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Política

El cierre del gobierno nunca pondrá a los seguidores del presidente en su contra

Trumpitis

El presidente Trump habla durante un mitin en Cleveland, Ohio, el 5 de noviembre de 2018 (Carolyn Kaster / Associated Press).

(Associated Press)

Es reconfortante para los liberales pensar que el cierre del gobierno finalmente volverá a la base de seguidores del presidente Trump en su contra. Pero eso no va a suceder.

Pasé gran parte de los últimos siete años estudiando las respuestas de los votantes a las políticas y posiciones republicanas en los estados del sur y medio oeste.

Muchas de estas políticas afectaron los servicios gubernamentales y la estabilidad económica, lo cual provocó efectos desastrosos en el mundo real para muchas personas, incluidos muchos votantes del partido republicano.

Una y otra vez, descubrí que el apoyo a los políticos de ese sector se profundizaba, incluso a medida que las políticas implementadas por ellos habían vuelto la vida de las personas en sus propios estados —incluidos los de sus partidarios principales— mucho más difícil.

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En Tennessee, por ejemplo, mis colegas y yo organizamos grupos focales que incluyeron a personas con enfermedades crónicas, cuyo tratamiento había sufrido alteraciones porque los políticos estatales habían atacado repetidamente la expansión de Medicaid vinculada con la Ley de Cuidados de Salud Asequibles (ACA, por sus siglas en inglés).

Muchos de los encuestados gravemente enfermos, que se identificaron como republicanos, respaldaron las iniciativas de sus líderes para debilitar la ACA, a pesar de que estas socavaron su propia atención médica e incrementaron sus facturas de salud.

En Kansas, entrevisté a los partidarios del gobernador Sam Brownback, cuyas políticas alimentadas por el Tea Party casi llevaron al estado a la bancarrota.

Los grandes recortes de impuestos que el político defendió, redujeron los ingresos en alrededor de $687 millones, o casi el 11% del presupuesto estatal, solo en el primer año.

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Agencias como Moody’s y Standard & Poor rebajaron la calificación crediticia del estado. Sin embargo, muchos de los principales partidarios del gobernador me dijeron que votaron para reelegirlo a un segundo mandato, incluso después de que sus recortes de impuestos eliminaron fondos para las escuelas a las que asistían sus propios hijos.

En Missouri, hice un seguimiento del aumento en el derramamiento de sangre que siguió a la flexibilización de las leyes sobre armas de fuego por parte de los políticos del partido republicano, con el estímulo de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés).

Las armas inundaron el estado y todas las categorías de lesiones y muertes relacionadas con ellas aumentaron a medida que resultaba más fácil para los individuos comprarlas y portarlas. Y aún así, los votantes de ese partido en Missouri continuaron respaldando a los políticos que habían patrocinado dicha legislación.

La política, por supuesto, es a menudo desordenada y confusa. Las personas se identifican con políticos particulares por razones que no tienen sentido para los extraños que no comparten su visión. A veces una prioridad opaca a otra. Sin embargo, varias cuestiones surgieron a partir de mi investigación.

Una de ellas fue la capacidad de los votantes del partido republicano, especialmente de aquellos que desconfiaban del gobierno, de tener pensamientos aparentemente conflictivos sobre los servicios gubernamentales.

“Estaría muerto sin mi Medicaid”, dijo un hombre en nuestros grupos de sondeo”, y agregó que “la ACA es el socialismo en su forma más perversa”.

El gobierno ineficaz también se aprovechó de viejos prejuicios y ansiedades raciales. Un padre blanco de Kansas, que se identificó como partidario republicano, insistió en que los recortes presupuestarios escolares estaban justificados porque “los negros solo usan los fondos escolares para alquilar autobuses para fiestas”.

Más frecuentes fueron las vagas preocupaciones sobre las formas en que las minorías o los inmigrantes usurparon recursos no merecidos, como cuando un consultado aseguró que “nosotros pagamos por los cupones de alimentos y todo lo que quieren los mexicanos”.

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Tales preocupaciones a veces llevaron a las personas a defender un “principio”, incluso cuando les perjudicaba. Nunca olvidaré cómo un hombre que arrastraba un tanque de oxígeno debido a una grave enfermedad pulmonar, me dijo que prefería morir (y falleció poco después) que recibir los beneficios de la ACA porque la ley usaba “los dólares de mis impuestos” en “mexicanos y reinas de la asistencia social”.

Los datos que mi equipo de investigación acumuló mostraron cómo este tipo de concesiones mortales acortaron la vida útil y, en ocasiones, perjudicaron de manera desproporcionada a las comunidades blancas que forman el núcleo del apoyo republicano.

Ciertamente, me encontré con muchos votantes del partido republicano que simplemente creían en un gobierno más pequeño y más efectivo, y cuyas opiniones políticas no estaban motivadas por la sensación de que otros jugaban con el sistema. Pero esas voces moderadas eran más pequeñas entre los sujetos de mi investigación, y ciertamente no han dominado las recientes elecciones.

Es importante que los demócratas entiendan porqué algunos partidarios de Trump lo respaldan, incluso cuando se ven perjudicados por sus políticas. Con los cierres gubernamentales, las caídas del mercado de valores, las defecciones en el gabinete o las mentiras presidenciales, los demócratas no pueden esperar que los partidarios de Trump vean la luz simplemente porque las políticas del mandatario afectan negativamente sus vidas.

Deberían responder a eventos como el cierre con críticas razonadas y plantear alternativas concretas. Pero también deberían entender que el caos que Trump crea es útil a sus objetivos políticos más amplios, al aprovechar las profundas grietas que existen en EE.UU. en cuestiones de raza, clase e ideología.

Jonathan M. Metzl dirige el Center for Medicine, Health and Society, de la Universidad de Vanderbilt, y es autor del libro de próxima edición Dying of Whiteness: How the Politics of Racial Resentment is Killing Americas Heartland (Morir de blancura: cómo la política del resentimiento racial está matando el corazón de EE.UU.).

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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