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A medida que aumenta el coronavirus, más tiendas optan por pagos electrónicos. El precio es el racismo

A medida que aumenta el coronavirus, más tiendas optan por pagos electrónicos. El precio es el racismo
Antes de que San Francisco adoptara una ordenanza que obligaba a las empresas a aceptar efectivo, algunos letreros publicados, como este, advierten a los clientes que sólo aceptan tarjetas y transacciones digitales.
(Jeff Chiu / Associated Press)

Mientras nos apresuramos en una sociedad “sin dinero” para frenar el coronavirus, sepan que hay consecuencias

Con los casos de coronavirus en aumento una vez más, supe que era sólo cuestión de tiempo antes de que el letrero apareciera en la puerta de mi cafetería favorita.

“POR FAVOR NO PAGO EN EFECTIVO EN ESTE MOMENTO. TARJETA DE CRÉDITO Y PAGO SIN CONTACTO SOLAMENTE”.

Ninguno de los baristas quiere manejar fajos de billetes de dólar potencialmente contagiosos que los clientes sacan de sus bolsillos, especialmente con algunos condados que detienen o retrasan sus planes de reapertura y funcionarios de otros condados que temen abiertamente que California esté comenzando a perder la batalla contra el COVID-19.

Al principio, de hecho, la administración del gobernador Gavin Newsom aconsejó a los minoristas que instalen sistemas que permitan a las personas pagar desde lejos para minimizar las posibilidades de propagación del coronavirus.

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Y en respuesta, el efectivo no fue aceptado cuando los campos de golf públicos reabrieron en la ciudad de Los Ángeles, ni cuando un puñado de negocios abrieron sus puertas nuevamente en Manhattan Beach y Pasadena.

Todo esto ha renovado la conversación sobre una “sociedad sin efectivo” que podría estar próxima. Según una encuesta reciente encargada por Square, el gigante de pagos móviles con sede en San Francisco, los propietarios de pequeñas empresas creen que la nación abandonará por completo el papel moneda en poco más de una década y que la pandemia acelerará la transición.

“En promedio, los propietarios de pequeñas empresas ahora piensan que Estados Unidos se quedará sin efectivo seis años antes de lo que predijeron el año pasado cuando se les hizo la misma pregunta”, según la encuesta.

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Permítame una palabra de precaución.

A medida que nos precipitamos en este valiente mundo nuevo y supuestamente más seguro que le brinda la industria tecnológica de California, sepa que habrá consecuencias. Al igual que muchas de las políticas y estrategias que hemos considerado necesarias para combatir el coronavirus, desde cerrar la economía a los trabajos que elegimos como “esenciales”, esto seguramente exacerbará las desigualdades raciales existentes.

Considere que alrededor del 6.5%, o 8.4 millones, de hogares estadounidenses no tienen una cuenta corriente o de ahorro en un banco, según una encuesta de Federal Deposit Insurance Corp. La gran mayoría de ellos son negros o latinos, las mismas personas quienes se contagian de COVID-19 a tasas desproporcionadas, están perdiendo sus empleos y, en California, son tan pobres que se están quedando sin hogar.

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Salud

Por eso fue un poco problemático leer los resultados de Square.

A principios de marzo, según la compañía, sólo el 8% de los muchos minoristas que usaban sus productos en EE.UU no tenían efectivo, o, en otras palabras, aceptaban al menos el 95% de sus transacciones con tarjetas de crédito o débito o mediante algún otro método. A mediados de abril, había subido al 31%.

En el condado de Los Ángeles, las empresas que prácticamente se habían alejado del efectivo crecieron del 8% a principios de marzo al 31% a fines de abril, y se establecieron alrededor del 25% a mediados de junio, según Square.

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Sospecho que el porcentaje de estos negocios volverá a aumentar en el futuro cercano, dado el incremento en los casos de coronavirus y hospitalizaciones por COVID-19 en todo el país y en el sur de California, en particular. El incentivo ciertamente está ahí para las empresas. Además, no hay nada que los detenga.

Los Ángeles, como la mayoría de las ciudades, no prohíbe que las empresas físicas se queden sin efectivo. Sin embargo, Filadelfia lo hace, junto con Nueva Jersey y Massachusetts.

Y luego está San Francisco, que, por lo que puedo decir, es una de las pocas ciudades de California, junto con West Hollywood, que requiere que todas las compañías sigan recibiendo billetes de un dólar. La ex supervisora Vallie Brown, que se postula para recuperar su escaño del Distrito 5 en noviembre, propuso la ordenanza el año pasado, impulsada por el tema de la inequidad.

“Una gran población de personas simplemente no tenían tarjetas de crédito y no contaban con tarjetas bancarias”, expuso. “Cuando comencé a preguntarle a la gente sobre el por qué, respondieron: ‘No podemos pagar las comisiones del banco. Vivimos de cheque en cheque y se debe tener una cierta cantidad en su cuenta bancaria. Esos últimos $50, los vamos a necesitar para comida’”.

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“Las personas que viven realmente al límite, no tienen para pagar $20 o $50. Simplemente no pueden hacerlo”.

Esto es especialmente cierto en California, que tiene la tasa de pobreza más alta de la nación, alrededor del 18%, según la Oficina del Censo, cuando el costo de vida, es decir, la vivienda, se incluye en la ecuación.

Además, los inmigrantes indocumentados representan el 10% de la fuerza laboral del estado y están sobrerrepresentados en la prestación de servicios esenciales como atención médica, alimentos y construcción. También ellos a menudo carecen de cuentas bancarias porque, como dijo Brown, “tienen miedo del gobierno federal, y deberían de sentirlo”.

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Lo que es alentador es que toda esta cuestión de la sociedad sin dinero en efectivo aún no se ha cerrado. Todavía hay tiempo de sobra para reflexionar sobre cómo trabajamos a través de las muchas inequidades que han sido reveladas por la pandemia, especialmente con la economía.

Otras ciudades deberían considerar prohibiciones en la línea de lo que pasa en San Francisco. Porque incluso cuando esa ciudad se detuvo abruptamente por el COVID-19, reabrió su economía y comenzó a cerrarla nuevamente, el supervisor Dean Preston dijo que no ha habido ningún retroceso.

La revolución tecnológica de California debe ser inclusiva.

“Si alguien entra en su tienda y tiene efectivo pero dice que no cuenta con una tarjeta de crédito, alguno puede responderle: ‘Lo siento, no puedo ayudarlo’. Debemos dar un paso atrás y decir, ‘esto no está bien’”, comentó Brown. “Eso podría ser todo lo que tienen”.

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Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.


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