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Columna: Después de negarles a sus conductores la condición de empleados, Uber y Lyft los llaman ‘esenciales’

Uber CEO Dara Khosrowshahi gestures as he answers a question during a 2018 interview in New York.
El CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, quiere que piensen que designar a sus conductores como trabajadores esenciales tiene que ver con el interés público. No lo es.
(AP)

El papel que juegan los conductores en el éxito de Uber y Lyft siempre ha sido un tema que las empresas de transporte compartido han evitado.

A veces, las compañías incluso han negado que los choferes sean muy importantes.

El año pasado, por ejemplo, Uber afirmó que ese trabajo estaba “fuera del curso habitual del negocio de Uber, que sirve como plataforma tecnológica para tipos diferentes de mercados digitales”.

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Las empresas, además, estuvieron detrás de la exitosa campaña de este año a favor de la Proposición 22, que prohibió a sus conductores ser designados como “empleados” según la ley de California.

Eso les niega los beneficios de desempleo y la compensación laboral, les prohíbe organizar un sindicato y exime a las empresas de las leyes de salarios y horas.

Sin embargo, últimamente las compañías han estado exigiendo que sus conductores sean clasificados como “trabajadores esenciales”.

¿No suena eso más que un poquito hipócrita?

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¿Qué está impulsando el cambio de opinión de las empresas? En pocas palabras, COVID-19. Más en específico, el lanzamiento de las vacunas que comenzó en los últimos días.

Ambas empresas han pedido a los gobernadores y a otros legisladores que den prioridad a sus conductores. Eso es importante a corto plazo, mientras que las primeras vacunas escasean y el acceso a ellas es un juego de suma cero —por cada trabajador esencial que reciba una inyección, otra de prioridad supuestamente menor tendrá que esperar.

“Los choferes de viajes compartidos y los repartidores de comida, incluidos los 190.733 en California que ganaron dinero en la plataforma Uber durante la pandemia, deberían, como trabajadores de primera línea, recibir acceso prioritario a la vacuna en la Fase 1b”, escribió el CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, en una carta al gobernador de California, Gavin Newsom.

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La carta, que es similar a las que la compañía escribió a los gobernadores de los 50 estados, cita un plan desarrollado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

De acuerdo con esa estrategia, la Fase 1b daría prioridad a la vacuna a los “trabajadores esenciales” después de 21 millones de trabajadores de la salud, y los colocaría en el mismo nivel de prioridad que los adultos con afecciones de alto riesgo, así como los mayores de 65 años.

Esas cuatro categorías principales comprenderían a unos 260 millones de estadounidenses, lo que dejaría a unos 70 millones esperando en fila. Como era de esperar, por lo tanto, numerosas industrias han comenzado a presionar para obtener una clasificación “esencial”.

Como informó recientemente mi colega Hugo Martín, los funcionarios han escuchado el interés de “organizaciones laborales y profesionales de pilotos, sobrecargos, docentes, conductores de autobuses, trabajadores de la industria de carnes y cajeros de bancos, entre otros grupos” para recibir dosis del fármaco. En California, hay un movimiento para agregar a los periodistas a la lista.

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Seamos claros: nadie debería argumentar que es indebida una prioridad para los conductores.

De hecho, los CDC incluyen el transporte en su lista de ocupaciones esenciales no relacionadas con la atención médica, junto con los trabajos en alimentos y agricultura, vigilancia y extinción de incendios, manufactura, tecnología de la información y comunicaciones, entre algunos otros.

Uber y Lyft señalan que sus conductores han asumido responsabilidades considerables durante la pandemia —esta última compañía los elogia por “transportar a los pacientes que necesitan viajes regulares hacia y desde sus citas en los centros de salud, a los que brindan atención médica, seguridad pública y llevar a los socorristas al trabajo, así como con la entrega de bienes esenciales, incluidas comidas para personas mayores que no pueden salir de casa y almuerzos escolares para familias de bajos ingresos”.

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Lo que hace que la posición de las empresas sea hipócrita no es que estén llamando a sus conductores “esenciales” hoy, sino que los hayan descartado como esenciales en el pasado.

La afirmación de Uber de que conducir está “fuera del curso habitual de su negocio” se produjo durante la batalla legislativa sobre AB 5, la ley que en última instancia requería que esta clase de personal tuviera el estatus de empleados. El comentario fue hecho durante una conferencia de prensa por Tony West, director legal de Uber (y cuñado de la vicepresidenta electa Kamala Harris).

En agosto, después de que un juez estatal rechazó sus reclamos de estar exentos de AB 5 y les ordenó que clasificaran a sus choferes como empleados de inmediato, Uber y Lyft amenazaron con retirarse de California.

El juez, Ethan Schulman, llamó a las empresas por subestimar la importancia de los conductores para su modelo de negocio. Su posición era “una tontería”, dijo. “Para decir lo obvio, ellos son fundamentales, no tangenciales, para todo el negocio de transporte compartido de Uber y Lyft”.

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La orden de Schulman se mantuvo en suspenso durante la campaña para aprobar la Propuesta 22, que eximía permanentemente a las empresas del AB 5.

Uber y Lyft gastaron más de $20 millones entre ellos para apoyar esa desagradable medida electoral; las compañías de conciertos DoorDash e Instacart engordaron el fondo de guerra con $83 millones adicionales. Los 205 millones de dólares gastados en la Proposición 22 la convirtieron en la campaña de iniciativa de votación más costosa en la historia de Estados Unidos.

Por cierto, ¿cuánto se debería confiar en lo que digan estas empresas? Consiguieron que los votantes de la entidad aprobaran esta medida legal en parte advirtiendo que, si tuvieran que darles a los conductores beneficios para empleados, las tarifas subirían. Ahora que ganaron y los conductores no recibirán beneficios para empleados, Uber y Doordash están aumentando las tarifas. Es algo que Lyft pronto seguirá.

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La Proposición 22 habla de la noción de que el bienestar de los conductores es de importancia secundaria para las compañías que proporcionan empleos temporales.

Habría subsidios adicionales a empresas para la protección de su nómina, pagos semanales de 300 dólares a desempleados y uno de aproximadamente 600 dólares de estímulo a la mayoría de los estadounidenses

Niega a los choferes las protecciones básicas en el lugar de trabajo. Incluye un beneficio de seguro médico para el que la gran mayoría no calificará y un salario mínimo que será consumido en gran medida por la responsabilidad de pagar su propia gasolina, seguro y mantenimiento del vehículo.

Los conductores se favorecerían al acercarse hacia el frente de la fila para las vacunas, por supuesto. Las empresas, sin embargo, serían las principales beneficiarias de la designación de trabajadores esenciales para los conductores. Ayudaría a mantener a más de ellos en la carretera, para empezar. Los nervios de los clientes se aliviarían sabiendo que los choferes se encuentran inmunizados y, por lo tanto, podrían sentirse más cómodos al pedir un viaje.

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Pero no creamos en la pretensión de las empresas de que solo se preocupan por los conductores y el público.

“Juntos, espero que podamos utilizar nuestra tecnología para acelerar el fin de esta crisis de salud pública y el comienzo de la recuperación económica que se avecina”, escribió Khosrowshahi a Newsom.

Palabras melosas, lástima que no estaba hablando de esa manera cuando su compañía decía que los choferes no importaban y amenazaba con dejar California.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí

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