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Columna de Adictos y adicciones: Extrañas adicciones: La comida

Archivo.

Tal parece que casi todo puede convertirse en una adicción, es decir, en una conducta compulsiva, que a la larga nos destruye y afecta a quienes nos rodean.

Sin embargo, el tema de las adicciones tiene muchas aristas, no todo es cuestión de voluntad, tampoco es ignorancia; quien padece una adicción intuye que algo no anda bien y, aún así, puede recaer una y mil veces.

Maribel nos cuenta, que empezó a comer descontroladamente después de su embarazo, hasta entonces gozaba de buena salud y nunca había tenido problemas de sobrepeso. “No me di cuenta, al principio todo se justificaba por el embarazo y el parto, pero pasaron varios meses y en vez de bajar, subía”.

Para Maribel, fueron tiempos muy difíciles, no solo por la responsabilidad de tener un hijo, un marido y un trabajo, también el sobrepeso y algunos problemas de salud la llevaron casi al borde de la muerte. “Empecé sin darme cuenta, todo el día estaba comiendo algo, pasó mucho tiempo antes de poder relacionar mis ataques de ansiedad con mis episodios bulímicos (comer abundantemente)”.

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“El sobrepeso literalmente me aplastó, mi salud se fue al piso y se llevó de paso mi autoestima. En ese tiempo, pensaba que no tenía fuerza de voluntad, me avergonzaba recaer y esconderme para comer”.

Maribel sonríe y se describe a sí misma, en un día de campo, “Yo era la gordita que estaba sentada en la banca, oculta entre las bolsas de papas y frituras”.

Cristina es una mujer muy especial, tiene una energía envidiable, es apasionada, habla muy rápido, gesticula y mueve las manos como si las palabras no le alcanzaran.

En busca de la dieta mágica, Maribel encontró en la red información sobre ‘Comedores Compulsivos’, la nota la describía de pies a cabeza. “Ese día descubrí que era adicta, yo, que jamás he fumado y no me tomo una cerveza completa, simplemente no lo podía creer”.

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Hace diez años que Maribel tomó cartas en el asunto y enfrentó su realidad. “Empecé a buscar más información, luego encontré grupos, expertos, libros y un sinfín de recursos, que no pude más que sorprenderme de mi ignorancia”. Cabe mencionar que actualmente, Maribel es miembro activo de varios grupos de autoayuda y, sin ser una profesional, puede decirse que es una experta en los temas de nutrición y adicciones.

“Para quien piense que exageramos cuando decimos que es una adicción, me gustaría aclarar que cuando una persona pierde el control realizando alguna actividad o consumiendo algo, hasta llegar a ser una obsesión que interfiere con la vida cotidiana, le llamamos adicción. La adicción a la comida es igual a otras adicciones, en el sentido de que se presenta el síndrome de abstinencia si se retira la sustancia adictiva”.

“Muchos expertos explican la adicción como un mecanismo de supervivencia ante el dolor, la ansiedad y el estrés, y yo estoy completamente de acuerdo, lo he experimentado en carne propia”.

Ahora bien, tal vez usted se pregunte ¿Por qué nunca escuchamos hablar de adictos al brócoli o el repollo?

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La respuesta está en la gran industria alimentaria, quienes han diseñado alimentos con altos contenidos de grasa y azúcar, dos alimentos altamente apreciados por nuestros ancestros, pero nocivos en las cantidades que actualmente los consumimos. Tanto el azúcar como los alimentos procesados, actúan de la misma forma que la heroína en nuestro cerebro.

Mario es veterano de mil batallas, en sus brazos aún quedan huellas de una guerra a muerte contra la heroína.

Como en toda adicción, existen factores psicológicos, biológicos y de conducta que influyen en el consumo, pues según estudios sobre adicciones, las sustancias no provocan la adicción, es el cerebro.

Aunque la explicación puede ser muy especializada, la podemos resumir diciendo que, en nuestro cerebro existen conexiones y zonas que regulan las recompensas y los comportamientos repetitivos, el neurotransmisor que activa esos cables y esas zonas se llama: dopamina, por eso nos sentimos tan bien escuchando música, haciendo ejercicio, teniendo sexo o comiendo. Especialmente el azúcar, la cual actúa igual que la heroína, en el mismo circuito cerebral. Nuevamente, la sustancia no provoca la adicción, es el cerebro quien reclama su dosis.

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Parece haber consenso, en que el origen de toda adicción es el dolor psicológico, es una forma de hacer frente a situaciones insoportables, tales como una guerra, una violación o abandono. Si el trauma y el estrés ya están instalados, en el mundo podemos encontrar miles de cosas que nos pueden ayudar a sentirnos bien, podrían ser drogas, alcohol, juegos, comida, incluso hacer ejercicio puede desarrollar rasgos adictivos.

“Comer sin control, es una forma de enfrentar el dolor, la ansiedad y el estrés, por eso nos volvemos adictos a las bebidas y comidas azucaradas. El azúcar hace descender los niveles de cortisol, la hormona del estrés y produce una descarga de dopamina similar a la heroína o morfina. Por desgracia el mundo en que vivimos nos da muchas razones para vivir estresados. Salir de una adicción no es fácil, si ya lo intentó por su cuenta y no ha tenido resultados, busque ayuda”.

Quiero agradecer a Maribel por su interesante relato, reconozco en ella a una guerrera, una mujer con un corazón de oro.

Las cosas se complicaron cuando sorpresivamente, en su trabajo se hizo una prueba de drogas a todos los empleados de la empresa.

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Escríbame, su testimonio puede ayudar a otros. Todos los nombres han sido cambiados.

cadepbc@gmail.com

La universidad de Yale diseñó un test para detectar la adicción a la comida, los resultados deben ser evaluados por un especialista, sin embargo, usted puede responder libremente el test y darse una idea de cuál es su condición.

Responda cada cuándo lo hace: nunca, a veces, frecuentemente, todos los días.

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  • A menudo tengo antojos de ciertos alimentos, a pesar de haber terminado una comida nutritiva y estar lleno.
  • Cuando te dejas llevar y empiezas a comer el alimento que se te antoja, a menudo te encuentras con que comes mucho más de lo que tenías previsto.
  • Cuando comes alimentos que se te antojan, a veces comes hasta el extremo de sentirte a reventar.
  • Te sientes culpable después de comer determinados alimentos, sin embargo te encuentras comiéndolos de nuevo.
  • A veces inventas excusas en tu cabeza para justificar por qué deberías estar comiendo el alimento que te produce un antojo.
  • Has intentado repetidamente dejar de comer o poner límites a ciertos alimentos (por ejemplo, incluir días libres en los que te saltas la prohibición) pero no ha funcionado.
  • A menudo ocultas a los demás tu consumo de alimentos poco sanos.
  • No te sientes capaz de controlar tu consumo de alimentos poco sanos, aunque sabes que te están causando daños físicos, incluyendo el ganar peso.

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