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OPINIÓN: A tientas y ciegas, republicanos abrazan argumentos de Trump

ARCHIVO En esta imagen de archivo del miércoles 9 de enero de 2019
ARCHIVO En esta imagen de archivo del miércoles 9 de enero de 2019, el senador John Barraso, republicano por Wyoming, y el senador John Thune, republicano de Dakota del Sur, a la izquierda, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el vicepresidente, Mike Pence; el senador Roy Blunt, republicano de Missouri; y el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, de Kentucky, mientras habla Trump a su salida de una comida de trabajo de senadores republicanos en el Capitolio, Washington. (AP Foto/Alex Brandon, Archivo)
(ASSOCIATED PRESS)

A tientas y ciegas, los “neo-republicanos” avanzan en la densa penumbra de un futuro incierto, sin más identidad y valores que el liderazgo de Donald Trump, quien ofrece a sus seguidores “la promesa” de una autocracia, sin participación de los demócratas.

En su más reciente aparición, en una cena con 360 contribuyentes de campaña “para convocar a la unidad” del Partido Republicano, en su refugio de Mar-a-Lago, el ex presidente Trump revivió su derrota, atribuyéndola “a la cobardía de los republicanos que no supieron defender su victoria”.

Entre ellos, al ex vicepresidente Mike Pence, por certificar el triunfo de Joe Biden, al gobernador de Georgia Brian Kemp, por no revertir los resultados en su estado, igual que Pensilvania y otros.

Trump descargó su resentimiento contra Mitch McConnell líder de la minoría del Senado, al que tras servirle durante 4 años, calificó como “un perdedor frío como la roca” y “tonto hijo de perra” porque -dice- “no le ayudó a revertir el resultado de la elección”, diciendo con sarcasmo que “ni las gracias le dio” por “contratar a su esposa Elaine Chao, como secretaria de Transporte y por haber asegurado su reelección”.

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Si usted recuerda, tras la mentira de “fraude masivo” de Trump, Giuliani, Sidney Powell y el expresidente esparcieron teorías de conspiración con la intención de suspender la reunión del Colegio Electoral que daría la victoria a Joe Biden, invocando la Ley Contra la Insurrección de 1847 mientras analizaba la propuesta del gral. retirado Michael Flynn, de “declarar ley marcial, suspender derechos Constitucionales y ordenar nuevas elecciones, bajo supervisión militar”, con el argumento de “salvar a Estados Unidos del desastre de una elección amañada y manipulada”, lo que la falta de evidencia y la postura del ex procurador Barr y decisiones de las Cortes afortunadamente no permitió.

A partir de entonces, en lugar de tener el valor de defender a su partido y expulsar a quien lo despojó de la Casa Blanca y la mayoría de las dos Cámaras del Congreso, el Partido Republicano, desesperado y confundido, se aferró y apostó todo su capital a la mentira de “fraude electoral,” abandonando su compromiso con la democracia y optó por apoyar la frenética lucha de Trump, por alcanzar el control permanente del poder, a cualquier costo, con apoyo de 7 millones de votantes que son parte de milicias, “supremacistas” y “nacionalistas” blancos, el brazo armado y violento de los “Neo-Republicanos”, como se vio en el sangriento ataque al Capitolio.

En el olvido quedó la plataforma ideológica Conservadora que defendieron presidentes republicanos como Ronald Reagan y que incluía el derecho a la vida, santidad del matrimonio, el libre comercio, la reducción del gobierno, responsabilidad fiscal, el fortalecimiento de la OTAN, la lucha contra Rusia, que es el principal enemigo de Estados Unidos, expansión comercial y otros, ahora incomprensiblemente e inexplicablemente sustituidos por el racismo, misoginia, xenofobia, el odio, ataques a la diversidad sexual y los caprichos de Donald Trump, quien es venerado como “máximo líder” de los republicanos.

Aún cuando nuevos reportes indican que los nominados Scott Atlas, Michael Caputo y otros del Centro de previsión y Control de Enfermedades CDC, bloquearon una gran cantidad de reportes sobre la explosión del coronavirus y atacaron a los más prominentes científicos, “para evitar que dañaran la imagen y credibilidad de Trump”.

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Mitch McConnell demandó a corporaciones de Estados Unidos (que han financiado sus campañas) “mantenerse al margen de la política”, mientras el gobernador y legislatura del estado de Georgia expresaron que “no van a alimentar a quien les muerde la mano”, luego que la Liga Mayor de Beisbol y corporaciones empresariales criticaron la ley de supresión del voto, firmada en ese estado a puerta cerrada por el gobernador Kemp.

Único presidente de un solo término en décadas, Trump benefició e impulsó la agenda del presidente ruso Vladimir Putin, primero despojando a esta superpotencia del liderazgo global para la defensa de la democracia, respeto a los derechos humanos, justicia, igualdad y el combate a la pobreza; dividió la OTAN, debilitó la unidad occidental y quiso reincorporar a Vladimir Putin al G-7, confrontando a aliados tradicionales de Estados Unidos.

En esta nueva y triste realidad, ni Trump ni los republicanos, se cuidan de “disimular”.

El expresidente ha hecho suyos los argumentos antes difundidos por medios de comunicación y troles de Rusia en campañas para apoyarlo, como oportunamente denunció su Departamento de Seguridad Interna, en el memorándum titulado “Rusia continúa buscando debilitar la confianza en el proceso electoral”, en septiembre de 2020, que no permitió se enviara a las agencias de inteligencia y policías, argumentando que “debía consultarse con el secretario de DHS en funciones, Chad Wolf”.

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De acuerdo a ése memorándum:

  • El gobierno ruso, lanzó una campaña en todos sus medios y sitios de internet, atacando y creando dudas sobre la salud mental de Joe Biden, dirigida a votantes independientes y republicanos de Estados Unidos, manipulando videos alterados para dar la impresión de “síntomas de demencia”, que Trump repitió en toda su campaña.
  • Difundió información falsa sobre el voto en ausencia y voto universal por correo (que buscaba evitar la propagación de COVID-19) asegurando que “votantes no elegibles” podrían recibir boletas y votar, además de ordenar al Comisionado del Servicio Postal reducir recursos a fin de restar capacidad del Correo para dejar boletas sin contar.
  • Denigraron el voto por correo, alegando “falta de transparencia y supervisión del proceso” lo que “crearía múltiples oportunidades de votos fraudulentos” para “beneficiar a candidatos específicos”.
  • Los medios estatales y “proxies” rusos promovieron alegatos de corrupción, fracaso del sistema electoral e interferencia externa maligna tratando de generar desconfianza de los votantes y las instituciones democráticas y alentando el voto en favor de Trump.
  • La campaña rusa “denigró lo que se percibía en Moscú como establishment anti-Rusia”, usando los trolls y proxies controlados por los rusos, de una forma similar a la que se uso en 2016.
  • Acusaron al Partido Demócrata de “hacer acuerdos ocultos” para “orquestar la salida de candidatos del establishment” a fin de consolidar el voto del ahora presidente Joe Biden, antes del Super Martes, en las elecciones primarias, todo, sin evidencia alguna y con la única intención de confundir a los votantes.

Como parte de esa “estrategia”, Ron Johnson, presidente del Comité de Seguridad Interna del Senado, lanzo una “investigación de fraude electoral” consciente de que Trump sigue “lavando” información falsa Rusa.

Ante su traición a la plataforma ideológica conservadora, desde 2016, cuando Trump los despojó de los principios ideológicos que su partido había defendido durante lustros, algunos republicanos se “justifican” diciendo que, bajo la gestión del ex presidente Trump su partido “abandonó el proyecto de un gobierno más limitado y con responsabilidad fiscal” para estar “más cerca de los trabajadores”, aún cuando los republicanos en bloque se negaron a apoyar el primer paquete de asistencia económica para la mediana y pequeña empresa y para trabajadores que no habían recibido apoyo en meses, a causa de la pandemia.


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