuestras vidas, o el medio ambiente y nuestra democracia bajo una grave amenaza, con la violencia política a fuego lento bajo la superficie de cada debate acalorado, así como las familias y los vecinos tan polarizados que no pueden celebrar una reunión con una conversación cortés: recuerde que siempre pueden empeorar.

Gavin Newsom ha cometido muchos errores. No estamos encantados con la complacencia que caracteriza a partes de la estructura de poder demócrata en California, o con el enorme poder de los sindicatos del sector público. No hay duda de que el liberalismo del estado no ha resuelto exactamente la creciente falta de vivienda, la persistente desigualdad económica y social, un sistema educativo mediocre y, lo más urgente de todo, una crisis de vivienda que amenaza el futuro del Estado Dorado como un lugar de oportunidades y crecimiento.

Pero estamos encantados con los valores del estado. Esta entidad ha elegido ser un líder nacional en la cuestión del medio ambiente, la reforma de la justicia penal y la red de seguridad social porque los líderes estatales y los votantes han optado por mirar hacia adelante, no hacia atrás. Queremos un planeta más saludable, comunidades más justas y oportunidades para que las personas vivan y amen en paz y libertad.

Sin duda, las heridas autoinfligidas de Newsom nos han consternado. Deseamos, incluso ahora, que haga un caso más contundente y proactivo para su historial y no simplemente denuncie a sus oponentes a la retirada como extremistas trumpianos (aunque algunos de ellos lo son).

En tiempos difíciles, los ciudadanos pueden verse tentados a echar al titular y probar suerte con alguien que les ofrezca nuevas y brillantes ideas. Eso rara vez funciona para bien. No juegue con el futuro de California. Vote no a la revocación y deje que el gobernador termine su mandato. Si no está satisfecho, tendrá la oportunidad de elegir a otra persona en las elecciones del próximo año.

Pregunta 2

La segunda pregunta en la boleta les pide a los votantes que elijan a una de las 46 personas para asumir el cargo en caso de que se retire a Newsom. Para los californianos que se oponen a eliminar al gobernador, esta respuesta no es tan simple. Como junta editorial, hemos tenido problemas con nuestra recomendación, porque podemos decir con certeza que ninguno de los individuos que esperan reemplazar al mandatario sería una mejora.

Los miembros de la junta editorial se han reunido con seis de los siete candidatos principales (la campaña de Caitlyn Jenner no respondió a nuestra invitación). Puede que haya joyas entre los otros 39 candidatos, pero es probable que ni la junta ni los votantes se enteren antes de la fecha límite para las boletas electorales el 14 de septiembre, ya que no tienen mucho o ningún apoyo político y prácticamente ninguna posibilidad de ganar.

Frente a opciones tan terribles, es tentador saltarse por completo esta difícil pregunta y recomendar dejar esta parte de la boleta en blanco, como ha instado el Partido Demócrata. ¿Por qué dignificar esta toma de poder imprudente participando en ella de alguna manera?

Hemos llegado a la conclusión, después de buscar el debate y la reflexión, que esa es una salida cobarde y entregaría el poder de toma de decisiones a otros que sí votan, y esas personas pueden estar desinformadas, irracionalmente enojadas tratando de encontrar a alguien para tomar una determinación de extrema derecha, abordar temas como el cambio climático, la protección del medio ambiente, los derechos civiles, la vigilancia policial y la vacunación. Es una apuesta demasiado grande.

Nos queda concluir que los votantes que se oponen a la revocación también deben ejercer el sufragio por un reemplazo, incluso si tienen que taparse la nariz para hacerlo.

¿Pero quién?

Los californianos tuvieron mucha suerte en 2003, cuando votaron para destituir al entonces gobernador Gray Davis a favor de la estrella de cine republicana Arnold Schwarzenegger, quien logró crecer hasta convertirse en un mandatario decente, si no excelente. Pero mirar el campo de los principales candidatos retirados nos lleva a creer que es poco probable que California sea tan afortunada en 2021.

Es difícil encontrar mucho para recomendar a los favoritos. Todos se oponen hasta cierto punto a las acciones pandémicas tomadas por Newsom, incluidos los mandatos de uso de cubrebocas y los requisitos de vacunaciones.

Pero algunos son peores que otros. Un ejemplo es el hombre que está obteniendo mejores resultados entre los que están a favor de la revocatoria: el locutor de radio conservador Larry Elder. No solo no tiene experiencia en cargos electivos, sino que es un ideólogo trumpiano que ha llamado al cambio climático una “tontería” y ha dicho que no debería haber un salario mínimo.

Apoyar a Jenner, la estrella transgénero de programas de televisión, ex atleta olímpica y miembro del clan Kardashian, podría parecer un avance tan grande en la representación LGBTQ como la decisión de Newsom en 2004, cuando era alcalde de San Francisco, de otorgar licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo. Pero ella es una despistada que demuestra poco conocimiento de cómo funciona el estado o el alcance y las limitaciones de los poderes del gobernador. No le haría ningún favor a la comunidad LGBTQ que fracasara espectacularmente como líder en la entidad.

Luego está el republicano John Cox, el empresario de San Diego y autofinanciado candidato perpetuo que perdió ante Newsom en las elecciones generales de 2018. Entonces no estaba calificado para el trabajo, y la única diferencia aparente en su campaña de 2021 es el oso Kodiak y la gigantesca bola de basura plástica que ha estado transportando por toda la entidad para hacer un punto sobre… bueno, no estamos exactamente seguros de qué.

Es posible que los angelinos no sepan mucho sobre Doug Ose, un desarrollador de tierras y excongresista republicano de tres períodos del área de Sacramento. Su única distinción del grupo es que es directo sobre el daño que le haría a California, es decir, abandonar las reformas de la justicia penal, construir nuevas prisiones y poner los intereses del lobby agrícola del estado por encima de su medio ambiente y sus residentes.

El asambleísta Kevin Kiley (republicano de Rocklin) es un joven experto en políticas impresionantemente informado con títulos de Harvard y Yale, pero también un ideólogo preocupante. Cuando le preguntamos a Kiley quién ganó las elecciones presidenciales de 2020, se negó a decir si Biden fue elegido legítimamente. Eso es vergonzoso. Nos recuerda a los oportunistas republicanos como el gobernador Ron DeSantis de Florida, los senadores Josh Hawley de Missouri y Tom Cotton de Arkansas, así como de la representante Elise Stefanik de Nueva York, quienes se beneficiaron de la educación de la Ivy League, pero se desviaron a la derecha para complacer a los seguidores de Trump cuando ciertamente conocen mejor la situación.

Los demócratas y los votantes independientes de izquierda pueden inclinarse a apoyar a Kevin Paffrath, un influyente de las redes sociales de 29 años que, con sus 1.69 millones de suscriptores de YouTube, es lo más parecido a un demócrata prominente en la boleta electoral. Exuda entusiasmo e idealismo, y puede compartir algunos valores demócratas básicos con la mayoría de los californianos, pero no es un candidato más serio que la estrella de los carteles publicitarios de Los Ángeles, Angelyne. Además, algunas de sus propuestas, arrestar a personas sin hogar y obligarlas a refugiarse, así como promulgar recortes de impuestos masivos, nos hacen cuestionar si realmente representa algo más que su propia fama.

Eso nos deja con la menos terrible de todas estas malas opciones: el ex alcalde de San Diego, Kevin Faulconer, un republicano moderado. Es quizá el candidato a gobernador más convencional y tiene la experiencia ejecutiva, así como el temperamento maduro, de los que carecen otros candidatos a la revocatoria.

Faulconer es pro-vacunación. Reconoce la victoria de Biden. Apoya el derecho al aborto y los grandes esfuerzos para mitigar el cambio climático. Resalta su trabajo con un concejo municipal de mayoría demócrata y su capacidad para ser elegido, dos veces, en una ciudad donde solo una cuarta parte de los votantes son republicanos registrados como prueba de su buena fe bipartidista.

Faulconer, de 54 años, representa el tipo de valores tradicionales republicanos que defendió ese partido durante décadas de dominio electoral en California. Por desgracia, el estado que produjo a Earl Warren, Richard M. Nixon, Ronald Reagan y otros republicanos que reformaron la política estadounidense de posguerra ha perdido una credibilidad seria durante la última década, a medida que los demagogos y los extremistas se han apoderado de una mayor parte del Partido.

En una elección general normal, Faulconer merecería escrutinio. Pero es difícil ver cómo podría seguir siendo políticamente viable en esta era extremista sin aprovechar la infraestructura nacional republicana dominada por Trump. También nos preocupa su participación, mientras era alcalde de San Diego, en un negocio de bienes raíces sospechoso en el que la ciudad pagó más que el valor tasado por un edificio de oficinas. Debería responder públicamente a las preguntas sobre su papel en este acuerdo.

Nos oponemos fervientemente a la destitución de Gavin Newsom y no apoyamos a Kevin Faulconer como gobernador. Pero para aquellos que se preocupan por la estabilidad de California, el exalcalde es la opción menos perjudicial en un panorama de revocación que va desde lo simplemente malo hasta lo absolutamente catastrófico.

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