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EEUU

Columna: Una reforma inteligente salva vidas – estos son los datos sobre un control de armas

AR-15 assault rifles at a Utah gun shop
A nadie se le debe permitir comprar un arma diseñada para matar a un ejército de personas o una manada de elefantes.
(George Frey / Getty Images)

Varios años después de que su madre fue asesinada a tiros y su padre herido en un incidente en 2005 por un hombre armado en Thousand Oaks, Christian Heyne fue a una feria de armas en Virginia con un par de amigos.

“Quería ver si era cierto que se podía comprar una pistola sin una verificación de antecedentes”, dijo Heyne, quien para entonces estaba trabajando en el movimiento de control de armas.

Uno de los dos amigos con los que estuvo ese día recibió cuatro disparos en la masacre de tiroteo de Virginia Tech en 2007 que dejó 32 personas muertas y 17 heridas. El otro había perdido a una hermana en ese mismo ataque.

Los temores suscitados por los tiroteos del fin de semana en El Paso y Dayton siguen en la superficie para muchos. En medio de un aumento de los temores, los expertos en seguridad debaten sobre la protección de los “objetivos blandos”.

Heyne sacó su billetera en el show de armas y compró un revólver de cañón largo calibre .38, por $250 en efectivo, de un distribuidor que colocó la pistola en una bolsa marrón para él.

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“No hubo registro de la venta”, dijo Heyne, y no se requirió licencia ni registro. Todo lo que tenía que hacer era mostrar su identificación para demostrar que era residente de Virginia.

“Lo que hace que el odio sea letal”, dijo Heyne, ahora vicepresidente de políticas de Brady United Against Gun Violence, “es la cantidad de armas de fuego a las que las personas tienen acceso sin siquiera una verificación de antecedentes”.

En los tres días transcurridos desde que escribí sobre la ‘carnicería’ en Gilroy, El Paso y Dayton, y sobre aquellos que hacen campaña incansablemente por un control de armas más estricto, recibí el rechazo de un grupo de lectores. Agitaron una bandera por el derecho a portar armas de cualquier tipo y argumentaron que las restricciones de propiedad no marcarían la diferencia.

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A nadie se le debe permitir comprar o poseer, bajo ninguna circunstancia, un arma diseñada para matar a un ejército de personas o una manada de elefantes.

A nadie se le debe permitir comprar un arma de fuego o municiones de ningún tipo, de distribuidores autorizados o de vendedores online o en ferias de armas, sin la misma licencia y registro requerido para vehículos, y sin una verificación de antecedentes.

El sitio del foro 8chan, donde múltiples tiradores masivos sospechosos han publicado manifiestos, ya no será apoyado por Cloudflare.

¿Seguiríamos teniendo muertes trágicas por armas? Sin duda. Pero cualquiera que descuenta los beneficios potenciales de los requisitos de compra y propiedad de armas con sentido común no está pensando claramente.

El fiscal general de California, Xavier Becerra, dijo el martes que en el último mes, 100 delincuentes y otras personas prohibidas no pudieron comprar municiones, gracias a la legislación de verificación de antecedentes que el lobby de armas está intentando atacar.

Para todos los lectores que me escribieron para decirme que el problema no son las armas, sino las películas, los videojuegos, las redes sociales, la mala paternidad o las enfermedades mentales, me gustaría responder.

No tengo duda de que esos son factores en algunos tiroteos, pero las mismas influencias están tan presentes en países con tasas mucho más bajas de muertes por armas, y la razón es obvia: no tienen tantas armas como nosotros. No es tan fácil obtenerlas como en EE.UU, y no tienen una cultura militante de obsesión por las armas de fuego como sucede aquí.

“Las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo”, dijo el presidente Trump, un hombre con una habilidad especial para quitarlo del ‘tee’ e insistir en que hizo un hoyo en un tiro (refiriéndose al juego de golf).

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¿La enfermedad mental aprieta el gatillo? Ocasionalmente, pero ¿por qué no expandir los servicios de salud mental en todo el país y exigir una legislación de bandera roja para confiscar las armas de las personas en crisis?

¿El odio aprieta el gatillo? Sin duda. Pero por favor. El sombrero rojo de Trump también podría haber dicho Make America Hate Again. No puedes despotricar sobre invasiones, sonreír cuando un discípulo sugiere que la solución al tráfico fronterizo ilegal es disparar a los que cruzan, y luego pretender ser inocente mientras se cavan tumbas.

Qué vergüenza para él y para aquellos que siguen gritando sobre sus derechos a los arsenales personales mientras que personas inocentes son asesinadas a tiros.

Y es una lástima que la NRA y el lobby de las armas traten de engañar a las personas con falsedades.

“El crimen armado junto con otros delitos son más altos en las ciudades y estados que tienen las leyes más estrictas sobre armas”, escribió un lector llamado Mike.

No lo culpo. Sospecho que sólo está repitiendo lo que ha escuchado. Pero me gustaría referir a Mike al sitio web del Giffords Law Center para prevenir la violencia armada. Allí, bajo el cuadro de clasificación anual, encontrará un titular que dice: “La evidencia es clara: los estados con leyes de armas más fuertes tienen tasas de mortalidad por armas más bajas, año tras año”. También encontrará la evidencia de apoyo.

En el cuadro de clasificación de Giffords, California ocupa el primer lugar en la fuerza de la ley de armas y el número 44 en la tasa de mortalidad por armas. Alaska, por el contrario, ocupa el puesto 44 en cuanto a la ley de armas y el primero en tasas de mortalidad por armas.

Para aquellos que argumentan que alguien puede simplemente comprar un arma en Nevada que es amante de las armas que no son legales en California y llevarla a través de la frontera, lo cual parece ser el caso en el tiroteo de Gilroy, eso es cierto. Pero más restricciones significan menos disponibilidad, y un sistema de licencias forzadas ayudaría a detener el flujo.

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También tuve lectores que me llevaron desde el flanco izquierdo, argumentando que nada menos que una derogación de la Segunda Enmienda marcaría una diferencia considerable en el derramamiento de sangre diario. Pero dado que esa es una propuesta políticamente imposible, estoy a favor de hacer cualquier progreso incremental que podamos en un país donde cerca de 100 personas en promedio mueren cada día por suicidios con armas de fuego, homicidios y accidentes.

Adam Skaggs, abogado principal y subdirector de políticas en el Giffords Law Center, dijo que el aumento de la financiación y el desarrollo de programas de intervención de violencia comunitaria está teniendo éxito en todo el país. Esa estrategia tiene mucho sentido porque los tiroteos masivos que reciben tanta atención representan una pequeña fracción de las muertes por arma de fuego.

“Y si bien es cierto que el Congreso no ha tomado ninguna acción significativa para abordar la violencia armada en los últimos años, ha habido un progreso tremendo a nivel estatal en los últimos 5-6 años”, dijo Skaggs. “Hemos avanzado mucho con las leyes de protección de riesgo extremo y cerrando las lagunas de violencia doméstica, y ese impulso crítico continúa”.

Sin embargo, una cosa que ha impedido el progreso es que la mayoría de los estados tienen leyes que evitan el derecho de las comunidades locales de actuar en su propio interés para aprobar controles de armas más estrictos.

“Es indignante que en más de 40 estados, los funcionarios locales en primera línea contra la violencia hayan tenido las manos atadas para tomar cualquier medida, y la violencia es un fenómeno localizado”, dijo Skaggs, y agregó que el Giffords Law Center busca oportunidades para impugnar restricciones estatales preventivas, ya sea legislativamente o a través de los tribunales.

En el tiroteo de 2005 en Thousand Oaks, la madre de Heyne, Jan, y su padre estaban en la casa de un amigo cuando un hombre involucrado en una disputa con el amigo apareció y comenzó a disparar. El amigo de mis padres tenía un pasado violento, dijo Heyne, junto con una orden de protección contra ese individuo.

Heyne dijo que no había ninguna disposición en ese momento en California para que la policía retirara proactivamente un arma de alguien bajo una orden de protección, pero desde entonces la ley se ha ajustado para que eso sea posible. En la mayoría de los estados, dijo Heyne, esa autoridad no está disponible para la policía.

“Rápidamente me di cuenta de que era importante tener mi voz en este movimiento y contar la historia de mi madre”, dijo Heyne. “Con demasiada frecuencia, los legisladores se enfrentan a teorías abstractas, y es importante saber el costo de la inacción sobre las armas, de los efectos nocivos y daños”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí

Steve.lopez@latimes.com


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