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Participación masiva, votantes de color: nuevos datos completan los detalles sobre la victoria electoral de Biden

President Biden, mask in one hand, smiles and raises a fist with two U.S. flags in the background
El actual presidente habla con sus partidarios, temprano en la mañana después de la noche de las elecciones, en 2020.
(Paul Sancya / Associated Press)

El presidente Biden se benefició de la alta participación de los votantes de color y del apoyo de los votantes blancos con estudios universitarios en su victoria electoral de 2020, según un estudio.

WASHINGTON — Alta participación entre los votantes de color, mayor apoyo entre los blancos con títulos universitarios y el cese -o al menos una pausa- en la baja del apoyo a los demócratas entre los blancos sin título universitario: el presidente Biden necesitó todo eso para triunfar en noviembre. Y él, o algún otro demócrata, probablemente necesitará que esos factores se alineen otra vez en 2024.

La publicación de los datos del censo sobre quién votó el año pasado, así como un nuevo análisis de los resultados realizado por una firma líder de datos demócratas, clarificó muchos de los detalles de la victoria de Biden y proporcionó números para alimentar el debate continuo dentro del partido sobre quién merece el mayor crédito por la victoria y qué políticas harían más probable una repetición del logro.

La característica más llamativa de las elecciones sigue siendo la gran participación: la mayor proporción de la población elegible desde que la 19ª Enmienda a la Constitución, en 1920, duplicó aproximadamente el tamaño del electorado potencial al otorgar derechos de voto a las mujeres.

“Las tasas de participación aumentaron para todos”, afirmó Michael McDonald, de la Universidad de Florida, el principal experto del país en el tema.

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Los números más altos en todos los ámbitos significaron que incluso los grupos que se redujeron como parte del electorado aún produjeron más votos. Así, por ejemplo, participaron más estadounidenses blancos que nunca, a pesar de que ese grupo disminuyó como parte del electorado, continuando una tendencia de cada vez mayor diversificación de la población votante durante las últimas dos décadas.

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Biden se benefició de esa creciente diversidad. Aproximadamente cuatro de cada 10 de sus votos provinieron de personas de color, según un análisis recientemente publicado por Catalist, la firma de datos demócrata. Los votantes del presidente Trump, por el contrario, fueron abrumadoramente blancos, el 85%, según las estimaciones de la empresa, y solo el 15% fueron personas de color, en su mayoría latinos.

Biden también se benefició del mayor apoyo a los demócratas entre los blancos con educación universitaria. Esos votantes, muchos de los cuales viven en áreas suburbanas, se expresaron drásticamente contra Trump en las elecciones de mitad de mandato de 2018 y optaron por Biden en 2020, afirmó Yair Ghitza, científico jefe de Catalist.

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“En la era Trump, los votantes universitarios blancos se convirtieron en una pieza cada vez más central de la coalición demócrata”, señaló Ghitza. Una gran pregunta para las próximas elecciones es, "¿continuará eso?”.

Biden no mejoró entre los blancos sin título universitario, el grupo principal de Trump, pero tampoco perdió más terreno entre un grupo que sigue siendo la mayoría de votantes en muchos estados clave.

Nunca se puede saber con certeza qué tan bien le fue exactamente a un candidato entre los diferentes grupos de población porque las boletas son secretas. En la noche de las elecciones, las encuestas a boca de urna intentan estimar el desglose consultando a los votantes y preguntando a qué candidato favorecieron. Las estimaciones de dichos sondeos, aunque se citan a menudo, son muy imperfectas.

En los meses posteriores a las elecciones, se dispone de cifras adicionales, que mejoran esas evaluaciones. El censo pregunta a los estadounidenses si votaron, aunque no por quién. Y empresas como Catalist recopilan datos de los archivos estatales de votantes, que son públicos, para determinar quién sufragó. Luego, aplican modelos complejos del electorado, perfeccionados durante varios ciclos electorales, para analizar desgloses raciales, étnicos y de otro tipo.

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Para los partidos políticos, dos números son clave para analizar cómo cambia el voto de una elección a la siguiente: ¿Qué porcentaje del electorado forma cada grupo de población y cómo cambió el nivel de apoyo del partido en cada grupo?

En 2020, los votantes latinos y asiáticos aumentaron como proporción del electorado, mientras que la proporción de blancos disminuyó. La participación emitida por los votantes negros se mantuvo estable.

La participación entre los votantes latinos aumentó un 31% en comparación con 2016, y la participación asiática incrementó un 39%, según las estimaciones de Catalist. Como resultado, la proporción de latinos en el electorado de 2020 se expandió del 9% al 10%; los votantes asiáticos representaron alrededor del 4% del total.

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La participación entre los votantes negros, que ya era alta, se elevó en un 14%. El porcentaje es solo un poco mayor que la tasa de crecimiento del electorado en general, lo cual significa que los votantes negros permanecieron en el 12% del total.

Los votantes blancos siguen siendo, con mucho, el grupo racial más grande en el electorado, pero su participación cayó al 72%, desde el 74% en 2016 y el 77% en 2008, cuando el presidente Obama ganó su primer mandato.

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Gran parte de la baja entre los votantes blancos provino de aquellos sin títulos universitarios. Debido a que la popularidad de la universidad creció mucho en las últimas décadas, la población sin educación universitaria es más añosa, especialmente entre los estadounidenses blancos. En 2008, los votantes blancos sin educación universitaria constituían poco más de la mitad del electorado, pero para 2020, habían disminuido a poco más de cuatro de cada 10.

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En 2016, Trump pudo obtener una victoria al aumentar la proporción republicana de votantes blancos no universitarios. En 2020, con sus filas disminuyendo en relación con la población en general, pudo mantenerse en la contienda al mejorar su participación de votos entre los latinos y, en menor medida, entre los votantes negros, un resultado que sorprendió a muchos demócratas.

Los latinos pasaron del 71% de apoyo a Hillary Clinton en 2016 al 63% para Biden en 2020.

“Ese no es un movimiento pequeño”, reflexionó el analista demócrata Ruy Teixeira, quien lo ve como un presagio preocupante.

La caída varió significativamente de un estado a otro, señala el análisis de Catalist. El apoyo latino a la candidatura demócrata cayó 14 puntos porcentuales en Florida en comparación con 2016 y nueve puntos en Texas, pero solo cuatro en Georgia y cinco en Arizona, donde ganó Biden.

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Los votantes negros, por el contrario, continuaron apoyando a los demócratas de manera abrumadora. El 90% del voto negro que fue para Biden fue ligeramente inferior que el 93% obtenido por Clinton, pero eso fue más que compensado por una mayor participación de negros, estima Catalist.

Las tendencias hacia un electorado más educado y racialmente diverso continuarán durante años, lo cual representa un desafío para los republicanos a nivel nacional, destacó McDonald. “No se puede erigir ningún muro para detener eso”, comentó. Las leyes que muchos estados de mayoría republicana han comenzado a aprobar y que dificultan la votación son “una acción de retaguardia que intenta ganar algunos ciclos electorales más” de los electorados más viejos y blancos del pasado, señaló.

“Es como tapar un dique con un dedo. Eso no va a detener la subida del agua”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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