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California

Activista latina de comadre a madrina de sindicato para padres por la educación

activismo
Alma y Keri se reunen en Nueva Orleans con mas de 100 activistas en movimiento a los sindicatos de padres.
(Cortesia)

Alma Márquez cuenta con más de 25 años como activista a favor de la educación de calidad a nivel local, pero este 2020 su visión se expande a California y todo Estados Unidos con la creación de un sindicato para padres, igual al molde que el de los sindicatos de maestros.

La fundadora de La Comadre, una coalición de familias que lucha por la igualdad de la educación en Los Ángeles, se convierte en cofundadora de National Parents Union (NPU), una organización sin fines de lucro recién nacida hace dos años, que da sus primeros pasos para proporcionar una red amigable de padres de diferentes orígenes, mismos que pueden abogar en la política por un cambio sistémico en la educación de sus hijos.

“En pláticas con la activista Keri Rodrigues llegamos a la conclusión del pobre poder que los padres tienen en las decisiones que toman sus escuelas, y que tampoco son incluidos en las políticas del sistema educativo. El problema es grande porque sus voces no se escuchan ni en Los Ángeles, ni en Massachusetts, Boston u otros estados de la nación”, dice Márquez.

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De hecho, señala la activista quien trabajoo para Green Dot Public Schools, los estudios muestran que para 2024, el 30% de todos los niños de escuelas públicas serán de origen hispano y, sin embargo, a menudo son el grupo con peor desempeño en puntajes de exámenes estandarizados.

“Esto sucede porque hay familias vulnerables que no saben navegar el sistema o pedir ayuda, también ocurre por la falta de diversidad docente entre los rangos de enseñanza, la mala distribución de fondos escolares y la poca responsabilidad que se le achaca al personal para cumplir estándares”, sostiene.

Con el concepto de un sindicato para padres, la activista busca un empuje colectivo que pueda poner a los estudiantes más rezagados en la prioridad para obtener clases avanzadas de tecnología, ciencias y matemáticas para competir de manera global.

La organización recluta agencias sin fines de lucro y activistas comunitarios que quieran hacer de los padres más vulnerables comunidades de líderes.

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“El servicio es para los padres inmigrantes, tutores del sistema de crianza, minorías, de bajos recursos, de escuelas tradicionales y chárter, que quieren un cambio”, dice Márquez.

Inclusive padres con hijos especiales, niños con necesidades especiales o en el sistema de libertad condición pueden ser parte del movimiento. El propósito es imitar la estructura de los sindicatos de maestros para forjar conversación y peso en las decisiones del sistema.

En sus primeras fases, alrededor de 125 delegados de diferentes estados del país se reunieron este pasado miércoles en Nueva Orleans, en un esfuerzo por consolidar la Unión Nacional de Padres.

Los organizadores, que incluyen a Andy Stern, exdirector del Sindicato Internacional de Empleados de Servicio y otros veteranos de SEIU, dicen que quieren usar métodos de organización laboral para convertir a los padres en una fuerza para la reforma educativa.

“Al principio, habrá tensión con los sindicatos de docentes a medida que se adapten a esto”, dice Stern, presidente emérito de NPU.

Márquez agrega que sin equidad no hay excelencia, una de las metas del sindicato.

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“Empujamos buenos currículos y maestros para los estudiantes sin importar donde estén, queremos que los padres sean considerados en los cambios, que sean respetados como adultos con decisiones, y responsabilizar al sistema educativo para que los fondos se vean en las clases”, dice la activista.

De igual forma, Rodrigues, madre de tres y una activista de SEIU desde hace mucho tiempo, se une a los delegados de otros 49 para lanzar el movimiento.

“Los maestros pueden tener un asiento en la mesa, pero no puede ser nuestro asiento”, dice el presidente de NPU, Keri Rodrigues.


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