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Eso que sientes se llama languidez

Te sientes estancado, aburrido de seguir la misma rutina de lunes a viernes
Te sientes estancado en esta contingencia, aburrido de seguir la misma rutina de lunes a viernes y sin la posibilidad de celebrar o de pasar un rato agradable durante los fines de semana como estabas acostumbrado. Esto que experimentas se llama languidez.
(AGENCIA REFORMA)

Tras 16 meses de pandemia, abres los ojos por la mañana y piensas que no quieres ir a trabajar. ¿Cuál es la razón, dices, si lo único que haces es ir a otro cuarto de la casa para pasar las siguientes ocho, 10 o hasta 12 horas frente a la computadora?

Te sientes estancado en esta contingencia, aburrido de seguir la misma rutina de lunes a viernes y sin la posibilidad de celebrar o de pasar un rato agradable durante los fines de semana como estabas acostumbrado.

Esto que experimentas tiene nombre: languidez.

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“Es un término que el COVID-19 puso en boga”, explica el psicoterapeuta José Luis Leal. “No es un cuadro clínico de depresión que tiene síntomas específicos y persistentes a lo largo del tiempo, pero sí habla de la sensación de aburrimiento, de estancamiento, de desesperanza, de resignación y de frustración”.

La languidez no llega de manera súbita e intensa, comenta, sino que es pasiva y se presenta como desgano, desmotivación e incertidumbre, esta última incentivada por el bombardeo de información sobre la prevalencia del coronavirus que hace dudar si el actual trago amargo alguna vez terminará.

¿Y cuántos han sentido este malestar? Quizá más personas de las que crees.

“Yo creo que todos en algún momento de los últimos meses vivimos desesperanza, desmotivación, decepción, estancamiento, aburrimiento y falta de estímulos en mayor o menor medida”, agrega el experto en salud mental.

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“Tampoco quiero decir que absolutamente cada persona en el mundo pasa por esto, pero sí es seguro decir que la gran mayoría (lo ha experimentado)”.

La pérdida

Es indudable que el COVID-19 trajo a miles de familias momentos de profundo dolor, luto y duelo por la pérdida de vidas, indica el psicoterapeuta Leal.

“Pero también están los duelos que puedo llamar pequeños o simbólicos, que tienen que ver más con todo lo que perdimos en la vida diaria, con todas nuestras fuentes de energía.

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“Por ejemplo, si antes (de la pandemia) tenías una semana de trabajo dificilísima, podías pasar la noche del sábado con tus amigos de toda la vida, ir de paseo con tu familia el domingo, o practicar un deporte que te llenaba de vitalidad”.

Los beneficios de la socialización son muchos, pero ¿qué hizo la emergencia sanitaria? Borrarlos del mapa, continúa el experto. También quedaron fuera del alcance los espacios de transición entre la vida laboral y la privada, de juegos y de tradiciones diarias o semanales. Esto trae el aumento del desgano y del aburrimiento que identifica a la languidez.

“Hemos, incluso, perdido la noción del tiempo laboral”, menciona Paola González, profesora de la Escuela de Psicología de la UDEM. “De pronto ya no tenemos que estar físicamente en los trabajos y, en lugar de pasar ocho horas (en un espacio), encuentras que estás las 24 horas conectada (a tus deberes)”.

Por eso, indica la experta, un saludable primer paso es aceptar que la pérdida no solo está relacionada con la muerte de alguien, sino también con el ausente sentido de la normalidad. Es esencial abrir paso al dolor por este tipo de daño.

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