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Las lluvias récord transforman una California golpeada por la sequía, pero la escasez de agua continúa

Houseboats float on Lake Oroville, Monday, Oct. 25, 2021, in Oroville, Calif.
Barcos vivienda flotan en el lago Oroville el lunes en Oroville, California. Las recientes tormentas elevaron el embalse más de 16 pies, según el Departamento de Recursos Hídricos de California.
(Noah Berger / Associated Press)

Aunque la enorme humedad ayudó, los expertos dijeron que se necesitará mucho más que una tormenta para hacer mella en la sequía.

Las orillas del lago Folsom, deshidratadas por la sequía, estaban húmedas esta semana después de lo que las autoridades llamaron la primera gran tormenta de la temporada.

El nivel de agua en el lago Oroville, que retrocedió tanto este verano que los funcionarios tuvieron que cerrar su planta hidroeléctrica por primera vez, subió más de 16 pies.

Y el río Ruso -que se encontraba reducido a algo más que un hilillo- fluyó con más facilidad después de que el río atmosférico arrojara cantidades récord de lluvia en toda California, reponiendo los menguados embalses y rehidratando el terreno agrietado.

A pesar del caos que el río atmosférico provocó en algunos residentes, la histórica tormenta supuso un cambio favorecedor para una California reseca tras un año de calor y sequía.

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“Si hubiéramos podido diseñar una tormenta, habría sido ésta”, dijo Emma Detwiler, portavoz del Distrito Municipal de Agua de Marin, que vio cómo sus agotados embalses pasaron del 32% de su capacidad al 43% durante la tormenta. “Es un gran paso en la dirección correcta”.

Pero, aunque el enorme torrente de humedad ayudó, los expertos indicaron que se necesitará mucho más que una tormenta para hacer mella en la sequía. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica acaba de publicar sus perspectivas para el invierno de 2021, según las cuales es probable que las condiciones de aridez persistan en gran parte del Oeste hasta al menos el comienzo del próximo año.

“Llevamos dos años muy, muy secos”, señaló Jay R. Lund, director del Centro de Ciencias de las Cuencas Hidrográficas de la UC Davis. “Una tormenta no pone fin a ese tipo de sequía”.

La veloz tormenta rompió varios récords a su paso por el estado el domingo y el lunes. El centro de Sacramento registró un total de precipitaciones récord en 24 horas de 5.44 pulgadas, superando una marca establecida en 1880, según el Servicio Meteorológico Nacional.

Los ecologistas Robin Kobaly y Doug Thompson están preocupados por la cantidad de agua que se usa para regar los campos de golf en el Valle de Coachella.

Blue Canyon, en el condado de Placer, recibió 10.4 pulgadas de lluvia, batiendo su anterior récord de 1964.

Y en el área de la bahía de San Francisco, las 4.02 pulgadas de lluvia que cayeron el domingo marcaron el día más lluvioso de octubre en el centro de San Francisco, y el cuarto día más lluvioso de la ciudad en la historia.

La tormenta fue “inusual para esta época del año en cuanto a su fuerza”, dijo el lunes David Sweet, meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional. “Fue una tormenta muy, muy potente”.

De manera crucial, las fuertes lluvias ayudaron a revivir algunos de los agotados embalses de almacenamiento de agua del norte de California.

Entre el sábado y el domingo, el agua que fluye en el lago Oroville - una parte clave del Proyecto Estatal de Agua - aumentó casi 12 veces, a 39.839 pies cúbicos por segundo. El caudal del embalse de Folsom se multiplicó por ocho y el de Shasta se triplicó.

Antes de las tormentas, los tres embalses estaban llenos en una cuarta parte o menos.

“Definitivamente supone un nuevo depósito en la cuenta bancaria que estaba a punto de sobregirarse”, indicó Daniel Swain, un científico del clima en el Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la UCLA. “Realmente va a ayudar a algunos de estos distritos de agua más pequeños a lo largo de la costa que estaban realmente luchando y pensando en planes de contingencia de emergencia”.

Uno de esos distritos es el condado de Marin, que se ha enfrentado a una de las crisis más difíciles del estado debido a su sistema de suministro hiperlocal. La mayor parte del agua de Marin procede de sus embalses, y alrededor del 25% proviene de la cuenca del río Ruso a través de la Agencia del Agua del Condado de Sonoma, señaló Detwiler.

Los embalses recibieron cerca de 11 pulgadas de lluvia durante la tormenta, una cantidad “inaudita” tan temprano en la temporada, comentó. Pero no es suficiente para decir que se ha evitado la crisis, ya que el 43% de la capacidad sigue estando lejos del 67% que es normal para esta época del año.

La acumulación media de lluvia y nieve en todo el estado sumó solo 11.87 pulgadas durante el año hidrológico 2021, que abarcó desde el 1 de octubre de 2020 hasta el 30 de septiembre.

“Incluso con estas 10½ pulgadas en 24 horas, no hemos alcanzado nuestro nivel medio de almacenamiento”, dijo. “Si lográramos tener un par más de estas [tormentas], podríamos potencialmente ver nuestro almacenamiento del embalse en el nivel requerido”.

Pero las grandes tormentas también pueden presentar desafíos para los residentes a medida que se mueven a través del estado - en particular en las zonas cercanas a las zonas incineradas recientemente, que son cada vez más comunes a medida que los incendios forestales arrasan con más hectáreas cada año.
Los residentes cercanos al reciente incendio de Alisal, en el condado de Santa Bárbara, recibieron la orden de evacuar el lunes, en medio de advertencias de inundaciones repentinas, ya que la tierra y los escombros -recién desprendidos del terreno quemado- se deslizaron y resbalaron hacia las carreteras, atascando el tráfico y creando peligros.

El domingo por la noche, muchas calles del centro de Sacramento tenían varias pulgadas de agua, lo que hizo que el tráfico se entorpeciera y que los coches apenas alcanzaran a pasar a través del agua que llegaba hasta la mitad de sus neumáticos. Los arroyos se desbordaron cerca del río American, donde se encuentran muchos campamentos de personas sin hogar, lo que obligó a las autoridades a abrir refugios de emergencia.

El lunes por la mañana, unos 125.000 residentes de todo el estado estaban sin electricidad, según PG&E.

El puente de la bahía también se quedó sin electricidad a primera hora del día, solo unas horas después de que se difundiera un vídeo en el que se veían grandes camiones en el puente de Richmond-San Rafael volcados por la tormenta. Los equipos de limpieza, así como los propietarios de viviendas cercanos se ocuparon de las ramas caídas en las calles, de las canaletas obstruidas por las hojas y de las canastas de baloncesto derribadas.

Pero, aunque los equipos de limpieza no aprecien los daños que ha dejado la última tormenta, su efecto neto debería ser beneficioso, indicó Swain. El diluvio no solo ha rellenado algunos depósitos, sino que también ha humedecido el suelo, de modo que la nieve no caerá sobre una tierra totalmente seca.

“Es un resquicio de esperanza limitado”, señaló Swain. “Soy optimista en cuanto a que elimina algunos de los peores escenarios de sequía para la próxima temporada, pero de ninguna manera pone fin a la sequía”.

Según la mayoría de los indicios, los próximos meses incluirán más de esa sequedad en particular en la parte sur del estado. El pronóstico de la NOAA prevé precipitaciones por debajo de lo normal y temperaturas por encima de lo normal para el sur de California hasta al menos febrero.

Al sur de la zona de la bahía, en el centro y el sur de California, “las perspectivas de mejora de la sequía son escasas”, comentó el meteorólogo de la NOAA Brad Pugh.

La parte norte del estado puede ir mejor, y es probable que el norte de California vea alguna mejora en sus condiciones de sequía.

Pero el tiempo de California es a menudo imprevisible, y el péndulo entre los fenómenos extremos parece oscilar más rápidamente.

Los expertos han dicho que la variación entre la sequía y la lluvia -o entre los incendios y las inundaciones- es cada vez más común a medida que los efectos del cambio climático se fortalecen.

Sacramento, por ejemplo, batió la semana pasada el récord de mayor número de días secos consecutivos de la historia, según el Servicio Meteorológico Nacional, y el fin de semana llegó el período de 24 horas más lluvioso de su historia.

Los redactores del Times Stuart Leavenworth, Anita Chabria y Susanne Rust contribuyeron a este informe.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí


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