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EEUU

El FBI lucha para combatir el terrorismo de derecha

El Paso shooting
Miembros de una familia colocan flores en un monumento en las afueras del Walmart emplazado en el centro comercial Cielo Vista, en El Paso, donde 22 personas fueron asesinadas por un hombre armado, el 3 de agosto pasado.
(Mark Ralston/ AFP / Getty Images)

El director del FBI, Christopher A. Wray, aseguró al Congreso el mes pasado que sus agentes estaban combatiendo activamente las amenazas terroristas internas de una amplia gama de grupos extremistas. “El FBI, junto con nuestros socios estatales y locales encargados de hacer cumplir la ley”, dijo, “se están ocupando de todo esto”.

Pero la oficina ahora lucha para investigar el terrorismo interno en dos frentes -un tiroteo de masas en Gilroy, California, seguido días después por un ataque mucho más mortal en El Paso- que parecen socavar las afirmaciones de Wray y generar preguntas sobre si el FBI está haciendo lo suficiente para identificar y poner fin a las tramas asesinas de fanáticos locales que no tienen vinculación con organizaciones terroristas extranjeras.

Para nosotros los latinos, el reciente tiroteo en el Walmart de El Paso, ha elevado la amenaza al nivel más alto que podemos alcanzar.

Para algunos ex funcionarios del orden y legisladores demócratas las agencias federales se vieron sorprendidas por un aumento en los tiroteos de masas cometidos por supremacistas blancos y otros extremistas contra minorías, inmigrantes y grupos religiosos.

De hecho, el hombre armado que mató a 22 personas en un Walmart de El Paso, el 3 de agosto pasado, elevó el número total de víctimas asesinadas a manos del terrorismo interno de derecha desde 2002 a 109. La cifra es superior a las 104 personas asesinadas en suelo estadounidense por fanáticos vinculados a Al Qaeda u otros grupos islamistas extranjeros, el foco principal del FBI desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

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“El FBI ha tardado en reaccionar a esto, en realinear los recursos”, expuso Daryl Johnson, un ex analista de Seguridad Nacional que escribió una memorable advertencia en 2009 sobre el aumento del extremismo de derecha, que provocó una reacción política. Su unidad fue disuelta más tarde y se puso fin al trabajo del departamento sobre el extremismo violento de derecha. “Este problema está creciendo”, agregó Johnson, quien recientemente publicó “Hateland”, un libro sobre la amenaza. “Se trata de un problema persistente, que debe abordarse”.

Se mire como se mire, los peligros planteados por los terroristas internos se han ido acumulando durante años.

El FBI arrestó a 115 sospechosos de terrorismo nacional en el año fiscal 2018, y va en camino de capturar a otros tantos este año. La gran mayoría de ellos, afirmaron los agentes, actúan impulsados por una ideología racista y antigubernamental.

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Un alto funcionario antiterrorista del FBI, quien habló bajo condición de anonimato ante reporteros en mayo pasado, afirmó que la oficina había registrado un aumento “significativo” en los casos de “extremismo por motivos raciales” desde el otoño pasado. La fuente se negó a proporcionar detalles o especular sobre qué podría ser responsable del incremento.

En total, los agentes del FBI han arrestado a más sospechosos en investigaciones de terrorismo interno en los últimos tres años que en indagaciones con un nexo internacional: 355 personas contra 310. El FBI no proporcionó un desglose de los cargos presentados contra los sospechosos, ni del estado de sus casos.

Actualmente, la agencia tiene alrededor de 850 investigaciones abiertas sobre terrorismo interno, señalaron las autoridades, aunque la cifra ha disminuido ligeramente respecto del año pasado.

Expertos externos precisaron que el FBI necesita trabajar mejor para infiltrarse en grupos extremistas e identificar a los llamados ‘lobos solitarios’, como el presunto pistolero de El Paso, quien le dijo a la policía que se autorradicalizó después de leer y publicar contenido racista, antisemita y xenofóbico en las redes sociales e internet.

Del mismo modo que Al Qaeda dependía cada vez más de simpatizantes y seguidores que actuaban de forma independiente para atacar en todo el mundo, los fanáticos de derecha actúan cada vez más por su cuenta después de leer en línea material cargado de odio. Eso ha dificultado mucho más las investigaciones. “Si se repliegan, ¿cómo se descubre eso?”, preguntó Joseph Persichini Jr., un ex agente del FBI. “La mayoría de estos tiradores recientes, si no todos, son muy independientes”.

El FBI tiene un historial mixto con infiltrados en organizaciones de derechos civiles, grupos comunitarios negros y organizaciones de libertades civiles en la década de 1960, entre otros abusos. Ahora es mucho más cuidadoso para permanecer dentro de la ley mientras investiga las amenazas a la seguridad nacional.

Sus agentes, por ejemplo, enfrentan restricciones para abrir investigaciones en organizaciones nacionales, incluso aquellas que parecen amenazar a grupos raciales o religiosos, porque la Constitución de Estados Unidos protege la libertad de expresión y la propiedad de armas.

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“Nuestro foco está en la violencia”, afirmó Wray al Comité Judicial del Senado, el 23 de julio pasado. El FBI no “investiga la ideología, por repugnante que sea. Investigamos la violencia. Y cualquier creencia extremista, cuando se vuelve agresiva”.

Para los ex agentes, eso puede hacer que el extremismo interno sea más difícil de abordar que las amenazas relacionadas con Estado Islámico, que se considera una organización terrorista extranjera y, por lo tanto, un objetivo claro para la aplicación de la ley.

Las normas del Departamento de Justicia rigen las investigaciones que pueden involucrar derechos de libertad de expresión. Los agentes no pueden iniciar una indagación sobre un supremacista blanco sólo porque tiene manifestaciones racistas: el sospechoso primero debe cometer un delito, como planear un ataque, explicaron las autoridades.

“La gente tiene derecho a decir ciertas cosas”, expresó Tom Baker, un ex alto funcionario del FBI. “Cuando abogan por la violencia o cometen otro delito, ahí es donde se cruza la línea. No queremos que el FBI se entrometa en el proceso político ni sea un policía del discurso”.

El sospechoso en el tiroteo de El Paso, por ejemplo, expresó a los investigadores que llegó a sus puntos de vista racistas por propia cuenta, en gran parte al leer declaraciones en línea, y que no se había unido ni había sido influenciado por ningún grupo, indicó un funcionario de la policía.

Patrick Crusius, quien está detenido sin derecho a fianza por el caso, publicó un manifiesto en línea poco antes del tiroteo, donde decía que actuaba en respuesta a una “invasión” de latinos a Estados Unidos. El sujeto le dijo a la policía que quería atacar a los mexicanos, informaron las autoridades.

Los sospechosos a veces acumulan un grupo de creencias radicales, lo cual puede complicar atribuir un ataque a una ideología específica. El FBI está llevando a cabo una investigación de terrorismo interno por el tiroteo que dejó a tres muertos, el 28 de julio en el Festival del Ajo de Gilroy, pero los agentes aún no están seguros de los móviles del agresor.

El hombre armado, Santino William Legan, de 19 años, quien se suicidó en un enfrentamiento con la policía, estaba explorando ideologías violentas rivales y tenía listas de otros objetivos potenciales, incluidas organizaciones religiosas, juzgados, edificios federales e instituciones políticas, que involucraban tanto al partido republicano como al demócrata, afirmaron.

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El FBI también colabora en la investigación del tiroteo que mató a nueve personas, el 4 de agosto pasado en Dayton, Ohio, horas después de la masacre en El Paso. El FBI aún no trata el caso como un acto de terrorismo interno porque no está claro si el tirador, quien fue asesinado, tuvo un móvil político o ideológico.

Aún así, puede ser difícil evaluar qué tan bien el FBI se enfrenta al terrorismo nacional, porque ha revelado poca información sobre sus investigaciones o hallazgos.

La agencia se negó a dar a conocer estadísticas detalladas sobre su número de casos, incluso la cantidad de sospechosos por motivos raciales a quienes está investigando, a pesar de que los funcionarios del FBI han afirmado que tales casos representan aproximadamente el 40% de sus 850 indagaciones. Los legisladores también presionan para que el departamento produzca un informe anual sobre el terrorismo interno. “No hemos visto que se ponga la intensidad y el enfoque en el problema real: el terrorismo radical de derecha”, afirmó el representante Bennie Thompson (D-Mississippi), presidente del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes. Thompson también criticó la decisión del Departamento de Seguridad Nacional de redistribuir recursos antes destinados a la lucha contra los grupos antigubernamentales y de supremacía blanca.

El secretario interino de Seguridad Nacional, Kevin McAleenan, remarcó que están buscando más recursos del Congreso para combatir la supremacía blanca y el terrorismo interno. “Necesitamos invertir más, sin duda”, remarcó McAleenan en “CBS This Morning”, y agregó que su departamento está respondiendo activamente a esa amenaza.

El representante Adam B. Schiff (D-Burbank), presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, quiere que los líderes del FBI y el Departamento de Justicia hablen con más énfasis sobre el extremismo de derecha, aunque reconocieron que pueden temer a una reprimenda del presidente Trump. Él y otros demócratas argumentan que los tuits y comentarios racistas del primer mandatario alentaron a los grupos de extrema derecha a salir de las sombras. “Esto es una cuestión políticamente cargada”, consideró Schiff. “Alguien podría pensar que [los funcionarios del FBI y del Departamento de Justicia] están criticando las manifestaciones, los discursos y el feed de Twitter del presidente”.

El director del FBI y altos funcionarios del Departamento de Justicia, incluido el procurador general William Barr, afirman que se toman muy en serio a los grupos extremistas internos. “Encaramos de manera muy activa el terrorismo interno, como una prioridad”, garantizó Wray al comité del Senado.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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