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La aplicación de la vacuna COVID-19 es dolorosamente lenta en los asilos y otros centros de cuidados a largo plazo

The effort to vaccinate nursing home residents is rolling out at a slow pace.
El esfuerzo para vacunar a los residentes de los asilos de ancianos, la población más afectada por COVID-19, se está desarrollando a un ritmo lento, según los expertos y los datos publicados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU.
(Gina Ferazzi / Los Angeles Times)

Ningún grupo ha sufrido más durante la pandemia de COVID-19 que el personal y los residentes de las residencias de ancianos, donde las altas concentraciones de personas mayores con graves problemas de salud crearon el perfecto caldo de cultivo para el virus.

Aún así, el esfuerzo para vacunar a la gente en esos hogares se está desarrollando a un ritmo frustrantemente lento, según los expertos de todo el país.

Hasta el viernes, solo se había inyectado alrededor del 17% de los más de 4 millones de dosis de vacunas distribuidas a los centros de cuidados a largo plazo, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

“Claramente a nadie le importa si los ancianos mueren”, dijo el Dr. Michael Wasserman, ex presidente de la Asociación de Medicina de Cuidados a Largo Plazo de California, que representa a los médicos, enfermeras y otras personas que trabajan en hogares de adultos mayores. “Podríamos vacunar a todos en estos lugares rápidamente si nos acercáramos de la manera correcta”.

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Wasserman culpa al gobierno federal por no haber establecido un plan racional y supervisar directamente la entrega de las vacunas.

En cambio, las decisiones cruciales sobre quién recibe primero las vacunas se han dejado en manos de los gobiernos estatales y locales, y la labor de administrarlas realmente ha quedado a cargo de las grandes cadenas nacionales de farmacias - CVS y Walgreens - que no tienen la misma relación con los asilos de ancianos que las farmacias especializadas que ya sirven a la industria.

El lento despliegue es “ciertamente un motivo de alarma”, dijo David Grabowski, profesor de políticas de salud en la Facultad de Medicina de Harvard. “Creo que, como en muchas otras partes de la pandemia, la respuesta federal ha sido demasiado lenta”.

Entre los obstáculos está la burocracia: la gran cantidad de trabajo que se requiere para llenar los formularios y cargar los datos para asegurar que se obtuvo el consentimiento y que cada dosis sea rastreada.

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“Es una locura”, dijo Jeff Sprinkle, administrador del Centro de Cuidados del Lago Minnetonka, un hogar con solo unos 20 residentes en Deephaven, Minn. Cuando un equipo se presentó para administrar las vacunas a finales de diciembre, tenían seis personas con ellos, más de las que podían caber con seguridad en la pequeña sala de descanso utilizada para las vacunas dados los requisitos de distanciamiento social. Y tres de esas personas estaban allí solo para “introducir información en su base de datos”, expuso Sprinkle.

El equipo tardó 7½ horas en vacunar a todos, una tarea que podría haber sido completada por una sola enfermera en el mismo tiempo sin todo el papeleo, dijo Sprinkle.

Y debido a que las vacunas vienen en lotes, quedaron unas ocho dosis después de que todos los que calificaron para la primera ronda de vacunas fueron inmunizados.

“Contemplé la posibilidad de vacunar a mi familia y aplicársela a mi esposa, pero pensé que si eso llegaba a las noticias, nos haría sentir mal”, reveló Sprinkle. En cambio, las dosis se desperdiciaron.

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Otro obstáculo ha sido el sorprendente grado de indecisión del personal de los asilos de ancianos a la hora de tomar la vacuna. Una encuesta realizada el mes pasado por la Fundación de la Familia Kaiser encontró que el 29% de los trabajadores de la salud en todo el país estaban “indecisos con respecto a la vacuna”, una cifra ligeramente superior al porcentaje de la población general, 27%.

“No hemos tratado muy bien al personal en esta pandemia”, manifestó Grabowski.

Aproximadamente el 40% de las muertes por COVID-19 en todo el país se han producido entre residentes y personal de centros de atención a largo plazo, sin embargo, los empleados de estos centros han carecido crónicamente de las mascarillas, guantes y batas necesarias para mantenerse a salvo del virus, y a la mayoría se les ha negado la paga por riesgo a pesar de haber realizado algunos de los trabajos más peligrosos.

“Creo que ahora sienten bastante desconfianza”, dijo Grabowski. “Entiendo por qué no están ansiosos en dar un paso adelante”.

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Otro factor que frena el despliegue es el número de casos activos en las residencias de ancianos, que ha ido aumentando constantemente junto al alza de casos del público en general después de las vacaciones.

“Si tienes un asilo de ancianos con 100 residentes y 20 tuvieron COVID la semana pasada, podrían optar por no recibir la vacuna”, expuso el Dr. Christian Bergman, geriatra académico de la Universidad del Estado de Virginia. “No se podría monitorear ningún evento adverso, y probablemente tendrían protección por 90 días, así que no se las daremos a esas personas”.

Las vacunas no comenzaron a ser administradas en Virginia hasta el 28 de diciembre, dijo Bergman, y luego las inyecciones se detuvieron abruptamente para la víspera y el día de Año Nuevo, retrasando las cosas desde el principio.

A pesar de las fallas, la mayoría de los hogares del estado esperan que las primeras dosis se administren a mediados de enero. “Eso ayudará mucho a detener la propagación”, manifestó Bergman.

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Hasta ahora, los datos que documentan el progreso en los asilos de California son difíciles de conseguir. Los funcionarios de salud del estado y del condado de Los Ángeles no respondieron a las solicitudes de cifras el viernes por la tarde.

Pero las entrevistas con los expertos de la industria local sugieren que las cosas no van mucho más rápido en California que en otras partes del país.

Raffaela Meyer, vicepresidenta de operaciones de Skilled Nursing Pharmacy, que se especializa en proveer medicamentos a los asilos de ancianos en California, dijo que hay problemas en todo el estado.

Hasta ahora no se ha recurrido a su empresa para administrar las vacunas, pero muchos de sus clientes han dicho que no tienen previsto recibir sus primeras dosis hasta finales de enero. En el condado de Los Ángeles, donde los funcionarios de salud pública optaron por no participar en el programa dirigido por CVS y Walgreens para administrar las vacunas directamente, los hogares han visto el problema opuesto.

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“Muchos de nuestros asilos en el condado de Los Ángeles tienen cientos de dosis extra”, señaló Meyer. Una vez abiertas, esas vacunas tienen una vida útil limitada, y los asilos no saben qué hacer con ellas.

“Todas las semanas estoy en llamadas con el condado de L.A. y no tienen ninguna respuesta. En las llamadas con [los funcionarios de salud del estado], ellos tampoco saben”, dijo Meyer.

La mayoría de los hogares con dosis extra son centros de enfermería especializada, lugares para personas que necesitan el más alto nivel de atención médica.

Han sido la principal prioridad para obtener vacunas, junto con el personal hospitalario de primera línea, debido al devastador número de víctimas que el virus ha causado allí.

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Una forma de usar sus dosis extra, dijo Wasserman, sería compartirlas con centros de vida asistida, cuyos residentes son igual de viejos y a menudo casi tan enfermos, pero que no han sido incluidos en el primer grupo que se ha vacunado.

“Ahora mismo están hirviendo en nuevos casos”, expuso Wasserman, quien está preocupado de que la frustración por los retrasos genere presión por distribuir la vacuna al público en general antes de que los estados y los gobiernos locales se pongan a vacunar a las personas en las instalaciones de vivienda asistida.

"¿Y a quién empujan al final de la lista entonces? A los ancianos y a las mujeres pobres de color que los cuidan”, dijo Wasserman.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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