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¿Por qué se necesitaría un refuerzo de vacuna contra el COVID-19?

Syringes loaded with Pfizer vaccine are ready to be used at an open COVID-19 vaccination site
Jeringas cargadas con la vacuna Pfizer-BioNTech, listas para su uso en un sitio de vacunación contra el COVID-19 montado en el campus de la Universidad Estatal de Jackson, en Jackson, Misisipi.
(Rogelio V. Solís / Associated Press)

Desde los primeros días de la pandemia, los científicos han contado con las vacunas contra el COVID-19 para sacarnos de la emergencia sanitaria internacional. Pero también han sido conscientes de que la inmunidad proporcionada por éstas podía ser limitada en el tiempo.

La suposición de que la inmunidad inducida disminuiría rápidamente se basó en la experiencia previa con otros coronavirus, especialmente cuatro especies estacionales que han circulado desde que la medicina moderna comenzó a prestarles atención.

Esos cuatro miembros de la familia de los coronavirus difieren en muchos aspectos del virus SARS-CoV-2 que causa el COVID-19, sobre todo porque no provocan nada mucho peor que un resfriado común. Pero los científicos asumieron que sus semejanzas familiares serían reveladoras.

Una investigación de 1990 que implicó infectar a voluntarios británicos con dichos coronavirus descubrió que después de un año, la mayoría todavía tenía niveles elevados de anticuerpos. Esos anticuerpos adicionales no los protegieron de la reinfección cuando fueron expuestos deliberadamente otra vez, aunque ninguno desarrolló síntomas de resfriado y la mayoría eliminó el virus rápidamente.

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Otro estudio revelado en 2020 evaluó a un pequeño grupo de personas sanas, al menos dos veces al año durante más de 12 años. Se descubrió que después de que alguien era infectado por cualquiera de esos cuatro coronavirus, la inmunidad rara vez duraba mucho más de 12 meses. En algunos casos, hubo una reinfección en tan solo seis meses.

La notable eficacia de las vacunas contra el COVID-19 fabricadas por Pfizer-BioNTech y Moderna hizo que algunos científicos se sintieran optimistas y pensaran que el patrón podría cambiar.

En un informe preliminar publicado en línea el mes pasado, los investigadores del Instituto de Inmunología de La Jolla descubrieron que quienes recibieron la vacuna de Moderna desarrollaron niveles de inmunidad que auguraban una protección duradera.

Aún mejores fueron los tipos específicos de inmunidad que encontraron los investigadores, incluidas las células T de larga duración que continúan generando anticuerpos protectores. “Desde el principio pensé que habría una probabilidad de 50 a 50 de que necesitáramos vacunas en un año”, comentó Shane Crotty, investigador de vacunas del La Jolla Institute que coescribió dos estudios sobre la inmunidad contra el SARS-CoV-2. “Pero encontramos mucha evidencia de inmunidad duradera que probablemente duraría años en la mayoría de las personas vacunadas”.

Aun así, los científicos han observado de cerca la caída esperada en la inmunidad inducida mediante las vacunas.

Los Institutos Nacionales de Salud iniciaron una serie de estudios destinados a identificar correlatos de inmunidad: anticuerpos y otras medidas fisiológicas que podrían indicar si una persona está protegida contra una enfermedad. Ver que esos correlatos caen por debajo de un cierto umbral podría brindar una advertencia temprana del riesgo de reinfección.

Mientras tanto, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) están rastreando a varios grupos grandes de personas que estuvieron entre los primeros en vacunarse, incluidos los trabajadores de la salud y residentes de viviendas grupales. Estos grupos son como ‘canarios en una mina de carbón’: indicarán a los investigadores cuándo podrían ser necesarios refuerzos.

Hasta ahora, Israel ha generado algunas de las pruebas más convincentes de la disminución de la inmunidad a las vacunas.

Con el 68% de los residentes de 12 años o más completamente vacunados contra el COVID-19, parecía que en el país se habían suprimido los brotes de coronavirus casi totalmente a principios del verano (boreal). Sin embargo, desde junio, sus casos se han duplicado cada siete a diez días.

Más de la mitad de los nuevos casos en Israel sucedieron en personas completamente vacunadas, una señal de que la inmunidad inducida por vacunas estaba comenzando a disminuir.

Esa sospecha fue confirmada por los hallazgos de un estudio preliminar publicado en línea el mes pasado. Investigadores de Maccabi Healthcare Services, una de las dos HMO estatales de Israel, encontraron que durante junio y julio, los israelíes que habían recibido su primera dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech en enero tenían más del doble de probabilidades de ser reinfectados que sus contrapartes que la habían recibido en abril.

Muchos de los que padecían las llamadas infecciones progresivas eran israelíes mayores e individuos con problemas de salud subyacentes, que los hacen más susceptibles al virus. Y prácticamente todas las infecciones involucraron la variante Delta, altamente transmisible, que se replica mucho más rápido que sus predecesoras y puede ser capaz de superar las defensas del sistema inmunológico mientras aún está aumentando.

Sin embargo, parecía alta la probabilidad de que, al menos en algunas personas, la inmunidad inducida por la vacuna se hubiera debilitado.

Crotty sospecha que la variante Delta es la responsable de socavar la inmunidad inducida por la vacuna, que alguna vez pareció tan prometedora.

“Delta parece mucho más fuerte; eso ha generado bastante incertidumbre”, comentó. No obstante, todavía no está convencido de que las vacunas de refuerzo deban aplicarse a todos. El plan informado por EE.UU, de ofrecer refuerzos a las personas ocho meses después de su segunda dosis, “es una decisión al estilo ‘mejor prevenir que curar’”, comentó Crotty. “¿Se requieren refuerzos, o se necesitan críticamente? No creo que los datos apoyen eso”, añadió. “¿Ayudarán los refuerzos? ¿Será mejor la inmunidad protectora? ¡Sí! Completan los niveles de anticuerpos y los ensayos lucen muy bien”.

El Dr. Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud, reconoció el martes pasado que los datos israelíes sobre infecciones posvacunación han influido poderosamente en el pensamiento de los funcionarios de salud estadounidenses.

“Las personas que se vacunaron en enero son las que ahora tienen más casos importantes”, señaló Collins durante una entrevista en “The Hugh Hewitt Show”. Si bien la mayoría no se ha enfermado gravemente, agregó, “se está comenzando a observar una pequeña tendencia de algunos que requieren hospitalización”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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