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California reabre con alegría, y recordando con tristeza los 63.000 muertos

Images from the reopening of California.
Imágenes de la reapertura de California.
(Los Angeles Times)

Al darse cuenta de que había olvidado su cubrebocas, Adam Cyril le preguntó al empleado de Whole Foods en West Hollywood si la tienda podía darle uno.

El empleado respondió que ya no lo necesitaba, una respuesta inesperada que dejó a Cyril sintiéndose extrañamente normal.

“En realidad se sintió como, ‘Boom, ¿estoy en un vórtice de tiempo? ¿Regresé en el tiempo?’”, admitió Cyril, de 27 años, recordando la vida antes de la pandemia sin cubrebocas.

Escenas similares se desarrollaron en todo el estado el martes, que bien podría ser el día en que California conquistó el coronavirus, y los cubrebocas como forma de vida se convirtieron en cosa del pasado.

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Durante más de un año, los californianos han tenido vidas definidas por limitaciones. Las empresas no podían recibir a tantos clientes como antes. Los museos y los locales de música acumularon polvo en lugar de multitudes. A los residentes se les instruyó que se quedaran en casa y que se pusieran cubrebocas si se aventuraban a salir.

Pero ahora, a medida que la sombra proyectada por el COVID-19 se encoge, ha amanecido un nuevo día: uno que se siente familiar y extraño por momentos.

Las restricciones de capacidad relacionadas con el coronavirus y los requisitos de distanciamiento físico se han eliminado en casi todas las empresas y otras instituciones. Los residentes que están completamente vacunados contra el COVID-19 ahora pueden prescindir de cubrebocas en la mayoría de las situaciones fuera del trabajo, aunque quienes no están inoculados aún deberán en gran medida usar mascarilla en interiores cuando estén en público.

En todo Southland, la emoción fue palpable, ya que los residentes disfrutaron de su primer día de vida casi normal en 15 meses.

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“Es uno de los mejores días de mi vida porque yo, junto con muchos otros, experimentamos la peor crisis de salud global de nuestra vida”, comentó el activista del sur de Los Ángeles Najee Ali, de 58 años, mientras se sentaba en Langer’s Deli, untando una pila de panqueques con mantequilla y jarabe. “Así que esto que experimentamos es algo que nunca olvidaremos”.

El sentimiento de libertad recién descubierta estaba muy extendido.

Kelly Cooks, de 51 años, no había visto una película en los cines desde enero de 2019, pero regresó al cine Regal LA Live, en el centro de la ciudad, el martes.

Las dos niñas a las que cuidaba usaban cubrebocas. Ella no.

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“Me sentí liberada”, comentó Cooks, al describir la experiencia de ver una película en el cine después de la eliminación de las restricciones y de las disposiciones del uso de cubrebocas.

John Sullivan, de 71 años, quien caminó hacia South Coast Plaza del condado de Orange, comentó que había “estado esperando este día” porque significaba que podía ponerse sus zapatos de baile y convivir con mujeres.

Durante el año pasado, todos los eventos en su asociación comunitaria en Laguna Woods fueron cancelados. Ahora, a la luz de la reapertura del estado, la asociación fijó una fecha para un baile el próximo mes.

¿La música preferida? Rock and roll.

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“Eso es lo que nos gusta”, enfatizó Sullivan.

Muchas empresas también estaban ansiosas por dejar de lado los grilletes que han soportado durante mucho tiempo a causa del coronavirus.

A excepción de las estaciones de desinfectante de manos, no había señales de la emergencia sanitaria o sus protocolos en Don Jose’s Department Store en Lincoln Heights.

“Poder volver a la normalidad después de un año y medio de pandemia es muy bueno”, expresó el dueño de la tienda, José Rocha, de 38 años.

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Y en Palm Beach Tan en West Hollywood, el empleado Gray Webb señaló que el salón acababa de eliminar los requisitos de uso de cubrebocas para los clientes que están completamente vacunados. El personal seguirá necesitando cubrirse la cara por el momento, aunque una junta de seguridad de California votará el jueves sobre una propuesta que permitiría que la mayoría de los trabajadores completamente inoculados dejen de usar esta protección.

Webb subrayó que estaba listo para volver a la normalidad y que se sentía positivo sobre la reapertura.

“Me siento bien”, comentó. “Ya superé al COVID”.

Pero después de 15 meses de miedo, frustración, agitación y miseria, la pandemia claramente ha dejado una profunda cicatriz en la psique colectiva del estado.

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Para algunos, todavía es demasiado pronto para abandonar sus cubrebocas u otras precauciones de seguridad que se han convertido en parte de la vida cotidiana.

En Long Beach, Christopher Hudak leyó el nuevo letrero grabado afuera de CoffeeDrunk: “Su seguridad es importante para nosotros. Se recomienda el uso de cubrebocas”.

El joven de 24 años mantuvo puesto el suyo mientras entraba y pedía su café helado habitual, y comentó que no pensaba descubrirse el rostro pronto.

“Ya estoy acostumbrado”, comentó. “En este momento, es principalmente un hábito”.

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Sabra Schlepphorst, de 59 años, usaba su cubrebocas de rayas blancas y negras mientras navegaba cautelosamente a través de la abarrotada tienda Bath & Body Works en South Coast Plaza.

Ella anhela la normalidad, pero no se atreve a deshacerse de su cubrebocas y otras precauciones de seguridad porque está inmunodeprimida y solo recientemente recibió la aprobación de su médico para recibir una vacuna contra COVID-19.

Schlepphorst indicó que espera que las personas sean respetuosas cuando los otros no usen cubrebocas, así como cuando sí los utilizan.

“Si hace calor, lo primero que quieres hacer es quitártelo”, subrayó. “Ten cuidado. Sé respetuoso”.

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En Charlie’s Best Burgers, en el este de Los Ángeles, los clientes y el personal trataron el día de la reapertura de California como cualquier otro.

La cadena de hamburguesas y comida mexicana todavía requería que los clientes usaran la protección facial y mantuvieran el distanciamiento social.

“En este momento, hay demasiadas personas no vacunadas como para no pedirles a nuestros clientes que usen cubrebocas”, señaló el gerente general del restaurante, Jorge Jiménez, de 35 años.

“Si observas el área, ha sido fuertemente golpeada por el COVID-19. No tiene sentido cambiar ahora mismo”.

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Los carteles en inglés y chino le indicaban a cualquier cliente que entrara en la tienda Furma Mattress, de Ken Huo en Temple City, que debía usar mascarilla.

La idea de que el estado recomendara el fin del uso de esta protección fue rechazada por Huo, de 59 años.

“Este virus es increíblemente peligroso y no puedo creer que la gente no quiera entender eso”, señaló Huo. “Sé que todos desean volver a los ‘buenos tiempos’, pero ¿dónde está la responsabilidad?”.

En noviembre pasado, Huo comentó que su hijo de 37 años fue hospitalizado con COVID-19 y casi muere antes de recuperarse lentamente.

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“Nunca en mi vida lloré tanto como el día en que descubrí que no podía hacer nada por mi hijo”, subrayó Huo. “Entonces, no espere que me relaje pronto porque el virus todavía está ahí”.

El martes no es la primera vez que California intenta reabrir su economía durante la pandemia. Los esfuerzos para suprimir o relajar las restricciones a las empresas y actividades la primavera pasada, y nuevamente en el otoño, provocaron aumentos repentinos de COVID-19.

Pero los funcionarios son optimistas de que las cosas serán diferente esta vez.

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El COVID-19 está en pleno retiro en todo el estado. Las tasas de casos y las cifras de hospitalizaciones son más bajas que durante la primavera de 2020, cuando el brote estaba empezando a estallar.

El promedio de muertes diarias por el virus se redujo en un 97% desde la ola de la pandemia. Y últimamente, la tasa de positividad de siete días de la prueba de coronavirus en el estado ha sido inferior al 0.8%, la cifra más baja registrada.

Los expertos dicen que el mérito del progreso del estado se debe a las acciones individuales de los residentes y las empresas que tomaron las medidas adecuadas para frenar la transmisión, así como la aplicación continua de vacunas, que la directora de salud pública de Los Ángeles, Bárbara Ferrer, comparó con “una armadura”.

Más del 70% de los adultos de California, y el 56.5% de todos los residentes, han recibido al menos una dosis hasta hoy.

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“Podemos y debemos sentir alegría al reconocer y honrar el inmenso esfuerzo colectivo que nos llevó al punto en el que ahora podemos hacer esto”, manifestó Ferrer.

Pero si bien el martes puede eventualmente echar raíces en la conciencia pública en general como el día en que California conquistó el coronavirus, el número de víctimas de la batalla sigue siendo asombroso y los funcionarios dicen que aún es muy temprano para declarar la victoria.

“Estamos llenos de un profundo dolor por los muchos seres queridos que perdimos y las personas que sufrieron durante la pandemia”, señaló la supervisora del condado, Hilda Solís.

Más de 3.77 millones de californianos, más que toda la población de San Diego, han dado positivo por el virus en algún momento. Y casi 63.000 personas, aproximadamente el equivalente a la población de Encinitas, han muerto por COVID-19 en todo el estado.

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Incluso cuando subió al escenario en Universal Studios Hollywood para supervisar la selección de los 10 ganadores del gran premio en el sorteo de vacunas del estado, cada uno de los cuales se llevará a casa $1.5 millones, el gobernador Gavin Newsom todavía adoptó un tono algo cauteloso.

La reapertura, aunque anticipada desde hace mucho tiempo, “no es un día para declarar la victoria”, comentó. “Este no es un día en el que anunciamos misión cumplida, todo lo contrario”.

“Hoy es el día para celebrar el increíble viaje en el que hemos estado durante los últimos 15 meses”, señaló. “También es un momento de humildad porque ha sido algo duro para decenas de miles de personas que han perdido la vida. Y somos conscientes de que esta enfermedad no desaparecerá hoy; no se va a tomar como días de descanso los meses de verano”.

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí.


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