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¿Es una megasequía de décadas lo que afecta a California?

A tiny plant struggles to emerge from a cracked, dry lake bed
Una pequeña planta lucha por emerger del lecho de un lago seco y agrietado en California. Algunos investigadores creen que la región lleva décadas en una “megasequía” emergente.
(Allen J. Schaben / Los Angeles Times)

California entró en otra sequía. Pero, según a quien se consulte sobre el tema, es posible que la última nunca haya terminado.

Algunos investigadores creen que la región lleva en realidad más de dos décadas en una “megasequía” emergente, un evento hidrológico que está a la par con los peores períodos de sequía del último milenio. Excepto que esta vez, afirman, el cambio climático causado por los humanos impulsa su gravedad, y dificultará mucho más salir de ella.

“Si esta sequía se debiera totalmente a la variabilidad natural, entonces al menos tendríamos la tranquilidad de saber que en algún momento, con buena suerte, esto va a terminar”, señaló Park Williams, bioclimatólogo y profesor asociado en UCLA. “Pero el conocimiento de que una buena parte de esta sequía actual es atribuible a las tendencias climáticas provocadas por el hombre nos dice que es posible que no hayamos visto lo peor todavía”.

Williams fue el autor principal de un estudio publicado el año pasado en la revista Science, que analizó los registros de anillos de miles de árboles en el oeste de América del Norte para reconstruir la humedad del suelo durante los últimos 1.200 años. Su investigación sugirió que el período entre 2000 y 2018 fue el segundo más seco, eclipsado solo por una megasequía a fines del siglo XVI. “Esta instancia en la que nos encontramos ahora durante los últimos 22 años ha sido tan severa como los peores lapsos de 22 años de las complicadas megasequías que ocurrieron en el último milenio”, detalló Williams.

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El equipo estimó que las tendencias climáticas causadas por el hombre han representado alrededor del 40% del déficit promedio de humedad del suelo en la década de 2000. “Para decirlo en un lenguaje sencillo, eso significa que sin el cambio climático causado por los humanos, la costa oeste habría tenido una sequía bastante grave en las últimas dos décadas”, explicó, “pero no habría sido tan profunda como la que ocurrió".

Otros expertos son más escépticos y dicen que, si bien la cuenca del Colorado puede estar enfrentando condiciones de megasequía, todavía no se puede decir lo mismo de California. Pero están de acuerdo en que el aumento de las temperaturas está empeorando las sequías y obligando al estado a tener en cuenta cómo administra el agua.

Las sequías estacionales son típicas de California, con su clima mediterráneo. Los veranos suelen ser secos, pero los suministros de agua se reponen en invierno y primavera con la lluvia y el deshielo.

Las sequías anuales tampoco son nada nuevo. “Habrá años secos y luego, entre ellos, otros realmente húmedos”, destacó Safeeq Khan, especialista asistente en extensión cooperativa de ciencias del agua y cuencas hidrográficas en la División de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de California. “Pueden ser lo que describimos como destructores de sequías”.

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Pero la investigación indica que los períodos húmedos se están volviendo más esporádicos e intensos, y los secos entre ellos son cada vez más largos y complejos.

Por ejemplo, en 2017, lluvias récord llenaron embalses superficiales que habían caído drásticamente después de un lustro de condiciones intensamente secas. “Desde el punto de vista del suministro de agua, eso puso fin a la sequía”, señaló Doug Parker, director del Instituto de Recursos Hídricos de California en UC Agriculture and Natural Resources. “Desde el punto de vista del ecosistema, no creo que nuestros bosques y tierras naturales que dependen de la lluvia se hayan recuperado por completo de esa sequía, y ahora estamos en la siguiente”.

Se necesitan más de uno o dos años de lluvia adecuada para que las plantas se recuperen de años de falta de humedad, advirtió Parker, y señaló que la sequedad también dejó a algunos árboles vulnerables a las infestaciones de escarabajos de la corteza, de las que nunca se recuperarán.

Los suministros de agua subterránea también tardan años en restablecerse, agregó Hoori Ajami, profesor asistente de hidrología de aguas subterráneas en UC Riverside, quien forma parte de un equipo de investigadores que analizó datos de pozos impactados por el clima para un artículo que actualmente es revisado por pares.

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“Una vez que la precipitación se ha recuperado, eso no significa que el flujo de la corriente se recupere o su agua subterránea”, subrayó. “Nuestra estimación es que el agua subterránea podría tardar entre tres y 10 años en recuperarse, en promedio”.

Cuando la lluvia cae intermitentemente, con el tiempo, puede ser absorbida por la tierra y los acuíferos y llenar los embalses superficiales, todo lo cual actúa como un amortiguador contra futuros déficits. “Pero si toda esa agua llega en tres, cuatro o cinco tormentas grandes, entonces se desatan situaciones de control de inundaciones, donde se intenta empujarla al mar lo más rápido posible para proteger las comunidades y propiedades”, precisó Khan. “Nuestra capacidad para absorber y almacenar esa lluvia disminuye cuando hay lluvias intensas”.

Además de eso, los años húmedos esparcidos a lo largo de la década de 2000, como 2005 y 2019, simplemente no lo fueron lo suficiente como para compensar el déficit de agua promedio a largo plazo que se acumuló por décadas, remarcó Williams. Eso apoya la idea de que estamos en el capítulo inicial de una megasequía que ha ido tomando forma todo este tiempo, afirmó.

No todos los expertos están de acuerdo en que California se encuentra en una megasequía. Para Jay Lund, codirector del Centro de Ciencias de Cuencas Hidrográficas en UC Davis, 2017 terminó con la sequía para la mayoría de las personas en la mayor parte de los lugares, y ahora estamos viendo otro evento discreto, aunque en realidad comenzó mientras la región aún sufría del último. El experto no coincidió en describirlo como una megasequía. “Creo que hay algo de verdad en eso ciertamente para la cuenca de Colorado, pero como un asunto más pragmático para California, mayormente no lo es”, consideró.

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Khan, por su parte, advirtió contra sacar conclusiones basadas en modelos, en lugar de datos. “Teniendo en cuenta que solo contamos con observaciones que se remontan a 100 años, es muy difícil concluir con certeza que estamos en una megasequía”, comentó. “Sin embargo, si nos fijamos en la desviación de la precipitación anual, de alguna manera indica que vamos en esa dirección”.

Los expertos creen que el aumento en la variabilidad se debe en parte al incremento de las temperaturas; el oeste de Estados Unidos es entre 2.5 y 3 grados más cálido de lo que sería sin el cambio climático causado por los humanos, comentó Williams. El calor también favorece la sequía al acelerar la evaporación de canales y lagos.

“La temperatura es cada vez más cálida, por lo cual crea un mayor déficit atmosférico”, agregó Khan. “Cada vez que las plantas se abren para hacer fotosíntesis, pierden mucha más agua porque hace calor”.

El cambio comenzó a alterar el equilibrio del sistema de almacenamiento de agua natural de California. La mayor parte de la precipitación del estado cae entre noviembre y marzo, gran parte de ella en Sierra Nevada, en forma de nieve. La nieve se asienta en áreas montañosas durante meses antes de que se derrita, en la primavera y el verano, sosteniendo el ecosistema forestal durante su período seco y goteando hacia los arroyos y embalses.

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Pero el aumento de las temperaturas está provocando que caigan más precipitaciones en forma de lluvia en lugar de nieve, y la nieve que se acumula se derrite a principios de año. “Durante el último medio siglo, aproximadamente, en cada década vemos un cambio de alrededor del 1% en la escorrentía de la primavera al invierno, que es lo que uno esperaría ver con un clima más cálido”, afirmó Lund.

Eso significa que el agua ya no está disponible cuando más se necesita y sobrecarga la red de control de inundaciones durante una época del año que ya tiende a ser más húmeda.

El deshielo más temprano también ayuda a preparar los bosques para los incendios forestales. Durante los años húmedos, las áreas montañosas están cubiertas de nieve hasta junio o julio, dejando solo una ventana de dos o tres meses para la temporada de incendios antes de que regresen las lluvias otoñales. “Pero ahora, la nieve ya se ha ido y apenas estamos entrando en abril”, comentó Khan. “Si no tenemos más tormentas, estaremos en serios problemas”.

La vegetación ya está completamente seca y la humedad del suelo es baja, lo cual presagia una temporada de incendios activa en los bosques del oeste de EE.UU, dijo Williams, quien ha realizado una investigación que muestra que la cantidad de área de bosque quemada en un año dado está estrechamente relacionada con la temperatura y sequedad.

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Pero los incendios que batieron récords el año pasado fueron provocados tanto por olas de calor históricas como por un estallido de relámpagos secos. Queda por ver si esas condiciones se repetirán.

También es poco probable que a los residentes de las áreas urbanas de California se les diga que reduzcan el uso de agua este año, dicen los expertos. Pero advierten que si las condiciones persisten, eso podría cambiar. “Lo que tenemos que entender es que no sabemos cómo será el próximo año”, subrayó Parker. “Esa imprevisibilidad realmente dificulta administrar el agua en California”.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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