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Según una encuesta, casi la mitad de las pequeñas empresas están en peligro de cerrar durante la pandemia

Celene Navarrete, a la izquierda, y Chiara Arroyo frente a su librería LA Librería en el vecindario de Mid-City. Han reducido la mitad de su personal y utilizado un préstamo para pagar el alquiler durante el cierre ordenado por el estado.
(Sergio Lopez)

Si la turbulencia económica inducida por la pandemia dura más allá de Memorial Day, cerca de la mitad de las pequeñas empresas de Estados Unidos podrían estar en peligro de cerrar, según una encuesta.

Carlos Marroquín se dejó caer con cansancio en un banco de madera en el centro de la pequeña tienda de fútbol de Newhall en la que ha invertido 15 años de su vida y todos sus recursos económicos.

“Nunca me sentí tan asustado como ahora”, dijo, con los ojos sonrientes asomándose por encima de la cara cubierta de tela. “Rezo para sobrevivir. No sé si lo haré".

La tienda de Marroquín, Planet Soccer, resistió la recesión de 2008, los incendios forestales cercanos y un colapso reciente del techo causado por las fuertes lluvias. Pero todo eso palidece en comparación con el impacto que su tienda, y la mayoría de las pequeñas empresas, han sufrido durante el cierre ordenado hace dos meses por el gobernador Gavin Newsom en respuesta a la propagación de COVID-19.

La tienda pudo reabrir, bajo ciertas restricciones, la semana pasada, pero con una caída del negocio de más del 90%, la apertura puede ser una ejecución en lugar de un alivio.

A treinta y cinco millas de distancia, en la parte de Mid-City de Los Ángeles, Chiara Arroyo y Celene Navarrete tienen preocupaciones similares. Ya han reducido la mitad del pequeño personal de LA Librería, la tienda de libros en español para niños, y utilizaron un préstamo para pagar el alquiler.

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“No sabemos sobre el futuro y cómo podremos mantener nuestro negocio”, dijo Arroyo. “Es un poco difícil”.

Si la crisis económica causada por la pandemia dura más allá del Día de los Caídos, lo que parece seguro, aproximadamente la mitad de todas las pequeñas empresas podrían estar en peligro de fracasar, según una encuesta de abril realizada por la Federación Nacional de Empresas Independientes. Más de 6 de cada 10 podrían cerrar si el daño dura hasta el Día del Trabajo.

Carlos Marroquín, de 53 años, propietario de Planet Soccer, practica el distanciamiento social al momento de hablar con el cliente, Benton Watkins, de 13 años, de Santa Clarita, mientras se prueba un nuevo par de tenis de fútbol dentro de la tienda de Newhall recientemente reabierta. Ambos llevan mascarillas protectoras.
(Mel Melcon/Los Angeles Times)

“La verdadera pregunta es sobre la solvencia”, señaló Brian T. Kench, decano de la facultad de negocios de la Universidad de New Haven en Connecticut. “A medida que continúa la crisis, nos estamos alejando de una especie de charla feliz sobre la recuperación rápida en forma de V hacia algo que tiene un poco más la forma de U o de L, donde la duración dura mucho más”.

“Eso lleva a más y más empresas a sólo tratar de sostenerse”.

Y si bien cada restaurante o boutique cerrada es un duro golpe para su vecindario, algunos de esos golpes dolerán más que otros. En el caso de tiendas como Planet Soccer y LA Librería, y tantas otras que encajan en un nicho único, su cierre dejaría un agujero insoluble en la comunidad.

“Son muy importantes, especialmente porque es la única librería en español para niños en el área”, dijo Anna Ávalos, bibliotecaria principal de colecciones multilingües en la Biblioteca Pública de Los Ángeles sobre LA Librería. “Todas las demás están en Nueva York y Miami. Aquí nada más tenemos a LA Librería donde la comunidad puede ir y comprar libros”.

Ávalos almacena estantes en 73 bibliotecas públicas, en parte con material infantil comprado en LA Librería. Y si bien esos mismos libros se pueden comprar en línea, lo que no se puede encontrar en la web es la experiencia de las dos propietarias de la librería.

“Trabajo con ellas porque sé que van a estar bien informadas y a conocer la calidad de los libros que me envían”, dijo Ávalos. “Son madres como yo que están tratando de obtener los mejores artículos para nuestros hijos. Y debido a que tienen ese conocimiento, pueden proporcionarlo”.

Fue una experiencia difícil de conseguir. Arroyo, quien nació en España y tiene una maestría en periodismo y una licenciatura en filosofía y literatura, y Navarrete, una mexicana que enseña tecnología de la información en Cal State Dominguez Hills, se conocieron cuando fueron asignadas al comité de feria de libros en la escuela bilingüe de sus hijos. Asombradas por las malas traducciones y los roles estereotipados de los personajes en los libros que encontraron, Arroyo expuso: “Decidimos tomar medidas y dijimos ‘ok, intentemos mejorar eso’”.

Eso fue en 2012 y la primera colección de libros en que trabajaron se agotó tan rápido que abrieron una tienda en 2015. Hoy, la mitad de sus clientes no hablan español, sino que vienen a LA Librería para recibir consejos sobre cómo ayudar a sus hijos a ser bilingües.

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“LA Librería es más que una librería. Nos hemos convertido en un centro para muchas familias”, manifestó Arroyo sobre la tienda de 800 pies cuadrados a lo largo de un tramo comercial de Washington Boulevard. “La gente viene desde Tijuana porque tenemos libros que no encuentran en México. Las personas llegan desde Fresno porque contamos con un taller y el viaje valdrá la pena para ellos”.

“Es una tienda a la que hay que visitar”.

Pero ahora, también es una tienda cerrada, con libros disponibles sólo para recoger en la acera. Y si no se vuelve a abrir este verano, señaló Ávalos, “habrá un gran hueco en la comunidad”.

De vuelta en Newhall, Marroquín, un ex jugador de la selección nacional juvenil en su natal Guatemala que dijo que tuvo dos cortas estadías en clubes de fútbol profesionales en Europa, debe más de $9.000 en renta en un vecindario que se está gentrificando rápidamente. Ponerse al día será difícil; Marroquín ya se ha deshecho de todos los empleados con los que no está relacionado, pero desde que reabrió parcialmente hace una semana, el negocio está al 10% de lo normal.

“El problema fundamental para todas estas pequeñas empresas es que los ingresos se han acabado”, dijo Kench, decano de la escuela de negocios.

Para Marroquín, de 53 años, esos ingresos provinieron del club local y jugadores de la American Youth Soccer Organization o los cinco equipos de fútbol de la escuela preparatoria. Con las escuelas cerradas y las prácticas del club canceladas por COVID-19, el flujo de tráfico a través de la tienda se ha reducido lentamente.

“Nadie está jugando fútbol en este momento”, destacó Marroquín, quien mezcla apresuradamente, las palabras en inglés y español cuando está emocionado. “Nadie está practicando”.

Pero al igual que LA Librería, Planet Soccer ha estado vendiendo más que mercancía, lo que haría que su desaparición fuera más dolorosa.

“Esta es una tienda de fútbol. No vendemos sólo por vender”, dijo Marroquín, quien abrió la tienda en 2005. “Estamos 100% seguros de que las personas obtienen los zapatos correctos, el balón de fútbol adecuado y la camiseta apropiada. No es como otros lugares, donde eliges lo que quieras y te vas. Aquí piden consejos”.

Eso ha valido la pena más en lealtad que en ganancias.

“Todos conocen a Carlos en la comunidad. Cada una de las madres de fútbol”, dijo Noelle Watkins, quien entró con su hijo de 13 años y obtuvo un descuento en su compra porque el niño juega en una liga local.

Fuera de la tienda, el equipo semipro femenino que patrocina Marroquín no está seguro de si jugará esta temporada. La Santa Clarita Blue Heat envió a dos jugadoras a la Copa Mundial Femenina en Francia el verano pasado y dos años antes de eso, una de sus estrellas, la venezolana Deyna Castellanos, terminó en tercer lugar en la votación para el premio a la jugadora del año de la FIFA.

Entonces, si Marroquín tiene que cerrar las puertas de su tienda de 1.281 pies cuadrados de forma permanente, Santa Clarita perderá no sólo su tienda de fútbol sino también el equipo de fútbol. Claro, las grandes tiendas seguirán vendiendo zapatos de fútbol. Pero esos otros huecos serán difíciles de llenar.

“Esa es la gran diferencia entre una pequeña empresa y grandes corporaciones”, señaló Marroquín, quien aún no tiene planes de renunciar.

“Estaré aquí todos los días”, promete, “pase lo que pase”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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