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Política

Las luchas de los estadounidenses con las facturas médicas son un concepto desconocido en otros países

Dr. Jako Burgers examines Erik Eikelenstam at his offices in Gorinchem, a small city south of Amsterdam.
El Dr. Jako Burgers examina a Erik Eikelenstam en sus oficinas en Gorinchem, una pequeña ciudad al sur de Amsterdam. Eikelenstam, gerente de un restaurante, sufre de dolor lumbar pero no pagó nada por la visita porque la atención primaria en los Países Bajos es gratuita.
(Noam N. Levey / Los Angeles Times)

Las personas en otros países ricos encuentran que los deducibles del seguro de salud de los estadounidenses son difíciles de entender.

En Francia, una visita al médico generalmente cuesta el equivalente de $1.12 dólares. Una noche en un hospital alemán le cuesta a una persona aproximadamente $11, y en los Países Bajos -una de las pocas naciones ricas además de EE.UU donde los pacientes afrontan un deducible-, las aseguradoras generalmente deben cubrir toda la atención médica después de los primeros $385 euros, aproximadamente $431 dólares.

La atención médica en EE.UU ha sido singular durante mucho tiempo. Pero pocas cosas diferencian tan claramente al sistema estadounidense como cuánto pagan los pacientes de su bolsillo por ella, incluso si tienen seguro.

Los estadounidenses de clase media son los más afectados por el aumento de los deducibles de los seguros de salud y las facturas médicas. Eso ha ayudado a ampliar la división política del país.

“A Estados Unidos le gusta verse a la par con otros países de altos ingresos”, afirmó Jonathan Cylus, ex economista del Departamento de Salud y Servicios Humanos, quien ahora estudia los costos de los pacientes a nivel internacional en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Observatorio Europeo en Londres. “Pero la verdad es que es un caso aparte”.

Casi todos los grandes participantes internacionales a excepción de EE.UU -ya sea que tengan planes de salud gubernamentales, como Gran Bretaña y Canadá, o que confíen en aseguradoras privadas, como Alemania y los Países Bajos- limitan los costos para el bolsillo del paciente.

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Las organizaciones benéficas médicas y la financiación de multitudes han ayudado durante mucho tiempo a llenar los vacíos para los estadounidenses que carecen de cobertura médica.

Entonces, mientras que decenas de millones de estadounidenses asegurados deben equilibrar las facturas médicas con sus gastos por alimentos y otras necesidades básicas, ello es en gran medida impensable para los pacientes en Europa occidental, Japón y Australia, según muestra una revisión del Times de los sistemas internacionales de seguro de salud.

“Sólo tenemos que preocuparnos por mejorar”, expresó Pieter Piers, un ingeniero holandés de 57 años, quien a principios de este año hablaba con su médico de familia sobre el estrés relacionado con el trabajo, en Gorinchem, una ciudad amurallada en las planicies de cultivos del sur de los Países Bajos. “Si tuviera que preocuparme por cómo pagar todo, eso no sería muy útil para mejorar”, consideró Piers, uno de los muchos pacientes y médicos de todo el mundo que fueron entrevistados para este artículo, incluso en clínicas y hospitales, en Alemania, Gran Bretaña y los Países Bajos.

Los Países Bajos, al igual que muchas naciones ricas, exigen que las visitas médicas de atención primaria sean gratuitas, para no desanimar a los pacientes a tratarse.

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¿Alguna vez se ha acercado a la caja registradora de la farmacia sólo para saber que su nueva receta le costará cientos de dólares - en lugar del típico copago de $25 - porque su seguro no lo cubre?

Por el contrario, como los deducibles de los planes de salud laborales en EE.UU se han más que triplicado en la última década, la mitad de los estadounidenses que tienen cobertura a través de un empleador dicen que ellos o sus familiares cercanos han pospuesto ir al médico o surtir una receta a raíz de los costos en el último año, según una encuesta nacional realizada para este proyecto por The Times y la organización sin fines de lucro Kaiser Family Foundation.

Según el sondeo, uno de cada seis trabajadores cubiertos ha tenido que hacer un sacrificio complicado en el año anterior, incluido el trabajo extra o la reducción de alimentos, ropa u otros elementos esenciales.

En los Países Bajos, sólo uno de cada 90 hogares enfrenta gastos catastróficos de salud que compiten con necesidades tales como alimentos y vivienda, detectó un análisis reciente de la OMS sobre el gasto de los pacientes en tres docenas de países.

En Irlanda, Gran Bretaña, Suecia, Francia, Alemania y Japón, menos de uno de cada 35 hogares tuvieron gastos médicos amenazantes para su seguridad financiera.

Las luchas económicas de los pacientes en EE.UU han provocado nuevos pedidos de algunos demócratas por un sistema de pago único administrado por el gobierno, o “Medicare para todos”, como a veces se lo llama.

Pero las experiencias de otras naciones ricas sugieren que los límites estrictos sobre cuánto deben pagar los pacientes y la rígida regulación de los precios son más importantes que si la cobertura de salud es proporcionada directamente por el gobierno o por medio de aseguradoras privadas.

“No hay un único sistema que funcione”, explicó Thomas Rice, un economista de salud de la UCLA que está escribiendo un libro de texto sobre los seguros de salud en todo el mundo. “Muchos tipos diferentes de sistemas pueden proteger a los pacientes de los altos costos”.

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En el Reino Unido, “la atención gratuita en el punto de servicio” fue un principio fundamental del Servicio Nacional de Salud cuando este fue inaugurado, después de la Segunda Guerra Mundial, para proporcionar a los británicos atención médica asequible “en lugar de temor”, como explicó el ministro de Salud en ese momento, Aneurin Bevan.

Los pacientes en el Servicio Nacional de Salud generalmente no enfrentan facturas médicas cuando van al doctor o al hospital. Los copagos por medicamentos recetados tienen un límite de aproximadamente $12, sin importar el costo de la medicina.

Toda la atención hospitalaria en Australia está cubierta de manera similar, sin costo para los pacientes, que están protegidos por un plan de salud público conocido como Medicare. Lo mismo ocurre en Canadá.

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En Alemania, que depende de planes de salud privados regulados, todas las consultas al médico son gratuitas. Los copagos de medicamentos tienen un tope de 10 euros, o alrededor de $11 dólares. Las visitas de atención primaria holandesas han sido gratis durante mucho tiempo, a pesar de los deducibles que rigen para otros servicios médicos. “Un valor muy importante en los Países Bajos es la equidad”, explicó el Dr. Jako Burgers, un médico de familia en Gorinchem que también ayuda a desarrollar pautas clínicas para el sistema holandés. “No queremos un plan que beneficie más a los ricos que a los pobres”.

En EE.UU, las aseguradoras de salud pueden exigir a los pacientes de un plan individual que paguen hasta $7.900 de su propio bolsillo antes de que la atención esté cubierta por completo. Uno de cada cuatro trabajadores tiene un deducible de $2.000 o más, según una encuesta anual de Kaiser Family Foundation.

Ese tipo de costos compartidos nunca sería tolerado en Alemania, reflexionó el Dr. Markus Frick, un alto funcionario del grupo líder de la industria farmacéutica de ese país, el VfA. “Si algún político alemán propusiera altos deducibles, sería expulsado de la ciudad”, comentó.

En Australia, una propuesta reciente para establecer el equivalente de un copago de $5 para visitas de atención primaria desató tal protesta que el gobierno federal se vio obligado a retirar la idea. Y en los Países Bajos, el gobierno enfrenta una presión creciente para minimizar los deducibles, que muchos consideran demasiado altos.

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En EE.UU, los planes de salud con deducibles más bajos generalmente tienen primas mucho más altas.

Pero otras naciones ricas, además de limitar los costos de los bolsillos de los pacientes, también controlan estrictamente el costo del seguro de salud.

Los residentes de muchos países -incluidos Gran Bretaña, Australia y Canadá- no pagan primas porque el seguro de salud básico se financia a través de impuestos, aunque los residentes pueden comprar cobertura suplementaria por su cuenta. En Alemania y Japón, se deduce un porcentaje fijo de los salarios de los trabajadores para el seguro de salud, lo cual hace que las primas sean menos costosas para los empleados con salarios más bajos.

“No pienso en ningún costo”, afirmó Dorota Langner, una masajista alemana que padecía cáncer de páncreas, después de ver a su oncólogo en un hospital de Berlín, a principios de este año. Langner, de 41 años y madre soltera, tenía otras preocupaciones, como qué sucedería con sus dos hijos adolescentes. “No sé qué haría si también tuviera que pensar en el costo de todo esto”, comentó. La mujer falleció meses después de esa entrevista.

Tener las primas de seguro y las facturas médicas bajo control ha ayudado a mantener el gasto general en salud mucho más bajo en la mayoría de los países ricos que en EE.UU. El año pasado, por ejemplo, la cuenta total de atención médica en Estados Unidos, incluido el gasto en programas gubernamentales, seguro médico privado y costos afrontados del propio bolsillo de los pacientes, excedió los $10.000 por persona, según datos del gobierno. Se trata de más del doble de lo que gastaron los gobiernos, las aseguradoras y los pacientes en los Países Bajos, Canadá, Francia y el Reino Unido, y casi el doble de la cuenta de Alemania.

Pero controlar los costos a veces exige compensaciones.

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Los hospitales en Gran Bretaña, por ejemplo, pueden estar superpoblados y necesitan renovaciones. En algunos, los pacientes deben compartir una habitación con otros seis enfermos, o más.

En Canadá, las personas pueden enfrentar retrasos sustanciales en la atención, ya que el 18% informa tener que esperar cuatro meses o más para una cirugía electiva que no sea de emergencia, en comparación con sólo el 4% en EE.UU, según una encuesta internacional reciente realizada por el Commonwealth Fund, una fundación con sede en Nueva York que estudia los sistemas de salud internacionales.

La evidencia sugiere que parte de la atención médica en EE.UU, particularmente en los hospitales, quizá sea superior. Por ejemplo, los pacientes estadounidenses tienen menos probabilidades de morir después de ser hospitalizados por un ataque cardíaco que los de la mayoría de los países ricos, según los datos.

Sin embargo, Australia y Suecia superan a EE.UU en esta medida de atención cardíaca. Los tiempos de espera en Alemania o Francia son más cortos que en Estados Unidos y las medidas de la calidad general de la atención médica colocan a EE.UU cerca de la parte más baja del ranking. Los estadounidenses tienen muchas más probabilidades de morir prematuramente por enfermedades que podrían tratarse con atención oportuna y de alta calidad, como diabetes, sarampión infantil y algunos tipos de cáncer.

La tasa de mortalidad por estas condiciones evitables es arriba de un 30% más alta en Estados Unidos que en el Reino Unido y Alemania, y casi el doble que en Australia, Francia y Noruega, según un análisis del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud, una asociación de investigadores de salud internacionales.

Más allá de mejores resultados médicos, los residentes de la mayoría de los otros países ricos simplemente gozan de más tranquilidad. En el sur de Londres, Chris y Afii Marshall, que habían llevado a su hija de dos años a la sala de emergencias del Hospital King’s College porque la niña se cortó el labio, se estremecieron al pensar en lo que podrían pagar por esa misma atención en Estados Unidos. “He escuchado algunas historias. Es aterrador”, afirmó Chris, señalando que ha tenido muchos empleos en tiendas minoristas, que probablemente en Estados Unidos tendrían una cobertura con deducible alto. “Estaría muy, muy preocupado”. Los Marshall no debieron pagar nada por su visita al hospital.

El Reino Unido, como la mayoría de las naciones ricas, controla los costos de los pacientes al regular estrictamente los precios que los médicos, hospitales y compañías farmacéuticas pueden cobrar.

La regulación gubernamental de precios la ha realizado, por décadas, Medicare en EE.UU, que tiene una tarifa fija para la mayoría de los servicios médicos y hospitalarios.

Sin embargo, este tipo de regulación es poco frecuente en los seguros de salud comerciales, donde la mayoría de los estadounidenses que forman parte de la fuerza laboral obtienen cobertura.

En cambio, las compañías de seguros individuales negocian los precios con hospitales, médicos y fabricantes de medicamentos. Según este sistema, el coste de los servicios de salud y las medicinas recetadas en EE.UU superan con creces los valores de otros países.

Un suministro mensual del popular medicamento contra la artritis Humira, por ejemplo, supera los $2.505 en promedio en EE.UU, según un análisis de 2015 realizado por Bloomberg News y las firmas de investigación SSR Health e IHS Inc.

En Gran Bretaña, donde el Servicio Nacional de Salud establece los precios, el medicamento cuesta $1.180. En Japón, el costo mensual es de sólo $980.

Los datos de los servicios médicos y la atención hospitalaria también son mucho más caros en EE.UU.

Un reemplazo de rodilla que cuesta más de $28.000 en promedio aquí, tiene un valor aproximado de $18.000 en Gran Bretaña y menos de $16.000 en Australia, según cifras de 2015 recopiladas por la Federación Internacional de Planes de Salud, con sede en Londres.

El precio promedio de una cirugía de derivación cardíaca supera los $78.000 en EE.UU. El mismo procedimiento cuesta menos de $29.000 en Australia y $24.000 en Gran Bretaña.

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Cuando los precios médicos y farmacéuticos son altos, las aseguradoras pasan los costos a los pacientes. Eso ha impulsado primas más altas y, en años más recientes, disparado los deducibles. “La gente puede no comprenderlo, pero lo que sale de sus bolsillos es el resultado de una falla en el control de los precios”, expuso el Dr. Eric Schneider, vicepresidente sénior del Commonwealth Fund. “Lo que otros países han aprendido es que sin alguna forma de regulación de precios, no hay un control efectivo de estos”.

Este artículo se realizó con apoyo de la Beca Internacional de Estudios de Salud de la Asociación de Periodistas Especializados en Salud, financiada por el Commonwealth Fund.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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