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Política

OPINIÓN: Su maldita frontera y nuestro maldito silencio

President Trump Threatens To Close The Southern Border With Mexico Over Immigration

Según fuentes estadounidenses, un comercio anual de 400 mil millones de dólares. Solamente en San Diego hay 100 mil empleos que dependen directamente de los mexicanos que cruzan desde Tijuana casi cotidianamente a comprar “del otro lado”. 

(Sandy Huffaker / Getty Images)

Hace unos días durante un acto ante sus seguidores, Donald Trump dijo que México no hacía lo suficiente para detener a los migrantes “ilegales”, por lo que en unos días cerraría la “maldita” frontera sur.

Poco después reiteró su declaración ante diversos medios de comunicación, ahora en calidad de presidente, lo que da un carácter oficial a la declaración y agregó que no estaba nada contento con México y que el cierre de la frontera podría ser largo, “no estoy jugando” dijo. Por su parte, el presidente mexicano prefirió no opinar al respecto bajo el argumento de “no engancharse” en el tema.

Sin embargo, ni la frontera es maldita ni el silencio es la única alternativa.

La frontera entre México y Estados Unidos es de 3.200 kilómetros y se conforma con los habitantes de 94 municipios mexicanos y 48 condados estadounidenses en los que viven 17 millones de personas, 9 millones del lado norteamericano y 8 millones de “este lado”.  

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En esta zona hay, según fuentes estadounidenses, un comercio anual de 400 mil millones de dólares. Solamente en San Diego hay 100 mil empleos que dependen directamente de los mexicanos que cruzan desde Tijuana cotidianamente de compras “al otro lado”. Por la frontera cruza diariamente un millón de personas.

Podríamos llenar hojas y hojas de datos positivos acerca de esta zona y de su interacción binacional. Decir que una de las regiones más prósperas del mundo es “maldita”, es un despropósito que no sería tomado en serio salvo que quien lo diga sea el presidente de Estados Unidos.

Lo que la actitud de Trump anticipa es que recurrirá a insultar a México una y otra vez. Incluso, mi pronóstico es que irá subiendo el tono cada vez más, por la simple y sencilla razón que le generará más aplausos y a la larga, más votos.

Del lado mexicano, es increíble pensar que las únicas dos alternativas sean pelearse con Trump o quedarse callado, pero no cuando se es el presidente de México. Es un tema de principios y estrategia.

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El presidente mexicano no se debe limitar a preguntar en la plaza pública y someter a “votación” si le contesta o no a Trump. En el fondo estarían haciendo lo mismo. Trump atacando a México, alentado por los aplausos frenéticos de sus seguidores y AMLO no contestando con el aplauso frenético de los suyos. Esto es restarle seriedad al asunto.

No se trata de pelearse con Trump. Cuando era candidato, AMLO prometió en varias ocasiones que cada tuit de Trump lo respondería por la misma vía, para que “aprendiera a respetarnos”.

En ese entonces, muchos dijimos que esa no era la solución ni ayudaría a la necesaria relación que debemos tener con Estados Unidos. Afortunadamente, el presidente mexicano no cumplió esa promesa. Pero de ahí a no hacer nada, hay una diferencia considerable.

¿Por qué no mejor difundir los beneficios mutuos de la frontera en común? No sólo en México por supuesto, sino también en Estados Unidos. ¿Por qué no el presidente de México, o un funcionario de alto nivel, da una o varias entrevistas a CNN, NBC o a otras grandes cadenas de televisión estadounidenses y sin mencionar a Trump abordar con datos sólidos, incluso de fuentes estadounidenses, las bondades de la frontera, la relación con México y las aportaciones de los mexicanos en Estados Unidos?

 ¿Por qué en vez de mandar a la Secretaria de Gobernación y a su staff a rendir cuentas en Miami, no se publica y difunde ampliamente información que desmitifique lo que dice Trump? Insisto, sin mencionarlo, ni engancharse en sus temas.

La única respuesta que el presidente mexicano esboza es que hay que desarrollar la región sur de México y Centroamérica para que ya no haya migración. Está bien, pero falta mucho tiempo para que llegue ese desarrollo y más aún para que tenga los efectos que pronostica AMLO. Eso llevará muchos años, si es que algún día llega y cada vez parece más un recurso para sus discursos, un pretexto para no hacer nada y no una estrategia en marcha.

El asunto es más serio que simplemente ofrecer una respuesta en una conferencia de prensa “mañanera” o la votación a mano alzada en un mítin. El daño que puede provocar en México el deterioro de las relaciones políticas, económicas o comerciales con Estados Unidos puede tener consecuencias devastadoras.

Trump no se va a detener si nos quedamos callados. No se va a cansar. Basta con leer su libro “El arte de negociar” para darse cuenta de que mientras crea que la estrategia le es útil, seguirá usándola al máximo.

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De no ser porque el riesgo es real, este tema debería provocarnos risa y no lo estamos tomando seriamente. Y a juzgar por lo que dicen y hacen, las dependencias mexicanas involucradas en el tema, ni siquiera se han coordinado.

* Presidente de Mexa Institute

@mexainstitute


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